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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones De la cama al microscopio: ¿ante un nuevo paradigma de reproducción humana?
Biomedia (Barcelona). El 19 y el 20 de febrero del 2004 se realizaron en la
Universidad Pompeu Fabra (UPF) de
Barcelona dos conferencias impartidas
por el doctor Carl Djerassi, profesor emérito de Química de la Universidad de
Stanford y creador del primer compuesto sintético que daría lugar a la píldora
anticonceptiva. En su trabajo como científico ha dedicado un importante esfuerzo
a la divulgación de la ciencia a través de libros, obras de teatro y
conferencias como las dictadas en la Facultad
de Ciencias Experimetales y de la Vida de la UPF: «Sex in an Age of
Mechanical reproduction», y «New directions for the Humanities: A Scientist’s
Perspective», en la Facultat de Humanidades de esta misma Universidad. Las
conferencias fueron organizadas por la UPF y la Societat
Catalana de Química. «La próxima revolución será la fertilización humana bajo el microscopio
y no en la cama», sentenció el eminente científico, y en este tono provocador
transcurrió la charla con que Carl Djerassi, de un modo muy original, puso en
el tapete el tema de las relaciones de poder entre hombres y mujeres,
postulando el fin de la actual era de la anticoncepción y la llegada de un
nuevo orden reproductivo, donde las mujeres dominarán su propia reproducción.
Todo ello ocurrió en la conferencia «El sexo en la era de la reproducción
mecánica», que el padre de la píldora anticonceptiva dictó el pasado 19 de
febrero en Barcelona, invitado por la Universidad Pompeu Fabra. Casi un
centenar de estudiantes de Biología, periodistas y público interesado en el
tema y en el mismo Djerassi disfrutaron, risueños y algo escandalizados, de las
palabras de un hombre que, sin duda, ha aprovechado a fondo sus ochenta años de
vida. Del estiércol de cocodrilo
a la noretindrona Si
bien la necesidad de espaciar la reproducción ya aparece reflejada en textos
médicos de civilizaciones tan antiguas como la griega o la egipcia,
probablemente la anticoncepción no fue considerada necesaria para la humanidad
hasta bien entrado el siglo XX. Desde tiempos bíblicos, la frase «sé fructífero
y procrea» ha sido considerada una especie de mandato a lo largo de la
historia. Sin
embargo, desde que en 1798 Thomas Malthus escribe Un Ensayo sobre los Principios de Población, en el que pronostica
que el crecimiento geométrico de la población sobrepasaría la expansión
aritmética de los recursos, sus novedosos argumentos modificaron radicalmente
la visión demográfica hasta entonces contemplada y lograron, además, que los
temas reproductivos se tornasen materias de conversación respetables. Así,
cuando en el último siglo la tasa de mortalidad comienza a reducirse
considerablemente gracias al avance de la medicina, aumentan las presiones
demográficas tanto para familias como para ciudades, países y para el mundo en
general. Es entonces cuando, para muchos, la especulación maltusiana comienza a
hacerse tangible. Pero
así como los avances médicos son los principales responsables del aumento
demográfico, también lo son del control de la natalidad. Ya en el primer texto
médico del que se tiene noticia, El
Papiro de Petri, del año 1850 a.C., figuraban recetas anticonceptivas:
mientras algunas aconsejaban el uso de excremento de cocodrilo o de elefante,
otras fórmulas menos excéntricas consistían en miel y bicarbonato de sodio
natural, pasando por agua y
vinagre, agua y limón o algunos aceites. La
primera descripción de un condón se encontró en la obra del ilustre anatomista
Gabriel Fallopio (1523-1562), aunque también existe evidencia de que en las
antiguas Grecia y Roma ya se utilizaban membranas animales (vejiga e intestino)
a manera de condones, tanto para evitar el paso del semen a la cavidad uterina
como para evitar la propagación de enfermedades venéreas. En pocas palabras,
desde la más remota antigüedad, la humanidad se ha valido de todo tipo de
estrategias para evitar el embarazo. Desde métodos simples como la abstinencia
periódica, hasta elaboraciones de recetas espermicidas tan exóticas (como el
citado excremento de cocodrilo) o el uso de membranas animales a modo de látex. Sin
embargo, el cambio que supuso la aparición de la píldora, según Djerassi, es
que «por primera vez en la historia, un método proporcionaba a la mujer el
control sobre su fertilidad», ya que «los medios tradicionales (preservativos, coitus interruptus o el ciclo de la
fertilidad, por ejemplo), dependen de una pareja que se preste a ello». Carl
Djerassi tenía 28 años cuando realizó su sensacional descubrimiento en una poco
conocida compañía llamada Syntex, ubicada en la Ciudad de México. Allí logró
sintetizar una variante de la hormona progesterona que podía administrarse, en
lugar de por inyección, por vía oral: la noretindrona. Era el 15 de octubre de
1951 y la píldora anticonceptiva oral se convertía en algo viable, a pesar de
que aún tendrían que transcurrir nueve años antes de su comercialización. Y la píldora… ¿al museo? Seguramente, el químico sintetizador de la noretindrona ha
contribuido más a la liberación femenina que todos los fabricantes de
electrodomésticos juntos: inventó la píldora anticonceptiva que hoy consumen
100 millones de mujeres. Paradójicamente, este acérrimo defensor de la anticoncepción
oral, que durante medio siglo luchó por brindar a la mujer la posibilidad de no
quedar embarazada, ahora pronostica que la primera etapa del nuevo milenio será
recordada como el período de la
concepción. «Con el constante avance de las tecnologías de reproducción
asistida, estamos presenciando la separación gradual del sexo y la
fertilización, de manera que el sexo se dará sobre la cama y la fertilización,
bajo el microscopio». El padre de la píldora está convencido de que esta
separación terminará desplazando el balance de poder reproductivo hacia los
dominios de la mujer. Según
recordó Djerassi, la primera técnica de fertilización asistida, desarrollada en
1977 por Steptoe y Edwards en el Reino Unido, produjo como resultado al primer
«bebé probeta». Desde aquellos días, cerca de 1 millón de niños han nacido en
el mundo como consecuencia de la exposición de un óvulo materno a millones de
espermatozoides en un tubo de ensayo. Y
más aún, «sólo algo más de 10 años después, en Bélgica, nacía un nuevo método
para el tratamiento de la oligospermia: la inyección intracitoplasmática de
esperma (en inglés, ICSI)», agregó el experto. Así es como, en 1992, un grupo
de investigadores lograban fertilizar un óvulo humano por inyección directa de
un espermatozoide con una pipeta y bajo el microscopio, y más de 10 000 niños
«ICSI» han nacido desde entonces. Muy
bien. Gracias a estas técnicas, una pequeña parte de la población −y sólo
de un sector privilegiado del mundo− con problemas de esterilidad, pudo
ver realizado su sueño del hijo propio. Pero nuestro conferenciante todavía va
un paso más allá cuando plantea a la audiencia la siguiente pregunta: «¿por qué
utilizaría este método alguien normal?»
Aprovechando sus dotes de autor de teatro, el polifacético Djerassi se
valió de la lectura dramatizada de un
fragmento de su obra «An immaculate misconception» para responder a la
pregunta. Sus
protagonistas, la Dra. Melanie Laidlaw, una bióloga de la reproducción que en
la obra es la inventora del ICSI, y su colega clínico, el Dr. Felix
Frankenthaler, debaten, a lo largo del pasaje interpretado, las posibles
aplicaciones del método: FELIX:
«Antes de que puedas darte cuenta, será más fácil encontrar la píldora en un
museo del siglo XX que en una farmacia. ¡Las mujeres solteras usarán el ICSI
para transformarse en las amazonas del siglo XXI!» MELANIE:
«¡Olvídate de las amazonas! Piensa en las mujeres que no han encontrado la
pareja adecuada…o han estado saliendo con un piojoso… o en mujeres que justo
quieren un hijo cuando ya es muy tarde… en otras palabras… mujeres como yo.» Sobre el impacto de los
descubrimientos científicos Cada
cierto tiempo, la comunidad científica hace un descubrimiento que trasciende su
propio campo para alcanzar una dimensión social. Y uno de ellos fue el de
Djerassi, quien produjo el primer esteroide anticonceptivo oral, a la venta por
primera vez en 1960. Aunque, según contaría 30 años más tarde a la BBC,
su objetivo inicial era simplemente el de sintetizar una hormona, lo que
produjo fue una bomba social que para muchos representó un importante motor en
la llamada «revolución sexual» y en la liberación femenina. De
la misma manera, Dejrassi intentó, en su conferencia, vislumbrar la magnitud
del impacto de las nuevas técnicas de fertilización asistida como el ICSI y,
aunque este químico es uno de los hombres que con mayor propiedad puede hablar
sobre la reproducción y la anticoncepción humana, las extrapolaciones sobre
estas nuevas técnicas, sin ninguna duda, dependerán del lado del mundo desde el
que lo miremos. Para
Djerassi, el futuro se presenta basado en una revolución de la reproducción que
se liberará totalmente del sexo. Y su argumento se basa en el creciente acceso
a las técnicas de fertilización asistida como el ISCI en las sociedades
pertenecientes al mundo geriátrico
–como llama Djerassi al primer mundo– tales como Europa y Japón, donde el 20%
de la población supera los 60 años. Pero
aún en estos países, el costo de estas tecnologías reproductivas es tal que
sólo los más ricos pueden pagarlas. Por otro lado, según expresa Djerassi, tres
cuartas partes de la población mundial pertenecen a lo que él denomina mundo pediátrico (África, Asia y
Latinoamérica) y, por tanto, dado que en estos países más del 40% de sus
habitantes tiene menos de 15 años de edad, será la anticoncepción y no la
concepción la estrategia buscada. Por
ello, frente a la utopía de Djerassi, contada de la forma más extraordinaria y
cautivadora, la realidad nos indica que sólo un mínimo porcentaje de este mundo pediátrico usa la píldora, y
muchos millones seguirán probablemente con el agua y el limón. Cabe
preguntarse, entonces, ¿para qué clase de mujeres la predicción de Djerassi es
un escenario posible? Probablemente, solteras, profesionales y del primer
mundo. Ello nos indica que es posible que estemos ante un nuevo paradigma de
reproducción, pero, ¿para qué humanidad? Victoria Mendizábal es doctora en
Farmacología por la Universidad de Buenos Aires, máster en Comunicación
Científica por la UPF y colaboradora del Observatorio de la Comunicación
Científica. Más
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