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Diálogo de lenguas, diálogo de culturas

Joan Clos 22/11/02

Biomedia (Barcelona). Por tercer año consecutivo, Barcelona acoge los cursos de verano sobre tecnologías de la lengua, organizados por el Consorcio Universitario Internacional Menéndez Pelayo de Barcelona – Centro Ernest Lluch, con el pleno apoyo del Ayuntamiento de Barcelona. Esta iniciativa contribuye a que la ciudad de Barcelona cuente con un lugar físico e intelectual en el que, anualmente, se reúnan todos aquellos que están, que estamos, interesados en el ámbito de las ciencias cognitivas, y concretamente en los avances más recientes en tecnologías de la lengua.

En nuestras universidades y durante el curso académico hay diversos departamentos dedicados, parcialmente, al estudio del lenguaje desde la perspectiva de la cognición, pero nos gusta convertir el mes de julio en una oportunidad en la que todos, profesores, estudiantes y ciudadanos, puedan tener un punto de unión para compartir experiencias.

¿Por qué este interés por la lengua? Primero, porque estamos en una ciudad bilingüe. Y éste es un fenómeno muy importante. Barcelona es una ciudad bilingüe, con una cultura bilingüe, y esto representa casi un experimento natural. En las encuestas se suele preguntar a los barceloneses qué hablan normalmente, y el 50 % de la población responde que castellano y el otro 50 %, catalán. De hecho, el resultado es tan estable que constituye una variable de control sobre la calidad de la muestra. Las encuestas incluyen otras preguntas: «¿Usted entiende el catalán?», «¿Entiende el castellano?». A la primera pregunta, el 94 % de la población responde afirmativamente, sin problema alguno, y a la segunda, el 100 % lo hace también en sentido afirmativo.

Somos, por tanto, bilingües plenamente competentes en ambas lenguas, dos lenguas con literatura propia, con gramática y sintaxis diferenciada. Y éste es un capital muy interesante que pocas ciudades del mundo desarrollado tienen (Montreal, Bruselas y algunas ciudades de la frontera franco-alemana) y que nos hace peculiares.

El bilingüismo efectivo, práctico y cotidiano es una experiencia mucho más frecuente en culturas de tradición colonial, en las que conviven la lengua de la antigua metrópolis con las lenguas autóctonas, y donde hay otras estructuras de relación entre lenguas. Pero tanto en Barcelona como en las otras urbes mencionadas, esa peculiaridad nos hace interesantes como ciudad, al tiempo que nos proporciona las condiciones objetivas para un análisis experimentado sobre el tema.

Tanto es así que Barcelona ha organizado el Forum Universal de las Culturas, un gran acontecimiento cultural, de diálogo y festivo, que va a desarrollarse durante la primavera y el verano del año 2004 y que tiene como objetivo celebrar un gran encuentro sobre la convivencia.

En el año 2004, queremos hablar de cómo estructurar convivencias en el mundo. Desde el punto de vista de la ciudad, donde nos interesa mucho garantizar que los barrios, las comunidades étnicas o culturales, los ciudadanos y ciudadanas, convivan pacíficamente; tenemos retos muy importantes, porque reunimos, y reuniremos cada vez más, lenguas, culturas y religiones diferentes. Estamos intentando hacer un ejercicio concreto, práctico y local de incrementar las posibilidades o capacidades de convivencia, de vivir juntos sin problemas, sin peleas. Y me parece que esto, en cierta forma, es una imagen, en pequeño, de lo que está pasando en el mundo. Un mundo que se ha hecho global y que a la vez hemos descubierto que es finito, de manera que para crecer o expandirse ya no sirve la conquista de la tierra incógnita o de la tierra vacía. En el siglo xxi, tenemos que cambiar nuestro chip político, y en lugar de la guerra de conquista deberíamos aprender a convivir en un planeta finito.

Aprender a convivir

Aprender a convivir como en las ciudades, con culturas, lenguas y sensibilidades diferentes que lleven a una reflexión más política e inmediata, y huyan del unilateralismo, del gobierno del mundo por parte de una sola cultura y de una sola lengua, hacia el camino del pluriculturalismo y el plurilingüismo. Pero, para que exista realmente un plurilingüismo, hay que aprender a convivir y a negociar nuestra convivencia.

Uno de los problemas actuales de las ciudades modernas es el crecimiento de la población inmigrante de procedencias muy diversas: y es que éste es un reflejo a pequeña escala de un problema del mundo, que lo estamos viviendo en el día a día de nuestros barrios.

Estos cursos de la UIMP, sin ir más lejos, se celebran en un barrio de Barcelona [Raval, en el distrito de Ciutat Vella] en el que una tercera parte de la población es recientemente inmigrante. En cualquiera de las plazas del Raval, y en conjunto en Ciutat Vella, tenemos la posibilidad de charlar en tagalo, de practicar quechua, de ejercitarse en el inglés hablado en Paquistán, o en chino, pero no el chino mandarín, porque los 15 000 inmigrantes chinos de Barcelona son prácticamente todos de la misma ciudad, Ningbo, donde se habla una lengua que, por ejemplo, no entienden los habitantes de Shanghai.

En este contexto, al proponer la celebración del Forum Universal de las Culturas del 2004, hemos escogido la lengua como uno de los grandes temas básicos para reflexionar sobre cómo estructurar la convivencia en el siglo xxi, junto con el medio ambiente y las condiciones de la urbanización.

¿Qué va a pasar dentro de cincuenta, setenta o cien años? ¿Va a continuar la disminución acelerada de las lenguas que se está produciendo en el mundo, o se van a estabilizar unas pocas lenguas? ¿Cómo se relaciona esto con el poder político y económico? ¿Cómo va a afectar al sentimiento de identidad de cada ciudadano? ¿Cómo afectará a su felicidad?

De todo ello, en Cataluña y en Barcelona tenemos experiencia y podemos hacer aportaciones significativas y al mismo tiempo ser altamente receptivos. Y no porque lo hayamos estudiado, sino porque somos una cultura que habla catalán, que lo habló durante años a pesar de estar prohibido; convivimos con la evidencia del bilingüismo, no sólo ni principalmente con su estudio. Y creo que todo ello, socialmente, es muy interesante.

Siempre he considerado, como alcalde de esta ciudad, que la universidad y los departamentos de las distintas universidades que tratan el tema de la lengua tienen una cierta «obligación moral» –si se me permite la expresión– de hacer un esfuerzo de cross-fertilization, de situar a este tema en un lugar relevante. A mí me gustaría que, dentro de veinte años, Barcelona fuese una ciudad donde la gente pudiese decir que hay tres, cuatro o cinco departamentos universitarios de primer orden a la hora de tratar los diferentes aspectos tecnológicos, cognitivos, evolucionistas, de la lengua. Y aprovecho la oportunidad que brinda esta Tribuna para manifestar que de esa aspiración y de ese deseo nació esta iniciativa en la UIMP de Barcelona. Un día conocí por Internet a un catalán que estaba en Pittsburg, Marsal Gavaldà, y tras varios correos electrónicos entrecruzados explicándome en qué consistían sus trabajos, le envié una respuesta-invitación para organizar este curso en Barcelona.

Más adelante, en los preparativos del Forum Universal de las Culturas 2004 decidimos incorporar a la agenda el tema de las tecnologías de la lengua. El resultado será una gran exposición sobre lenguas, desarrollada por Ralph Appelbaum, uno de los promotores de exposiciones más importantes del mundo; llevan su firma el Museo Judío de Nueva York, el United States Holocaust Memorial Museum en Washington, y el Newseum, un museo de las noticias, también en la capital estadounidense. Así le propusimos que hiciese una gran exposición de 5000 m2 con tecnología sobre la lengua. Appelbaum comentó que el reto era complicado pero que aceptaba el proyecto, imaginándolo como un recorrido por la historia de la lengua en el mundo, sobre las diferentes culturas y sus lenguas.

Lengua, comunicación y poder

Personalmente, me interesa la lengua como comunicación; cómo se utiliza el lenguaje para que la gente se comunique. Fijémonos que, en estos momentos, se produce un extraño fenómeno comunicacional: centenares de miles de cadenas televisivas de todo el mundo están emitiendo unas señales de televisión, que si las pusiéramos todas juntas veríamos unas imágenes muy semejantes contrastando, en cambio, con una panoplia de diferentes lenguas. Es como una especie de selección natural de las imágenes; sólo «salen» las imágenes más espectaculares.

Una última reflexión sobre lengua, comunicación y poder me lleva, de la sociología a la política, a pensar en todo aquello que incide en la felicidad de las personas. La gente sufre mucho en el mundo, muchas personas tienen que emigrar de sus países de origen por que no tienen posibilidades de desarrollo. Ser inmigrante puede producir una sensación subjetiva bastante angustiosa: utilizar una lengua que no es la propia significa perder una gran parte de la capacidad de expresión. Uno mismo se siente incapaz y no es agradable vivir pensando que los demás perciben esas limitaciones, nos estamos refiriendo a aspectos que afectan al well-being de las personas.

Si en el siglo xxi queremos contribuir de alguna forma a que no se repitan los conflictos de los lagos en Ruanda o los dramas de los Balcanes –que hemos vivido muy directamente en Barcelona–, países que se vienen peleando desde el siglo xv, quizá debamos entender un poco mejor qué es la lengua, qué es el lenguaje, qué es la comunicación, y su relación con la política, en el mejor sentido de la palabra. Me parece muy relevante y de ahí surgió algo aparentemente insólito como que un municipio, un ayuntamiento, dé pleno apoyo a unos cursos sobre «Lenguaje, cognición y evolución» y «Tecnologías de la lengua».

Joan Clos, alcalde de Barcelona.

Este artículo forma parte del número 25 de Quark, Ciencia, Medicina, Comunicación y Cultura dedicado al HIV/sida.

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