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La Biblioteca Pública de Ciencia:
una iniciativa noble que requiere
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| Juan Carlos López García | 21/09/01 |
Biomedia (Barcelona). La Biblioteca
Pública de Ciencia, conocida mundialmente por sus siglas en inglés (PLS,
Public Library of Science) es una de las ideas más encomiables y ambiciosas que
han surgido de la comunidad científica desde la llegada de Internet y desde la
publicación de revistas electrónicas. Brevemente, la idea de los creadores de
la PLS es reunir todos los artículos científicos publicados en revistas
internacionales y almacenarlos en una base central de datos seis meses después
de su publicación original. Esta base de datos estará disponible de forma
gratuita para todo aquel que disponga de una conexión a Internet, con lo que se
pretende lograr al menos dos objetivos. Por un lado, que todo el mundo tenga
acceso rápido a la información y ayudar así ha acelerar aún más el progreso
científico; por el otro, que las regiones desfavorecidas del mundo también
gocen de acceso a los avances científicos de actualidad y la brecha entre
países ricos y pobres no siga en aumento. Tras escuchar estos argumentos, pocos
estarán en desacuerdo sobre la nobleza de esta idea y, por lo tanto, no es
sorprendente que más de 25 000 personas hayan expresado su apoyo a la PLS en
una carta abierta que puede encontrarse en la página web de la Biblioteca. Sin
embargo, a pesar de los obvios beneficios de crear una institución como la PLS,
merece la pena explorar una serie de ramificaciones que cuestionan la
viabilidad de la idea e incluso si es deseable impulsarla. En primer lugar, ¿quién
podría estar en desacuerdo con los objetivos tan encomiables de la PLS? Con
toda seguridad, las casas editoriales que publican revistas científicas. Son
precisamente las editoriales quienes obtienen un beneficio comercial por la
publicación de revistas científicas y son ellas quienes sufrirían un daño
inmediato si su contenido se pone a disposición de todo el mundo en la PLS. Uno
podría imaginarse que la decisión de cualquier editorial de ofrecer su
contenido a la PLS es opcional y que aquellas revistas que no lo deseen podrían
abstenerse. Pero he aquí el primer movimiento sospechoso de la Biblioteca: si
usted firma la carta abierta, se compromete a no volver a publicar su trabajo
en todas aquellas revistas que no se adhieran a la PLS. Más aún, usted se
compromete a no actuar como revisor de trabajos enviados a esas revistas, ni a
dar ninguna clase de consejo o interaccionar con ellas de cualquier manera. A
efectos prácticos, se trata de un boicot. Desde luego, es fácil argumentar
que esto no representa ningún problema. A fin de cuentas, las editoriales sacan
provecho del trabajo de la comunidad científica y no dan nada a cambio. Es más,
cobran precios muy altos por las subscripciones, lo que, en cierto modo,
equivale a revender a los científicos lo que ellos produjeron en primer lugar.
Sin embargo, si bien es cierto que uno puede encontrar ejemplos flagrantes de
este fenómeno, también lo es que existen muchas excepciones y que hay muchas
revistas que juegan un papel muy importante en la comunidad científica, las
cuales resultarían seriamente dañadas por la PLS. Me refiero específicamente a
las revistas editadas, no por casas editoriales, sino por sociedades
científicas, las cuales utilizan los ingresos procedentes de suscripciones para
reinvertir en la revista y mantenerla. Si la PLS las obliga a ofrecer su
contenido de manera gratuita, es muy posible que estas revistas desaparezcan,
particularmente en Europa, donde las sociedades científicas no son muy grandes
y no podrían subsistir aumentando la cuota de inscripción como miembro de la
sociedad o implementando medidas similares. Así, la llegada de la PLS podría
constituirse como el fin de las revistas editadas por sociedades científicas,
en las cuales no existe ningún afán de lucro. ¿Y qué decir de las grandes
revistas que gozan de numerosos subscriptores y que obtienen ganancias muy
importantes directamente de la comunidad científica? Algunas de las revistas de
mayor prestigio tales como Cell, Science, Nature y muchas otras
caen en esta categoría y podrían fácilmente ser categorizadas como el verdadero
enemigo en la cruzada de la PLS. ¿Tiene justificación, entonces, la PLS al
imponer su boicot a dichas revistas? La respuesta es no. Una de las razones por
las que estas revistas gozan del prestigio que las acompaña es el hecho de que
publican trabajos científicos de la más alta calidad. Para lograrlo, sin embargo,
su equipo editorial actúa como filtro para asegurarse que únicamente los
hallazgos más originales lleguen a sus páginas y sus lectores reciban solamente
la información más relevante en los diferentes campos. Así, la mayor parte del
dinero que las editoriales reciben por concepto de subscripciones sirve para
pagar al equipo editorial y que éste lleve a cabo su función de filtro. Si la
PLS obliga a las revistas de prestigio a ofrecer su contenido gratis, éstas se
enfrentarán a una disyuntiva muy desafortunada. Por un lado, podrían reducir su
equipo editorial, con lo que la calidad de la revista sufriría y obligaría a
los lectores a invertir más tiempo en busca de los artículos verdaderamente
importantes. En otras palabras, los lectores tendrían que realizar la función
de filtro ellos mismos. Por el otro, las revistas podrían buscar otras fuentes
de ingreso para mantener a su equipo editorial, soluciones tales como cobrar a
los científicos cada vez que envían un artículo para ser considerado para publicación.
De hecho, hay revistas que empiezan a poner esta estrategia en práctica, lo
cual, a la larga, redituará en un gasto aún mayor para los científicos que lo
que representa el precio de una suscripción. Sin embargo, no son sólo las
revistas las que sufrirán con la llegada de la PLS y el boicot, sino que muchos
científicos jóvenes verán su carrera dañada. Por ejemplo, si un estudiante
quiere realizar (o está ya realizando) su doctorado en un laboratorio donde el
investigador responsable ha firmado la carta abierta, este estudiante verá
limitadas las opciones para publicar su trabajo, lo cual lo pondrá en
desventaja con respecto a alguien que trabaje en un laboratorio que no se haya
adherido al boicot. Y lo mismo ocurrirá en sentido contrario: si un estudiante
no quiere publicar su trabajo en una revista no perteneciente a la PLS, esto
acarreará conflictos innecesarios entre él y su asesor. En resumen, la PLS es una
fantástica idea que necesita un poco más de refinamiento. Es indiscutible que
hay muchos beneficios asociados a brindar acceso gratuito a toda la información
científica para todo el mundo. Sin embargo, el problema no es unidimensional,
sino que tiene una serie de facetas que competen a todos y que es importante
analizar. Todas las estipulaciones de la Biblioteca han sido decididas de
manera unilateral, sin consultar a ninguna de las partes afectadas. Así, aunque
la causa es noble, parece injusto que no se tome en cuenta la opinión del resto
de entidades que están, por definición, involucradas. Es el deber de los
investigadores, de las revistas científicas y de la PLS establecer un diálogo
que permita encontrar la solución más adecuada a estos problemas. Sólo entonces
estaremos en condiciones de dar un paso tan importante y tan beneficioso para
la comunidad científica. Más información en
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