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Homenaje a Hipatia

Vladimir de Semir 16/05/03

Biomedia (Barcelona). El Congreso «Mujeres y hombres: salud, ciencia y tecnología», celebrado en febrero en Barcelona representa un punto de partida para establecer una estrategia dirigida a promocionar, desde la perspectiva de ciudad, el papel de las mujeres en el mundo de las ciencias y de la tecnología. En efecto, el sexismo en el mundo de la ciencia y de la tecnología no se erradicará sólo con dejar pasar el tiempo, o con aplicar determinadas políticas que se dirijan únicamente al entorno de la comunidad científica; también hace falta un cambio radical en las representaciones sociales sobre qué significa practicar las ciencias o sobre quiénes y cómo son las personas que se dedican a esta finalidad.

El congreso –impulsado por la concejalía de Ciudad del Conocimiento, en colaboración con el Instituto Municipal de Educación, la Concejalía de la Mujer y el Consell de Dones de Barcelona con el patrocinio del Grupo MSD– se estructuró en tres grandes temas, salud, ciencia y tecnología, considerados a su vez desde diversas perspectivas transversales: las particularidades biológicas, clínicas y sociales de mujeres y hombres; la supuesta neutralidad en la creación de conocimiento científico; la falta de vocaciones entre las mujeres por las carreras científicas y tecnológicas; la visión de género en el entorno profesional; el papel de las redes, las asociaciones y los organismos de participación; y las actuaciones y programas para la promoción de la mujer en los campos de la salud, la ciencia y la tecnología.

Desde los tiempos de la alejandrina Hipatia (asesinada brutalmente por oscuras razones ideológicas, entre las que sin duda debió influir su condición de mujer socialmente relevante por su condición de filósofa y de matemática) hasta nuestros días es evidente que se ha recorrido un largo camino; sin embargo no puede decirse que el ritmo del cambio haya sido precisamente rápido, a juzgar por el limitado papel que aún siguen ocupando las mujeres dentro de la comunidad científica.1

Si en algunos entornos tradicionalmente masculinos, como el mundo de la política, se ha avanzado en la paridad de géneros, las ciencias experimentales y las tecnologías siguen siendo terrenos dominados por los hombres. Y por nuestras universidades han pasado suficientes generaciones de estudiantes como para saber que no basta con dejar pasar el tiempo: hace décadas que las mujeres están en la universidad como estudiantes, incluso son mayoría en algunas carreras, y hay un interés creciente para buscar las razones por las que aún permanecen en el segundo plano del protagonismo académico y en la responsabilidad investigadora.

El sexismo en la comunidad científica –e incluso en la construcción del propio conocimiento científico– ha sido puesto en evidencia en múltiples ocasiones, desde los estudios que emergieron a raíz del resurgimiento del movimiento feminista en los años setenta, hasta los más recientes, incluyendo indicadores comparativos entre países y sistemas de I+D. Uno de los grupos que mayores repercusiones ha tenido en la lucha por la promoción de las mujeres en el mundo de las ciencias es el denominado Grupo de Helsinki, cuyo informe de 1999 fue decisivo para la creación de una unidad específica sobre Mujeres y Ciencia en la Comisión Europea. Esta unidad es uno de los pilares estratégicos en el nuevo Plan de acción europeo Ciencia y Sociedad, dividiendo sus funciones entre el análisis y la inclusión y ejecución de acciones específicas dirigidas a la promoción efectiva de la mujer en el VI Programa Marco de la Investigación Europea.

Diversos estudios han puesto en evidencia que en la infancia, la adolescencia y la juventud predomina una visión estereotipada de la actividad científica que podría resumirse en esta frase: «Un científico es un hombre blanco, vestido con bata blanca y con un bolsillo lleno de bolígrafos y lápices. Es de mediana edad y, o bien está calvo, o lleva gafas para compensar su miopía». Esta imagen se repite desde hace generaciones sin grandes modificaciones. ¡Otra cosa es la iconografía de la ciencia como mujer!2

El Programa Leonardo da Vinci (para la promoción de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres) de la Dirección General de Educación de la Comisión Europea advierte que la falta de acceso de las mujeres a las profesiones técnicas tiene su origen principalmente en los estereotipos que, todavía con demasiada frecuencia, limitan las opciones de educación y de formación de las mujeres. En el momento en que una mujer joven elige su formación surgen los prejuicios arraigados en el seno de la familia y la sociedad.

Lo cierto es que determinadas carreras científicas, y en especial las tecnológicas (las ingenierías, por ejemplo), no resultan lo suficientemente atractivas para las futuras estudiantes universitarias como para lograr que éstas se matriculen en un número similar al de sus compañeros. Precisamente, entre las actuaciones impulsadas en el programa de actuación municipal desde la Concejalía de Ciudad del Conocimiento del Ayuntamiento de Barcelona, se incluye el abordar, desde la perspectiva de promoción de la cultura ciudadana, uno de los grandes problemas relacionados con el mundo de las ciencias: la falta de vocaciones científicas entre las actuales generaciones, cuestión particularmente preocupante entre las mujeres jóvenes.

La imagen estereotipada no siempre es fácil de reconocer, tomando a veces formas sutiles. Por ejemplo, en un estudio sobre la programación educativa infantil en la televisión en Estados Unidos3 se vio que, aunque mujeres y hombres aparecían en proporciones similares representando, respectivamente, papeles de científicas y científicos, las mujeres que salían en la pantalla eran sistemáticamente más jóvenes y representaban un menor rango académico que sus compañeros varones.

También en nuestro entorno existen datos que exigen una seria reflexión. Por ejemplo, entre las fuentes de información experta utilizadas por la prensa diaria para recoger opiniones o informaciones sobre cuestiones de salud y medicina, la desproporción entre hombres y mujeres es claramente evidente, según concluye una reciente investigación sobre «Mujer, salud y prensa diaria» llevada a cabo en el Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra, estudio inédito que se publica en el número 27 de la revista Quark. Es difícil creer que en un campo como el de la sanidad, en el que la presencia femenina es mayor que en otros ámbitos de la ciencia y en el que incluso el correspondiente Ministerio dependía de una mujer durante una buena parte del período de estudio, las fuentes de información muestren esta desproporción tan evidente. Así, entre los 40 522 nombres mencionados como fuentes de información o de opinión sobre temas de salud y medicina entre 1997 y 2001 en los cinco diarios de mayor difusión en España, 32 997 eran hombres (81,43 %) y 7203 eran mujeres (17,77 %), quedando 322 casos sin especificar (0,80 %). Estos datos no indican otra cosa que es necesario un esfuerzo consciente para romper la inercia y empezar a incluir en el circuito de las fuentes de información nombres nuevos: los de las numerosas mujeres especialistas o con suficiente saber y autoridad merecida aunque no reconocida, como para informar y opinar sobre asuntos de sanidad.

Asimismo, este mismo trabajo concluye que el lenguaje, las imágenes y los focos de atención de las noticias publicadas en los diarios analizados están contribuyendo a perpetuar estereotipos sobre los roles femenino y masculino. Por ejemplo, mientras que en las noticias y artículos sobre infarto y enfermedades cardiovasculares pocas veces se habla específicamente de las mujeres, éstas son una constante en artículos o noticias dedicadas a temas como la belleza o el cuidado del cuerpo. Por otra parte, cuando se alude a problemas de salud específicos de las mujeres, a menudo la noticia se centra más en el papel de éstas como madres, esposas o compañeras sexuales que en ellas mismas. En las noticias relacionadas con el sida, por ejemplo, se aborda con frecuencia la transmisión del virus a los hijos durante el embarazo o la lactancia, pero en menor medida se cubren aspectos específicos de la mujer, tales como su mayor vulnerabilidad a ser infectada. La lista de ejemplos es interminable.

El reto ahora es poner en común todas las redes de personas –fundamentalmente, mujeres– que trabajan desde hace tiempo y siguen trabajando en estos ámbitos, así como compartir datos y experiencias, para garantizar una mayor efectividad de los programas de actuación que se pueden llevar a cabo desde diferentes instituciones y organizaciones. Con el añadido importante de que también los hombres se han de sumar a este debate y a las acciones derivadas de ello si realmente deseamos dar un salto cualitativo hacia delante y resolver esta clara injusticia de la desigualdad entre los sexos.

El compromiso adquirido en el Congreso «Mujeres y hombres: salud, ciencia y tecnología» de Barcelona es crear un comité permanente, coordinado desde la Concejalía de Ciudad del Conocimiento, para canalizar actividades destinadas a la sensibilización social sobre esta situación injusta y luchar contra las desigualdades entre mujeres y hombres en temas de salud, ciencia y tecnología. Para ello se dará visibilidad a esta problemática en las diversas acciones de las políticas municipales de forma transversal, con propuestas concretas que puedan ser asumidas en el Plan de Acción Municipal del próximo mandato municipal y se impulsará la inclusión de esta perspectiva en diversos debates ya programados en el Forum Universal de las Culturas 2004. Entre ellos, en el que organiza el Observatorio de la Comunicación Científica–UPF sobre comunicación pública de la ciencia y la tecnología (de la red Public Communication of Science and Technology) con el lema: «Conocimiento científico y diversidad cultural» (en junio del 2004) y en el Congreso Mundial de las Mujeres con el lema «Para una nueva cultura del vivir y el convivir» (en julio del 2004). Asimismo, se decidió que a partir del año 2005 se convocará con carácter bianual en Barcelona el Congreso «Mujeres y hombres: salud, ciencia y tecnología», para que actúe como catalizador permanente de la reflexión y acción sobre esta problemática.

[Este artículo ha sido publicado en la revista Quark. Mujeres y hombres: salud, ciencia y tecnología, número monográfico basado en el primer congreso «Mujeres y hombres: salud, ciencia y tecnología», celebrado en Barcelona el 20 y 21 de febrero del 2003]

 

Más información en Biomedia:
La revista Quark sobre política científica genera un gran debate sobre la ciencia en España, Raimundo Roberts (14/06/02)
Objetivo: reducir las diferencias de género en la investigación europea, Raimundo Roberts (14/02/03)
Dossier: Ciencia y sociedad

Más información en la red:
Revista Quark, Ciencia, Medicina, Comunicación y Cultura: http://www.imim.es/quark

Congreso «Mujeres y hombres: salud, ciencia y tecnología»: http://www.bcn.es/donesiciencia

 

Notas
1 Sobre este tema se puede consultar:
Santesmases, M.J.: Mujeres científicas en España (1940-1970), Instituto de la Mujer, Madrid, 2000.
Fernández Vargas, V.; Santesmases, M.J.: Ciencia y tecnología en el CSIC: una visión de género, ARBOR, Madrid, 2002.
2 Véase el interesante capítulo «Cuando la ciencia era mujer» del libro La ciencia y su público, Javier Ordóñez y Alberto Elena, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, 1990
3 Long M. et al.: «Gender and racial counter-stereoypes in science education television: a content analysis», Public Understanding of Science 1999; 10.

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