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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Homenaje a Hipatia
Biomedia (Barcelona). El Congreso «Mujeres y hombres: salud, ciencia y
tecnología», celebrado en febrero en Barcelona representa un punto de
partida para establecer una estrategia dirigida a promocionar, desde la
perspectiva de ciudad, el papel de las mujeres en el mundo de las ciencias y de
la tecnología. En efecto, el sexismo en el mundo de la
ciencia y de la tecnología no se erradicará sólo con dejar pasar el tiempo, o
con aplicar determinadas políticas que se dirijan únicamente al entorno de la
comunidad científica; también hace falta un cambio radical en las
representaciones sociales sobre qué significa practicar las ciencias o sobre
quiénes y cómo son las personas que se dedican a esta finalidad. El congreso –impulsado por la
concejalía de Ciudad del Conocimiento, en colaboración con el Instituto
Municipal de Educación, la Concejalía de la Mujer y el Consell de Dones de
Barcelona con el patrocinio del Grupo MSD– se estructuró en tres grandes temas,
salud, ciencia y tecnología, considerados a su vez desde diversas perspectivas
transversales: las particularidades biológicas, clínicas y sociales de mujeres
y hombres; la supuesta neutralidad en la creación de conocimiento científico;
la falta de vocaciones entre las mujeres por las carreras científicas y
tecnológicas; la visión de género en el entorno profesional; el papel de las
redes, las asociaciones y los organismos de participación; y las actuaciones y
programas para la promoción de la mujer en los campos de la salud, la ciencia y
la tecnología. Desde los
tiempos de la alejandrina Hipatia (asesinada brutalmente por oscuras razones
ideológicas, entre las que sin duda debió influir su condición de mujer
socialmente relevante por su condición de filósofa y de matemática) hasta
nuestros días es evidente que se ha recorrido un largo camino; sin embargo no
puede decirse que el ritmo del cambio haya sido precisamente rápido, a juzgar por
el limitado papel que aún siguen ocupando las mujeres dentro de la comunidad
científica.1 Si en
algunos entornos tradicionalmente masculinos, como el mundo de la política, se
ha avanzado en la paridad de géneros, las ciencias experimentales y las
tecnologías siguen siendo terrenos dominados por los hombres. Y por nuestras
universidades han pasado suficientes generaciones de estudiantes como para
saber que no basta con dejar pasar el tiempo: hace décadas que las mujeres
están en la universidad como estudiantes, incluso son mayoría en algunas
carreras, y hay un interés creciente para buscar las
razones por las que aún permanecen en el segundo plano del protagonismo
académico y en la responsabilidad investigadora. El sexismo en la comunidad científica –e incluso en
la construcción del propio conocimiento científico– ha sido puesto en evidencia
en múltiples ocasiones, desde los estudios que emergieron a raíz del
resurgimiento del movimiento feminista en los años setenta, hasta los más
recientes, incluyendo indicadores comparativos entre países y sistemas de I+D.
Uno de los grupos que mayores repercusiones ha tenido en la lucha por la
promoción de las mujeres en el mundo de las ciencias es el denominado Grupo de
Helsinki, cuyo informe de 1999 fue decisivo para la creación de una unidad
específica sobre Mujeres y Ciencia en la Comisión Europea. Esta unidad es uno
de los pilares estratégicos en el nuevo Plan de acción europeo Ciencia y
Sociedad, dividiendo sus funciones entre el análisis y la inclusión y ejecución
de acciones específicas dirigidas a la promoción efectiva de la mujer en el VI
Programa Marco de la Investigación Europea. Diversos estudios han puesto en evidencia que en la
infancia, la adolescencia y la juventud predomina una visión estereotipada de
la actividad científica que podría resumirse en esta frase: «Un científico es
un hombre blanco, vestido con bata blanca y con un bolsillo lleno de bolígrafos
y lápices. Es de mediana edad y, o bien está calvo, o lleva gafas para
compensar su miopía». Esta imagen se repite desde hace generaciones sin grandes
modificaciones. ¡Otra cosa es la iconografía de la ciencia como mujer!2 El Programa Leonardo da Vinci (para
la promoción de la igualdad de oportunidades entre hombres y mujeres) de la
Dirección General de Educación de la Comisión Europea advierte que la falta de
acceso de las mujeres a las profesiones técnicas tiene su origen principalmente
en los estereotipos que, todavía con demasiada frecuencia, limitan las opciones
de educación y de formación de las mujeres. En el momento en que una mujer
joven elige su formación surgen los prejuicios arraigados en el seno de la
familia y la sociedad. Lo cierto es que determinadas carreras científicas,
y en especial las tecnológicas (las ingenierías, por ejemplo), no resultan lo
suficientemente atractivas para las futuras estudiantes universitarias como
para lograr que éstas se matriculen en un número similar al de sus compañeros.
Precisamente, entre las actuaciones impulsadas en el programa de actuación
municipal desde la Concejalía de Ciudad del Conocimiento del Ayuntamiento de
Barcelona, se incluye el abordar, desde la perspectiva de promoción de la
cultura ciudadana, uno de los grandes problemas relacionados con el mundo de
las ciencias: la falta de vocaciones científicas entre las actuales
generaciones, cuestión particularmente preocupante entre las mujeres jóvenes. La imagen
estereotipada no siempre es fácil de reconocer, tomando a veces formas sutiles.
Por ejemplo, en un estudio sobre la programación educativa infantil en la
televisión en Estados Unidos3 se vio que, aunque mujeres y hombres aparecían en
proporciones similares representando, respectivamente, papeles de científicas y
científicos, las mujeres que salían en la pantalla eran sistemáticamente más
jóvenes y representaban un menor rango académico que sus compañeros varones. También en nuestro entorno existen
datos que exigen una seria reflexión. Por ejemplo, entre las fuentes de
información experta utilizadas por la prensa diaria para recoger opiniones o
informaciones sobre cuestiones de salud y medicina, la desproporción entre
hombres y mujeres es claramente evidente, según concluye una reciente
investigación sobre «Mujer, salud y prensa diaria» llevada a cabo en el
Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra,
estudio inédito que se publica en el número 27 de la revista Quark. Es difícil creer que en un campo
como el de la sanidad, en el que la presencia femenina es mayor que en otros
ámbitos de la ciencia y en el que incluso el correspondiente Ministerio
dependía de una mujer durante una buena parte del período de estudio, las
fuentes de información muestren esta desproporción tan evidente. Así, entre los
40 522 nombres mencionados como fuentes de información o de opinión sobre temas
de salud y medicina entre 1997 y 2001 en los cinco diarios de mayor difusión en
España, 32 997 eran hombres (81,43 %) y 7203 eran mujeres (17,77 %), quedando
322 casos sin especificar (0,80 %). Estos datos no indican otra cosa que es
necesario un esfuerzo consciente para romper la inercia y empezar a incluir en
el circuito de las fuentes de información nombres nuevos: los de las numerosas
mujeres especialistas o con suficiente saber y autoridad merecida aunque no
reconocida, como para informar y opinar sobre asuntos de sanidad. Asimismo, este mismo trabajo concluye que el
lenguaje, las imágenes y los focos de atención de las noticias publicadas en
los diarios analizados están contribuyendo a perpetuar estereotipos sobre los
roles femenino y masculino. Por ejemplo, mientras que en las noticias y
artículos sobre infarto y enfermedades cardiovasculares pocas veces se habla
específicamente de las mujeres, éstas son una constante en artículos o noticias
dedicadas a temas como la belleza o el cuidado del cuerpo. Por otra parte,
cuando se alude a problemas de salud específicos de las mujeres, a menudo la
noticia se centra más en el papel de éstas como madres, esposas o compañeras
sexuales que en ellas mismas. En las noticias relacionadas con el sida, por
ejemplo, se aborda con frecuencia la transmisión del virus a los hijos durante
el embarazo o la lactancia, pero en menor medida se cubren aspectos específicos
de la mujer, tales como su mayor vulnerabilidad a ser infectada. La lista de ejemplos es interminable. El reto
ahora es poner en común todas las redes de personas –fundamentalmente, mujeres–
que trabajan desde hace tiempo y siguen trabajando en estos ámbitos, así como
compartir datos y experiencias, para garantizar una mayor efectividad de los
programas de actuación que se pueden llevar a cabo desde diferentes
instituciones y organizaciones. Con el añadido importante de que también los
hombres se han de sumar a este debate y a las acciones derivadas de ello si
realmente deseamos dar un salto cualitativo hacia delante y resolver esta clara
injusticia de la desigualdad entre los sexos. El
compromiso adquirido en el Congreso «Mujeres y hombres: salud, ciencia y
tecnología» de Barcelona es crear un comité permanente, coordinado desde la
Concejalía de Ciudad del Conocimiento, para canalizar actividades destinadas a
la sensibilización social sobre esta situación injusta y luchar contra las
desigualdades entre mujeres y hombres en temas de salud, ciencia y tecnología.
Para ello se dará visibilidad a esta problemática en las diversas acciones de
las políticas municipales de forma transversal, con propuestas concretas que
puedan ser asumidas en el Plan de Acción Municipal del próximo mandato
municipal y se impulsará la inclusión de esta perspectiva en diversos debates
ya programados en el Forum Universal de las Culturas 2004. Entre ellos, en el
que organiza el Observatorio de la Comunicación Científica–UPF sobre
comunicación pública de la ciencia y la tecnología (de la red Public Communication of Science and
Technology) con el lema: «Conocimiento científico y diversidad cultural»
(en junio del 2004) y en el Congreso
Mundial de las Mujeres con el lema «Para una nueva cultura del vivir y
el convivir» (en julio del 2004).
Asimismo, se decidió que a partir del año 2005 se convocará con carácter
bianual en Barcelona el Congreso «Mujeres y hombres: salud, ciencia y
tecnología», para que actúe como catalizador permanente de la reflexión y acción
sobre esta problemática. [Este artículo ha sido publicado en la revista Quark.
Mujeres y hombres: salud, ciencia y tecnología, número monográfico basado
en el primer congreso «Mujeres y hombres: salud, ciencia y tecnología», celebrado
en Barcelona el 20 y 21 de febrero del 2003] Más información en Biomedia: Más
información en la red: Notas |
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