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El 87,2% de los ciudadanos apoya la ciencia

Vladimir de Semir 16/11/01

Biomedia (Barcelona). Nos hemos pasado prácticamente todo el siglo XX reflexionando sobre la conveniencia de que exista una única cultura y no dos –letras y ciencias, para resumir el problema de forma sintética– como tradicionalmente se nos ha inculcado. Hoy, embarcados ya sin remedio en un siglo XXI, marcado inevitablemente por los avances científicos y tecnológicos que se suceden con asombrosa rapidez, aquella conveniencia se convierte en una ineluctable necesidad. No podremos ser ciudadanos plenos de esta nueva era, la sociedad del conocimiento, sin poder decidir individual y colectivamente sobre nuestro propio futuro, y para ello es indispensable que la cultura científica se integre en esa única cultura que en buena parte nos define como especie humana. Esta es la teoría, pero, ¿en qué situación nos encontramos en Europa?

“La relación de la sociedad con la ciencia se encuentra en una fase crítica”, afirma un informe sobre “Ciencia y sociedad” elaborado por la Casa de los Lores de la Gran Bretaña y dado a conocer a mediados de marzo del 2000. Los lores británicos señalan que existe una crisis de confianza en la ciencia y que muchos valores son cuestionados, entre otras cosas, porque existe una reticencia del público hacia la autoridad científica y porque la mayoría de la información que recibe la ciudadanía una vez superada la escuela está determinada por la creación de una realidad deformada por los medios de comunicación, a los que se señala como uno de los principales responsables de la trivialización de los mensajes culturales que se están produciendo. “Además de la imagen negativa de la ciencia real –afirman los lores británicos– los medios ofrecen un exótico abanico de material que va más allá de la respetabilidad científica: horóscopos, lo paranormal y muchas otras cosas, por ejemplo bajo la apariencia de temas de salud, que tienden a debilitar en la mente del público la validez de una aproximación racional a los problemas planteados”.

Como podemos observar, estos argumentos, que no son nuevos ni exclusivos del mundo británico, reflejan una profunda crisis de valores que, sin duda, se tiene que englobar en la deriva que padece el sistema informativo impregnado por el fast thinking que nos impone el mundo de la información audiovisual que, como el fast food en el caso de la gastronomía, nos impide saborear el beneficio intelectual de una auténtica cultura.

Así lo ha entendido también, recientemente, la Unión Europea ya que, en el Consejo celebrado en Lisboa en marzo del 2001, los jefes de Gobierno de los Estados europeos adoptaron el acuerdo de realizar un programa para el análisis y promoción de la actividad científica y tecnológica en Europa, dentro del cual se ha considerado decisivo tanto el estudio de la situación de la cultura científico-tecnológica, como el de la percepción que el público tiene de los avances en este campo del conocimiento.

Por ello también, el Ayuntamiento de Barcelona ha emprendido un programa de difusión de la cultura científica y tecnológica en la ciudad y ha comenzado a elaborar indicadores, como los datos obtenidos en el último Ómnibus Municipal, realizado por el Departamento de Estudios y Evaluación del Instituto Municipal de Informática del Ayuntamiento de Barcelona. En ellos se confirma el interés de los ciudadanos y de las ciudadanas de Barcelona por la ciencia y la tecnología: un 65,2% de los consultados se muestra interesado en los avances científicos y tecnológicos y un 87,2% se manifiesta de acuerdo en que la Administración Pública apoye la investigación científica y tecnológica, un dato que sin duda revela la mayoría de edad de nuestra sociedad. Por otra parte, a la pregunta sobre si la investigación contribuye a la mejora de la calidad de vida de las personas, un 93,4% de los consultados responde positivamente en el caso de la investigación médica, un 85,9% en el de las tecnologías de la información y la comunicación, un 84,5% en el caso de la energía solar y un 83,7% en el de la informática. Sectores como el de la biotecnología y la exploración del espacio también obtienen respuestas positivas, aunque con porcentajes menores (59,7% y 53,1%, respectivamente). Los únicos sectores de la investigación que obtienen una valoración negativa –con relación a su contribución a la calidad de vida– son el de la investigación científica militar y el de la energía nuclear (sólo el 26,7% y el 34,3% de los encuestados responden positivamente a esta pregunta).

Barcelona tiene que ser una ciudad educada y con ideas y, por tanto, con ciudadanos y ciudadanas con capacidad de escoger, espíritu crítico y preparados para ser protagonistas de la ciudad y de la sociedad del conocimiento. Algunos datos ofrecen cierta confianza de que se va por el buen camino:

·         Unas 2500 personas han acudido hasta ahora al Ateneo Barcelonés para participar en las conferencias del ciclo La ciencia en la calle en la que los/as científicos/as de Barcelona explican todos los martes “qué hacen” y “por qué hacen lo que hacen”. La conferencia se retransmite en diferido por Barcelona Televisión el mismo martes y se ha llegado a audiencias de más de 7000 personas… ¡todo un récord para una conferencia sobre ciencia!

·         En la semana de las fiestas de la Mercè [el día 24 de septiembre, patrona de la ciudad] se consultaron más de un millón de páginas del web http://www.bcn.es

·         Todo un récord para un web municipal (el único de estas características registrado en la OJD – Oficina de Justificación de la Difusión). Estas cifras indican que un web puede ser más que un simple aparador para atraer a turistas y que realmente puede resultar de gran utilidad para ofrecer información y servicios.

Más información en Biomedia:
La ciencia en la calle: los ciudadanos y la ciencia (31/10/01)
Noticia médica: ¿impacto científico o impacto mediático? Vladimir de Semir (13/07/01)
Golpistas en los medios de comunicación. Vladimir de Semir (29/06/01)
Biomedicina en la prensa: Quiral 2000. Gemma Revuelta (08/06/01)

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