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La Antártida, el gran laboratorio

Mònica López 26/04/02

Biomedia (Barcelona). La Antártida es el gran laboratorio que ha hecho que muchos científicos cambiasen su bata blanca por gruesos anoraks. Sobre y bajo el hielo se esconden las claves que abren las puertas al conocimiento sobre el origen de la vida, el funcionamiento de nuestro planeta, su evolución e incluso algunas pistas sobre la composición del espacio.

La Antártida es excepcional por muchos motivos. En el gran continente blanco se reencuentran al mismo tiempo términos aparentemente opuestos: la fuerza y la fragilidad, lo enorme y lo minúsculo, la pobreza y la riqueza. Pero, ¿qué es lo que ha hecho que el polo sur del planeta reúna todas estas características? Por su situación geográfica, se encuentra totalmente aislada del resto del mundo. Se trata de un complejo mecanismo de relojería que, si se descifra, ayudaría a los científicos a conocer el funcionamiento global del planeta.

El gran guardián de los más de 30 millones de metros cúbicos de hielo continentales es el océano Glacial Antártico, allá donde los océanos Índico, Pacífico y Atlántico pierden el nombre. En esta franja invisible y sinuosa de agua se produce un fenómeno de inmersión entre las aguas frías superiores y las masas de aguas subantárticas a temperaturas más altas. Este choque entre aguas es lo que se llama convergencia antártica, una auténtica mezcla térmica infranqueable por cualquier organismo acuático. Las corrientes del gran océano circulan alrededor como dos inmensas anillas. Los vientos procedentes del continente fluyen de oeste a este sin encontrar obstáculos, originando una gran corriente superficial, conocida como corriente circumpolar antártica. Las condiciones son duras y, por si fuera poco, en invierno, las aguas marinas crean un gran anillo de hielo que rodea el continente, llegando a diluir su perímetro real con una banquisa que aumenta su superficie de 14 a 20 millones de km2. No es extraño que, durante años, la relación del resto del mundo con este continente no haya sido de igual a igual. Son cientos los exploradores que dejaron la vida en el camino hacia la conquista de la Terra Australis Incognita.

Las investigaciones realizadas están revelando que el estudio del continente blanco es la clave para entender los procesos ambientales y climáticos a escala planetaria. Esta región se comporta como regulador esencial del clima del planeta. Sus peculiares características actúan de manera decisiva sobre la dinámica de fluidos (atmósfera-agua marina) que determina el balance energético de la Tierra, lo que lleva a considerar el continente austral como un elemento determinante dentro del ecosistema global del planeta. Una de las principales líneas de investigación abiertas hace referencia a la presumible importancia del flujo de carbono que tiene lugar en los procesos biofísicos, actuando como receptor y donante de CO2, el gas que más atención merece en el estudio del cambio climático.

Los nombres a los que la historia atribuye el descubrimiento de la Antártida son Amundsen y Scott, que en 1911 y en 1912 respectivamente llegaron al polo sur geográfico. Ahora bien, la auténtica exploración de estas tierras la realizaron pequeños navegantes y, especialmente, los balleneros, llamados así por la abundancia de ballenas -que se alimentan de krill, la especie más abundante en la corta cadena trófica- lo que puso en peligro su equilibrio ecológico hasta que el Tratado Antártico, firmado en 1959, convirtió el continente en la mayor reserva natural del mundo. Y es que la convergencia antártica también tiene una gran importancia biológica. Esta barrera natural ha hecho que el continente permanezca alejado de las manos de la humanidad impidiendo la entrada de especies ajenas a su ecosistema. Por este motivo, es el lugar donde se encuentra una menor variedad de especies. La gran paradoja es que precisamente esta pobreza es el origen de su riqueza biológica desde el punto de vista de la investigación. Su corta cadena trófica se ve compensada por la complejidad de sus seres vivos. La vida está marcada por condiciones ambientales muy adversas y dinámicas. Estas circunstancias han hecho que, con el paso del tiempo, los organismos se hayan adaptado a través de fascinantes mecanismos biológicos. Es el caso de peces que en sus tejidos disponen de sustancias anticongelantes o los microbiota aislados que habitan en la zona de los Valles Secos, en el interior de este continente helado, pero tan seco como el desierto del Sahara. O los organismos microscópicos que cuando invernan detienen su metabolismo para adaptarse a las condiciones extremas y que quizás pueden dar alguna pista sobre cómo se originó la vida en la Tierra.

La Antártida también ha abierto las puertas a una nueva disciplina: la paleoclimatología, que estudia el clima del planeta en épocas remotas. El hielo es el principal testimonio de esta ciencia. En sus capas, han quedado atrapados en el tiempo y en el espacio diferentes elementos que hablan sobre el pasado. Existe un programa internacional de perforación del hielo que, hasta el momento, ha llegado a 2700 metros de profundidad, lo que supone un cúmulo de datos correspondientes a unos 150 000 años. Además de fósiles tropicales que desvelan cómo se formaron los continentes, el hielo conserva burbujas de aire que quedaron atrapadas hace millares de años, lo que permite saber cómo era la atmósfera por aquel entonces y si, antes que la humanidad estuviese sobre la Tierra, existían signos de contaminación. En los estudios que se han realizado hasta ahora, se han encontrado resultados que demuestran la existencia de bruscos cambios climáticos a lo largo de la historia. También han quedado registrados los efectos sobre el ecosistema global de erupciones volcánicas, e incluso de las explosiones nucleares del siglo XX.

Otro foco de atracción científica es el estudio del universo. La Antártida es el yacimiento de meteoritos más importante del planeta. No es que caigan más que en otros lugares, sino que son más fáciles de localizar. La NASA cuenta con un programa especial para recoger datos al respecto. Por otro lado, la transparencia del cielo antártico, dado que su capa atmosférica es muy tenue, proporciona unas condiciones de observación excepcionales, por lo que se trata de uno de los mejores observatorios del mundo. Y como los períodos de luz y oscuridad son muy largos es el lugar ideal para recoger largas series de datos. Además, como no hay contaminación, ni vapor de agua, las nubes o la niebla son muy inusuales. Sin embargo, estas virtudes son las que hacen que la atmósfera antártica sea especialmente frágil, por lo que el proceso de destrucción de la capa de ozono, observada por primera vez en este continente en 1984 por un satélite de la NASA, es mayor que en cualquier otro lugar del planeta.

Más información en la red:
Investigación española en la Antártida: http://www.csic.es; http://tierra.rediris.es/antartida/decepcion/
National Science Foundation (Office of Polar Programs): http://www.nsf.gov:80/od/opp/start.htm
Center for Astrophysical Research in Antarctica (NASA): http://quest.arc.nasa.gov/antarctica/background/cara/

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