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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones ¿Hacia una televisión científica europea?
Biomedia
(Barcelona). La televisión y la ciencia, según
el prisma con que se miren, pueden parecer antagonistas. Mientras una busca la
excelencia y es desarrollada por expertos, la otra es generalista y se dirige,
casi siempre, a todo el espectro de la sociedad. Pero cada día más, aparecen
voces que buscan acercar conceptos y posiciones que permitan relacionar de
forma más natural estas dos herramientas. Una prueba clara de ello es la Muestra de Vídeo Científico
que está desarrollando la Universidad de Barcelona;
otra, las declaraciones de Philippe
Busquin, comisario de Investigación de la Comisión Europea, sobre la
necesidad de un «espacio europeo de televisión científica». Ambas están
abriendo nuevos aspectos en el debate acerca de cómo comunicar la ciencia en la
llamada sociedad del conocimiento. Las
palabras de Busquin, sobre la creación de una espacio de televisión científica
en Europa son muy acertadas, si se toman en cuenta los resultados de una
encuesta efectuada por el Eurobarómetro.
Éste indica que dos de cada tres europeos «prefiere ver programas de televisión
sobre ciencia y tecnología que leer artículos sobre estas materias». Lo
significativo de esa proporción no deja lugar a dudas sobre la importancia de
los medios audiovisuales como vehículo de difusión del conocimiento. Pero lo
que aún se está cuestionando es el modo en que la televisión divulga las
disciplinas científicas. Por ejemplo, uno de los problemas a que se enfrenta la
divulgación, a la hora de intentar democratizar el conocimiento, es que suele
ser relegada a horarios marginales, dirigidos a sectores muy limitados del
público. Además, en la comunicación de la ciencia suele privilegiarse el
espectáculo antes que la transmisión de conocimientos, y los presupuestos de
producción con que se cuenta son escasos. En
este contexto, Busquin reclamó un enfoque europeo para la producción de programas
de televisión científicos, considerando que «el público no puede ignorar por
más tiempo a la ciencia». Si bien no se han dado precisiones al respecto, la
posibilidad de un espacio continental de televisión científica asoma como una
alternativa probable. Pero,
¿sería deseable una cadena temática europea que abarque el ámbito de la ciencia
y la tecnología? «Es bueno que pueda haber un canal específico para comunicar
la ciencia, pero no creo que sea la herramienta más útil», señala Vladimir de Semir,
director del Observatorio de la Comunicación
Científica de la Universidad Pompeu Fabra
de Barcelona. Para De Semir, es mejor que el espectador se encuentre con buenos
programas de divulgación y debate sobre temas científicos dentro de la
programación general, ya que «lo importante es que haya un poco de ciencia en
todas partes, porque el problema de los canales temáticos es que tienen un
público adicto pero no generan nueva audiencia». En
el mismo sentido, Eduard Punset, conductor de Redes –programa de divulgación
científica de la televisión pública española- opina que «las ciencias naturales
han demostrado que tienen audiencia, incluso en las televisiones generalistas».
Para él, la comunicación de la ciencia por televisión «debe ser la obra de un
equipo multidisciplinar de científicos con vocación periodística, y de periodistas
con vocación científica», lo cual, según Punset, es una tarea muy ardua: «Me ha
tomado ocho años fabricar un equipo de estas características», dice. Dos modelos Pese
a las diferencias existentes en las políticas audiovisuales de los estados de
la Unión Europea, se reconoce la existencia de un modelo europeo de
televisión, caracterizado por la voluntad de servicio público y contrapuesto en
gran medida al modelo americano de producción, más supeditado a las
leyes del mercado. En
este escenario, se verifica un ingreso progresivo de ideas y productos
norteamericanos cuyo formato se centra en la espectacularidad, antes que en la
transmisión de conocimiento. «Si las subvenciones a la producción y emisión no
van acompañadas de medidas que promuevan el desarrollo de un tejido industrial
capaz de competir en el mercado global, ocurrirá algo similar a lo que viene
sucediendo en el ámbito del cine de ficción, donde la producción europea apenas
puede competir con la industria de Hollywood», afirma Bienvenido
León, profesor de divulgación científica audiovisual de la Universidad de Navarra, para quien la
tradicional dependencia europea de la protección oficial a la cultura es un
riesgo. Entusiasmado
con la posibilidad de un espacio paneuropeo de televisión científica como medio
para que la ciencia se integre realmente a las culturas europeas, León propone
combinar la producción institucional pública con las producciones
independientes. «También, deberían potenciarse las coproducciones europeas, así
como las de empresas europeas con norteamericanas, como lo vienen haciendo
desde hace años la BBC y Discovery». Una decisión política El
sector audiovisual europeo dispone de un mercado potencial de 350 millones de
habitantes -significativamente
mayor que el norteamericano- a la espera
de un impulso económico y normativo que promueva la emisión de programas de divulgación
científica de calidad en horarios de máxima audiencia. En
este sentido, para Vladimir de Semir «la Comisión Europea debería marcar una
directiva clara para que los respectivos gobiernos se tomen en serio el que
haya buena ciencia en los programas de sus televisiones». Bienvenido
León coincide en la necesidad de que los estados de la Unión Europea
intervengan eficazmente, «solo así será posible que se asigne a las
producciones recursos suficientes para garantizar su calidad y competir con los
programas de puro entretenimiento». La
mejora cualitativa, como requisito para conquistar espacios en horarios
centrales y revertir la imagen de «aburrida y académica» que asusta a los
directores de las cadenas de TV, demandaría un estudio previo de lo que actualmente
se emite. «Habría que analizar en profundidad qué ciencia y cuánto de
mistificación de la ciencia se hace a través de los programas de televisión,
para –después- poder hacer
recomendaciones adecuadas a cada gobierno», sostiene Vladimir de Semir, quien
además es miembro de la European Network of Science
Communication Teachers (ENSCOT) y del comité ejecutivo de la red
internacional Public
Communication of Science and Technology. En definitiva, si «el público no
puede ignorar por más tiempo a la ciencia», como declaró Busquin, de lo que se
trata es de volver a la idea de que la televisión es un vehículo no sólo de
divertimento sino, además, de formación ciudadana. En cualquier caso, la discusión
sobre la posibilidad de un espacio europeo de televisión científica como medio
para mejorar la relación entre el público y el conocimiento sólo acaba de
empezar. Gabriel Stekolschik
es periodista científico y profesor adjunto de periodismo científico en la
Universidad CAECE (Buenos Aires, Argentina) y bioquímico de la Universidad de
Buenos Aires. Más información en Biomedia: |
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