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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Una nueva técnica muestra cómo las células interpretan la información genética
Biomedia (Barcelona). Científicos de la Universidad de California en
Santa Cruz (UCSC), han desarrollado una técnica que permite observar,
simultáneamente en varios genes, el proceso mediante el cual las células
interpretan la información genética para sintetizar una u otra proteína. Esta
técnica, desarrollada con el genoma de la levadura (Saccharomyces cerevisiae),
permite observar la unión de las secciones codificantes del RNA*
para producir proteínas. Además, ayudará a estudiar cómo las perturbaciones
ambientales o las mutaciones afectan a la edición genética en el momento en que
se unen los exones, lo que puede a la vez contribuir al estudio de enfermedades
en las que está implicado este proceso. Según el artículo, las diferencias en la edición de la información
contenida en los genes podrían, de hecho, ser una importante fuente de
variabilidad genética. En concreto, los investigadores han dado un nuevo paso
hacia la comprensión de cómo se regula el proceso conocido como splicing*,
es decir, de corte y ensamblaje de los segmentos de RNA mensajero*
(mRNA) que contienen información genética. Según Miguel
del Campo, médico y genetista de la Universidad
Pompeu Fabra (UPF), los avances que se desprendan de esta investigación
permitirán estudiar «qué diferencias hay entre distintas personas en el proceso
de edición de los genes. Conociendo eso, podemos avanzar un paso en determinar
por qué y cómo se producen las enfermedades, valorar su gravedad y saber por
qué varían entre distintas personas que poseen la misma mutación y están
sometidas a los mismos agentes externos. En otras palabras, ver cómo este
proceso de edición podría ser la causa de la variación o de los síntomas de la
enfermedad». Transcripción y traducción genética Usando microarrays de DNA*
(también llamados chips genéticos o microchips de DNA), los investigadores han
podido analizar la edición de todos los genes de una célula simultáneamente:
«en el pasado, tenías que analizar un gen cada vez; ahora podemos observar
todos los genes en paralelo», dijo Manuel Ares, profesor de biología molecular,
celular y de desarrollo de la UCSC y director de la investigación. En los cromosomas de cada célula se encuentran copias maestras de
todos los genes de un organismo. Cuando un gen se expresa o se activa, su
secuencia de DNA es copiada como una molécula de mRNA, que podría definirse
como una «copia de trabajo». Este proceso en que el DNA se convierte en RNA se
denomina transcripción. Esta copia de trabajo se divide en diferentes secciones que corresponden a
las partes que contienen información para la síntesis de proteínas y las que no
la contienen. Estas secciones, llamadas exones e intrones se cortarán, se
ordenarán y posteriormente se unirán para formar un mRNA maduro. En el proceso de splicing los intrones, situados entre los exones,
son cortados y eliminados. Los exones en cambio, se ensamblan de nuevo.
Dependiendo de cómo se unan producirán proteínas diferentes, aunque todas
procedan de un mismo gen. Se trata, básicamente, de un proceso interpretativo:
la información genética contenida en el genoma es interpretada de forma
diferente en distintos contextos. Lo más sorprendente del proceso es precisamente esto, que haya varias y, a
veces, muy diferentes formas de juntar los exones de un gen en particular. Se
trata de transcripciones alternativas que pueden producir diferentes proteínas
según las distintas uniones de los exones. Transcripciones alternativas Se ha estimado que más del 50% de los genes humanos producen, de forma
alterna, mRNA distintos, aunque en este estudio se utilizó el genoma de la
levadura porque «los genes de las levaduras tienen muy pocos intrones. Son como
una versión simplificada de los grandes genomas de organismos más complejos,
como los humanos», explicó Ares. La idea de que cada gen produce una proteína específica –conocida como la
hipótesis «un gen, una proteína»– fue un hito en el desarrollo de la biología
moderna. Pero el descubrimiento del splicing alternativo cambió esta
idea. El sistema es realmente mucho más complejo y algunos genes ellos son
capaces de producir muchas proteínas. Generalmente, un gen sólo permite unos
pocos splicings alternativos, pero en ciertos casos esto no es así. La
mosca de la fruta, por ejemplo, tiene un gen que genera aparentemente 38 000
versiones diferentes a partir del mismo mRNA. En los humanos, un buen ejemplo es el gen de la tropomiosina, una proteína
estructural. El splicing alternativo produce cinco versiones distintas
de esta molécula que se expresan en cinco tejidos diferentes del cuerpo: el
músculo esquelético, el músculo liso, los fibroblastos, el hígado y el cerebro.
Las células, en cada tipo de tejido, ensamblan de forma diferente los 11 exones
que conforman el gen, produciendo las distintas formas de la proteína. «Todas las secuencias codificadoras de nuestros genes son cortadas y
diseminadas, y hay toda una maquinaria celular implicada en reunirlas, para que
el código tenga sentido. Este proceso de empalmado le da a la célula la
habilidad de encontrar nuevos arreglos o combinaciones de información» cuenta
Ares. «Tú tienes toda esta información en el genoma, pero la célula puede
interpretarla de distintas maneras. Nuestra tecnología de microarrays
nos permite acceder a toda la información de la célula al mismo tiempo». La técnica desarrollada Ares y sus colaboradores obtuvieron la primera observación completa del splicing
del RNA de un genoma aplicando la técnica de microarrays a la levadura.
La técnica se basa en el reconocimiento de una única secuencia, creada cuando
dos exones se ensamblan. El paso inicial de identificación de estas «juntas de
empalme» implica comparar la secuencia génica con la secuencia ya expresada. Los microarrays para el estudio de la levadura se elaboraron a
partir de láminas de vidrio con pequeños trozos de DNA sintético puestos sobre
una placa modelo. Para cada intrón contenido en los genes de estudio los microarrays
incluyeron tres moléculas sintéticas de DNA que actuaban como sonda: para
detectar el mRNA ensamblado; para los intrones (para detectar el RNA no
ensamblado) y para los exones (para detectar el RNA ensamblado y el no ensamblado).
El RNA utilizado fue extraído de las células de levadura, marcado con
marcadores fluorescentes y puesto en los microarrays, de forma que estas
moléculas de RNA pudieran unirse al DNA específico. La intensidad de la
fluorescencia en cada microarray sirve como indicador de la abundancia
relativa de cada RNA. Así, los investigadores pudieron comparar los patrones de
splicing de una levadura de una variedad normal y otra que había sufrido
mutaciones. Para hacer esto, Ares trabajó con investigadores especializados en
bioinformática. Así se pudieron identificar los distintos splicings y,
en cada caso, conseguir la secuencia codificadora que encajaba las uniones
entre los dos exones. «Después creamos una molécula de DNA que reconocía esta
secuencia y la marcamos para incorporarla al microarray», dijo Ares. Los resultados mostraron que los efectos de las proteínas que procesan el
RNA en los eventos de splicing o ensamblaje dependen de cada intrón
involucrado, y que cada evento de unión tiene su propio carácter. «Cuando se
altera la célula de alguna manera, es difícil predecir las consecuencias en
cada intrón en particular», dijo Ares. «Esperamos usar nuestros datos para
determinar cuáles son las reglas, y por qué algunos eventos de splicing
en el RNA dependen más de la maquinaria de procesamiento que de otros
factores». Los investigadores están extendiendo su trabajo a genes humanos, empezando
con genes que se han relacionado con el cáncer (particularmente supresores de
tumores y oncogenes). Otros investigadores han determinado que el splicing de algunos oncogenes cambia a medida que
progresa el cáncer. Éste podría ser un importante avance para la comprensión de las
enfermedades genéticas. La gravedad de ciertas enfermedades como la fibrosis
quística varía tremendamente dependiendo de la base genética del paciente.
Según la investigación, la enfermedad en dos personas con el mismo defecto
genético puede ser muy diferente a causa de diferencias en otros genes no
implicados directamente con ésta. «Conocemos casos en los que el desarrollo de
una enfermedad genética depende del comportamiento de la maquinaria de splicing,
que cambia según la persona», dijo Ares. «Aunque todavía nos queda mucho que
aprender acerca de este tipo de variación». * Glosario
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