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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Legionelosis. Pasado, presente y futuro
Biomedia (Barcelona). En
1976 tuvo lugar el brote que dio a conocer la enfermedad del legionario. Dicho
brote incidió en excombatientes legionarios alojados en el hotel Bellevue-Stratford
de Filadelfia, afectó aproximadamente a 221 individuos y fallecieron 34 de
ellos. Los primeros estudios realizados aplicando tinciones diversas en los
tejidos de pacientes fallecidos, utilizando 14 medios bacteriológicos y
micológicos distintos, y pruebas serológicas frente a 77 agentes infecciosos
conocidos fracasaron. Meses después se identificó el microorganismo y se
definió el cultivo en BCYE. En honor a los pacientes afectados y al trofismo de
este microorganismo por el pulmón (pneumophila:
«amante del pulmón») recibió el nombre le Legionella
pneumophila. Desde el brote de Filadelfia hasta mediados de los años noventa sólo disponíamos de medios de
cultivos para Legionella (BCYE selectivo),
y técnicas de inmunofluorescencia directa e indirecta. Métodos todos ellos con
sensibilidad variable, no incorporados dentro de la rutina diagnóstica y no
siempre disponibles en los laboratorios de muchos centros hospitalarios.
Durante este período se describen ocasionalmente brotes «comunitarios»
asociados a fuentes ornamentales, a aparatos de nebulización, a excavaciones, y
muy especialmente a torres de refrigeración. Los hoteles, especialmente los de
la costa mediterránea, se implican con mucha frecuencia, incluso hasta el punto
de crearse una comisión para el estudio de la legionelosis relacionada con los
viajes dentro del recién estrenado European
Working Group for Legionella Infection. La incidencia de la enfermedad, sin embargo, continúa siendo muy
baja. Frente a estos hechos las autoridades sanitarias de distintos países
sacan a la luz guías, normativas o decretos aplicables a las instalaciones de
riesgo con el fin de controlar los brotes e intentar prevenir la aparición de
nuevos . En Cataluña, la enfermedad del legionario se incluye en el año 1987
dentro de las Enfermedades de Declaración obligatoria y aparece la primera Guía
para la prevención de la enfermedad. En Estados Unidos se abre una polémica
entre los Center for Diseases Control and
Prevention y el Departamento de Sanidad del Condado de Allegheny
(Pittsburg, Pensilvania) con respecto a la necesidad de realizar estudios
ambientales de Legionella en los
hospitales. A partir de
la segunda mitad de la década de los
noventa se dispone de un nuevo test para el diagnóstico de la enfermedad
del legionario. Se trata de una prueba que detecta el antígeno soluble de Legionella (AUL) en orina. Es una prueba
simple, con muy buena sensibilidad (fundamentalmente para Legionella pneumophila serogrupo 1) y especificidad. La
progresiva incorporación de esta técnica a los laboratorios de microbiología
convierte la enfermedad de legionario en una infección mucho más frecuente de
lo que realmente se suponía. En la comunidad continúan describiéndose brotes,
pero con un mayor número de casos si cabe, gracias a la disponibilidad de la
prueba del AUL. Igual ocurre en hoteles y en hospitales La mayor presencia de
esta enfermedad obliga a reconsiderar viejos conceptos y alerta sobre la
posibilidad de nuevos reservorios y mecanismos de transmisión. Asimismo, la
mayoría de series sitúan Legionella spp entre las tres primeras
causas de neumonías de la comunidad de origen bacteriano. Este mejor
conocimiento de la enfermedad lleva también a una adecuación de las normativas,
que culminan, en el Estado español, con el Real Decreto
865/2003 de 4 de julio, por el que se establecen los criterios
higiénicos sanitarios para la prevención y control de la legionelosis (60).
Poco antes se editaba la Guia pel control
i prevenció de la legionel·losis a Catalunya, que constituye uno de los
textos más amplios e innovadores que sobre este tema existen en España. El futuro de la enfermedad del
legionario es imprevisible. Pero creemos que la convivencia con este problema
va a ser muy prolongada. La irrupción en el mercado de nuevas pruebas de
laboratorio se acompañará de un mayor número de diagnósticos. Se ampliará el
espectro clínico de la enfermedad mejorando nuestro conocimiento sobre la
fiebre de Pontiac; Legionella se ira
implicando en otros problemas respiratorios, como las exacerbaciones de
enfermedades pulmonares crónicas (66), y se definirá mejor el alcance real de
la infección neumónica. Nuevas especies de Legionella
cobrarán mayor protagonismo y nuevos hábitats y mecanismos de transmisión
retarán nuestra capacidad para ser sorprendidos. Al mismo tiempo, se modificarán y
mejorarán las recomendaciones, normativas y decretos. Los nuevos diseños
industriales tendrán en cuenta esta problemática y cualquier centro sanitario
deberá contar con sistemas de desinfección de sus aguas más eficaces que los
actualmente vigentes. Sin embargo, la desaparición de la
enfermedad de legionario es tan utópica –en estos momentos– como intentar
erradicar definitivamente Legionella
de las bandejas de las torres de refrigeración o de los circuitos de agua
sanitaria de grandes edificios. Por el contrario la erradicación o franca
disminución de los brotes -en la comunidad y en los grandes edificios– es
deseable, posible, y debe ser nuestro objetivo. Para ello hay que ser
consciente de que los brotes siguen en
el tiempo a casos esporádicos de enfermedad del legionario no diagnosticados o
no estudiados epidemiológicamente. Es fundamental diagnosticar la
enfermedad; hay que declararla sistemáticamente a las autoridades sanitarias y
deben estudiarse epidemiológicamente todos los casos con el fin de descubrir
reservorios potenciales. Estos reservorios, en base a la legislación actual,
deberían reducirse con el tiempo en número y potencial contaminante. El miedo al impacto mediático debe
perderse. Hay que hacer comprender a los medios de comunicación que convivir
con casos esporádicos de legionelosis será por el momento inevitable y que la
lucha de todos, sanitarios y administración, se centrará fundamentalmente en
evitar la aparición de brotes. Insistir en el diagnóstico de la enfermedad del
legionario sólo comporta mejorar el acto terapéutico y estimular la vigilancia
epidemiológica. Y esto es bueno para los enfermos y para la comunidad. Miguel
Sabria es profesor titular de Medicina de la Universidad
Autónoma de Barcelona y director del Grupo de Estudio de la Legionelosis
(GELeg- Investigación) del Hospital Universitario Germans Trias i Pujol de
Badalona. *Este
texto corresponde a la Conferencia Inaugural del Congreso «Legionela hoy: gestión de la prevención» que ha tenido lugar los
pasados 5 y 6 de febrero del 2004, en Terrassa (Barcelona). Más información en Biomedia: Más información en la red: |
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