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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Luc Montagnier: «Para luchar contra la transmisión del virus hay que potenciar la transmisión de información»
Biomedia (Barcelona). Luc Montagnier ha
coincidido en Barcelona con AIDS 2002,
el XIV Congreso Internacional del Sida, un fenómeno mediático sin apenas
precedentes si tenemos en cuenta que se trata de una conferencia que pretende
reunir a investigadores, médicos y afectados alrededor de un espacio común de
lucha contra la epidemia. El Dr. Montagnier describió en 1983 el virus HIV-1* y en 1985 el HIV-2. Después de una polémica
que duró casi diez años, la comunidad científica ha acordado considerar a Luc
Montagnier codescubridor del virus, junto a Robert Gallo (quien ha intervenido
en la sesión
oral del día 9 de julio a las 12:30 h). Desde entonces comparten autoría y
galardones, como el Premio
Príncipe de Asturias del año 2000. A pesar de
su gran peso en la historia del virus del sida, Montagnier no ha intervenido en
la Conferencia Internacional celebrada estos días en Barcelona, aunque sí lo
hizo en unas jornadas paralelas, organizadas por la UNESCO,
en las que también se discutió acerca del futuro de la enfermedad. Pero, casi
en la intimidad, este gran investigador francés habló en la mañana del día 8
con unos pocos representantes de los medios de comunicación, entre ellos Biomedia,
en la sede del Colegio de
Farmacéuticos de Barcelona, en el curso de un desayuno de trabajo en el que
se nos permitió conocer algunos datos sobre sus actuales estudios, y acceder a
sus planes y proyectos futuros. Este
profesor emérito del Instituto Pasteur
está en la actualidad profundamente implicado en la WFARP (Fundación Mundial
para la Investigación y Prevención del Sida), auspiciada por la UNESCO y
fundada por él en 1993, y que dirige con el apoyo de Federico Mayor Zaragoza.
Actualmente dirige también el Centro de Biología Molecular y Celular en el Queens College de Nueva York, actividades todas
ellas con las que tiene la voluntad de progresar en la erradicación de la
enfermedad. Para Luc
Montagnier es vital la reducción de riesgos de transmisión del virus mediante
una buena política preventiva y una adecuada transmisión de la información, y
urge a todo el mundo a movilizarse para combatir la enfermedad, tanto desde
nuestros países como desde el exterior. Su razonamiento gira en torno a dos
ideas principales: a) es preciso asociar todos los tipos de acción posibles:
prevención, educación, acceso a tratamiento e investigación, y b) todos los
pacientes del mundo deberían beneficiarse del tratamiento y de la
investigación. Lamentablemente, entre la voluntad y la realidad existe una gran
distancia. Desde la fundación WFARP, Montagnier y sus colaboradores intentan
plasmar esta filosofía. Durante su
breve parlamento, Montagnier se refirió a los tratamientos en curso basados en
cócteles de inhibidores de fármacos antirretrovíricos* que inhiben enzimas del virus
como la transcriptasa inversa* y la proteasa*. Habló también de otros dos tipos de
inhibidores a los que pronto tendremos acceso, inhibidores de la fusión (uno de
los fármacos estrella de AIDS 2002) e inhibidores de la integrasa. Los
tratamientos actuales reducen la mortalidad en los países en los que están
disponibles, pero presentan serios inconvenientes, a los que se refirió
Montagnier: elevado precio, graves efectos secundarios, aparición de mutantes
de virus resistentes al tratamiento y la necesidad de seguir la medicación con
una elevada adherencia y de forma indefinida. Como agravante, los pacientes de
países en desarrollo no tienen acceso a ellos. No únicamente es preciso
facilitar el acceso de todos los afectados, sino también mejorar los
tratamientos. El Dr.
Montagnier apuntó que disponen de datos acerca de cómo aportar ciertas
soluciones a esta grave situación. De momento, la solución pasaría por
tratamientos complementarios (y recalcó que no debían ser considerados
alternativos) al tratamiento triple antirretrovírico recomendado, o triterapia.
Según nos comentó, tras unos meses de tratamiento con antirretrovíricos se da
una restauración parcial del sistema inmunitario, estado que se puede utilizar
para vacunar al paciente. No se trata de una vacuna preventiva, sino
terapéutica. En la actualidad están realizando ensayos clínicos de vacunación
del paciente con proteína del virus. Las ventajas de este sistema son, para
Montagnier, varias: por un lado se puede valorar su eficacia con relativa
facilidad; además, cuando se detiene la triterapia se da una recuperación del
virus, procedente de depósitos celulares inaccesibles y no atacables por el
inhibidor, que puede ser controlada por medio de la vacuna. Por otro lado, si
se consigue una vacuna terapéutica eficaz ésta se podrá utilizar como primera
barrera en las mucosas para evitar la transmisión por vía sexual. Esta vacuna
terapéutica se podría adaptar eventualmente, para hacerla preventiva, en
concreto de esta vía de transmisión. Un segundo
ejemplo de terapia complementaria lo constituyen antioxidantes e
inmunomoduladores, indicados para hacer frente al estrés oxidativo inducido por
el virus. Montagnier nos comentó sus resultados con extractos vegetales ricos
en antioxidantes utilizados en una prueba clínica realizada en un país
africano. En concreto, el estudio utilizaba fruto de papaya fermentado con
levaduras, producto llamado FPP y
fabricado por una empresa de biotecnología japonesa, que tiene propiedades
inmunoestimulantes. En los casos ensayados, los pacientes habían seguido un
tratamiento con triterapia durante un período de 3 meses a 1 año. Algunos de
ellos no habían experimentado una recuperación de los linfocitos* CD4+, lo cual indicaba que no
respondían al tratamiento. La aplicación de una terapia complementaria basada
en este producto vegetal indujo en los pacientes a mostrar una buena respuesta,
con una restauración del sistema inmunitario y un aumento de linfocitos CD4+,
cuyo número llegaba a duplicarse en un par de meses. Los pacientes mostraban
además, un mejor estado físico y un aumento de peso. En el
ámbito de la vacunación, afirmó que la búsqueda de una vacuna preventiva es un
enfoque necesario, pero no se puede dar una fecha ni tan sólo aproximada. No
obstante, y a pesar de su pesimismo, afirmó que existen estrategias no muy
lejanas, como es la lucha contra los cofactores infecciosos que transportan el
virus y aumentan su poder infectivo sobre células que no serían susceptibles a
él, que pueden acercarnos a su desarrollo. En este capítulo, se sabe que la
infectividad del virus aumenta por la presencia de ciertos cofactores
microbianos como los micoplasmas, lo cual tiene un gran interés de cara a la
puesta a punto de una vacuna preventiva. No obstante, de nuevo facilitar el
acceso al tratamiento seguirá siendo muy importante, sobre todo en países en
desarrollo. Y Montagnier nos recordó que también la detección es de importancia
capital. Muchos de los habitantes del continente africano no desean someterse a
las pruebas de detección, ya que en cualquier caso no dispondrán de acceso al
tratamiento y el conocimiento de su enfermedad sólo consigue estigmatizarles
frente al resto de su sociedad. En esta
línea, Montagnier estuvo de acuerdo en que para luchar contra la enfermedad se
reconocen dos tipos de estrategia básicos: la colaboración de toda la sociedad
con la industria farmacéutica en investigación y desarrollo, o la colaboración
sur-sur, prestando ayuda para acceder
al tratamiento. Casos de esta segunda estrategia los constituyen la
colaboración entre la India y Sudáfrica o entre Tailandia y Ghana. Biomedia
tuvo ocasión de preguntarle acerca de la salud de estas dos estrategias, y cómo
se ha planteado su compatibilización, en ocasiones difícil, desde la fundación
que preside. La respuesta de Montagnier fue clara: a pesar de que ambas
estrategias puedan parecer opuestas, su enfoque y el de sus colaboradores pasa
por un partenariado de la UNESCO con los gobiernos. Por ejemplo, se ha llegado
a acuerdos para crear centros en Honduras, Costa de Marfil, Camerún y otros
países africanos. La fundación ayuda en la puesta a punto de estos centros, y la
gestión queda en manos de los gobiernos. Montagnier nos reveló su deseo de
poner en marcha una red de comunicación entre centros, con el fin de transmitir
el know-how, intercambiar expertos, llevar a cabo planes de formación
entre estos centros y laboratorios de Francia, España, Bélgica, Estados Unidos,
etc. y poner en práctica una colaboración real norte-sur. Nos habló de la
existencia de algún centro piloto que avanza en esta dirección, con el apoyo de
la industria farmacéutica, como es el caso del centro de Investigación del Sida
en Abidján, en Costa de Marfil. En él han conseguido integrar educación y
tratamiento, pero para asegurar su continuidad es necesaria una voluntad
política por parte de los respectivos gobiernos, que permita concretar la transferencia
de tecnología norte-sur, y también una cierta voluntad de innovación que
contemple las iniciativas locales. Para Montagnier, lo ideal sería que en todos
los países hubiera un centro de referencia dedicado a todos los frentes de
lucha contra la enfermedad: educación, diagnóstico, tratamiento e
investigación. Montagnier
también opinó sobre la posición de España en el panorama mundial en lo
referente a investigación sobre el sida. Para él hay muchos grupos de calidad,
en especial en Madrid y Barcelona. Nos habló de una colaboración que lleva a
cabo con el Instituto de Salud Carlos III
de Madrid y de su proyecto para investigar sobre una vacuna. Montagnier comentó
también sus proyectos con otros países, como es el caso de Italia, con el que
está investigando cómo evitar el contagio de los bebés a través de la vía de
transmisión materno-filial. A pesar de que ya existe un medicamento que la
reduce, están estudiando la posibilidad de vacunar a los recién nacidos a la vez
que se les vacuna con VCG contra la tuberculosis, para lo cual deberán
introducir a la vez proteínas del virus HIV para reducir la transmisión oral a
través de la leche en un momento en el que el pH poco ácido del estómago del
niño no ofrece una barrera efectiva contra la enfermedad. Nos confirmó que se
están realizando ya pruebas clínicas y que esperan con ello reducir la
transmisión. Es evidente que lo ideal para la prevención es la lactancia
artificial, pero en estos países no siempre es posible, de modo que si este
sistema funciona, frenará el avance de la enfermedad. Y más adelante podría
abrir una vía de vacunación para adultos. Para
terminar, Montagnier hizo su propia valoración de la XIV Conferencia Internacional
del Sida que se estaba desarrollando a unos pocos quilómetros de la sede del
Colegio de Farmacéuticos, en el Palacio de Congresos de Barcelona. Aunque
confesó que prefiere hacer valoraciones a posteriori, manifestó su
escepticismo ante la posibilidad de que se vayan a presentar en él grandes novedades
en el plano científico. Su opinión sobre las macro-conferencias (no olvidemos
que hay unas 15 000 personas inscritas) es que se trata de acontecimientos que
la industria farmacéutica aprovecha para presentar nuevos medicamentos, y que
sirven sobre todo para intercambiar información entre investigadores, médicos y
enfermos, ya que un gran número de afectados asiste a esta conferencia en busca
de información. Pero cuando se trata de discutir y presentar avances
científicos, es de la opinión que los congresos pequeños funcionan mejor y
resultan más eficaces. Montagnier
se despidió de nosotros con un doble mensaje esperanzador: tal vez veamos la
erradicación de la enfermedad. De hecho, es posible que se consiga durante el siglo XXI, pero para ello es preciso
aplicar un enfoque continuado de prevención y educación en los países en vías
de desarrollo. Y, en cualquier caso, la investigación que se está
llevando a cabo sobre el sida puede ser fuente de importantes innovaciones que
nos permitan avanzar en el estudio de otras graves alteraciones, como el cáncer
o las enfermedades neurodegenerativas. Montserrat
Daban es doctora en biología y editora científica Más
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