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La ciencia española, a examen

Zuberoa Marcos 14/11/05

Biomedia (Barcelona) ¿Cuáles son los males de la ciencia española? Y, sobre todo, ¿qué hay que corregir para que alcance el grado de excelencia de países como el Reino Unido o Suecia? ¿Qué imagen proyecta nuestra ciencia en Europa? Es difícil hacer un diagnóstico objetivo y preciso, y proponer el tratamiento adecuado cuando se está dentro, por ello el diario El País y la Fundación Doctor Antonio Esteve han salido de España en busca de respuestas.

Durante cuatro semanas de septiembre y octubre se celebraron en el Aula El País, en Barcelona, las jornadas «La ciencia en Europa», organizadas por este diario y la Fundación Doctor Antonio Esteve. El ciclo ha estado formado por cuatro conferencias impartidas por otros tantos científicos españoles de éxito que trabajan fuera de nuestro país en centros de prestigio mundial. Los investigadores invitados en esta ocasión han sido Luis Serrano del European Molecular Biology Laboratory (EMBL) en Alemania; Ana Cuenda de la Universidad de Dundee, en Escocia; Lluis Quintana-Murci del Institut Pasteur de París y Neus Visa de la Universidad de Estocolmo.

Cada uno de ellos, durante su participación, explicó a los asistentes su trayectoria profesional y las líneas de investigación en las que trabaja. Pero, además, todos ellos analizaron las políticas científicas que existen en sus respectivos países y las compararon con el sistema español. ¿Qué tiene la ciencia europea y qué le falta a la española?

Financiación

Los cuatro invitados coincidieron al afirmar que los males de la investigación en España no son sólo fruto de una financiación insuficiente, aunque reconocieron que los recursos en sus respectivos países son superiores al nuestro. Sólo Neus Visa apuntó un dato optimista al reconocer que en Suecia, donde los equipos manejan grandes presupuestos, la financiación está disminuyendo mientras que en España ha mejorado bastante en los últimos años.

Sin embargo, las diferencias en este punto siguen siendo abismales entre nuestro país y nuestros vecinos europeos. Para incredulidad de los asistentes, Neus señaló que en Suecia un joven investigador puede disponer, en concepto de beca para su formación, de 35 000 euros al año. Y, según ella, se trata de una cantidad modesta, claro que por algo los países nórdicos son el paradigma del Estado de Bienestar.

En relación con la obtención de recursos económicos para la investigación, Luis Serrano destacó un aspecto más. Este investigador con vocación de empresario que en su carrera profesional ha participado en la puesta en marcha de varias empresas de biotecnología, señaló la escasa transferencia tecnológica que hay en España entre los centros de investigación y las empresas. Mientras que centros como el EMBL o el Medical Research Council (MRC), organismo al que pertenece la Universidad de Dundee, apuestan por la creación de empresas para vender las patentes conseguidas y obtener más fondos para la investigación, en España esto es prácticamente inexistente. La falta de apoyo institucional es, según Luis Serrano, el principal obstáculo para la puesta en marcha de estas empresas.

Esta falta de apoyo institucional, junto con una pobre inversión, hacen que España sea, hoy por hoy, un país exportador de científicos. Sólo uno de cada 1188 investigadores que marchan al extranjero consigue regresar a nuestro país. Esto significa que España está perdiendo científicos justo cuando alcanzan la época más productiva y que, a su vez, otros países se están aprovechando de los conocimientos y buen hacer de nuestros investigadores. Lluís Quintana-Murci cerró su comparecencia haciendo referencia a este punto con una frase muy significativa: «Volver!?»

Un problema de actitud

Pero la ciencia española tiene también un serio problema de actitud. Para los cuatro investigadores, la ciencia que se hace en España es demasiado endogámica e individualista. Mientras en los más importantes laboratorios europeos los equipos están formados por científicos procedentes de diversos países, en España se sigue apostando por contratar a científicos españoles que han triunfado en el extranjero o a expertos que ya trabajan aquí. Esta política empobrece la I+D española al restarle dinamismo y flexibilidad. Pero, además, el sistema español es individualista ya que resalta a figuras concretas por encima de los equipos.

A este respecto, Ana Cuenda recordó una divertida anécdota. Hace unos años consiguieron reunir el dinero que faltaba para construir un nuevo centro de investigación en Dundee realizando colectas a las puertas de los supermercados de la ciudad y gracias también a las donaciones particulares de los habitantes de esta pequeña localidad escocesa. Mientras ella contaba esta historia, las caras de los asistentes reflejaban sorpresa y escepticismo por lo difícil de que una situación similar se produzca en España, tanto por el elitismo de muchos científicos como por la baja implicación de la sociedad en la ciencia.

Investigación versus docencia

La mayoría de los investigadores que trabajan en España son a su vez profesores, labor a la que dedican gran cantidad de horas, muchas más que sus colegas europeos. Y es que en Suecia los profesores titulares de universidad sólo dedican un 25 % de su tiempo a dar clase y el resto a la investigación.

Es evidente que una carga docente excesiva, además de robar tiempo a la investigación, agota a los científicos. Esto, al final, repercute en el rendimiento de la ciencia española, que tiene que hacer un gran esfuerzo por seguir siendo competitiva y aproximarse al nivel de la investigación sueca, británica, francesa o alemana.

Centros ágiles

La dinamización de la I+D española es otra de las asignaturas pendientes y pasa, irremediablemente, por agilizar la administración reduciendo los trámites burocráticos y por crear equipos pequeños, fácilmente gestionables.

Los centros de investigación de prestigio en Europa son centros en constante renovación. A juicio de los cuatro españoles, no puede ser de otra forma si se quiere ser competitivo y crear entornos científicos de calidad. En el EMBL, ningún investigador permanece más de nueve años salvo raras excepciones y, cada cuatro o cinco años, todas las líneas y los equipos de trabajo de estos centros son sometidos a severos procesos de evaluación que determinan la continuidad o eliminación de los proyectos en función de los resultados obtenidos.

La política científica predominante en Europa apuesta por financiar pocos proyectos, pero dotándolos de recursos económicos suficientes. Esta premisa es válida tanto para la continuación de líneas de investigación ya existentes como para la incorporación de otras nuevas. La evaluación de los proyectos corre a cargo de expertos que, de forma independiente, valoran, entre otros, la calidad, el interés científico y social, la metodología y el equipo investigador. Siguiendo estas pautas, en el año 2003 se seleccionaron en Suecia el 20% de los 4300 proyectos que se presentaron en el Consejo de Investigación Sueco, la agencia gubernamental que financia, en mayor proporción, la investigación que se realiza en el país nórdico.

Subirse al tren

Después de escuchar las opiniones de estos cuatro expertos es evidente que la ciencia española está todavía lejos de alcanzar los niveles de sus homólogas europeas, no sólo por la falta de recursos económicos, sino porque no parece que la gestión actual sea la mejor.

Nuestro país goza de atractivo en I+D, pero este atractivo se diluye por culpa de una ciencia excesivamente burocratizada, lenta y poco internacional. España tiene grandes científicos pero necesita, por un lado, frenar la sangrante fuga de cerebros y por otro incorporar urgentemente más investigadores, nacionales y extranjeros, que generen conocimiento y patentes que impulsen la creación de empresas en el sector que aporten más financiación y contribuyan al desarrollo tecnológico del país. Además, es necesario desarrollar un plan de formación y apoyo firme a los jóvenes investigadores mediante becas atractivas e impulsar la presencia de la mujer en todos los eslabones de la carrera científica. En este punto, el modelo sueco, con bajas de maternidad de un año, es un buen espejo en el que mirarse pero, al menos de momento, no parece un objetivo fácilmente alcanzable.

Es necesario también que los responsables de política científica consideren la conveniencia o no de reducir el número de proyecto que se subvencionan en pro de dotar a los seleccionados con suficientes recursos económicos para desarrollar una investigación puntera y competitiva a nivel mundial. De todo esto depende que España forme parte de la locomotora o del vagón de cola de la ciencia en Europa.

*****

Quién es quién

Luis Serrano es una de las pocas excepciones a la norma del EMBL que dice que ningún investigador puede estar en el centro más de nueve años. Él lleva trece y ahora es el jefe de la Unidad de Biología Estructural y Computacional. Pasa los días investigando cómo luchar frente a la neurodegeneración o pérdida de fibras nerviosas que origina la parálisis y en buscar herramientas para modificar proteínas y adaptarlas a situaciones concretas. Dice convencido que así se podrán diseñar fármacos que actúen de forma específica y eficaz frente a proteínas implicadas en diversas enfermedades. Pero su afán investigador va más allá y dice que, tanto él como su equipo, compuesto por personas de diversos países, aspiran a detectar todas las mutaciones del genoma humano y si éstas son importantes, es decir, si originan algún cambio sustancial o no.
Luis Serrano, además de investigador, tiene también alma de empresario y por ello ha contribuido a fundar, con éxito dispar, empresas de biotecnología a partir de los resultados de su investigación.
Viendo su trayectoria a nadie sorprende que este investigador sea el único representante español, ahora mismo, en el EMBL, uno de los mejores laboratorios a nivel mundial y el primer centro de Biología Molecular de Europa.
El EMBL es un centro financiado por todos los países de la Unión en función del PIB de cada estado. España forma parte de él desde el año 1986. Se creó como alternativa a la hegemonía americana y entre sus misiones están el entrenamiento de científicos, la investigación básica y posterior transferencia tecnológica. Aunque la sede del EMBL y el lugar de trabajo de Luis Serrano están en Heidelberg (Alemania), este macrocentro de investigación tiene delegaciones en Hamburgo (Alemania), Grenoble (Francia), Hinxton (Reino Unido) y Monterotondo (Italia). En nuestro país, el Centro de Regulación Genómica de Barcelona es el único centro, por el momento, con relación con el EMBL.

Ana Cuenda transmite la misma pasión al hablar de su investigación o al contar cómo un pequeño pueblo en el norte de la fría y lluviosa Escocia, Dundee, se ha convertido en una ciudad biotecnológica en toda regla. Y no sólo por el brillante trabajo de investigadores como esta española que ha atraído a muchas empresas a Dundee, sino porque sus habitantes siempre han tenido claro que lo que se investiga allí sirve para mejorar sus vidas. Tanto que algunos vecinos incluso ceden su herencia a la investigación. Toda una lección de implicación ciudadana.
Ana Cuenda tan pronto dirige la Unidad de Fosforilación de Proteínas de la Universidad de Dundee como se pone a las puertas de un supermercado con sus compañeros de laboratorio para conseguir fondos para construir un centro donde investigar la diabetes y enfermedades tropicales. Y es que esta extremeña huye del elitismo que impera en muchos científicos, también españoles..
Su día a día transcurre entre los miembros de la familia p38: la p38a, la p38b, la p38g… Así es como se llaman las cinasas que investiga, unas proteínas capaces de activar e inactivar a otras miles de proteínas implicadas en procesos tan diversos como la inflamación, la respuesta al estrés, el desarrollo de tumores o el Alzheimer.
La Unidad que dirige la científica española pertenece al Medical Research Council (MRC), la agencia pública británica que promueve la investigación en ciencias médicas y áreas relacionadas. Hoy el MRC está formado por ocho centros y a lo largo de sus más de 100 años de historia, se creó en 1913, ha financiado hitos científicos como el descubrimiento de la estructura del DNA o la penicilina.

Lluís Quintana-Murci llegó a Barcelona procedente de Madrid, donde horas antes había participado en la presentación del Proyecto Genográfico, un estudio internacional patrocinado por National Geographic e IBM. Este megaproyecto busca, combinando la antropología y la genética, conocer las rutas migratorias del ser humano a lo largo de la historia.
Lluís es uno de los investigadores de este proyecto en el que diez laboratorios de todo el mundo, durante cinco años, analizarán más de 100 000 muestras de DNA procedentes de distintas comunidades indígenas. Con la información que obtengan, los científicos podrán conocer, de forma mucho más exacta, cómo la humanidad pobló el planeta desde el momento en el que el hombre salió, hace cerca de 100 000 años, de África.
Quintana-Murci, mallorquín, trabaja en el Institut Pasteur de París y es especialista en genética de poblaciones. Esta disciplina estudia los cambios que ha sufrido el DNA a lo largo de la evolución del ser humano. Estas modificaciones permiten caracterizar la arquitectura genética de poblaciones humanas, establecer asociaciones entre determinados genes y enfermedades y diferenciar unas poblaciones humanas de otras. Y de todo esto habló Lluís durante la conferencia que impartió en el Aula El País con el título «Pasado, presente y futuro de nuestra especie».
Estudiando el DNA mitocondrial, que se hereda de la madre, y el cromosoma Y, procedente del padre, podemos saber muchas cosas de nuestros antepasados y responder a preguntas como: ¿por qué la población afroamericana es más propensa a la obesidad? o ¿existe alguna relación entre el cromosoma Y y la infertilidad? Pero lo más importante, y no por ser políticamente correcto, es que, según la genética de poblaciones, el racismo no tiene base científica. No existen razas porque todos somos el resultado de una mezcla de «blanco» y «negro».

Neus Visa, barcelonesa y doctora en biología por la Universidad Autónoma de Barcelona, apenas hablaba sueco cuando, hace 13 años, llegó al país nórdico, pero esto no fue un obstáculo para que consiguiera una plaza en el prestigiosísimo Karolinska Institutet, conocido en todo el mundo por designar cada año el premio Nobel de Medicina. Y es que su currículum era, y es, tan brillante que el idioma era algo secundario. Allí estuvo hasta 1999, cuando pasó a formar parte del Departamento de Biología Molecular y Genómica Funcional de la Universidad de Estocolmo. Aquí sigue hoy día, dedicando gran parte de su tiempo a conocer mejor las proteínas que interaccionan con el RNA, controlan su formación y posterior transformación en proteínas.
La base de su estudio es un pequeño insecto, Chiromonus tentans, que apenas tiene cuatro cromosomas. Estudiando un grupo de genes muy concreto de este díptero, el equipo de Neus ha conseguido identificar proteínas capaces de bloquear o activar la expresión de los genes. Es lo que se conoce como epigenética y engloba a todos los cambios –genéticos, ambientales, de la dieta…– que pueden determinar la susceptibilidad a padecer una enfermedad.

Más información en Biomedia:
«El EMBL, una isla en medio de la ciencia europea», Isabel Bonhoure, (10/10/05)

Más información en la red:
Fundación Dr. Antonio Esteve: http://www.esteve.org/portal/dvcNavEngine?viewResource=dvcFESvWelcome

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