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¿Hacia una televisión científica europea?

Gabriel Stekolschik 28/02/03

Biomedia (Barcelona). La televisión y la ciencia, según el prisma con que se miren, pueden parecer antagonistas. Mientras una busca la excelencia y es desarrollada por expertos, la otra es generalista y se dirige, casi siempre, a todo el espectro de la sociedad. Pero cada día más, aparecen voces que buscan acercar conceptos y posiciones que permitan relacionar de forma más natural estas dos herramientas. Una prueba clara de ello es la Muestra de Vídeo Científico que está desarrollando la Universidad de Barcelona; otra, las declaraciones de Philippe Busquin, comisario de Investigación de la Comisión Europea, sobre la necesidad de un «espacio europeo de televisión científica». Ambas están abriendo nuevos aspectos en el debate acerca de cómo comunicar la ciencia en la llamada sociedad del conocimiento.

Las palabras de Busquin, sobre la creación de una espacio de televisión científica en Europa son muy acertadas, si se toman en cuenta los resultados de una encuesta efectuada por el Eurobarómetro. Éste indica que dos de cada tres europeos «prefiere ver programas de televisión sobre ciencia y tecnología que leer artículos sobre estas materias». Lo significativo de esa proporción no deja lugar a dudas sobre la importancia de los medios audiovisuales como vehículo de difusión del conocimiento. Pero lo que aún se está cuestionando es el modo en que la televisión divulga las disciplinas científicas. Por ejemplo, uno de los problemas a que se enfrenta la divulgación, a la hora de intentar democratizar el conocimiento, es que suele ser relegada a horarios marginales, dirigidos a sectores muy limitados del público. Además, en la comunicación de la ciencia suele privilegiarse el espectáculo antes que la transmisión de conocimientos, y los presupuestos de producción con que se cuenta son escasos.

En este contexto, Busquin reclamó un enfoque europeo para la producción de programas de televisión científicos, considerando que «el público no puede ignorar por más tiempo a la ciencia». Si bien no se han dado precisiones al respecto, la posibilidad de un espacio continental de televisión científica asoma como una alternativa probable.

Pero, ¿sería deseable una cadena temática europea que abarque el ámbito de la ciencia y la tecnología? «Es bueno que pueda haber un canal específico para comunicar la ciencia, pero no creo que sea la herramienta más útil», señala Vladimir de Semir, director del Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona. Para De Semir, es mejor que el espectador se encuentre con buenos programas de divulgación y debate sobre temas científicos dentro de la programación general, ya que «lo importante es que haya un poco de ciencia en todas partes, porque el problema de los canales temáticos es que tienen un público adicto pero no generan nueva audiencia».

En el mismo sentido, Eduard Punset, conductor de Redes –programa de divulgación científica de la televisión pública española- opina que «las ciencias naturales han demostrado que tienen audiencia, incluso en las televisiones generalistas». Para él, la comunicación de la ciencia por televisión «debe ser la obra de un equipo multidisciplinar de científicos con vocación periodística, y de periodistas con vocación científica», lo cual, según Punset, es una tarea muy ardua: «Me ha tomado ocho años fabricar un equipo de estas características», dice.

Dos modelos

Pese a las diferencias existentes en las políticas audiovisuales de los estados de la Unión Europea, se reconoce la existencia de un modelo europeo de televisión, caracterizado por la voluntad de servicio público y contrapuesto en gran medida al modelo americano de producción, más supeditado a las leyes del mercado.

En este escenario, se verifica un ingreso progresivo de ideas y productos norteamericanos cuyo formato se centra en la espectacularidad, antes que en la transmisión de conocimiento. «Si las subvenciones a la producción y emisión no van acompañadas de medidas que promuevan el desarrollo de un tejido industrial capaz de competir en el mercado global, ocurrirá algo similar a lo que viene sucediendo en el ámbito del cine de ficción, donde la producción europea apenas puede competir con la industria de Hollywood», afirma Bienvenido León, profesor de divulgación científica audiovisual de la Universidad de Navarra, para quien la tradicional dependencia europea de la protección oficial a la cultura es un riesgo.

Entusiasmado con la posibilidad de un espacio paneuropeo de televisión científica como medio para que la ciencia se integre realmente a las culturas europeas, León propone combinar la producción institucional pública con las producciones independientes. «También, deberían potenciarse las coproducciones europeas, así como las de empresas europeas con norteamericanas, como lo vienen haciendo desde hace años la BBC y Discovery».

Pensando en el formato para desarrollar los contenidos, Punset añade otros elementos a la propuesta: «Se deben utilizar las técnicas de la publicidad, que consideran los tiempos de atención del televidente, y contar historias y fabricar tramas, como lo hace el cine».

Una decisión política

El sector audiovisual europeo dispone de un mercado potencial de 350 millones de habitantes -significativamente mayor que el norteamericano- a la espera de un impulso económico y normativo que promueva la emisión de programas de divulgación científica de calidad en horarios de máxima audiencia.

En este sentido, para Vladimir de Semir «la Comisión Europea debería marcar una directiva clara para que los respectivos gobiernos se tomen en serio el que haya buena ciencia en los programas de sus televisiones».

Bienvenido León coincide en la necesidad de que los estados de la Unión Europea intervengan eficazmente, «solo así será posible que se asigne a las producciones recursos suficientes para garantizar su calidad y competir con los programas de puro entretenimiento».

La mejora cualitativa, como requisito para conquistar espacios en horarios centrales y revertir la imagen de «aburrida y académica» que asusta a los directores de las cadenas de TV, demandaría un estudio previo de lo que actualmente se emite. «Habría que analizar en profundidad qué ciencia y cuánto de mistificación de la ciencia se hace a través de los programas de televisión, para –después- poder hacer recomendaciones adecuadas a cada gobierno», sostiene Vladimir de Semir, quien además es miembro de la European Network of Science Communication Teachers (ENSCOT) y del comité ejecutivo de la red internacional Public Communication of Science and Technology.

En definitiva, si «el público no puede ignorar por más tiempo a la ciencia», como declaró Busquin, de lo que se trata es de volver a la idea de que la televisión es un vehículo no sólo de divertimento sino, además, de formación ciudadana.

En cualquier caso, la discusión sobre la posibilidad de un espacio europeo de televisión científica como medio para mejorar la relación entre el público y el conocimiento sólo acaba de empezar.

Gabriel Stekolschik es periodista científico y profesor adjunto de periodismo científico en la Universidad CAECE (Buenos Aires, Argentina) y bioquímico de la Universidad de Buenos Aires.

Más información en Biomedia:
Busquin reclama un espacio europeo de televisión científica. Gabriel Stekolschik (14/02/03)
Philippe Busquin, comisario europeo de Investigación y Desarrollo: «Hacen falta más y mejores científicos en Europa». Raimundo Roberts (31/05/02)

Más información en la Red:
Muestra de Vídeo Científico de la Universidad de Barcelona: http://audiovisuals.ub.es/mostresvideo
CORDIS. Servicio de información sobre investigación y desarrollo de la Comisión Europea: http://www.cordis.lu/news/es

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