Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones

De riesgos, vacunas y viruela

Antoni Trilla 14/03/03

Este artículo forma parte del último número de Cuadernos Quiral, «Armas biológicas», resultado del debate que tuvo lugar el pasado 25 de febrero en la Fundación Privada Vila Casas.

Biomedia (Barcelona). El Departamento de Salud de Estados Unidos, tras valorar recientemente la posibilidad de que el virus de la viruela se emplease contra el Ejército o la población, recomendó una campaña de vacunación específica en determinados colectivos, básicamente militares, sanitarios y fuerzas de seguridad. La campaña, dirigida a vacunar a más de 500 000 profesionales, está resultando un fracaso. Centenares de hospitales se han negado a vacunar, y miles de sanitarios han manifestado su intención de no participar voluntariamente en la misma, siguiendo los consejos de sus asociaciones profesionales y sindicatos. Hace una semana, sólo 687 voluntarios se habían vacunado.

Las razones principales esgrimidas por los profesionales sanitarios para negarse a ser vacunados son el escepticismo ante la posibilidad real de un ataque biológico con virus de la viruela y el miedo a las reacciones secundarias de la vacuna.

Al mismo tiempo, los medios de comunicación nacionales indicaban que el Gobierno español había comprado dos millones de vacunas, al parecer destinadas a la protección de los miembros de las Fuerzas Armadas y «otros colectivos profesionales expuestos a un ataque biológico». Según estas mismas informaciones, «se excluye la vacunación de la población general, salvo en el caso de que se materializase una amenaza que no pasa del terreno de la hipótesis».

El Consejo de Ministros había aprobado, en otoño pasado, tres convenios de colaboración (por un importe de 1,1 millones de euros) entre el Ministerio de Defensa y tres grupos de investigación civiles para «investigar en la detección de agresivos biológicos». Pocos días después, el conseller de Sanidad de la Generalitat de Catalunya realizaba unas declaraciones a los medios de comunicación en las que calificaba esta compra como una «bestialidad» y tildaba de irresponsable al Gobierno de la nación por difundir informaciones que causaban alarma entre la población general.

Curiosamente, el mismo día que se publicaban estas declaraciones, se publicaba también una noticia según la cual el Gobierno de Alemania tenía informaciones suficientes para creer que Iraq estaba en disposición de emplear virus de la viruela como arma biológica. Por ello, el Ministerio de Sanidad de dicho país había encargado la compra de 6 millones de dosis de vacunas de la viruela. Reino Unido dispone también de planes de contingencia, muy elaborados, para hacer frente a un posible brote de viruela. Países Bajos ha encargado a sus autoridades sanitarias locales que, antes del mes de abril, dispongan de planes de emergencia que incluyan la posibilidad de vacunar en masa a todos sus 16 millones de habitantes. Francia ha invertido considerables sumas de dinero en actualizar sus planes y dispositivos de emergencia frente a armas biológicas, mediante el programa BIOTOX, al mismo tiempo que encargaba 3 millones de dosis de vacuna de la viruela e invertía 150 millones de euros en compras de ciprofloxacino (el antibiótico de elección en casos de profilaxis postexposición ante un ataque con ántrax).

Estados Unidos ha realizado varios ejercicios teóricos para evaluar su capacidad de respuesta ante ataques biológicos. Uno de dichos ejercicios, denominado dark winter, realizado en junio del 2001, analizó la situación tras un hipotético y limitado ataque terrorista con viruela en tres ciudades estadounidenses. Al cabo de dos semanas, la epidemia estaba fuera de control, se habían agotado las reservas de vacunas, los hospitales estaban colapsados y existían graves alteraciones del orden público. La tercera semana se habían producido 16 000 casos de viruela, y más de 5000 fallecidos, y la crisis se había extendido internacionalmente. Algunas de las conclusiones del ejercicio son de gran interés: tras un ataque bioterrorista, las decisiones de los líderes políticos dependerán del análisis de datos realizado por expertos médicos y en salud pública; la falta de vacunas o fármacos suficientes para prevenir la diseminación de la enfermedad limita gravemente las opciones válidas para gestionar la crisis; el sistema sanitario de Estados Unidos no está preparado para enfrentarse a crisis masivas; las prioridades de los Gobiernos Federal y de los Estados pueden entrar en conflicto y, finalmente, las acciones de los ciudadanos resultan esenciales para limitar la diseminación de la epidemia, por lo que se recomendaba encarecidamente que los líderes deberían ganarse la confianza y obtener la colaboración sostenida del pueblo.

La situación en España es distinta. La información disponible es más bien escasa. La población, en general, desconoce el riesgo de sufrir un ataque bioterrorista y cómo actuar en caso necesario.

El concepto de riesgo hace referencia a acontecimientos posibles, aunque inciertos, que en caso de ocurrir pueden ocasionar daño o perjuicio. Es, por tanto, una medida o estimación de la seguridad que se acepta o considera en el momento de tomar una decisión. Frente al concepto de riesgo está el concepto de seguridad. Cualquier medida preventiva, en el ámbito de la salud pública, puede reducir o disminuir las consecuencias o costes derivados de una acción que ocasione daño o perjuicio, pero no por ello elimina el riesgo. El concepto de riesgo cero (ausencia de riesgo) es, en la mayoría de los casos, una utopía, que lo único que hace en realidad es disminuir la eficiencia de las medidas preventivas: el coste es más alto y el resultado el mismo.

Por ello, se suele recurrir, en algunos casos, a la aplicación del denominado principio de precaución, estrategia preventiva que se usa en la gestión de riesgos siempre que existan situaciones de incertidumbre (ausencia de datos científicos sólidos) sobre los efectos en la salud que pueda tener una actividad determinada. Aunque no es el caso exacto de la guerra o amenaza de guerra biológica, situación en la que son esperables efectos nocivos seguros sobre la salud de los individuos y poblaciones, sí es cierto que la cuantificación de este riesgo es difícil o imposible con la información de la que se dispone actualmente. Por ello, la decisión y estrategias a adoptar se basan en incertidumbres y pueden recurrir al principio de precaución.

El sistema sanitario puede estar en condiciones de hacer frente a determinadas crisis, incluidas las derivadas de situaciones de guerra biológica o, más probablemente dentro de la escasa posibilidad real del suceso, hacer frente a un brote o acumulación de casos de una enfermedad transmisible, inducida por el ser humano con intención criminal o de ocurrencia natural. Sin embargo, el sistema sanitario español no se ha preparado específicamente para ello. Aunque se han remitido algunas instrucciones y recomendaciones, la mayoría de profesionales sanitarios están poco o nada informados. Desconocen cómo actuar, especialmente frente a situaciones o enfermedades que les resultan poco o nada familiares en su diagnóstico, tratamiento y gestión. Tampoco saben si, al acudir a las autoridades sanitarias, éstas están realmente preparadas para ayudarles, con recursos humanos y materiales, a sobrellevar una situación que, en las circunstancias actuales, puede derivar rápidamente hacia una alarma social importante. A los posibles casos cabria añadir numerosos ciudadanos preocupados por un posible contacto o contagio, que añadirían más colapso al sistema. En Estados Unidos se estima que los hospitales no pueden, en circunstancias normales, hacer frente a un aumento de la demanda del 10 %, dado su nivel de ocupación, saturación y disponibilidad de personal adicional, sin mencionar ni siquiera el coste extra que esto supone.

La Administración debe desarrollar al máximo su capacidad de información, preparación y coordinación, y debe invertir los recursos necesarios para que todos los ciudadanos, aunque la amenaza se perciba como muy improbable o remota, sepan que el sistema está preparado, o se está preparando, para ofrecer una respuesta adecuada. La información creíble, puntual, veraz, sensata y adecuada es esencial para evitar situaciones de pánico, desconfianza o crisis.

Un reciente trabajo publicado en New England Journal of Medicine sobre el conocimiento del público y su preocupación ante un posible ataque con virus de la viruela en Estados Unidos indicaba que la mayoría de los ciudadanos tiene creencias falsas con respecto a esta enfermedad: el 80% cree que tiene tratamiento efectivo (no se dispone actualmente de tratamiento específico alguno), el 65% cree que han existido casos en los últimos cinco años (se erradicó en 1980), el 30% cree que la vacuna protege para siempre (no está claro si la inmunidad puede prolongarse más allá de 10-20 años). Otros dos datos de especial interés son que el 60% desearía ser vacunado, pero solo el 21% se vacunaría si los médicos o profesionales sanitarios rehúsan vacunarse. Si creyese que tiene la viruela, el 50% acudiría en primera instancia a su médico de cabecera y el 40% acudiría directamente a urgencias del hospital.

Dos millones de vacunas pueden ser una buena inversión, una mala inversión, una inversión insuficiente o una inversión inútil. Todo dependerá de la capacidad de evaluación del riesgo y beneficio, de nuestra preparación y de la respuesta global de la sociedad, basada en su confianza y colaboración con los profesionales y las autoridades sanitarias. Las decisiones de los responsables sanitarios no deberían basarse en rumores, presiones políticas o reacciones ante noticias de los medios, sino en los consejos de aquellos profesionales con conocimientos y experiencia.

Los medios de comunicación son fuentes clave de información sobre peligros o riesgos que, normalmente, los individuos no perciben directamente. Su papel e influencia social son básicos en estas situaciones de incertidumbre.

Antoni Trilla es médico epidemiólogo, director de la Unidad de Evaluación, Soporte y Prevención (UASP) del Hospital Clínic – Universidad de Barcelona.

Más información en Biomedia:
Dossier: Enfermedades infecciosas
Los expertos debaten sobre bioterrorismo y armas biológicas. Raimundo Roberts (28/02/03)
Las noticias sobre salud requieren mayor calidad y una mejor gestión (21/06/02)
Biomedicina en la prensa: Quiral 2000. Gemma Revuelta (08/06/01)
Tendencias Quiral: análisis mensual de las noticias biomédicas en la prensa española (30/03/01)

Más información en la red:
Hospital Clínic de Barcelona: http://www.csc.es/hc/castellano
Fundación Privada Vila Casas: http://www.fundacionvilacasas.org
Diario médico: Patógenos de interés en bioterrorismo: http://www.diariomedico.com/sanidad/protocolo181001.pdf
Health Aspects of Biological & Chemical Weapons - WHO: http://www.who.int/emc/deliberate_epi.html

Arriba

Portada


Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones

(C) BIOMEDIA es una publicación del OCC (UPF) y RUBES EDITORIAL