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Legionelosis. Pasado, presente y futuro

Miguel Sabria* 13/02/04

Biomedia (Barcelona). En 1976 tuvo lugar el brote que dio a conocer la enfermedad del legionario. Dicho brote incidió en excombatientes legionarios alojados en el hotel Bellevue-Stratford de Filadelfia, afectó aproximadamente a 221 individuos y fallecieron 34 de ellos. Los primeros estudios realizados aplicando tinciones diversas en los tejidos de pacientes fallecidos, utilizando 14 medios bacteriológicos y micológicos distintos, y pruebas serológicas frente a 77 agentes infecciosos conocidos fracasaron. Meses después se identificó el microorganismo y se definió el cultivo en BCYE. En honor a los pacientes afectados y al trofismo de este microorganismo por el pulmón (pneumophila: «amante del pulmón») recibió el nombre le Legionella pneumophila.

Desde el brote de Filadelfia hasta mediados de los años noventa sólo disponíamos de medios de cultivos para Legionella (BCYE selectivo), y técnicas de inmunofluorescencia directa e indirecta. Métodos todos ellos con sensibilidad variable, no incorporados dentro de la rutina diagnóstica y no siempre disponibles en los laboratorios de muchos centros hospitalarios. Durante este período se describen ocasionalmente brotes «comunitarios» asociados a fuentes ornamentales, a aparatos de nebulización, a excavaciones, y muy especialmente a torres de refrigeración. Los hoteles, especialmente los de la costa mediterránea, se implican con mucha frecuencia, incluso hasta el punto de crearse una comisión para el estudio de la legionelosis relacionada con los viajes dentro del recién estrenado European Working Group for Legionella Infection. La incidencia de la enfermedad, sin embargo, continúa siendo muy baja. Frente a estos hechos las autoridades sanitarias de distintos países sacan a la luz guías, normativas o decretos aplicables a las instalaciones de riesgo con el fin de controlar los brotes e intentar prevenir la aparición de nuevos . En Cataluña, la enfermedad del legionario se incluye en el año 1987 dentro de las Enfermedades de Declaración obligatoria y aparece la primera Guía para la prevención de la enfermedad. En Estados Unidos se abre una polémica entre los Center for Diseases Control and Prevention y el Departamento de Sanidad del Condado de Allegheny (Pittsburg, Pensilvania) con respecto a la necesidad de realizar estudios ambientales de Legionella en los hospitales.

A partir de la segunda mitad de la década de los noventa se dispone de un nuevo test para el diagnóstico de la enfermedad del legionario. Se trata de una prueba que detecta el antígeno soluble de Legionella (AUL) en orina. Es una prueba simple, con muy buena sensibilidad (fundamentalmente para Legionella pneumophila serogrupo 1) y especificidad. La progresiva incorporación de esta técnica a los laboratorios de microbiología convierte la enfermedad de legionario en una infección mucho más frecuente de lo que realmente se suponía. En la comunidad continúan describiéndose brotes, pero con un mayor número de casos si cabe, gracias a la disponibilidad de la prueba del AUL. Igual ocurre en hoteles y en hospitales La mayor presencia de esta enfermedad obliga a reconsiderar viejos conceptos y alerta sobre la posibilidad de nuevos reservorios y mecanismos de transmisión. Asimismo, la mayoría de series sitúan Legionella spp entre las tres primeras causas de neumonías de la comunidad de origen bacteriano. Este mejor conocimiento de la enfermedad lleva también a una adecuación de las normativas, que culminan, en el Estado español, con el Real Decreto 865/2003 de 4 de julio, por el que se establecen los criterios higiénicos sanitarios para la prevención y control de la legionelosis (60). Poco antes se editaba la Guia pel control i prevenció de la legionel·losis a Catalunya, que constituye uno de los textos más amplios e innovadores que sobre este tema existen en España.

El futuro de la enfermedad del legionario es imprevisible. Pero creemos que la convivencia con este problema va a ser muy prolongada. La irrupción en el mercado de nuevas pruebas de laboratorio se acompañará de un mayor número de diagnósticos. Se ampliará el espectro clínico de la enfermedad mejorando nuestro conocimiento sobre la fiebre de Pontiac; Legionella se ira implicando en otros problemas respiratorios, como las exacerbaciones de enfermedades pulmonares crónicas (66), y se definirá mejor el alcance real de la infección neumónica. Nuevas especies de Legionella cobrarán mayor protagonismo y nuevos hábitats y mecanismos de transmisión retarán nuestra capacidad para ser sorprendidos.

Al mismo tiempo, se modificarán y mejorarán las recomendaciones, normativas y decretos. Los nuevos diseños industriales tendrán en cuenta esta problemática y cualquier centro sanitario deberá contar con sistemas de desinfección de sus aguas más eficaces que los actualmente vigentes.

Sin embargo, la desaparición de la enfermedad de legionario es tan utópica –en estos momentos– como intentar erradicar definitivamente Legionella de las bandejas de las torres de refrigeración o de los circuitos de agua sanitaria de grandes edificios. Por el contrario la erradicación o franca disminución de los brotes -en la comunidad y en los grandes edificios– es deseable, posible, y debe ser nuestro objetivo. Para ello hay que ser consciente de que los brotes siguen en el tiempo a casos esporádicos de enfermedad del legionario no diagnosticados o no estudiados epidemiológicamente. Es fundamental diagnosticar la enfermedad; hay que declararla sistemáticamente a las autoridades sanitarias y deben estudiarse epidemiológicamente todos los casos con el fin de descubrir reservorios potenciales. Estos reservorios, en base a la legislación actual, deberían reducirse con el tiempo en número y potencial contaminante.

El miedo al impacto mediático debe perderse. Hay que hacer comprender a los medios de comunicación que convivir con casos esporádicos de legionelosis será por el momento inevitable y que la lucha de todos, sanitarios y administración, se centrará fundamentalmente en evitar la aparición de brotes. Insistir en el diagnóstico de la enfermedad del legionario sólo comporta mejorar el acto terapéutico y estimular la vigilancia epidemiológica. Y esto es bueno para los enfermos y para la comunidad.


Miguel Sabria es profesor titular de Medicina de la Universidad Autónoma de Barcelona y director del Grupo de Estudio de la Legionelosis (GELeg- Investigación) del Hospital Universitario Germans Trias i Pujol de Badalona.

*Este texto corresponde a la Conferencia Inaugural del Congreso «Legionela hoy: gestión de la prevención» que ha tenido lugar los pasados 5 y 6 de febrero del 2004, en Terrassa (Barcelona).

Más información en Biomedia:
Expertos en legionela se reúnen en el primer congreso nacional sobre esta bacteria (13/02/04)

Más información en la red:
En las próximas semanas podrá consultarse el libro de ponencias del Congreso en la dirección:
http://www.cresca.upc.es/congreslegionella

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