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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones El 87,2% de los ciudadanos apoya la ciencia
Biomedia (Barcelona).
Nos hemos pasado prácticamente todo el siglo XX reflexionando sobre la
conveniencia de que exista una única cultura y no dos –letras y ciencias, para
resumir el problema de forma sintética– como tradicionalmente se nos ha
inculcado. Hoy, embarcados ya sin remedio en un siglo XXI, marcado
inevitablemente por los avances científicos y tecnológicos que se suceden con
asombrosa rapidez, aquella conveniencia se convierte en una ineluctable
necesidad. No podremos ser ciudadanos plenos de esta nueva era, la sociedad del
conocimiento, sin poder decidir individual y colectivamente sobre nuestro
propio futuro, y para ello es indispensable que la cultura científica se
integre en esa única cultura que en buena parte nos define como especie humana.
Esta es la teoría, pero, ¿en qué situación nos encontramos en Europa? “La relación de la sociedad
con la ciencia se encuentra en una fase crítica”, afirma un informe sobre
“Ciencia y sociedad” elaborado por la Casa
de los Lores de la Gran Bretaña y dado a conocer a mediados de marzo del
2000. Los lores británicos señalan que existe una crisis de confianza en la
ciencia y que muchos valores son cuestionados, entre otras cosas, porque existe
una reticencia del público hacia la autoridad científica y porque la mayoría de
la información que recibe la ciudadanía una vez superada la escuela está
determinada por la creación de una realidad deformada por los medios de
comunicación, a los que se señala como uno de los principales responsables de
la trivialización de los mensajes culturales que se están produciendo. “Además
de la imagen negativa de la ciencia real –afirman los lores británicos– los
medios ofrecen un exótico abanico de material que va más allá de la
respetabilidad científica: horóscopos, lo paranormal y muchas otras cosas, por
ejemplo bajo la apariencia de temas de salud, que tienden a debilitar en la
mente del público la validez de una aproximación racional a los problemas
planteados”. Como podemos observar,
estos argumentos, que no son nuevos ni exclusivos del mundo británico, reflejan
una profunda crisis de valores que, sin duda, se tiene que englobar en la
deriva que padece el sistema informativo impregnado por el fast thinking que nos impone el mundo de la información audiovisual
que, como el fast food en el caso de
la gastronomía, nos impide saborear el beneficio intelectual de una auténtica
cultura. Así lo ha entendido también, recientemente, la Unión Europea ya que,
en el Consejo celebrado en Lisboa en marzo del 2001, los jefes de Gobierno de
los Estados europeos adoptaron el acuerdo de realizar un programa para el
análisis y promoción de la actividad científica y tecnológica en Europa, dentro
del cual se ha considerado decisivo tanto el estudio de la situación de la
cultura científico-tecnológica, como el de la percepción que el público tiene
de los avances en este campo del conocimiento. Por ello también, el Ayuntamiento de
Barcelona ha emprendido un programa de difusión de la cultura científica y
tecnológica en la ciudad y ha comenzado a elaborar indicadores, como los datos
obtenidos en el último Ómnibus Municipal, realizado por el Departamento de Estudios y
Evaluación del Instituto Municipal de Informática del Ayuntamiento de Barcelona.
En ellos se confirma el interés de los ciudadanos y de las ciudadanas de Barcelona
por la ciencia y la tecnología: un 65,2% de los consultados se muestra
interesado en los avances científicos y tecnológicos y un 87,2% se manifiesta
de acuerdo en que la Administración Pública apoye la investigación científica y
tecnológica, un dato que sin duda revela la mayoría de edad de nuestra
sociedad. Por otra parte, a la pregunta sobre si la investigación contribuye a
la mejora de la calidad de vida de las personas, un 93,4% de los consultados
responde positivamente en el caso de la investigación médica, un 85,9% en el de
las tecnologías de la información y la comunicación, un 84,5% en el caso de la
energía solar y un 83,7% en el de la informática. Sectores como el de la
biotecnología y la exploración del espacio también obtienen respuestas
positivas, aunque con porcentajes menores (59,7% y 53,1%, respectivamente). Los
únicos sectores de la investigación que obtienen una valoración negativa –con
relación a su contribución a la calidad de vida– son el de la investigación
científica militar y el de la energía nuclear (sólo el 26,7% y el 34,3% de los
encuestados responden positivamente a esta pregunta). Barcelona tiene que ser una
ciudad educada y con ideas y, por tanto, con ciudadanos y ciudadanas con
capacidad de escoger, espíritu crítico y preparados para ser protagonistas de
la ciudad y de la sociedad del conocimiento. Algunos datos ofrecen cierta
confianza de que se va por el buen camino: ·
Unas 2500 personas han
acudido hasta ahora al Ateneo Barcelonés para participar en las conferencias
del ciclo La ciencia en la calle en
la que los/as científicos/as de Barcelona explican todos los martes “qué hacen”
y “por qué hacen lo que hacen”. La conferencia se retransmite en diferido por
Barcelona Televisión el mismo martes y se ha llegado a audiencias de más de
7000 personas… ¡todo un récord para una conferencia sobre ciencia! ·
En la semana de las
fiestas de la Mercè [el día 24 de septiembre, patrona de la ciudad] se
consultaron más de un millón de páginas del web http://www.bcn.es ·
Todo un récord para un web
municipal (el único de estas características registrado en la OJD – Oficina de
Justificación de la Difusión). Estas cifras indican que un web puede ser más
que un simple aparador para atraer a turistas y que realmente puede resultar de
gran utilidad para ofrecer información y servicios. Más información en Biomedia: |
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