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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Consumo de éxtasis: ¿morir de amor?
Biomedia (Barcelona). El 7 de marzo de 2002 El Mundo publica que
«Una joven sevillana de 19 años se convierte en la tercera muerte por consumo
de éxtasis en una semana». Era el inicio de una de las más importantes alarmas
mediáticas del año 2002, en la que se ponía de manifiesto el peligro de
intoxicaciones y abuso de drogas, en especial por éxtasis, entre la juventud
española. Como indica el Informe Quiral 2002, en marzo de ese año se
publicaron más de 120 textos relativos al consumo de esta droga en una
tendencia que se mantuvo constante, con cerca de 60 textos mensuales, hasta
julio de ese año. Debido a que muchos de estos textos aparecieron en la sección
de sucesos, y sólo unos cuantos en las secciones especializadas de ciencia o
salud, aún es pertinente aclarar que éxtasis y éxtasis líquido
son dos drogas distintas, lo que sólo algunos medios aclararon en su momento.
Como se explica en el citado Informe Quiral, el éxtasis o MDMA es el
nombre vulgar de la anfetamina 3,4-metilendioximentanfetamina, un estimulante
que induce a un estado alterado de conciencia y cuyo efecto perdura durante
unas dos horas. El éxtasis líquido, por su parte, es un anestésico depresor,
también conocido como GHB, que provoca un sueño comatoso que puede prolongarse
hasta 24 horas después de su consumo, y que no se relaciona en nada con el
éxtasis y sus pautas de consumo actual. Por ello, al hablar de éxtasis y de éxtasis líquido
nos referimos a dos tipos de drogas diferentes tanto en su composición como en
sus efectos, aunque como aclara el Informe, «ambas causaron las graves
intoxicaciones y muertes que captaron la atención de los medios de comunicación
durante el año 2002». La MDMA, sintetizada en 1912 y patentada dos años
después por los laboratorios alemanes de E. Merck, es una anfetamina pensada
inicialmente como un posible tratamiento para la anorexia, aunque nunca llegó a
su etapa clínica. Así permaneció hasta los años setenta, década en la cual
algunos psiquiatras norteamericanos comenzaron a realizar ensayos con MDMA por
su posible interés en psicoterapia analítica y aparecían los primeros estudios
sobre sus efectos en un contexto terapéutico. Además, se iniciaba su
utilización clandestina dentro de Estados Unidos. Es en este período en que se le comienza a llamar éxtasis,
y durante los años setenta e inicios de los ochenta, su consumo se había
ampliado a ambas costas norteamericanas, incluido Canadá, primero relacionado
con la subcultura psicodélica y, durante años posteriores, como inductor de
experiencias místicas, en especial entre grupos como la subcultura new age. Entretanto, en 1985 la legislación estadounidense
prohíbe la utilización terapéutica de MDMA, incluyéndola dentro de las drogas
peligrosas sin un uso terapéutico reconocido en Estados Unidos, y en la Lista I
de sustancias psicotrópicas de las Naciones Unidas. Con esa prohibición se abre
el primer debate público sobre su uso, ya que algunos psicoterapeutas
norteamericanos defendían la MDMA en tratamientos de psicoterapia, defendiendo
sus efectos inductores de empatía y facilitadores de la comunicación en
individuos con conflictos emocionales, más un bajo potencial de abuso en
condiciones terapéuticas. Muchos autores señalan que la polémica creada ayudó
a dar a conocer masivamente sus efectos, lo que habría contribuido a su
masificación no sólo en Estados Unidos, sino también en Europa, asociada a
conceptos tales como el amor, la empatía y el sexo. Así, esta droga, cuyo uso
estaba circunscrito a determinados grupos sociales, comienza a ser conocida y a
extenderse con la forma de consumo actual. Otro de los problemas que presentaba esta nueva
droga era su clasificación. Como dice Jordi Camí, «los efectos del MDMA podrían
ser constitutivos de una nueva categoría psicofarmacológica, a medio camino
entre las anfetaminas y los alucinógenos», mientras que su buena reputación
entre los consumidores estaría dada por «la supuesta capacidad para inducir un
estado emocional positivo, caracterizado por un aumento de la intimación y de
la empatía». Hay que señalar además que los efectos descritos de la MDMA varían
según el ambiente en que se sitúe el que la consume, y se han descrito efectos
similares tanto a los alucinógenos (hipersensibilidad sensorial, aumento de la
sensibilidad a la luz, visión borrosa) como a las anfetaminas (sequedad bucal,
sudación, tensión muscular e insomnio, entre otros). Volviendo a su descripción histórica, hay que
recordar que desde mediados de los ochenta algunas drogas «duras» –como la
heroína y anteriormente el LSD– estaban en retirada, lo que influyó en su
masificación apoyándose, además, en la idea de que el éxtasis era una droga
nueva y potente, pero de uso menos peligroso que las mencionadas. Además, algunos textos periodísticos de los ochenta
reforzaban la imagen de droga del amor gracias a artículos en que consumidores
hablaban de sus efectos positivos, mientras su uso se extendía: a inicios de
los noventa había pasado desde los místicos norteamericanos a las subculturas
del ocio norteamericano, europeo y australiano, asociada a la música
electrónica. Desde ese período hasta hoy, el consumo de éxtasis ha estado
relacionado principalmente con fiestas y música de baile, lo cual ha sido
calificado como una importante reformulación cultural de la droga. Aunque en sus inicios el éxtasis estuvo asociado
con las fiestas ibicencas, pronto pasó a formar parte de la
conocida ruta del bakalao, para finalmente ser relacionada con la música
máquina de los últimos años, vinculada a la búsqueda juvenil de ocio y
diversión, y ser mezclada con otras como el alcohol, el cannabis o la cocaína. Indirectamente,
se puede ver su progresión según informes del Plan Nacional sobre Drogas: a
inicios de 1990 se realizaron los primeros decomisos en España, que se
multiplicaron por 10 en 1992, con 40 000 pastillas. En 1993, esta cifra llegó a
casi a las 300 000 y en 1995 se incautó la mayor cantidad hasta la fecha:
739 511 pastillas, bajando progresivamente a cerca de 200 000 en 1997. Según
dicho Plan, el consumo de éxtasis en España es muy
parecido al realizado en Europa, y estaría disminuyendo en los últimos años.
Aun así, su consumo sigue siendo de los más altos, en comparación con otras
drogas recreativas. Además, estaría directamente relacionado con algunas de las
pautas de ocio establecidas actualmente entre la juventud, en especial dentro
de los estratos socioeconómicos medios y altos. Aunque algunos autores consideran que la MDMA es
aún una sustancia poco conocida, los datos científicos disponibles muestran que
el éxtasis tiene una capacidad neurotóxica, es decir, tiene la capacidad de
destruir cierto tipo de neuronas y de degenerar terminales nerviosos. En
animales de experimentación se ha demostrado que altas cantidades de MDMA
producen efectos neurodegenerativos y estudios recientemente publicados
relacionan MDMA con la pérdida de memoria a corto y largo plazo. Además, su
abuso ciertamente ha producido intoxicaciones mortales durante los últimos años
con importante alarma social. Entre las alteraciones producidas por el
consumo de MDMA se han descrito tres tipos de trastornos: de ansiedad,
depresivos y psicóticos. Entre ellos se pueden destacar, en algunos afectados,
riesgos de reacciones crónicas como la aparición de trastornos
neuropsicológicos o psiquiátricos permanentes, desde alteraciones de la memoria
hasta trastornos afectivos mayores y psicosis de perfil paranoide. Igualmente, la MDMA puede producir efectos
como alteraciones cardiovasculares graves, aunque, como indica Camí, «el cuadro
tóxico por excelencia sería el ingreso por profunda alteración de la
conciencia, agitación y sobreestimulación simpática, cuadro que se debe orientar
hacia una sobredosis por MDMA». Los cuadros clínicos más graves pueden
presentar hipertermia, convulsiones, coagulación intravascular diseminada e
insuficiencia renal aguda, entre otros síntomas, aunque no se han descrito
muchos casos de muerte por MDMA, y pueden influir una multiplicidad de
factores, tanto genéticos como ambientales. En todo caso, hay que destacar que los estudios
sobre su neurotoxicidad han generado grandes polémicas, entre las que destaca
uno de los estudios de George A. Ricaurte, quien publicó en la revista Science,
en septiembre del 2002, que el éxtasis era capaz
de provocar un daño neuronal grave en primates, lo que podía constituir un
factor de riesgo para el desarrollo precoz de la enfermedad de Parkinson entre
la creciente población de consumidores de pastillas de éxtasis. El estudio, que recibió una gran publicidad en
todo el mundo y fue considerado como una de las evidencias más claras del daño
que producía esta droga, tuvo que ser retirado y el equipo de Ricaurte debió
retractarse públicamente de sus afirmaciones: lo administrado a los primates no
era éxtasis sino metanfetamina pura, una droga popularmente conocida como speed. Según Ricaurte, su error había sido no
confirmar el contenido de los frascos en los que se suponía que había éxtasis.
El fiasco tuvo tanta cobertura como el anuncio original y produjo una gran
desacreditación de las investigaciones sobre la neurotoxicidad del éxtasis. ¿Es el éxtasis el problema? Muchos factores han hecho que el éxtasis haya sido
una de las drogas más populares durante los últimos 15 años en nuestro país:
los «efectos positivos» descritos por sus consumidores; la polémica creada en
los ochenta por los psiquiatras que defendían su utilización terapéutica; el
grave error experimental de Ricaurte, todo ello acompañado por la difusión en
los medios de comunicación. Pero cabe preguntarse, en especial frente a este
tipo de drogas, si el mayor peligro lo constituye su toxicidad o los estilos de
ocio y de diversión, más el alto poder adquisitivo de los y las jóvenes
actuales. La valoración del tiempo y del ocio como un valor
ganado por la sociedad europea postindustrial, la criminalización de los
consumidores por parte de la prensa, la búsqueda del placer, las alarmas de los
investigadores... son factores que pueden estar contribuyendo a que los
consumidores de éxtasis estén frente a situaciones altamente contradictorias:
si el ocio es un valor, ¿por qué debería privarme de él? Si los científicos se equivocan,
¿puedo confiar en sus apreciaciones? Y por último, si la prensa me criminaliza,
¿por qué debería identificarme con lo que dicen? Muchas son las preguntas que todavía quedan por
responder frente a este problema social que tiene, además, un gran trasfondo
económico. Pero antes de pensar en posibles soluciones al abuso de drogas por
parte de los jóvenes, es necesario reconocer que el consumidor de drogas ya no
es el yonqui de antaño. En esta línea, el Plan Nacional sobre Drogas ha
realizado grandes esfuerzos por caracterizar la situación actual de los
consumidores mediante extensos estudios, pero la población sigue formando su
opinión sobre estas adicciones a través de la prensa, que, al menos durante la
polémica mediática que nos interesa, emplazó el tema entre las noticias
policiales más que en las sanitarias. Por ello, al repasar los acontecimientos que
pusieron, en el 2002, en la portada de los medios el consumo de drogas «de
diseño», se advierte una falta de información especializada sobre el éxtasis,
una droga que, como hemos visto es diferente a las anteriormente conocidas. Mal que mal, su nombre se refiere a sus efectos;
por «éxtasis» la Real Academia Española define, en su primera acepción, «un estado del alma enteramente embargada por un sentimiento
de admiración, alegría, etc.». Y los consumidores buscan esta sensación por
medio de una pastilla, de la que normalmente no conocen su contenido, para
divertirse, para aprovechar al máximo su preciado tiempo de ocio. Al parecer, la actual búsqueda química de
placer extático está de moda, aunque pueda ser a costa de la propia vida. ¿Es,
entonces, un problema de drogas, o más bien de los valores sociales que reciben
los jóvenes? La pregunta está abierta. [La Fundación Vila Casas dedicó su último Cuadernos Quiral a debatir
sobre el éxtasis. Este artículo se publicó como introducción al debate. El
texto completo de dicho Cuaderno se puede consultar en
http://www.quiral.org/ventanas/cuad16.pdf] Más información en
Biomedia: Plan Nacional sobre Drogas: http://www.mir.es/pnd/ Informe Quiral: http://www.quiral.org |
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