|
||||
| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Conocimiento científico y diversidad cultural
Biomedia (Barcelona). «Nosotros, participantes en la apertura de la Olimpiada Cultural,
organizada por iniciativa del Ministerio de Cultura de la República Helénica,
rechazamos solemnemente cualquier idea de fatalidad de conflictos entre
civilizaciones.» Con este taxativo párrafo comienza la denominada Carta de
Olimpia, promovida el 23 de septiembre del 2001 por representantes venidos de
todo el orbe reunidos –pocos días después de la tragedia de las Torres Gemelas
de Nueva York– en la mítica ciudad en la que vieron la luz los primeros Juegos
Olímpicos de la historia de la humanidad. [Texto
completo de este documento] Dos
días antes, el ministro helénico, Evangelos Venizelos, y la rectora de la
Universidad de Europa, Hélène Ahrweiler (ex rectora de la Sorbona y presidenta
honoraria del Centre Georges Pompidou de París), nos habían reunido en Atenas,
una convocatoria cursada mucho antes de que quedaran grabadas en la retina de
toda nuestra generación los sucesos de aquel histórico 11 de septiembre con el
que realmente comenzó el siglo xxi. «Somos
contemporáneos, pero es posible que vivamos en épocas diferentes... La única
solución para respetarnos es conocernos, y para ello el único camino es
entender la cultura del otro.» Con estas palabras, el ministro Venizelos
inauguró la reunión el 21 de septiembre del 2001. Unos 60 representantes de la
cultura, del pensamiento, de la ciencia, de la creación artística y de la
política de las más variadas procedencias geográficas y culturas fuimos
invitados a debatir durante tres días sobre «Repensar la cultura», primero en
Atenas y al final en la mítica Olimpia. Las conclusiones, en forma de
declaración, se convirtieron en la Carta de Olimpia, que representantes de
diferentes culturas del mundo tuvieron la voluntad compartida de que se
convirtiese en la plataforma para poder escuchar y ser escuchados, y contribuir
a que el siglo xxi sea el siglo
del conocimiento y diálogo entre las culturas del mundo y no el de la
incomunicación, de la incomprensión y de la intolerancia que lleve a persistir
en el enfrentamiento de los diversos fundamentalismos ideológicos, religiosos y
económicos que amenazan al mundo. Desde
el primer minuto del coloquio quedó unánimemente claro que «ahora, más que
nunca es necesaria la reflexión y el diálogo entre las culturas». La frase la
pronunciaron casi al unísono el ministro griego de Cultura y el español
Federico Mayor Zaragoza, ex director general de la UNESCO. No pudimos menos que
sonreír ante tanta coincidencia, pero lo que ellos ni el resto de asistentes no
sabían –mientras mostraban su pleno acuerdo con la necesidad y oportunidad de
hablar y escuchar para que todos nos conozcamos mejor– es que para mí la frase
ya era conocida. La había pronunciado días antes, inmediatamente después del
fatídico 11 de septiembre, el alcalde de Barcelona, Joan Clos, con motivo de la
presentación pública de la concreción programática de un nuevo y ambicioso reto:
el Forum Universal de las Culturas de Barcelona 2004. Las
circunstancias han hecho que ahora más que nunca tengamos que ser ambiciosos y
exigentes para que la apuesta de Barcelona sea un modelo a seguir, como en
cierto modo lo fue Atenas al recoger la idea de la previa Olimpiada Cultural
Barcelona 1992 y que, según las intenciones expresadas, Pequín 2008 también va
a proseguir con un marcado contenido cultural, especialmente científico y
tecnológico. El siglo xxi ha
comenzado con durísimas pruebas (11 de septiembre en Nueva York, guerra de Iraq
y 11 de marzo en Madrid, entre otras), producto de los enfrentamientos
religiosos, ideológicos, económicos y culturales heredados del siglo más
sangriento de la historia de la humanidad, el siglo xx. Pero la fuerza con el que comienza el Forum Universal de
las Culturas Barcelona 2004 hace esperar que el brazo armado únicamente por la
inteligencia humana pueda ayudar a superar a los que predican y promocionan el
choque de civilizaciones y nos reafirmen en que el camino que hace tiempo hemos
emprendido en Barcelona sea el acertado: aspirar a ser un puente de culturas
desde la posición mediterránea y europea que nos ha dotado de una innata
comprensión de que la defensa de la diversidad cultural es uno de los grandes
valores que deben marcar el siglo. A pesar de las dificultades indiscutibles de inventarse un evento
mundial completamente nuevo como aspira a ser el Forum Universal de las
Culturas 2004 y que Barcelona sea recordada en el futuro como la que inició el
camino (igual que hizo para el deporte en un ya lejano pasado la ciudad de
Olimpia), Barcelona quiere demostrar una vez más al mundo de lo que es capaz y
que ello quede, además, como una herencia para el futuro, de forma que otras
ciudades del mundo tomen el relevo y levanten la antorcha del diálogo entre
culturas. Hubo otra frase que nos marcó en Olimpia... «Una voz que no es
escuchada se convierte en grito»... Aprender
a escuchar al otro puede ser, por tanto, el gran lema del Forum que durante
141 días se desarrolla en Barcelona desde el 9 de mayo hasta el 26 de
septiembre. Por ello, la iniciativa del Forum Universal de
las Culturas Barcelona 2004 que presentamos en aquellos días del 2001 en Atenas
y Olimpia fue considerada como el epítome del objetivo expresado en el
documento: impulsar el diálogo entre las diferentes culturas del mundo, un
deseo convertido en necesidad por los acontecimientos que han sacudido y están
sacudiendo este principio del siglo xxi.
Todo esto hoy ya es una realidad en movimiento con una más que notable
participación. La relación del ser humano con las culturas
del mundo, incluida naturalmente la cultura de la paz, es el leitmotiv de este encuentro en el que se
espera que participen entre cinco y siete millones de personas venidas de todas
las partes del mundo. Un aspecto significativo es que por primera vez un
acontecimiento de esta envergadura y alcance mundial incluye las ciencias
dentro el concepto global de culturas. ¿Será éste un paso decisivo y una de las
grandes herencias del Forum Barcelona 2004? ¿Conseguiremos por fin superar la
dicotomía entre humanidades y ciencias que C.P. Snow bautizó en 1959 como las
«dos culturas»? Congresos, debates, exposiciones, conciertos, fiesta y todas
las modalidades de participación y diálogo, basados en la diversidad cultural
(incluida, naturalmente, la gastronomía) se dan cita en una ciudad que, de
nuevo, aspira a demostrar su capacidad de innovación y su predisposición a
estar abierta al mundo y a la generación de ideas. Es en este contexto en el que se celebra en Barcelona el octavo
Congreso mundial de la red internacional Public Communication of Science &
Technology, que se reúne
cada dos años y que en su última convocatoria del año 2002 en Ciudad del Cabo (Sudáfrica)
congregó a más de 400 especialistas en la difusión cultural científica de 42
países de los cinco continentes. Barcelona intenta como mínimo emular la
excelente organización de Ciudad del Cabo y, si puede ser, incrementar aún más
la influencia que la red PCST Network
ha
ido adquiriendo en el mundo desde que se fundó en Poitiers (Francia) en 1989.
El lema de la convocatoria para Barcelona PCST-2004 es «Conocimiento científico
y diversidad cultural» que constituye una excelente oportunidad para analizar
cómo uno de los conocimientos más universales que existen, la ciencia, es
difundido y aplicado en este mundo tan fecundamente diverso en el que vivimos.
Para ello se han fijado tres grandes áreas de diálogo: «Conocimiento indígena y
ciencia actual», «Comunicación científica: perspectivas históricas y nuevas
tendencias» y «Comunicación de la ciencia e inclusión social». Mitos,
creencias, tradiciones e ideologías influyen en cómo utilizamos la ciencia,
pero pocas veces nos paramos a reflexionar sobre ello a pesar de que cada vez
se nos plantean retos y dilemas éticos de mayor envergadura. El programa oficial del octavo Congreso mundial de la PCST, en cuya
organización colaboran la Universidad
Pompeu Fabra de Barcelona y el Comisionado de Cultura Científica del
Ayuntamiento de Barcelona, se complementa con dos otros eventos de alcance
mundial: uno sobre periodismo científico y el otro sobre museos divulgadores
del conocimiento científico, técnico y médico, dos ejes centrales de la
difusión de la cultura científica en nuestra sociedad. El Gobierno de Francia,
en la reunión de su Consejo de Ministros del 25 de febrero del 2004, adoptó el
Plan nacional de difusión de la cultura científica y técnica, que incluye la
declaración de 2004 como Año de la Cultura Científica. Este es el resultado del
informe y recomendaciones que realizó previamente la Comisión de Cultura del
Senado francés con el título «La cultura científica y técnica para todos: una
prioridad nacional».1 Esta preocupación convertida en acción
política al máximo nivel se considera estratégica para coadyuvar al profundo
cambio económico y social que se está produciendo en nuestra sociedad en su
transformación de la época postindustrial a la era del conocimiento. Francia
sigue así las directrices establecidas en el seno de la Comisión Europea para
la promoción de la cultura científica y que se concretó en el 2002 en el Plan
de Acción Ciencia y Sociedad.2 Inmersos en este cambio en pleno siglo xxi, los medios de comunicación se han
convertido en el vehículo esencial no sólo para la creación de la opinión
pública, sino también para la configuración del sistema de valores de la
sociedad. El periodismo, además, ha tenido que asumir una nueva función: la de
ser, en gran parte, responsable de la configuración de la cultura y educación
individual y colectiva, en cualquier ámbito, desde la cultura artística y
humanística, hasta el conocimiento social, político, económico… y, por
supuesto, también el conocimiento científico. Hace 25 años, la creación del suplemento Science Times del diario The
New York Times, se convertiría en el detonante de un proceso que daría
lugar a la eclosión del periodismo científico en muchos lugares del mundo. Es
oportuno, por tanto, hacer un cierto balance e iniciar un proceso de
autocrítica sobre este fenómeno, plantearse cuál ha de ser el papel que queremos
que desempeñe el periodismo científico en la sociedad del conocimiento, qué
hace falta para alcanzar dicho objetivo y cuáles son las limitaciones y
responsabilidades a las que debemos hacer frente. El Forum Barcelona 2004, como evento
diseñado para pensar y experimentar sobre los principales retos culturales y
sociales de la sociedad del siglo XXI, ofrece el marco ideal para un debate
sobre el papel del periodismo científico con una perspectiva mundial. Este es,
en resumen, el principal objetivo del seminario «Periodismo científico en un
mundo diverso», que organizan la Fundación
Española de Ciencia y Tecnología (FECYT) y el Observatorio
de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra, con la
colaboración de la Asociación Española de
Periodismo Científico y de la Asociación
Catalana de la Comunicación Científica. Asimismo forma parte de este programa genérico
sobre comunicación científica el seminario «Nuevos modelos en museos de la
salud y la vida», que se realiza en colaboración con el Hospital de la Santa Creu i Sant Pau, centrado en un tipo particular de museos, los dedicados a temas
médicos, de salud y de la vida. El objetivo del encuentro es analizar su
función y pensar en posibles modelos de futuro. Estas tres iniciativas de reflexión y diálogo,
centradas en el octavo Congreso de la PCST, sobre la transmisión del
conocimiento científico a la sociedad configuran la celebración de una
auténtica cumbre mundial de la cultura y comunicación científicas en Barcelona,
que se desarrolla entre el 2 y el 8 de junio con motivo del Forum Universal de
las Culturas 2004. En
realidad, ¿de qué estamos hablando? Aspiramos a que el conocimiento científico
sirva para establecer puentes de entendimiento entre las diferentes culturas
del mundo y que las diversas sociedades puedan entender y participar en la
propia evolución de este conocimiento esencial para la supervivencia de la
humanidad, racionalizando y mejorando la utilización de los recursos del planeta
al tiempo que desarrollamos nuevas tecnologías que nos permitan vivir más y
mejor, con la voluntad de que disminuyan las grandes diferencias educativas,
sociales, económicas y en general de oportunidades que nos separan a unos de
otros. Para
ello necesitamos ciudadanos y ciudadanas que sean capaces de ser verdaderos
protagonistas de sus vidas al tiempo que son partícipes de las decisiones que
individual y colectivamente vamos tomando en nuestra evolución hacia el futuro,
contribuyendo así a la sabiduría general de la humanidad, cada uno y cada una
desde el lugar que ocupa en el mundo. Esta
es la clave para un futuro mejor y más democrático: estar en disposición de
poder desarrollar una capacidad crítica y de acceder a la participación pública
de la gestión de los saberes y poderes que gobiernan el mundo. En
la conferencia «Ciencias de la vida en la sociedad actual: biología moderna y
visiones de la humanidad», el comisario europeo de Investigación, Philippe
Busquin, subrayó «la necesidad de fomentar la cultura científica y la
participación pública para lograr una buena gobernanza científica».3 Está
claro que, gracias a la biología molecular y a la física contemporánea, la
sociedad comprende ahora mejor la naturaleza de la vida y del cosmos. No
obstante, el conocimiento científico ha provocado y provoca muchos miedos y
dudas, dilemas morales, sociales y económicos. Las consecuencias de algunos
avances, como la secuenciación del genoma humano, son muy importantes, pero han
dado lugar a muchas preguntas, incluso plantean futuras polémicas que van más
allá del conocimiento científico. La ciudadanía se muestra preocupada por la
posibilidad de que los descubrimientos biológicos se usen de forma abusiva y se
cuestiona incluso si la investigación debería estar sometida a un control
democrático. ¿Nos hemos parado a pensar si los avances en el conocimiento
genético van a poder ser aplicados (por su coste) a todas aquellas personas que
se podrían beneficiar en su posible aplicación? ¿No parece probable que estos
avances aumenten en un futuro aún más el abismo entre los que pueden y los que
no pueden acceder a estos beneficios? «Las
ciencias de la vida han alterado los campos del conocimiento y del poder
–señaló Busquin–, han dejado en manos del ser humano procesos que requieren una
precisión sorprendente y una eficacia tremenda por parte de la naturaleza. Al
mismo tiempo, el dominio de los mecanismos íntimos de la vida ponen a prueba
nuestros principios y nuestros valores. El público necesita que le confirmen y
le recuerden las posibilidades tan importantes que implican estos
descubrimientos en términos de conocimiento científico, progreso médico,
proyecciones farmacéuticas y crecimiento económico. La sociedad de privilegio en la que algunos vivimos se caracteriza por
su rápida adaptación a la era del conocimiento y por su notable incremento de
la esperanza media de vida, dos factores que deberían confluir en la emergencia
de una mayor sabiduría de nuestra civilización. No obstante, todos somos
conscientes de las enormes contradicciones en las que estamos inmersos. Nuestras
organizaciones industriales, y en general económicas y políticas, parecen
infravalorar la aportación intelectual de otros saberes y experiencias, incluso
de las generacionales. Nos mostramos egoístas e insolidarios con los más
desfavorecidos, al tiempo que infravaloramos los conocimientos que ellos han
ido acumulando y cuyo intercambio con los nuestros podrían ayudarnos tanto a
los unos como a los otros. Se produce una paradoja: ¿por qué si la teoría
económica dice que las organizaciones tienen que diferenciarse para obtener
ventajas competitivas son cada vez más parecidas? Pregunta que es ampliable en
general a muchas conductas sociales. La respuesta es compleja pero
simplificándola mucho podemos decir que la razón radica en que no hacen lo que
deben hacer sino lo que se espera que hagan. El caso es muy evidente cuando nos
referimos, por ejemplo, a los medios de comunicación. Quizá deberíamos aprender de sociedades y
comunidades humanas aparentemente menos privilegiadas que la nuestra e incluso
de la propia evolución, con los aciertos y las equivocaciones, que hemos
experimentado como especie a lo largo de nuestra historia desde sus orígenes.
Estas son unas miradas que olvidamos con demasiada frecuencia. Por ello, la red internacional PCST hace años que predica en todo el
mundo la necesidad de aprender de los otros y de reflexionar conjuntamente, sea
cual sea el origen cultural de los participantes. Un encuentro que tendrá su
continuidad dentro de dos años, en el 2006, en Seúl (Corea) y que posiblemente
deje –además de un fructífero intercambio de conocimientos y el establecimiento
de nuevas alianzas interpersonales– la herencia de una Academia del
Conocimiento y Cultura Científica en Barcelona. Por que el Forum Universal de
las Culturas Barcelona 2004 tiene vocación de evento fecundador y desea dejar
vestigios de su paso por nuestra ciudad. Herencias locales y universales que
puedan ser ampliadas en el futuro en muchas otras ciudades, representantes de
todos los pueblos y continentes del mundo. Barcelona encendió en 1992 con una certera
flecha la antorcha deportiva de Olimpia... ¡Hoy os da la bienvenida y enarbola
con la palabra y el diálogo la otra antorcha de Olimpia, la de la cultura, el
conocimiento y la sabiduría! [Este artículo forma parte, como editorial, de
la revista QUARK] Vladimir de Semir es periodista
científica, director del Observatorio de la Comunicación Científica de la UPF,
director de la revista QUARK
y responsable del Diálogo «Conocimiento
científico y diversidad cultural» del International Network on
Public Communication of Science and Technology (PCST) en el Forum Universal de
las Culturas Barcelona 2004. Notas 1
Rapport «La culture scientifique et technique pour tous: une priorité
nationale»: http://www.senat.fr/rap/r02-392/r02-392_mono.html 2 Plan de Acción Ciencia y Sociedad: http://europa.eu.int/comm/research/science-society/action-plan/action-plan_en.html
3 La conferencia, organizada por el Grupo
Europeo de Ciencias de la Vida (EGLS), se celebró los días 22 y 23 de marzo
2004 en Génova (Italia) y reunió a científicos y representantes del mundo de
las artes, las humanidades y la política para debatir la creciente incidencia
de las ciencias de la vida en la sociedad y en la cultura europea. Para más
información: http://europa.eu.int/comm/research/conferences/2004/biology/index_en.html |
||||
|
|
||||