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AIDS 2002 – BARCELONA |
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| Jordi Casabona | 14/06/02 |
Biomedia (Barcelona). Una de las principales herramientas
de la epidemiología descriptiva es la vigilancia epidemiológica. La vigilancia
epidemiológica, en general, ha de ser capaz de describir la magnitud y la
distribución, en el caso del sida de la infección por HIV, identificar las
peculiaridades demográficas o clínicas de la infección en cada contexto
determinado, describir los mecanismos de transmisión predominantes en un país
determinado. Y esto tiene que ver, en la mayoría de infecciones, con la
existencia de diferentes tipos de determinantes de transmisión; unos de tipo
biológico: qué tipo de virus, qué tipo de agente; otros determinantes tienen
que ver con las conductas, precisamente en el caso del HIV de gran relevancia
ya que dependiendo de qué conductas, sexuales, de uso de drogas, etc., se
adopten, el riesgo de transmisión será más alto, y, finalmente, hay
determinantes estructurales como el acceso a las agujas estériles, a los
preservativos, etc. Así, los sistemas de
información de vigilancia epidemiológica deberían tener en cuenta todos estos
determinantes y su último objetivo es poder diseñar correctamente
intervenciones preventivas adecuadas a la situación de cada lugar o momento. La vigilancia
epidemiológica del sida ha de tener en cuenta la evolución natural de la
enfermedad, que pasa por diferentes estadios, para poder saber qué tipo de
«fotografía» estamos haciendo a la hora de recoger los datos. Los recursos de que dispone
la epidemiología son y deben ser múltiples. Por un lado, dispone de los
registros de mortalidad que recogen información relativa al estadio final de la
historia natural de la enfermedad. Por otro, los registros de casos de sida,
enfermedad de declaración obligatoria, que recogen datos de una fase avanzada
de la infección, es decir, cuando tienen criterios de enfermedad por sida, y
después, hay una serie de métodos que recogen información anterior al propio
diagnóstico de sida, y en este apartado, intervienen muchos casos que son
conocidos, que se han diagnosticado, y otros en los que ni el paciente sabe de
su enfermedad, y por tanto esto complica las cosas desde una perspectiva
metodológica. Finalmente, el sueño de todo epidemiólogo es poder disponer de
datos de incidencia, conocer las infecciones nuevas que se producen en un año
en un sitio determinado. Ello requiere poder seguir cohortes, es decir, grupos
de personas, en este caso sin el síndrome, pero con conductas de riesgo, y ver
cuántas de ellas se infectan en un período determinado. Antes de que una persona se
contagie, evidentemente existe una población susceptible de exposición al virus
y es importante tener información de las características y la magnitud de esta
parte de la población que está realizando prácticas de riesgo o que tiene
probabilidad de exponerse al virus. Para poder hacer una «fotografía» de todos
estos componentes, se utilizan sistemas de información distintos. La ONU está a punto de
publicar un nuevo informe de prevalencia de sida que se distribuirá en la Conferencia
Internacional del Sida de Barcelona. Aunque lo más importante no es el número
en concreto, sino el concepto que hay tras de estos datos, hoy hay en el mundo
40 millones de personas infectadas, de las cuales 2,7 millones son menores de
15 años, habiéndose registrado 5 millones de nuevas infecciones durante el año
2001. Es difícil valorar la magnitud de estos datos pero, en cualquier caso,
cuando los comparamos con otras enfermedades sí que nos sirven para tener una
idea de lo importante que es esta enfermedad en un contexto mundial. Es importante tener en
cuenta que ni la magnitud ni las vías de transmisión de la epidemia son los
mismos en todas las zonas. Por ejemplo, en el África subsahariana, la principal
vía de transmisión es la heterosexual, mientras que en Europa occidental las
principales vías de transmisión son el colectivo homosexual y los usuarios de
drogas por vía parenteral (UDVP). El patrón epidemiológico,
que es la denominación del conjunto de datos que miden el nivel de magnitud y
las vías de distribución, varía de un lugar a otro. Esto es lo que ha permitido
a ONUSIDA, el programa de atención al sida de Naciones Unidas, definir tres
situaciones distintas a escala internacional. En primer lugar, se denomina epidemias de bajo nivel a las que se detectan en aquellos
lugares donde la prevalencia del HIV es menor al 5% en poblaciones de riesgo
muy definidas; las epidemias concentradas
corresponden a una prevalencia en población general por debajo del 1%, pero con
determinados grupos que estarían por encima del 5%, y, por último, las epidemias generalizadas que se definen
con una prevalencia en población general superior al 1%. Otro concepto interesante
es que la situación, desde el punto de vista de su magnitud y características,
puede variar muy rápidamente en una región. Así, en la zona del Caribe se
vienen observando diferentes niveles de prevalencia: en 1984, algunos países
prácticamente no presentaban personas infectadas, mientras que transcurridos 15
años, en determinadas zonas de Brasil, por ejemplo, hay unos niveles muy
cercanos a ese 1% definido antes. De igual modo, en 1990, en
el Sudeste Asiático, en concreto en La India, prácticamente no había infección
y ahora hay un número muy importante de personas infectadas con una prevalencia
de algunos colectivos superior al 10%. Un caso paradigmático de
cambio rápido de la situación es el de la antigua Unión Soviética y la de
algunos países de la Europa del Este. En estas zonas, han pasado en unos cinco
años de prácticamente la inexistencia de la infección a un incremento
exponencial muy alto, no sólo de sida sino también de otras enfermedades de
transmisión sexual (ETS). Todo ello demuestra que los cambios sociales de
comportamiento y económicos, en ocasiones, van asociados a impactos importantes
de estas enfermedades. En Occidente, la situación
es distinta, pero también vemos cómo dentro de un mismo país pueden existir
importantes diferencias. Por ejemplo, en Estados Unidos, el número de casos de
sida ha disminuido en todos los grupos étnicos salvo en población negra
afroamericana de origen no hispano. Es decir, los patrones tampoco son
homogéneos dentro de un propio país. Otro ejemplo dramático es
el de Sudáfrica. De 1990 a 1999, la prevalencia de HIV en mujeres embarazadas
ha pasado de un 0,7% (unos niveles de prevalencia equiparables a los europeos)
a un 22,4%. El impacto demográfico es muy fuerte, ya que muchos hijos nacidos
de madres infectadas morirán antes de los tres años de edad. Evidentemente, en
los países donde el acceso a los fármacos y al sistema social y sanitario, en
general, es malo, los niveles de prevalencia significan que el impacto en las
poblaciones es altísimo. A partir de los años cincuenta, se había logrado
aumentar la esperanza de vida de la población; ahora, con el sida, muchas zonas
de África regresan a los niveles de hace más de 50 años, antes de implementar
programas de vacunación masiva o programas de fomento de la salud en general.
Por ejemplo, en Botswana existe un 90% de probabilidades de que una persona
muera de sida en los próximos 15 años. La otra cara de la moneda
es el caso de Tailandia donde gracias a determinadas intervenciones, como la
campaña agresiva lanzada en la década de los noventa, que impulsaba el uso del
preservativo entre los soldados, disminuyó la prevalencia de sida en la
población. En Europa, el país con
mayor número de casos era España hasta hace pocos años, ya que las últimas
estadísticas indican que en estos momentos es superada por Portugal. En cuanto
a datos de infección, aunque en España no se dispone de este tipo de
información, sí que queda reflejada una misma tendencia: el sur de Europa es la
zona más afectada por la epidemia del sida. ¿Qué es lo que hacemos en
nuestro contexto? Los conceptos comentados antes se intentan reproducir a
través de diferentes sistemas de información. Así, se trabaja con el registro
de casos de sida y con una serie de programas que intentan cuantificar y
describir la magnitud de la infección en distintas poblaciones. Datos
importantes son los que hacen referencia a los cambios de patrón de infección.
En efecto, la vía de transmisión que ha aumentado más es la heterosexual, la
cual representa el 28% de las vías de transmisión de la enfermedad en España. Al separar los datos de
hombres y mujeres y averiguar con quién han tenido relaciones sexuales, se
observa que el 37,9% de las mujeres infectadas han tenido contactos sexuales
con UDVP, mientras que los hombres infectados han tenido contactos con múltiples
parejas. Ello insta a pensar que la infección en el grupo de UDVP está
ejerciendo un papel importante en los patrones de transmisión, también sexual,
que se están observando. Al comienzo, se ha
mencionado que los determinantes de transmisión son varios, no sólo biológicos,
y que, por tanto, un sistema de información epidemiológica no puede basarse
solamente en los casos de sida o en el número de infectados. Esto es, existe la
monitorización de conductas. Precisamente, en Cataluña, se monitorizan
dos colectivos: el de hombres homosexuales y el de UDVP. Este sistema de
recogida de datos informa no de quién está infectado, sino de quién
tiene mayor probabilidad de infectarse, y no como individuo sino como
grupo, y el por qué. De este modo, se sabe que los programas de prevención de
intercambio de agujas han tenido un impacto positivo, pasando de un 30% de UDVP
que comparten agujas a un 5% en el año 2000. En cambio, los programas que
fomentan el uso del preservativo entre los UDVP no han tenido tanta aceptación dado
que su uso es especialmente bajo en las mujeres y todavía más si el compañero
sexual es estable. Los datos estadísticos del
sida siempre se refieren al número de casos o al de infectados diagnosticados.
Esto es una limitación muy importante en el momento de realizar la valoración,
ya que éstos representan sólo una parte de la epidemia y habría que añadir los
que todavía no se han diagnosticado o los que aún no han presentado
sintomatología clínica para clasificarse como sida. Esto supone metodológicamente
una dificultad importante que intentamos evaluar mediante lo que se denomina poblaciones centinela, que consiste en recoger datos de prevalencia en
distintos grupos, normalmente de forma anónima y no relacionada, lo cual nos
permite trabajar con estimadores más precisos. A través de estos métodos se ha
observado que hay un ligero aumento (sin significación estadística) de la
prevalencia de la enfermedad en el colectivo de hombres homosexuales, que
coincide con lo también observado en los Países Bajos y en Estados Unidos, y
que podría apuntar a la autocomplacencia y la disminución de las medidas de
prevención. Algo destacable que ha
sucedido en los últimos años es la disponibilidad de mejores tratamientos con
una eficacia mucho más alta. Esto, además de mejorar el pronóstico individual,
también ha tenido consecuencias en los sistemas de información. Si antes el
período de incubación entre infección y criterios diagnósticos de sida era de
15 años, ahora puede ser más alto y, por tanto, la información de los registros
de sida, prácticamente, no sirve para describir lo que está pasando, por lo que
se hace imprescindible disponer lo antes posible de datos de los nuevos
diagnósticos. Aquí interviene toda una serie de metodologías, de debates,
acerca de si tiene que haber declaración sobre la infección o no. En Estados
Unidos se lleva debatiendo este tema desde hace tiempo. En nuestro contexto
disponemos de un estudio piloto en el que se recoge información de nuevos
diagnósticos y tratamos de ver las diferencias en lo que atañe a los casos de
sida. De este modo, hemos observado que el 70% de las mujeres y el 40% de los
hombres recientemente diagnosticados se han infectado por vía heterosexual.
Estos datos nos reafirman que la transmisión heterosexual está aumentando y
está desempeñando un papel muy importante en la actual propagación de la
infección en nuestro entorno. Un conjunto de medidas,
tales como los análisis de coste-efectividad o de incidencia para determinados
parámetros, proporcionan estudios de seguimiento indispensables para conocer la
evolución de la enfermedad. A escala internacional, son pocos los estudios de
cohortes existentes hasta el momento, y menos aún en nuestro país dada la
magnitud de casos. No obstante, en la Conferencia Internacional del Sida, se
presentarán los datos de una cohorte española en la que hemos podido describir
la evolución de los tratamientos e identificar que, probablemente, tanto
enfermos de sida como infectados se están diagnosticando un poco tarde según
los niveles de CD4 que presentan al inicio de la enfermedad. En estos momentos nos
interesa más la incidencia que no la prevalencia de la
enfermedad, es decir, tener conocimiento de los nuevos casos. En la Conferencia
Internacional del Sida habrá presentaciones y una sección oral específicamente
dirigida a métodos alternativos a la cohorte, tanto estadísticos como
biológicos, para el estudio de la incidencia. Los datos que aporta la
epidemiología en el contexto de la salud pública, que es distinto del de la
investigación, tienen que ir muy ligados a las políticas sanitarias y a las
intervenciones que se realizan. El método epidemiológico sirve para asegurar
que la información científica es correcta y para enseñar y orientar cómo esta
información se debe integrar en políticas sanitarias y, especialmente, en las
intervenciones preventivas. Jordi Casabona
es médico epidemiólogo, formado en Barcelona y Houston (Estados Unidos). Ha
trabajado en el campo del sida/HIV desde 1987 y actualmente es director
científico del Centro de Estudios Epidemiológicos sobre el Sida de Cataluña
(CEESCAT), centro colaborador de UNAIDS y
dependiente del Departament de
Sanitat i Seguretat Social (DSSS), en el Hospital
Universitari Germans Trias i Pujol. Es copresidente de la XIV Conferencia Internacional del Sida
Barcelona 2002. [Hasta el
inicio de la conferencia, Biomedia publicará informaciones destacadas sobre el
tema del sida, gran parte de las cuales serán recogidas dentro del próximo
número de la revista Quark,
Ciencia, Medicina, Comunicación y Cultura. Este artículo forma parte de la
próxima edición de la revista, dedicada íntegramente al sida/HIV.]Presentación
de los últimos datos epidemiológicos sobre sida
Actuaciones a
partir de los sistemas de información