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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Nuevo avance en el estudio de las bases neurales de la consciencia
Biomedia (Barcelona). Una pregunta fundamental en la neurobiología de los
procesos sensoriales es en qué momento somos conscientes de la presencia de un
estímulo visual, auditivo, olfativo o de cualquier otra índole. En otras
palabras, en la cadena de eventos que ocurren en nuestro sistema nervioso a
partir de que un objeto, un sonido o un olor nos estimulan, ¿cuándo somos
conscientes del estímulo? Por mucho tiempo esta pregunta fue ignorada por las
neurociencias, pues muchos investigadores pensaron que se trataba de un
problema de índole filosófico. De hecho, el estudio de la consciencia siempre ha
sufrido de esta marginación y durante mucho tiempo ha sido considerado como un
tema inaccesible para la investigación experimental. Esta situación ha cambiado
significativamente en años recientes gracias, en parte, al advenimiento de nuevas
técnicas para estudiar la función normal del cerebro humano. Así, el uso de
métodos tales como la tomografía* por
resonancia magnética* han sido
invaluables para impulsar el estudio de las bases neurales de la consciencia, el
cual es finalmente un tópico legítimo de investigación. Un estudio reciente
publicado en la revista Nature Neuroscience es una prueba fehaciente
de este hecho. En este trabajo, Stanislas Dehaene y sus colaboradores
demuestran que la aparición de actividad nerviosa en la corteza visual no es
suficiente para la percepción consciente de un estímulo visual. La ruta neural que sigue un
estímulo visual tras llegar a nuestros ojos es bien conocida. Primero, el
estímulo visual activa a la retina y ésta envía la información al tálamo, el
cual funciona fundamentalmente como un simple relevo. Desde el tálamo, la
información viaja a la corteza visual primaria y es subsecuentemente
distribuida a través de dos vías complementarias: la vía ventral y la vía
dorsal. La vía ventral es importante para la identificación de los objetos que
vemos; también ha sido llamada la vía del ‘qué’. La vía dorsal es importante
para la detección del movimiento, por lo que también es conocida como la vía
del ‘dónde’. A partir de estas dos vías, la información visual es enviada a
otras regiones que se encargan de procesar y combinar todas las propiedades del
estímulo para finalmente integrar la percepción unitaria que intuitivamente
entendemos como nuestra experiencia visual, lo que realmente vemos. La
pregunta es ¿a partir de qué momento somos conscientes del estímulo visual:
desde que la información llega por primera vez a la corteza cerebral o
únicamente después de haber recorrido varios de los diferentes relevos? En
otras palabras, ¿qué áreas corticales son necesarias y suficientes para que
seamos conscientes del estímulo? La respuesta no es simple y
aún la desconocemos, pero los experimentos de Dehaene y sus colegas apuntan a
las áreas de la corteza que parecen no ser suficientes para la experiencia
visual consciente. Estos investigadores intentaron identificar qué regiones del
sistema nervioso se activaban cuando individuos normales eran expuestos a una
palabra escrita. Sin embargo, la palabra no era presentada abiertamente sino
que estaba enmascarada por otro estímulo visual que impedía verla directamente.
Así, si los científicos preguntaban a los sujetos si habían visto la palabra,
éstos reportaban no haberla visto. Sorprendentemente, los investigadores
observaron activación cerebral en áreas que normalmente funcionan mientras
leemos, algunas de las cuales forman parte de la vía visual ventral — la vía
del ‘qué’. Pero esto no es todo. Cuando leemos una palabra repetidas veces en
condiciones normales, la actividad cerebral en esas regiones tiende a
disminuir, tal y como si el cerebro se habituara al estímulo. De igual forma,
la presentación de la palabra escondida en los experimentos de Dehaene también
provocó que la actividad cerebral disminuyera en una presentación subsecuente
en la que los sujetos podían ver la palabra sin enmascaramiento. Lo que esto
significa es que, a pesar de no haber tenido consciencia del estímulo visual,
éste fue capaz de activar partes de la vía visual ventral. Esto indica que para
percibir algo de manera consciente necesitamos actividad adicional en otras
regiones o, alternativamente, actividad más intensa en esta misma vía. El uso de técnicas de visualización
similares a la tomografía por resonancia magnética nos ayudará, tarde o
temprano, a determinar cuál es el correlato neural del procesamiento consciente
de un estímulo sensorial. Sin embargo, esto no significa que sabremos como es
que cada uno de nosotros experimenta un cierto estímulo. Por ejemplo, cada vez
estamos más cerca de entender la forma en que nuestro sistema nervioso procesa
el color, pero no sabemos cómo es que el cerebro genera la experiencia
subjetiva de lo que llamamos color, la cual es estrictamente dependiente del
individuo y no puede ser compartida. Este aspecto subjetivo de la experiencia
consciente continúa siendo un territorio por explorar y constituye una frontera
más exacta entre la ciencia y la filosofía. * Glosario de Biomedia Más información en Biomedia: Más información en la red: |
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