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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones La música afecta a la actividad de regiones cerebrales relacionadas con las emociones y la adicción
Biomedia (Barcelona). Una
peculiaridad de la especie humana es nuestra capacidad de disfrutar con la
música. Todos tenemos alguna melodía favorita, cuya interpretación nos afecta emotivamente de forma muy especial hasta hacernos incluso, experimentar
escalofríos. Aunque esta respuesta de nuestro organismo es muy común,
desconocemos su fundamento a nivel cerebral. ¿Existe un área del sistema
nervioso* especializada en nuestra apreciación
de la música? El advenimiento de técnicas que nos permiten observar la actividad
del sistema nervioso prácticamente en tiempo real ha constituído un avance muy
importante para tratar de responder a esta pregunta. Un artículo publicado en
la revista Proceedings of the National
Academy of Sciences reporta que no existe un área cerebral dedicada
únicamente a la apreciación musical, sino que la sensación de escalofrío que
nos provoca nuestra melodía favorita se relaciona con cambios en la actividad
del llamado sistema límbico* — un
conjunto de estructuras nerviosas relacionadas con funciones tan diversas como
el procesamiento de nuestras emociones o el desarrollo de dependencia a drogas
adictivas. Anne
Blood y Robert Zatorre, científicos de la McGill
University en Canadá, utilizaron una técnica conocida como tomografía* por emisión de positrones* (TEP) para obtener imágenes de la actividad
cerebral de personas mientras éstas escuchaban música capaz de producirles
escalofríos. Los científicos compararon esta actividad cerebral con la
observada mientras los individuos escuchaban otras melodías sin la misma carga
emotiva y encontraron que la aparición de escalofríos se relacionaba con
cambios en la actividad de varias subdivisiones del sistema límbico tales como
el cuerpo estriado* (el cual ha sido
involucrado en procesos adictivos), la amígdala*
(la cual se relaciona con la conducta emocional), e incluso el hipocampo* (el cual ha sido implicado en el
almacenamiento de nuestros recuerdos). En
cierto modo, no es tan sorprendente que la música que nos despierta una
reacción tan emotiva, capaz de hacernos sentir escalofríos, tenga también la
capacidad de actuar sobre regiones del cerebro relacionadas con nuestras
emociones o con nuestra facultad de sentir un placer equivalente al de ingerir
sustancias adictivas. Pero lo que sí es sorprendente es que éste sea el caso, a
pesar de que la música no es estrictamente necesaria para nuestra
supervivencia. En otras palabras, es difícil imaginar qué presión evolutiva
llevó a la aparición de esta respuesta tan pronunciada a pesar de que la música
no es un estímulo con un valor adaptativo evidente. ¿Se tratan estas
observaciones, por lo tanto, de un epifenómeno*?
No es fácil responder a esta pregunta. Quizá el valor adaptativo de la música
consiste en su posible beneficio sobre nuestra salud física y mental, aunque
ésta es una pura especulación. Al mismo tiempo, cabe preguntarse si otros
animales experimentan la misma respuesta. De hecho, el sistema límbico es muy
primitivo y está presente no sólo en mamíferos, sino en un gran número de
vertebrados. ¿Es la música capaz de producir la misma respuesta en esos otros
organismos? De ser así, ¿significaría esto que los animales experimentan las
mismas sensaciones al oir música que nosotros los humanos? El estudio de Blood
y Zatorre abre una serie de interrogantes que quizá nos ayuden entender un poco
mejor la condición humana. * Glosario de Biomedia Más
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