|
|||||||||||||||||||||||||||||||
| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones
Debate científico versus debate ideológico
Biomedia
(Barcelona). «La biotecnología es una de las áreas
científicas, tecnológicas y de innovación industrial de más rápido crecimiento
y también es una de las más prominentes en la discusión pública de las
ciencias.» Hoy esto puede parecer una obviedad para la mayoría de personas
atentas a la actualidad, pero estas palabras están avaladas por largos años de
análisis por quienes son considerados como los más reconocidos expertos en el
estudio de la percepción pública de las biotecnologías: Martin W. Bauer y
George Gaskell de la London School of Economics.1 Por ello no es sorprendente que todos
aquellos temas que tienen que ver con el desarrollo de las biotecnologías hayan
experimentado en los últimos años un rápido aumento de la cobertura mediática. Los eurobarómetros «Europeans and
Biotechnology», correspondientes a marzo del 2000 y del 2003,2 son una referencia obligada para abordar
el tema con unos resultados que ya han sido ampliamente divulgados. En relación con las fuentes de información
está claro que organizaciones de consumidores, médicos, organizaciones
medioambientales y científicos, por este orden, son los referentes más creíbles
para la ciudadanía europea, mientras que los medios de comunicación ocupan un
lugar intermedio y los políticos y la industria carecen casi por completo de
credibilidad. Consecuencias que dan mucho que pensar y que merecen estudios
mucho más en detalle. CLASIFICACIÓN
DE LAS FUENTES DE INFORMACIÓN DE MÁS
CONFIANZA PARA LOS EUROPEOS
Esto es lo que hizo la
Fundación BBVA en un interesante trabajo sociológico –no en vano su director
actual es el profesor Rafael Pardo, uno de los mayores expertos mundiales en
este ámbito–3 sobre percepciones,
interés y confianza de los europeos ante la ciencia que presentó en julio del
2003, en el que se hace un especial énfasis en el caso de las biotecnologías.4 «La biotecnología –ratifica
el informe– es una de las áreas científicas y tecnológicas más dinámicas en
este cambio de siglo, con efectos de la mayor importancia en los planos
económico, el cuidado de la salud, la agricultura, el medio ambiente y la
alimentación, entre otros. Tanto en su vertiente de aplicaciones biomédicas,
como en las de agricultura y alimentación, suscita expectativas claramente
positivas, y también reservas significativas (en el plano de la moral y en el
de las percepciones de posibles riesgos asociados a esos avances). El nivel de
visibilidad de esta área científica en los medios de comunicación es muy alto,
como lo es también la atención prestada a la misma por los reguladores. La
biotecnología suscita un alto nivel de atención y debate, puesto que a medio
plazo la aceptación o, alternativamente, la resistencia o incluso el rechazo de
algunas de las aplicaciones e investigaciones serán resultado de lo que el
público conozca acerca de ellas y de cómo las valore.» La investigación se realizó
en nueve países europeos: España, Italia, Polonia, Francia, Reino Unido,
Alemania, Dinamarca, Holanda, Austria (con un total de 13 500 entrevistas). En
la selección de los países se ha tenido en cuenta tanto el peso demográfico
como la variabilidad desde el punto de vista de las creencias religiosas. Y
revierte especial interés para nosotros, porque el análisis de España se
presenta desde una perspectiva comparada. La sociedad europea de
comienzos del siglo xxi no se
caracteriza por actitudes negativas o resistencias generalizadas ante la
ciencia, sino más bien por actitudes de interés, confianza y optimismo acerca
de sus consecuencias. No obstante, este optimismo científico coexiste con
actitudes ambivalentes ante algunas aplicaciones de la ciencia. Los europeos se
muestran cada vez más capaces de discriminar y formar juicios independientes
sobre cada aplicación o área de investigación. Siete de una lista de diez
aplicaciones científicas generan expectativas positivas, entre ellas las
telecomunicaciones, el ordenador, internet, la energía solar y los nuevos
materiales. Por contra, la clonación, la energía nuclear y la ingeniería
genética resultan las áreas más problemáticas. Curiosamente, en tanto que
la biotecnología es vista positivamente en la práctica totalidad de países
estudiados (en Dinamarca hasta un 70% asegura que contribuirá a mejorar nuestra
calidad de vida en los próximos 25 años, en Francia un 61% opina lo mismo, en
España un 59%, en Italia un 56%, en Alemania un 53% y en Austria un 52%), con
la ingeniería genética ocurre lo contrario. En todos los países, con la
excepción de España y Dinamarca, el porcentaje de quiénes creen que mejorará
nuestra calidad de vida no llega al 45%. Es probable que la referencia a la
manipulación o ingeniería de la vida en el plano del gen, que funciona como un
símbolo o icono cultural, despierte temores y ansiedades, basadas en parte en
un nivel de familiaridad baja con esa área de la biología. Las aplicaciones de las
biotecnologías, a diferencia de otros avances científicos, han logrado una alta
visibilidad y nivel de debate en la opinión pública europea, antes incluso de
que hayan dejado el laboratorio y se hayan trasladado a la sociedad. En el informe de la
Fundación BBVA se discrimina entre los dos campos más importantes de aplicación
de las biotecnologías: la investigación con células troncales (stem cells)
con destino a futuras aplicaciones biomédicas y la de los organismos
genéticamente modificados vinculados con las plantas y los alimentos. En la percepción por la
sociedad de cada una de esas familias de aplicaciones dominan criterios
diferentes: ·
La investigación con
células troncales afecta a la dimensión moral o ética de cada individuo y los
criterios morales de inspiración religiosa constituyen un vector clave para comprender
las posturas existentes hoy en Europa. ·
La valoración por el
público de la biotecnología de plantas y alimentos está centrada hoy en las
dimensiones de percepción de los riesgos (supuestos o reales) y de utilidad. El debate y regulación de
la investigación con células troncales trata de sopesar los posibles beneficios
médicos que se puedan obtener en el futuro y las reservas morales acerca de la
utilización de embriones en estas investigaciones. A pesar del inusualmente
alto nivel de presencia en los medios de comunicación de este debate, el
conocimiento existente en Europa acerca de las células troncales es sumamente
bajo. Una medida elemental del grado de comprensión de esa problemática (que
exige cumplir una doble condición, haber leído, escuchado o visto alguna
información sobre células troncales y, también, saber que no pueden ser
extraídas de los embriones humanos sin la destrucción de éstos), permite ver
que los ciudadanos con mayor conocimiento del tema son los alemanes, pero el
porcentaje de la población alemana informada es tan sólo de un 28%. De acuerdo
con la misma métrica, un 17% de españoles alcanza una comprensión elemental
acerca de las células troncales, situándose en una posición intermedia en la
lista de los nueve países europeos considerados en este estudio. Al hacer un balance general
o contraponer en abstracto los posibles beneficios médicos que se derivan de la
investigación con células troncales y, por otro lado, los derechos de los
embriones, la posición dominante es la de una aprobación tenue o muy cercana a
la aprobación. Cuatro de nueve países apoyan la investigación con células
troncales: Dinamarca (5,5 en una escala de 0 a 10), España (5,3), Francia (5,0)
y Reino Unido (5,0). Holanda se sitúa en una posición muy cercana a la
aprobación. Las posiciones más marcadas de no aprobación se observan en
Alemania (con un 3,9 de media), Italia (con un 4,0), Austria (con un 4,1) y
Polonia (con un 4,3). Una segunda dimensión de la
biotecnología objeto de debate en Europa es su aplicación a la agricultura y a
la alimentación. En este caso, las reservas no son estrictamente de carácter
moral, sino que se vinculan con una percepción de muy baja utilidad y alto
nivel de riesgo. Atendiendo a un análisis
coste-beneficio se puede clasificar a los nueve países europeos en dos grupos: Países críticos en los que
sobresale la percepción negativa: Francia (el 45% considera que los perjuicios
serán mayores que los beneficios), Italia (42%), Austria (41%) y Alemania (37%).
·
Países en los que las posiciones
aparecen muy polarizadas: Países Bajos, Dinamarca, España y Reino Unido,
figuran en este grupo. Cabe citar que el segmento de españoles que percibe que
los perjuicios son mayores que los beneficios es exactamente igual al que
considera que los beneficios son mayores que los perjuicios (29,3%). En la actualidad y en
general, la falta de identificación de beneficios concretos derivados de los
alimentos genéticamente modificados resulta claramente perceptible. Por otra
parte, en seis de nueve países estudiados por la Fundación BBVA, el porcentaje
de individuos que no tienen una posición en este tema supera el 18%. Junto a
la ausencia de identificación de beneficios convive –aunque con menor
intensidad– una «percepción de riesgos» para la salud. En términos generales, el
mapa de posicionamiento de los nueve países europeos respecto a los alimentos
genéticamente modificados puede dividirse en dos grandes sectores:
Es importante destacar que,
en todos los países, el nivel de polarización de las opiniones es muy
significativo, algo que destaca de manera especial en el caso de Dinamarca. Por
otra parte, el nivel de cristalización de las posiciones en el Reino Unido,
España y Polonia es menor que en el resto de los países (siendo más alto el
porcentaje de no respuesta y de posiciones intermedias). Reino Unido y España
se sitúan en posiciones cercanas a las de los países más favorables, en tanto
que Polonia lo hace respecto a los más críticos. También a propósito de esta
problemática, y en estrecha coherencia con los datos previos del eurobarómetro
«Europeans and Biotechnology» de la Comisión Europea, España destaca por su
mayor permeabilidad. Está claro que, tal como
afirma Daniel Ramón, investigador español experto en alimentos transgénicos,5 «para una gran mayoría de los
consumidores, biotecnología de alimentos es equivalente a aplicar la genética
en la alimentación o, dicho de otra forma más directa, poner genes en su sopa.
Esta aseveración carece de validez científica, ya que biotecnología de
alimentos no es más que usar un organismo vivo para generar un alimento, pero
los consumidores europeos lo entienden así. Lo idóneo sería educar al ciudadano
en la definición y aplicación de estas tecnologías, pero a buen seguro llevaría
mucho tiempo y, además, una buena parte de los opositores a estos desarrollos
lo verían como una forma perversa de adoctrinamiento. Por ello resulta mucho
más práctico explicar a nuestra sociedad que aplicar genética en la producción
de alimentos no es nada nuevo. Por el contrario, es algo que la especie humana
lleva haciendo más de doce mil años, desde que en el neolítico comenzó la
agricultura y la ganadería». Sea como sea, lo que es necesario es que, tal como
ha dicho el presidente brasileño Lula da Silva, «en relación con los
transgénicos lo que deseamos no es un debate ideológico sino un debate
científico». Esto es lo que intentamos
realizar en el Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad
Pompeu Fabra de Barcelona con la colaboración de la Fundación Antama: intentar
aportar rigor científico a un debate que ha adquirido connotaciones de polémica
ideológica en el campo de batalla de la opinión pública. Por ello nuestra
reflexión anual sobre el tema en forma de jornadas sobre transmisión y
percepción pública del conocimiento científico en torno a las biotecnologías
–fruto de las cuales es el número 33 de la revista Quark– y la apertura de una línea de investigación de cómo los
medios de comunicación de masas transmiten este debate a la sociedad y
configuran la opinión pública. Una gran conclusión o
lección se puede derivar del tema que nos ocupa y que es válida para cualquier
innovación tecnológica: la industria no debe anteponer el argumento de las
normas y de la regulación en la introducción de las nuevas tecnologías y en su
comercialización. La información y la formación de una sociedad educada y
crítica tiene tanta o mayor importancia y no debe ser soslayada. La opinión
pública, local e internacional, es esencial para llevar a buen puerto cualquier
avance científico y tecnológico, no hemos de volver a olvidarlo. Además forma
parte de nuestros valores democráticos. Notas
1 Bauer M.; Gaskell,
G.: Biotechnology
– The Making of a Global Controversy, Londres, Cambridge University Press,
2002. [Este artículo forma parte, como editorial, del número 33 de la
revista Quark] |
|||||||||||||||||||||||||||||||
|
|
|||||||||||||||||||||||||||||||