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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Diálogo de lenguas, diálogo de culturas
Biomedia (Barcelona). Por
tercer año consecutivo, Barcelona acoge los cursos de verano sobre tecnologías
de la lengua, organizados por el Consorcio Universitario Internacional Menéndez Pelayo de Barcelona –
Centro Ernest Lluch, con el pleno apoyo del Ayuntamiento de Barcelona. Esta
iniciativa contribuye a que la ciudad de Barcelona cuente con un lugar físico e
intelectual en el que, anualmente, se reúnan todos aquellos que están, que
estamos, interesados en el ámbito de las ciencias cognitivas, y concretamente
en los avances más recientes en tecnologías de la lengua. En nuestras universidades y durante el curso
académico hay diversos departamentos dedicados, parcialmente, al estudio del
lenguaje desde la perspectiva de la cognición, pero nos gusta convertir el mes
de julio en una oportunidad en la que todos, profesores, estudiantes y
ciudadanos, puedan tener un punto de unión para compartir experiencias. ¿Por qué este interés por la
lengua? Primero, porque estamos en una ciudad bilingüe. Y éste es un fenómeno
muy importante. Barcelona es una ciudad bilingüe, con una cultura bilingüe, y
esto representa casi un experimento natural. En las encuestas se suele
preguntar a los barceloneses qué hablan normalmente, y el 50 % de la población
responde que castellano y el otro 50 %, catalán. De hecho, el resultado es tan
estable que constituye una variable de control sobre la calidad de la muestra.
Las encuestas incluyen otras preguntas: «¿Usted entiende el catalán?»,
«¿Entiende el castellano?». A la primera pregunta, el 94 % de la población
responde afirmativamente, sin problema alguno, y a la segunda, el 100 % lo hace
también en sentido afirmativo. Somos, por tanto, bilingües
plenamente competentes en ambas lenguas, dos lenguas con literatura propia, con
gramática y sintaxis diferenciada. Y éste es un capital muy interesante que
pocas ciudades del mundo desarrollado tienen (Montreal, Bruselas y algunas
ciudades de la frontera franco-alemana) y que nos hace peculiares. El bilingüismo efectivo,
práctico y cotidiano es una experiencia mucho más frecuente en culturas de
tradición colonial, en las que conviven la lengua de la antigua metrópolis con
las lenguas autóctonas, y donde hay otras estructuras de relación entre
lenguas. Pero tanto en Barcelona como en las otras urbes mencionadas, esa peculiaridad
nos hace interesantes como ciudad, al tiempo que nos proporciona las
condiciones objetivas para un análisis experimentado sobre el tema. Tanto es así que Barcelona
ha organizado el Forum Universal de las Culturas, un gran acontecimiento
cultural, de diálogo y festivo, que va a desarrollarse durante la primavera y
el verano del año 2004 y que tiene como objetivo celebrar un gran encuentro
sobre la convivencia. En el año 2004, queremos
hablar de cómo estructurar convivencias en el mundo. Desde el punto de vista de
la ciudad, donde nos interesa mucho garantizar que los barrios, las comunidades
étnicas o culturales, los ciudadanos y ciudadanas, convivan pacíficamente;
tenemos retos muy importantes, porque reunimos, y reuniremos cada vez más,
lenguas, culturas y religiones diferentes. Estamos intentando hacer un
ejercicio concreto, práctico y local de incrementar las posibilidades o
capacidades de convivencia, de vivir juntos sin problemas, sin peleas. Y me
parece que esto, en cierta forma, es una imagen, en pequeño, de lo que está
pasando en el mundo. Un mundo que se ha hecho global y que a la vez hemos
descubierto que es finito, de manera que para crecer o expandirse ya no sirve
la conquista de la tierra incógnita o de la tierra vacía. En el siglo xxi, tenemos que cambiar nuestro chip
político, y en lugar de la guerra de conquista deberíamos aprender a convivir
en un planeta finito. Aprender a convivir como en
las ciudades, con culturas, lenguas y sensibilidades diferentes que lleven a
una reflexión más política e inmediata, y huyan del unilateralismo, del
gobierno del mundo por parte de una sola cultura y de una sola lengua, hacia el
camino del pluriculturalismo y el plurilingüismo. Pero, para que exista
realmente un plurilingüismo, hay que aprender a convivir y a negociar nuestra
convivencia. Uno de los problemas
actuales de las ciudades modernas es el crecimiento de la población inmigrante
de procedencias muy diversas: y es que éste es un reflejo a pequeña escala de
un problema del mundo, que lo estamos viviendo en el día a día de nuestros
barrios. Estos cursos de la UIMP, sin
ir más lejos, se celebran en un barrio de Barcelona [Raval, en el distrito de
Ciutat Vella] en el que una tercera parte de la población es recientemente inmigrante.
En cualquiera de las plazas del Raval, y en conjunto en Ciutat Vella, tenemos
la posibilidad de charlar en tagalo, de practicar quechua, de ejercitarse en el
inglés hablado en Paquistán, o en chino, pero no el chino mandarín, porque los
15 000 inmigrantes chinos de Barcelona son prácticamente todos de la misma
ciudad, Ningbo, donde se habla una lengua que, por ejemplo, no entienden los
habitantes de Shanghai. En este contexto, al
proponer la celebración del Forum Universal de las Culturas del 2004, hemos
escogido la lengua como uno de los grandes temas básicos para reflexionar sobre
cómo estructurar la convivencia en el siglo xxi,
junto con el medio ambiente y las condiciones de la urbanización. ¿Qué va a pasar dentro de
cincuenta, setenta o cien años? ¿Va a continuar la disminución acelerada de las
lenguas que se está produciendo en el mundo, o se van a estabilizar unas pocas
lenguas? ¿Cómo se relaciona esto con el poder político y económico? ¿Cómo va a
afectar al sentimiento de identidad de cada ciudadano? ¿Cómo afectará a su
felicidad? De todo ello, en Cataluña y
en Barcelona tenemos experiencia y podemos hacer aportaciones significativas y
al mismo tiempo ser altamente receptivos. Y no porque lo hayamos estudiado,
sino porque somos una cultura que habla catalán, que lo habló durante años a
pesar de estar prohibido; convivimos con la evidencia del bilingüismo, no sólo
ni principalmente con su estudio. Y creo que todo ello, socialmente, es muy
interesante. Siempre he considerado, como
alcalde de esta ciudad, que la universidad y los departamentos de las distintas
universidades que tratan el tema de la lengua tienen una cierta «obligación
moral» –si se me permite la expresión– de hacer un esfuerzo de cross-fertilization, de situar a este
tema en un lugar relevante. A mí me gustaría que, dentro de veinte años,
Barcelona fuese una ciudad donde la gente pudiese decir que hay tres, cuatro o
cinco departamentos universitarios de primer orden a la hora de tratar los
diferentes aspectos tecnológicos, cognitivos, evolucionistas, de la lengua. Y
aprovecho la oportunidad que brinda esta Tribuna para manifestar que de esa
aspiración y de ese deseo nació esta iniciativa en la UIMP de Barcelona. Un día
conocí por Internet a un catalán que estaba en Pittsburg, Marsal Gavaldà, y
tras varios correos electrónicos entrecruzados explicándome en qué consistían
sus trabajos, le envié una respuesta-invitación para organizar este curso en
Barcelona. Más adelante, en los
preparativos del Forum Universal de las Culturas 2004 decidimos incorporar a la
agenda el tema de las tecnologías de la lengua. El resultado será una gran
exposición sobre lenguas, desarrollada por Ralph Appelbaum, uno de los
promotores de exposiciones más importantes del mundo; llevan su firma el Museo
Judío de Nueva York, el United States Holocaust Memorial Museum en Washington,
y el Newseum, un museo de las noticias, también en la capital estadounidense.
Así le propusimos que hiciese una gran exposición de 5000 m2 con
tecnología sobre la lengua. Appelbaum comentó que el reto era complicado pero
que aceptaba el proyecto, imaginándolo como un recorrido por la historia de la
lengua en el mundo, sobre las diferentes culturas y sus lenguas. Personalmente, me interesa
la lengua como comunicación; cómo se utiliza el lenguaje para que la gente se
comunique. Fijémonos que, en estos momentos, se produce un extraño fenómeno
comunicacional: centenares de miles de cadenas televisivas de todo el mundo
están emitiendo unas señales de televisión, que si las pusiéramos todas juntas
veríamos unas imágenes muy semejantes contrastando, en cambio, con una panoplia
de diferentes lenguas. Es como una especie de selección natural de las
imágenes; sólo «salen» las imágenes más espectaculares. Una última reflexión sobre
lengua, comunicación y poder me lleva, de la sociología a la política, a pensar
en todo aquello que incide en la felicidad de las personas. La gente sufre
mucho en el mundo, muchas personas tienen que emigrar de sus países de origen
por que no tienen posibilidades de desarrollo. Ser inmigrante puede producir
una sensación subjetiva bastante angustiosa: utilizar una lengua que no es la
propia significa perder una gran parte de la capacidad de expresión. Uno mismo
se siente incapaz y no es agradable vivir pensando que los demás perciben esas
limitaciones, nos estamos refiriendo a aspectos que afectan al well-being de las personas. Si en el siglo xxi queremos contribuir de alguna forma
a que no se repitan los conflictos de los lagos en Ruanda o los dramas de los
Balcanes –que hemos vivido muy directamente en Barcelona–, países que se vienen
peleando desde el siglo xv, quizá
debamos entender un poco mejor qué es la lengua, qué es el lenguaje, qué es la
comunicación, y su relación con la política, en el mejor sentido de la palabra.
Me parece muy relevante y de ahí surgió algo aparentemente insólito como que un
municipio, un ayuntamiento, dé pleno apoyo a unos cursos sobre «Lenguaje,
cognición y evolución» y «Tecnologías de la lengua». Joan Clos, alcalde de
Barcelona. Este artículo forma parte del número 25 de Quark, Ciencia, Medicina, Comunicación y
Cultura dedicado al HIV/sida. |
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