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Prevención del tabaquismo

Joan R. Villalbí 30/05/03

Biomedia (Barcelona). El año 2003 será candidato a quedar en la memoria como uno de los mejores años en la lucha contra el tabaquismo. Además de las nuevas disposiciones sobre la publicidad del tabaco en el ámbito europeo y mundial, el pasado 21 de mayo la Organización Mundial de la Salud (OMS) aprobó por unanimidad la Convención para el Control del Tabaco (FCTC en inglés), en un esfuerzo por evitar que cada año mueran unos cinco millones de personas por tabaquismo, mientras la adicción avanza entre mujeres jóvenes y adolescentes.

La FCTC fue aprobada por los 192 integrantes de la OMS y obliga a los signatarios a imponer restricciones en la publicidad, venta y promoción del tabaco, establecer nuevos reglamentos para limpiar con filtros de aire los espacios destinados a los fumadores y hacer campañas contra el tabaquismo. A continuación le ofrecemos un artículo realizado por uno de los expertos nacionales en tabaquismo y salud pública, Joan Villalbí, de la Agencia de Salud Pública de Barcelona.

Introducción

El tabaco es la principal causa de cáncer en nuestro país. El crecimiento sostenido del cáncer en las últimas décadas se debe al impacto del tabaco sobre los cánceres, especialmente el cáncer de pulmón en los varones. Se vislumbra un inicio de declive del cáncer de pulmón en los varones de edad media de Barcelona, relacionado con un abandono creciente y más precoz del tabaquismo. La única forma en que es viable disminuir la incidencia del cáncer en nuestro medio y la mortalidad por cáncer de pulmón es reduciendo el consumo de tabaco. Al ser el tabaco adictivo, esto requiere acciones concretas, para ayudar a los fumadores y para desincentivar su consumo.

La situación de la epidemia

La epidemia del tabaquismo en España ha tenido peculiaridades1. Por un lado, condicionantes económicos llevaron a enlentecer su expansión: durante años, España tuvo una prevalencia alta con un consumo medio bajo, gran parte de los fumadores fumaban poco debido a su relativa pobreza. Por otra parte, la existencia de un monopolio ha dificultado la regulación: la privatización de Tabacalera es muy reciente, y hasta entonces consideraciones ajenas a la salud pesaron de forma directa en la política del Gobierno. Durante la dictadura, el descubrimiento de los efectos del tabaco sobre la salud no tuvo efecto práctico ninguno en España, al contrario de lo que sucedió en países democráticos, en los que los poderes públicos se vieron impelidos a regularlo. Precisamente, la recuperación tardía de la democracia ha tenido otro efecto: durante años, las exigencias sociales en sanidad se dirigían a mejorar los dispositivos asistenciales, cuya situación al final de la dictadura estaba muy alejada de las necesidades y preferencias de la población. En este contexto, las primeras iniciativas dirigidas a intervenir sobre el tabaco fueron criticadas como tendentes a desviar la atención de otros aspectos. Finalmente, la existencia de una elevada prevalencia del tabaquismo en profesiones clave ha sido un obstáculo para avanzar: los médicos fumadores no suelen abordar el tabaquismo de sus pacientes, y sus corporaciones profesionales no han tenido un papel preventivo destacado.

La evolución de la epidemia tabáquica en los últimos años muestra algunas tendencias globales esperanzadoras. Se aprecia una clara disminución entre los varones, con un cierto incremento (o quizá sólo estancamiento) en las mujeres. Se registra una probable disminución de la incidencia respecto a años anteriores2. Aparece un gradiente social desde los años ochenta en los varones, y de forma más incipiente en las mujeres3. Los ex fumadores alcanzan un peso social visible, y además se producen muchas cesaciones relativamente precoces. En profesiones clave como los médicos, la disminución del tabaquismo es intensa.

Paralelamente, se han producido algunas iniciativas muy positivas. La realidad autonómica dificulta una regulación homogénea, pero en cambio ha favorecido la adopción de innovaciones en algunas comunidades autónomas, que en general han tendido a inspirar a otras (prohibición de la venta a menores, espacios sin humo, restricción de la promoción…) o bien han suscitado legislación general del mismo Gobierno central. Por otra parte, la regulación de diversos aspectos del mercado interno desde la Unión Europea ha llevado a la adopción en España de diversas políticas de valor preventivo en el campo fiscal, de la publicidad en televisión, o de las advertencias a los consumidores. El movimiento de prevención ha iniciado un desarrollo más coordinado, plasmado en la creación del Comité Nacional de Prevención del Tabaquismo, que ha logrado una cierta visibilidad mediática4.La aprobación en el Consejo Interterritorial de Salud de enero del 2003 del Plan Nacional para la Prevención y el Control del Tabaquismo por el Ministerio y las Consejerías de Sanidad es prometedora.

Al mismo tiempo, se aprecian algunas tendencias preocupantes que hay que tener en cuenta. Destaca la respuesta de la industria para impedir la regulación de la promoción del tabaco y de espacios sin humo, desvelada en los medios de comunicación5. Otro aspecto es el incremento en los puntos de venta, mediante máquinas automáticas y establecimientos (quioscos, gasolineras…). Asimismo, el contrabando organizado ha sido una característica de la última década, con cuotas de mercado cercanas al 20%, hasta que progresos recientes parecen haber cambiado el panorama6. La entrada en vigor de regulaciones sobre espacios sin humo ha puesto de manifiesto los problemas que plantea su cumplimiento: una organización de consumidores documentó recientemente niveles muy variables de cumplimiento, aunque se han documentado avances7,8. La ofensiva de la industria por establecer canales de promoción basados en la publicidad indirecta y el patrocinio, resistentes a la regulación, ha evidenciado los límites de una normativa simplista.

Problemas prioritarios

La protección de los adolescentes es un objetivo prioritario y suscita el mayor consenso social. Sin embargo, es el más difícil, pues lleva a enfrentarse directamente con los esfuerzos de promoción de la industria tabaquera, que necesita reclutar nuevos adictos para sustituir a los que fallecen o abandonan el hábito. Por tanto, una política efectiva de protección de los jóvenes pasa por la regulación estricta de la publicidad y la promoción promovidas por la industria tabaquera. También lleva a revisar la regulación de la venta a menores, que en algunas comunidades autónomas está prohibida hasta los 18 años y en otras sólo hasta los 16 años. Esto plantea la cuestión de la venta ilegal a menores, directamente o mediante máquinas expendedoras que violan las normas vigentes, y de cómo impedirla. Se ha documentado la frecuente venta doblemente ilegal de cigarrillos sueltos a adolescentes en el entorno de las escuelas secundarias. Muchos entornos en que los adolescentes estudian y pasan el tiempo no son espacios sin humo. En la medida en que disminuye el número de adultos fumadores y se amplían los espacios sin humo, cambia la percepción social del tabaquismo por los menores.

La otra cuestión prioritaria es facilitar dejar de fumar a la amplia mayoría de fumadores que lo desea. Este objetivo choca con el hecho de que la adicción a la nicotina es muy intensa. En nuestra población de fumadores, muchos están en la fase de precontemplación, necesitando un detonante para la cesación. La existencia de espacios sin humo en el entorno contribuye al proceso. Los profesionales sanitarios pueden desempeñar un papel clave. Identificar a los pacientes fumadores y proporcionarles consejo mínimo debería ser parte de la atención rutinaria, ya que produce efectos modestos pero visibles: un 5% de los pacientes aconsejados dejan de fumar al cabo del año9, y cuando se ha hecho un esfuerzo sistemático se puede alcanzar un 18% en tres años10. Sin embargo, muchos médicos no tienen tiempo, habilidades o motivación para este esfuerzo. Una revisión reciente documentó que muchos centros de salud son activos en este campo, pero menos que para otros factores de riesgo11, este mismo estudio mostró que el 7,6 % de los fumadores aconsejados dejaron de fumar, un resultado favorable al compararse con el 5% esperable según estudios iniciales9.

Estrategias de actuación

Una forma de responder es desarrollando programas desde los servicios sanitarios orientados a la cesación y a la prevención. Es una respuesta que no suscita controversias, con una perspectiva biomédica: suscitar abandonos precoces en los fumadores se traduce a medio plazo en menos enfermedad evitable. En esta línea hay que destacar las acciones orientadas a generalizar la intervención de los profesionales sanitarios. Ejercen también un papel la disponibilidad de terapias farmacológicas, la existencia de recursos especializados, las líneas telefónicas o los métodos de apoyo por correo o Internet. El problema es que para afrontar el flujo de nuevos fumadores que las acciones de promoción de la industria generan, habría que movilizar un volumen de recursos considerable. En España, alguna de estas líneas se ha ido desarrollando, especialmente desde los servicios reformados de atención primaria de salud. Las unidades de tabaquismo se han extendido sin una cobertura integral, aunque diversas comunidades autónomas parecen mejorar su cobertura. Las terapias farmacológicas no son cubiertas por el Sistema Nacional de Salud fuera del País Vasco y Navarra (salvo mediante esquemas piloto). No se dispone de líneas telefónicas de apoyo a la cesación excepto experiencias de cobertura muy limitada. Además de la progresiva extensión de los programas del tipo Día mundial sin tabaco o Quit and win, destaca la experiencia de apoyo por correo en Galicia12, 13.

La otra forma de respuesta, que permite un planteamiento más integral, se basa en el desarrollo de políticas públicas dirigidas a los determinantes del tabaquismo para alcanzar niveles de prevención elevados. Esto implica abordar aspectos fiscales, de regulación de la venta, de la publicidad y la promoción del tabaco, de regulación del contenido de los productos tabáquicos, de información al consumidor, y de protección general al público mediante el impulso de políticas dirigidas a generalizar espacios sin humo. Estas políticas en España sólo se han desarrollado de forma parcial, pero la transposición de directivas europeas ha tenido un papel importante en los últimos años. Para progresar, el movimiento de prevención debe introducir la problemática relacionada con el tabaco y su control en el debate político global, impulsar la adopción de políticas preventivas claras, y velar posteriormente por su aplicación efectiva. Hacer visible el consenso social es una prioridad absoluta. Se trata de hacer explícita la demanda social de regulación, y de desvelar las estrategias de la industria dirigidas a crear oposición a la regulación y suscitar falsas controversias5.

Esta respuesta parece especialmente relevante a la luz de la experiencia de diversos programas de prevención primaria basados en programas educativos en el marco escolar. Su evaluación revela la necesidad de desarrollar estrategias que no se restrinjan al interior de las aulas, sino que se proyecten también al conjunto del medio escolar y al marco comunitario. Si metaanálisis recientes han destacado la mayor efectividad de los programas que trabajan sobre variables cognitivas (como las influencias sociales, la autoeficacia y las habilidades de rechazo), para el futuro se imponen aproximaciones más integrales14. Hay que contemplar el conjunto de las políticas públicas relacionadas con el tabaco de manera integral.

Acciones clave

Política fiscal

Parece necesario elevar el precio del tabaco mediante una política fiscal más orientada a la salud. Se debería modificar la carga impositiva de manera que su impacto sobre el precio final de venta al público fuera mayor. Esto es posible si se pasa de una estructura de impuestos fijados en un porcentaje del precio (como el impuesto sobre el valor añadido y el impuesto especial sobre el tabaco) a una estructura basada en importes lineales elevados, como en Irlanda o Gran Bretaña. De otro modo la industria mantiene un abanico de productos con opciones que, teniendo una carga de impuestos cercana al 70% del precio, siguen siendo muy asequibles.

Regular la publicidad y otras formas de promoción

La publicidad está hoy sólo parcialmente regulada en España, que es el país de la Unión Europea más permisivo con la promoción del tabaco. La Directiva Europea del 2003 se limita a los medios transfronterizos, y por tanto pone sobre la mesa del Gobierno central la necesidad de desarrollar una normativa propia, que proteja a los adolescentes de la presión al consumo que realiza la industria, y que ha de tener un alto nivel de exigencia, como el conseguido en Francia. Las formas de promoción basadas en el regalo de muestras de cigarrillos, o el canje de paquetes en fiestas de promoción pueden y deben ser prohibidas. Debe conseguirse que la única forma de acceso al tabaco sea su compra por un adulto a un establecimiento con licencia en los términos legalmente previstos.

Regular el contenido de los cigarrillos

No es aceptable la existencia de ingredientes secretos en los cigarrillos. El conocimiento que tenemos de cómo Philip Morris usó el amoníaco para potenciar los efectos adictivos de la nicotina muestra lo que puede haber detrás de los «secretos industriales». La industria debe revelar los contenidos a las autoridades. Por otra parte, aunque los intentos seguidos hasta hoy han sido poco útiles, el objetivo de regular los cigarrillos para obtener un producto menos peligroso parece atractivo.

Espacios sin humo

La demostración de los efectos de la exposición al aire contaminado por el humo del tabaco (ACHT) sobre la salud obliga a regular esta exposición. La extensión de sistemas de aire acondicionado agrava la exposición, pues la mayoría de los dispositivos de aire acondicionado se limitan a enfriarlo, haciéndolo menos visible sin eliminarlo. Las normativas sobre espacios sin humo suscitan amplio consenso social, aunque una minoría pequeña pero militante se resiste a respetarlas. En nuestro país, las normativas existentes se incumplen ampliamente7,y la exposición al ACHT es muy amplia. Las limitaciones a fumar en espacios públicos cerrados y centros de trabajo pueden suscitar tensiones iniciales, pero también desencadenan numerosas cesaciones: la industria se opone drásticamente a estas regulaciones. En el momento actual, se cree prioritario hacer cumplir las regulaciones ya existentes, concentrando los esfuerzos en sectores prioritarios que concentran a niños, ancianos y enfermos: guarderías y escuelas, recintos deportivos cerrados, centros de ocio y entidades infantiles y juveniles, centros sanitarios, estaciones y transporte, administraciones públicas, y centros tercera edad. Se debe plantear su extensión, revisando las normas en lugares de trabajo, que son ambiguas y poco explícitas15.

Otros aspectos son la regulación de la venta a menores y la información al consumidor. Aunque tenga poco impacto preventivo, prohibir la venta de un producto adictivo a los menores de edad legal es una exigencia ética, contemplada en el Plan Nacional de 2003. También lo es controlar la venta de cigarrillos por unidades, que suele hacerse en quioscos del entorno de los centros educativos pese a ser ilegal. Es deseable regular el uso de máquinas automáticas, prohibiendo su situación donde no puedan ser supervisadas en todo momento por los responsables del establecimiento (vía pública, lavabos…). Parece oportuno hacer cumplir la prohibición de la venta de tabaco en los recintos educativos (que incluyen los de enseñanza secundaria y superior) y deportivos. Por lo que respecta a la información al consumidor, la transposición de la directiva europea sobre productos de tabaco que entrará en vigor en el 2003 llevará a ampliar las advertencias sanitarias y darles un formato más visible.

Perspectivas de futuro

Debemos prestar atención al proceso legislativo y a sus actores clave, para poder avanzar en los procesos de regulación. Las administraciones públicas son actores estratégicos para el progreso. Además de la implicación activa de las autoridades sanitarias, se precisa una perspectiva más intersectorial en pro de la prevención. Esto tiene traducciones a escala local, autonómica y de toda España. La escena europea tiene una creciente importancia para la regulación, que exige una presencia organizada y coordinada. Para el movimiento de prevención del tabaquismo, sólo hay un adversario: la industria tabaquera, que se opone a la regulación preventiva. Hay cambios sociales en el perfil actual de los fumadores, en la mayor proporción de fumadores que desean dejar de fumar, y en la creciente visibilidad social de unos ex fumadores cada vez más jóvenes: han de reflejarse en los procesos de prevención y control de este problema sanitario.


[Este artículo fue realizado en motivo del último Encuentros Quiral, dedicado al tema «Tabaco y salud» y convocado por la Fundación Privada Vila Casas. Las ideas debatidas y las conclusiones han sido publicadas en Cuadernos Quiral, expresión escrita del encuentro].


Más información en Biomedia:
Día mundial sin tabaco. Cristina Junyent (25/05/01)
Descubierto nuevo biomarcador de la exposición fetal al humo de tabaco, Oriol Vall (06/12/00)

Más información en la red:
Lo más destacado del convenio marco de control del tabaco, Framework Convention Alliance:
http://www.fctc.org/highlightsSP.shtml
Agència de Salut Pública de Barcelona: http://www.aspb.es/quisom/default.htm


Bibliografía de este artículo:
1. Villalbí J.R.: «Tabaquismo», en: Navarro C., Cabasés J.M., Tormo J.M.: La salud y el sistema sanitario en España, Informe SESPAS 1995, Barcelona, SG Editores, 1995.
2. Borrás J.M., Fernández E., Schiaffino A., Borrell C., La Vecchia C.: «Pattern of smoking initiation in Catalonia, Spain, from 1948 to 1992», Am J Public Health 2000; 90: 1459-1462.
3. Villalbí J.R.: «Epidemiología del tabaquismo en las mujeres», Med Clin Monogr (Barc) 2002 (Supl 3); 10-13.
4. Observatorio de la Comunicación Científica y Médica de la Universitat Pompeu Fabra – Fundación Privada Vila Casas: Informe Quiral 1999 - Medicina, comunicación y sociedad, Barcelona, Rubes Editorial, 2000.
5. Escolà C.: «Philip Morris creó un lobby en España», El País 1360, Domingo 23 de enero del 2000; págs 30-31.
6. Joosens L., Raw M.: «How can cigarette smuggling be reduced?» Br Med J 2000; 321: 947-950.
7.
www.consumer-revista.com/jun98/portada_01.html
8. Serra C., Bonfill X., Cabezas C., Ormaza J., Elías J., López M.V.: «Efectividad de una intervención para reducir el consumo de tabaco en lugares públicos», Gac Sanit 2002; 16 (Supl 1): 82.
9. Nebot M., Cabezas C., Oller M.: «Consejo médico, consejo de enfermería y chicle de nicotina para dejar de fumar en atención primaria», Med Clin (Barc) 1990; 95: 57-61.
10. Martín-Cantera C., Córdoba-García R., Jané-Julio C., Nebot-Adell M., Galan-Herrea S., Aliaga M. et al.: «Evaluación a medio plazo de un programa de ayuda a los fumadores», Med Clin (Barc) 1997; 109: 744-748.
11. Brotons C., Iglesias M., Martín-Zurro A., Martín-Rabadan M., Gené J.: «Evaluation of preventive and health promotion activities in 166 primary care practices in Spain»,
Fam Pract 1996; 13: 144-151.

12. Moragues L., Nebot M., Ballestin M., Salto E.: «Evaluación de una intervención comunitaria (programa ‘quit and win’) para dejar de fumar», Gac Sanit 1999; 13:456-461.
13. Becoña E., Vázquez F.L., Mínguez M.C.: «The smoking cessation program of the University of Santiago de Compostela 1984-96», en: Smoke-free Europe, Helsinki, Finnish Centre for Health Education, 1996; 117.
14. Bruvold W.H.: «A meta-analysis of adolescent smoking prevention programs», Am J Public Health 1993; 83: 872-880.
15. Raaijmakers T., Van den Borne I.: «Relación coste-beneficio de las políticas sobre consumo de tabaco en los lugares de trabajo», Rev Esp Salud Pública 2003; 77: 97-116.

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