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Consumo de éxtasis: ¿morir de amor?

Raimundo Roberts 23/04/04

Biomedia (Barcelona). El 7 de marzo de 2002 El Mundo publica que «Una joven sevillana de 19 años se convierte en la tercera muerte por consumo de éxtasis en una semana». Era el inicio de una de las más importantes alarmas mediáticas del año 2002, en la que se ponía de manifiesto el peligro de intoxicaciones y abuso de drogas, en especial por éxtasis, entre la juventud española. Como indica el Informe Quiral 2002, en marzo de ese año se publicaron más de 120 textos relativos al consumo de esta droga en una tendencia que se mantuvo constante, con cerca de 60 textos mensuales, hasta julio de ese año. Debido a que muchos de estos textos aparecieron en la sección de sucesos, y sólo unos cuantos en las secciones especializadas de ciencia o salud, aún es pertinente aclarar que éxtasis y éxtasis líquido son dos drogas distintas, lo que sólo algunos medios aclararon en su momento. Como se explica en el citado Informe Quiral, el éxtasis o MDMA es el nombre vulgar de la anfetamina 3,4-metilendioximentanfetamina, un estimulante que induce a un estado alterado de conciencia y cuyo efecto perdura durante unas dos horas. El éxtasis líquido, por su parte, es un anestésico depresor, también conocido como GHB, que provoca un sueño comatoso que puede prolongarse hasta 24 horas después de su consumo, y que no se relaciona en nada con el éxtasis y sus pautas de consumo actual.

Por ello, al hablar de éxtasis y de éxtasis líquido nos referimos a dos tipos de drogas diferentes tanto en su composición como en sus efectos, aunque como aclara el Informe, «ambas causaron las graves intoxicaciones y muertes que captaron la atención de los medios de comunicación durante el año 2002».

Breve historia del MDMA

La MDMA, sintetizada en 1912 y patentada dos años después por los laboratorios alemanes de E. Merck, es una anfetamina pensada inicialmente como un posible tratamiento para la anorexia, aunque nunca llegó a su etapa clínica. Así permaneció hasta los años setenta, década en la cual algunos psiquiatras norteamericanos comenzaron a realizar ensayos con MDMA por su posible interés en psicoterapia analítica y aparecían los primeros estudios sobre sus efectos en un contexto terapéutico. Además, se iniciaba su utilización clandestina dentro de Estados Unidos.

Es en este período en que se le comienza a llamar éxtasis, y durante los años setenta e inicios de los ochenta, su consumo se había ampliado a ambas costas norteamericanas, incluido Canadá, primero relacionado con la subcultura psicodélica y, durante años posteriores, como inductor de experiencias místicas, en especial entre grupos como la subcultura new age.

Entretanto, en 1985 la legislación estadounidense prohíbe la utilización terapéutica de MDMA, incluyéndola dentro de las drogas peligrosas sin un uso terapéutico reconocido en Estados Unidos, y en la Lista I de sustancias psicotrópicas de las Naciones Unidas. Con esa prohibición se abre el primer debate público sobre su uso, ya que algunos psicoterapeutas norteamericanos defendían la MDMA en tratamientos de psicoterapia, defendiendo sus efectos inductores de empatía y facilitadores de la comunicación en individuos con conflictos emocionales, más un bajo potencial de abuso en condiciones terapéuticas.

Muchos autores señalan que la polémica creada ayudó a dar a conocer masivamente sus efectos, lo que habría contribuido a su masificación no sólo en Estados Unidos, sino también en Europa, asociada a conceptos tales como el amor, la empatía y el sexo. Así, esta droga, cuyo uso estaba circunscrito a determinados grupos sociales, comienza a ser conocida y a extenderse con la forma de consumo actual.

Otro de los problemas que presentaba esta nueva droga era su clasificación. Como dice Jordi Camí, «los efectos del MDMA podrían ser constitutivos de una nueva categoría psicofarmacológica, a medio camino entre las anfetaminas y los alucinógenos», mientras que su buena reputación entre los consumidores estaría dada por «la supuesta capacidad para inducir un estado emocional positivo, caracterizado por un aumento de la intimación y de la empatía». Hay que señalar además que los efectos descritos de la MDMA varían según el ambiente en que se sitúe el que la consume, y se han descrito efectos similares tanto a los alucinógenos (hipersensibilidad sensorial, aumento de la sensibilidad a la luz, visión borrosa) como a las anfetaminas (sequedad bucal, sudación, tensión muscular e insomnio, entre otros).

Volviendo a su descripción histórica, hay que recordar que desde mediados de los ochenta algunas drogas «duras» –como la heroína y anteriormente el LSD– estaban en retirada, lo que influyó en su masificación apoyándose, además, en la idea de que el éxtasis era una droga nueva y potente, pero de uso menos peligroso que las mencionadas.

Además, algunos textos periodísticos de los ochenta reforzaban la imagen de droga del amor gracias a artículos en que consumidores hablaban de sus efectos positivos, mientras su uso se extendía: a inicios de los noventa había pasado desde los místicos norteamericanos a las subculturas del ocio norteamericano, europeo y australiano, asociada a la música electrónica. Desde ese período hasta hoy, el consumo de éxtasis ha estado relacionado principalmente con fiestas y música de baile, lo cual ha sido calificado como una importante reformulación cultural de la droga.

El éxtasis en España

Aunque en sus inicios el éxtasis estuvo asociado con las fiestas ibicencas, pronto pasó a formar parte de la conocida ruta del bakalao, para finalmente ser relacionada con la música máquina de los últimos años, vinculada a la búsqueda juvenil de ocio y diversión, y ser mezclada con otras como el alcohol, el cannabis o la cocaína.

Indirectamente, se puede ver su progresión según informes del Plan Nacional sobre Drogas: a inicios de 1990 se realizaron los primeros decomisos en España, que se multiplicaron por 10 en 1992, con 40 000 pastillas. En 1993, esta cifra llegó a casi a las 300 000 y en 1995 se incautó la mayor cantidad hasta la fecha: 739 511 pastillas, bajando progresivamente a cerca de 200 000 en 1997.

Según dicho Plan, el consumo de éxtasis en España es muy parecido al realizado en Europa, y estaría disminuyendo en los últimos años. Aun así, su consumo sigue siendo de los más altos, en comparación con otras drogas recreativas. Además, estaría directamente relacionado con algunas de las pautas de ocio establecidas actualmente entre la juventud, en especial dentro de los estratos socioeconómicos medios y altos.

Toxicidad

Aunque algunos autores consideran que la MDMA es aún una sustancia poco conocida, los datos científicos disponibles muestran que el éxtasis tiene una capacidad neurotóxica, es decir, tiene la capacidad de destruir cierto tipo de neuronas y de degenerar terminales nerviosos. En animales de experimentación se ha demostrado que altas cantidades de MDMA producen efectos neurodegenerativos y estudios recientemente publicados relacionan MDMA con la pérdida de memoria a corto y largo plazo. Además, su abuso ciertamente ha producido intoxicaciones mortales durante los últimos años con importante alarma social.

Entre las alteraciones producidas por el consumo de MDMA se han descrito tres tipos de trastornos: de ansiedad, depresivos y psicóticos. Entre ellos se pueden destacar, en algunos afectados, riesgos de reacciones crónicas como la aparición de trastornos neuropsicológicos o psiquiátricos permanentes, desde alteraciones de la memoria hasta trastornos afectivos mayores y psicosis de perfil paranoide.

Igualmente, la MDMA puede producir efectos como alteraciones cardiovasculares graves, aunque, como indica Camí, «el cuadro tóxico por excelencia sería el ingreso por profunda alteración de la conciencia, agitación y sobreestimulación simpática, cuadro que se debe orientar hacia una sobredosis por MDMA». Los cuadros clínicos más graves pueden presentar hipertermia, convulsiones, coagulación intravascular diseminada e insuficiencia renal aguda, entre otros síntomas, aunque no se han descrito muchos casos de muerte por MDMA, y pueden influir una multiplicidad de factores, tanto genéticos como ambientales.

Investigaciones sobre éxtasis: el fiasco de Ricaurte

En todo caso, hay que destacar que los estudios sobre su neurotoxicidad han generado grandes polémicas, entre las que destaca uno de los estudios de George A. Ricaurte, quien publicó en la revista Science, en septiembre del 2002, que el éxtasis era capaz de provocar un daño neuronal grave en primates, lo que podía constituir un factor de riesgo para el desarrollo precoz de la enfermedad de Parkinson entre la creciente población de consumidores de pastillas de éxtasis.

El estudio, que recibió una gran publicidad en todo el mundo y fue considerado como una de las evidencias más claras del daño que producía esta droga, tuvo que ser retirado y el equipo de Ricaurte debió retractarse públicamente de sus afirmaciones: lo administrado a los primates no era éxtasis sino metanfetamina pura, una droga popularmente conocida como speed.

Según Ricaurte, su error había sido no confirmar el contenido de los frascos en los que se suponía que había éxtasis. El fiasco tuvo tanta cobertura como el anuncio original y produjo una gran desacreditación de las investigaciones sobre la neurotoxicidad del éxtasis.

¿Es el éxtasis el problema?

Muchos factores han hecho que el éxtasis haya sido una de las drogas más populares durante los últimos 15 años en nuestro país: los «efectos positivos» descritos por sus consumidores; la polémica creada en los ochenta por los psiquiatras que defendían su utilización terapéutica; el grave error experimental de Ricaurte, todo ello acompañado por la difusión en los medios de comunicación. Pero cabe preguntarse, en especial frente a este tipo de drogas, si el mayor peligro lo constituye su toxicidad o los estilos de ocio y de diversión, más el alto poder adquisitivo de los y las jóvenes actuales.

La valoración del tiempo y del ocio como un valor ganado por la sociedad europea postindustrial, la criminalización de los consumidores por parte de la prensa, la búsqueda del placer, las alarmas de los investigadores... son factores que pueden estar contribuyendo a que los consumidores de éxtasis estén frente a situaciones altamente contradictorias: si el ocio es un valor, ¿por qué debería privarme de él? Si los científicos se equivocan, ¿puedo confiar en sus apreciaciones? Y por último, si la prensa me criminaliza, ¿por qué debería identificarme con lo que dicen?

Muchas son las preguntas que todavía quedan por responder frente a este problema social que tiene, además, un gran trasfondo económico. Pero antes de pensar en posibles soluciones al abuso de drogas por parte de los jóvenes, es necesario reconocer que el consumidor de drogas ya no es el yonqui de antaño.

En esta línea, el Plan Nacional sobre Drogas ha realizado grandes esfuerzos por caracterizar la situación actual de los consumidores mediante extensos estudios, pero la población sigue formando su opinión sobre estas adicciones a través de la prensa, que, al menos durante la polémica mediática que nos interesa, emplazó el tema entre las noticias policiales más que en las sanitarias.

Por ello, al repasar los acontecimientos que pusieron, en el 2002, en la portada de los medios el consumo de drogas «de diseño», se advierte una falta de información especializada sobre el éxtasis, una droga que, como hemos visto es diferente a las anteriormente conocidas.

Mal que mal, su nombre se refiere a sus efectos; por «éxtasis» la Real Academia Española define, en su primera acepción, «un estado del alma enteramente embargada por un sentimiento de admiración, alegría, etc.». Y los consumidores buscan esta sensación por medio de una pastilla, de la que normalmente no conocen su contenido, para divertirse, para aprovechar al máximo su preciado tiempo de ocio.

Al parecer, la actual búsqueda química de placer extático está de moda, aunque pueda ser a costa de la propia vida. ¿Es, entonces, un problema de drogas, o más bien de los valores sociales que reciben los jóvenes? La pregunta está abierta.

[La Fundación Vila Casas dedicó su último Cuadernos Quiral a debatir sobre el éxtasis. Este artículo se publicó como introducción al debate. El texto completo de dicho Cuaderno se puede consultar en http://www.quiral.org/ventanas/cuad16.pdf]

Más información en Biomedia:
Dossier: Farmacología

Más información en la red:
Plan Nacional sobre Drogas: http://www.mir.es/pnd/
Informe Quiral: http://www.quiral.org

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