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Armas biológicas: ¿un salto hacia el Apocalipsis?

Annia G. Domènech 5/12/01

Biomedia (Barcelona). El biólogo molecular Henry I. Miller, perteneciente a la Hoover Institution y miembro de los National Institutes of Health y la Food and Drug Administration estadounidenses, relativiza el peligro real de un ataque terrorista con armas biológicas en un artículo publicado en Financial Times.

Miller opone al alarmismo reinante sus conocimientos sobre la biología de seres patógenos como bacterias y virus*, basándose también en los datos históricos de contagios accidentales acaecidos en universidades y laboratorios trabajando con agentes infecciosos durante los últimos 50 años.

Cuando se habla de armas biológicas se piensa en enfermedades como el carbunco* (en inglés, "anthrax"), la plaga bubónica o la varicela, y también en una contaminación en cadena casi instantánea que no perdonaría a nadie, como mínimo, en mil kilómetros a la redonda. Sin embargo, estas creencias, que son las que han hecho temer tanto la liberación indiscriminada de microorganismos, no se adecuan con el poder real de las armas biológicas sino que lo exageran, sin que ello implique que éstas sean inocuas.

“No hay que magnificar el poder de estas armas”, en palabras de Miller, puesto que pese a que puedan hacer enfermar e incluso matar a un individuo, su capacidad de expansión e infección generalizada es restringida. La explicación biológica radica en que tanto las bacterias como los virus necesitan un huésped que los alimente para poder sobrevivir, lo que implica que no pueden permitirse eliminarlo muy rápidamente ni con excesiva frecuencia.

Asimismo, como recoge el Center for Disease Control estadounidense ubicado en Atlanta, entre 1947 y 1973, de 109 infecciones accidentales de laboratorio no hubo ni un solo caso secundario. De hecho, en la literatura médica se registran pocos contagios en el entorno del afectado. En el caso del carbunco (cuyas esporas* han sido enviadas por correo causando contagio y mucho pánico) los trabajadores en contacto con animales son los más expuestos, pero desde principios de siglo hasta 1978 en Estados Unidos sólo se conocen 18 casos de contagio por inhalación y ningún caso de contagio entre humanos.

Muchos agentes biológicos actuarían como elementos químicos tóxicos afectando sólo a aquellos individuos expuestos directamente. Miller cita como ejemplo el ataque terrorista con gas sarín al metro de Tokio. Sin embargo, añade que una diferencia importante es que los síntomas causados por un agente biológico tardan más en aparecer y, al fin y al cabo, las infecciones bacterianas pueden ser atacadas con antibióticos siempre que el organismo sea identificado y, por supuesto, se disponga del fármaco. Algunos virus muy contagiosos, como el de la gripe, no pueden ser tratados con antibióticos, aunque es cierto que pocas veces son mortales.

Miller sugiere una serie de precauciones para prevenir un ataque con armas biológicas que, puntualiza, también serían útiles en caso de brotes naturales de epidemias como las de Legionella pneumophila. Primero, considera que deberían reforzarse los servicios de inteligencia y militares para tener controlados a los grupos terroristas y países con capacidad de lanzar un ataque biológico. Segundo, la policía local y el servicio sanitario tendrían que ser formados para afrontar incidentes que puedan implicar contagio, puesto que estos requieren un comportamiento opuesto al habitual de correr rápidamente al lugar del suceso; en exposiciones biológicas o químicas es importante evitar convertirse en víctimas adicionales. Tercero, los servicios sanitarios necesitarían sistemas de emergencia para afrontar una avalancha de individuos contaminados: rápido reconocimiento del agente infeccioso, protección del personal sanitario, descontaminación del paciente, aislamiento de las personas sanas, y medicación y coordinación con equipos externos. Finalmente, las autoridades deberían tener la infraestructura adecuada para contener un contagio masivo: laboratorios de diagnóstico rápido, prendas protectoras, etc.

Como colofón, Miller transcribe una frase de Louis Pasteur: “La suerte favorece sólo a las mentes preparadas”, y afirma que una posible exposición a armas biológicas no debe desembocar en la histeria, sino en la vigilancia y la planificación.

* Glosario de Biomedia

Más información en Biomedia:
Phobos y Deimos. Ricard Guerrero (26/10/01)
¿Combatir al ántrax? Eva Tarragona (26/10/01)
Web sobre carbunco (26/10/01)

Más información en la red:
Reportaje especial sobre bioterrorismo en Science Week (Bioterrorism, Science Week 2001; Octubre 22; 1 [19]): http://scienceweek.com/arch1.htm
Información sobre carbunco: http://www.nature.com/nature/anthrax
Convención sobre las armas biológicas: http://www.icrc.org/icrcspa.nsf/ff41558bb06fff2b412561f6004fad66/ 3ca087fd1703255341256613004ac147?OpenDocument

Bibliografía:
Miller, Henry: Not the end of the world (Financial Times. 28 de setiembre de 2001)

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