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Cartas a mi médico, el análisis clínico de una
enfermedad social: la fibromialgia
Biomedia
(Barcelona). El
pasado 12 de mayo de 2004, día internacional de la fibromialgia, se presentó en
el Hospital del Mar de Barcelona el libro Cartas
a mi médico. Cuentos fibromiálgicos. Ideado
en colaboración entre la autora, Pilar Castro-Villalba, y su médico, el doctor
José Blanch, el libro es al tiempo una denuncia ante el rechazo social hacia
quienes padecen la enfermedad, y un esfuerzo por dar a conocer al público una
realidad que ya no puede ser ignorada. Detrás del escritorio tres jóvenes médicos, especialistas en reumatología, deliberan
con rutinaria indiferencia mientras hojean el historial clínico. Frente a ellos,
una señora de edad avanzada espera serenamente. Lo ha hecho durante meses antes
de poder acceder a la consulta. En aquellos jóvenes rostros ya puede adivinarse
la conclusión tantas veces escuchada. Los médicos no ven en aquellos resultados
ningún problema que les ataña. «Los análisis son perfectos, señora, lo mejor
será que no piense usted en sus dolores. Trate de salir de casa y
distraerse».
Estamos
ante una escena del libro Cartas a mi médico. Cuentos fibromiálgicos, que
la escritora Pilar Castro-Villalba presentó al público el pasado 12 de mayo en
el Hospital del Mar de Barcelona. Una escena que se reproduce en la vida real
con creciente frecuencia, y que enfrenta a los médicos, los enfermos y su
entorno a los retos de una enfermedad que rehuye las
evidencias.
Según la
explicación del doctor José Blanch, médico de Pilar Castro y autor del capítulo
introductorio del libro, la fibromialgia puede definirse como un «trastorno en
la percepción del dolor, de causa desconocida y que no está asociada a la
presencia de otra enfermedad inflamatoria». Actualmente no tiene cura, y sus
principales síntomas son dolor generalizado y cansancio crónico. «El umbral del
dolor varía de un individuo a otro», explica el doctor Blanch. «En la
fibromialgia este umbral estaría muy bajo, lo que significa que estas personas
serían más sensibles al dolor, percibiendo como estímulos dolorosos
sensaciones que en otros no lo son».
Aunque
comparte con otros males el no tener un origen ni una cura conocidos, la
fibromialgia presenta otra particularidad que complica aún más su tratamiento.
Se trata del hecho de que «no existen elementos objetivos que permitan
constatar su presencia», lo que «provoca que una parte del entorno del paciente
y del colectivo médico cuestione su existencia», según explica el Dr. Blanch.
«Con frecuencia hasta los mismos familiares dudan de si el paciente de verdad
está enfermo, ya que las exploraciones complementarias que se le han practicado
han sido informadas como normales». Y el enfermo de fibromialgia se ve así
enfrentado, además de a la enfermedad, a un peregrinar entre especialistas, a
diagnósticos contradictorios, a actitudes recelosas o incrédulas e incluso al
rechazo.
Dar a conocer esta situación es uno de los principales propósitos de Cartas a mi
médico. Cuentos fibromiálgicos. Según palabras de Pilar Castro-Villalba,
enferma ella misma de fibromialgia, el libro constituye, en el fondo, una
«denuncia ante la incomprensión, ante la forma en que se trata al enfermo, pero
no solo ya por desconocimiento, sino por una actitud, inexplicable, por parte de
los médicos y de la sociedad entera». Como el
personaje de su historia, Pilar ha conocido ese otro padecimiento, el de tener
que lidiar con especialistas, diagnósticos, tratamientos y actitudes distintas y
contradictorias. «Para mí todo empezó a los siete años», cuenta Pilar. «Un dolor
por aquí, otro por acá, luego una operación de las anginas. Hasta los 21 todo
era operación, voltarén y a sufrir por Dios, así de claro. Y a partir de los 21
años, operación, voltarén, valium, psiquiatra».
La fibromialgia no es una enfermedad mortal. No deforma ni destruye las
articulaciones. «La teoría más plausible», explica el Dr. Blanch, «es que la
fibromialgia sea un síndrome doloroso crónico, consecuencia de una alteración en
la vivencia del dolor, condicionada por cambios en los niveles de las sustancias
que modulan el dolor (neurotransmisores), asociada a síndromes psiquiátricos, y
que podría desencadenarse a partir de algún proceso infeccioso, traumático o
estresante».La difícil posición de la medicina especializada, puesta a prueba entre los
resultados de los exámenes clínicos y el testimonio de los enfermos, ha
conducido a la falta de credibilidad en la enfermedad. Así, aunque existen
antecedentes desde inicios del siglo XIX, el término «fibromialgia» fue
introducido en 1976, y la Organización Mundial de la Salud no la reconoció
oficialmente como enfermedad hasta 1989. A Pilar,
anécdotas que ilustren este recelo ante la falta de pruebas le sobran. «En el
año 69», cuenta, «yo ya no podía más, tenía un dolor horrible (...), aquí en el
esternón. Me llevaron al médico, él me tomó el pulso, y como solución me pegó
una bofetada para que rompiera a llorar porque (dijo que) estaba
histérica». Pero que no se conozcan las causas de la fibromialgia no significa, explica el Dr.
Blanch, que no podamos afirmar que la enfermedad existe, como no lo es tampoco
«el que haya individuos simuladores o rentistas que al rebufo del diagnóstico de
la misma intenten conseguir para ellos ventajas
socioeconómicas». El Dr.Blanch llama así la atención sobre la importancia de reconocer sin equívocos la
existencia de la enfermedad. Es necesario diagnosticar con firmeza a los
pacientes que tienen fibromialgia, «el hecho de saber lo que tienen con
precisión les proporciona un alivio al disminuir la
ansiedad».
Y Pilar Castro-Villalba lo confirma: «una de las mejores cosas que le pueden pasar al
enfermo de fibromialgia, es que el médico le asegure que tiene la enfermedad. Es
el mayor descanso».
Pero, ¿cómo diagnosticar la fibromialgia? En el capítulo que el Dr. Blanch dedica en
el libro a detallar aspectos médicos de la enfermedad, explica que The
American College of Rheumatology estableció, apenas en 1990, unos criterios
de clasificación de la misma: historia de dolor generalizado y dolor a la
palpación digital en 11 o más puntos sobre la piel, de entre 18 puntos posibles.
El dolor debe estar presente al menos durante tres
semanas. Aunque no se conoce una cura, es posible, en gran número de casos, mejorar la calidad
de vida del enfermo mediante algunos tratamientos. Estos incluyen ejercicios
moderados –especialmente los practicados en medios acuáticos–, control de peso,
administración de analgésicos, antidepresivos y tratamiento psiquiátrico, según
el caso. Poseedora de una visión crítica y, según palabras del Dr. Blanch, «nada complaciente»,
Pilar Castro-Villalba se apoya en su talento literario para mostrarnos sin
reservas ese otro lado, menos conocido, de la vida del enfermo
crónico. Desde la seguridad de vivir habiendo aceptado su enfermedad –ella hace énfasis al hablar
de «aceptación, no sumisión»-, Pilar se rebela contra el papel que su condición
de enferma le asigna en la vida social. Una rebeldía que ella califica de
«positiva», y que busca redimirla de la presión social que se suma al peso
físico de la enfermedad. «Yo no tengo que conquistar, ni amedrentar, ni dominar a nadie. Se me tacha de
histérica, de simuladora, porque no se admite que hay una rebeldía por mi parte,
y que si tengo que ir a trabajar, no tengo por qué contar lo dolorosa que fue la
última operación. Y yo llego muy normal, y eso no lo admiten. Tú tienes que
«ser» enfermo, demostrar que estás enfermo, para que justifiquemos por qué
apartamos a esa persona». Pilar se ha mantenido también en constante contacto con otras enfermas de fibromialgia.
De sus experiencias compartidas toma la fuerza y el tono incisivo con el que
exige un cambio de postura desde todos los sectores involucrados. «Médicos,
jefes y maridos, es toda la sociedad la que trata así al enfermo que se queja y
tiene una baja, y otra, y otra», señala, y atribuye esta situación a una
«actitud de los seres humanos frente a ellos mismos: da igual que sea médico,
que sea juez, o cualquier otra cosa».
El Dr. Blanch reconoce que haber conocido a Pilar le ayudó a entender a los enfermos de
fibromialgia. Fue él mismo quien, conociendo el talento literario de Pilar –ella
ha escrito ya varios libros y ha ganado algunos premios literarios- propuso la
idea del libro. Pilar recuerda: «Cada vez que iba a la consulta del Dr. Blanch hablábamos, y él me
decía, ‘esto que dices me interesa mucho’, y tomaba notas». El doctor le propuso
entonces que escribiera, en forma de correspondencia, lo que le contaba durante
las consultas. Aunque la idea original era publicar un verdadero intercambio
epistolar, al poco tiempo las cartas de Pilar se acumularon sobre la mesa del
doctor, sin respuesta. Entonces decidieron que el libro se formaría con la
correspondencia de ella hacia Blanch, y así nacieron las Cartas a mi
médico. «El Dr. Blanch tiene otro ritmo de creación», sonríe irónica
Pilar. Se estima que la fibromialgia afecta a aproximadamente un 1% de la población. El
número de enfermos en España se calcula en 400 000. Aunque también afecta a
hombres y niños, más del 90% de los afectados son mujeres. Este hecho, del cual
tampoco se tiene una explicación, no podía menos que condicionar aún más el
padecimiento de la enfermedad a los factores socio
culturales.
Deslindándose
explícitamente del feminismo, Pilar se hace portavoz de la condición de la mujer
fibromiálgica. Reclama el derecho de toda mujer a vivir sin dolor, a ser
liberada de ese «concepto religioso del sufrimiento, (en que) se pide ofrecer
con alegría tu dolor a Dios», y que está detrás de «actitudes de incomprensión
inadmisibles».
Pilar se
apropia así de su derecho a «convivir» con su enfermedad. «Yo no puedo ser
rencorosa con mi cuerpo. Tengo que admitirlo. ¿Qué tienes que hacer? Procurarte
una cama encantadora, con sábanas de algodón recién planchadas, un buen edredón
que no te pese. Debes buscar ese momento».
Reconoce,
sin embargo, que está «en una situación privilegiada». «He vivido mucho. He
tenido la suerte de tener psiquiatras muy buenos a mi lado». En la dedicatoria
misma de este libro incluye a varios de los médicos que la han atendido,
destacando de manera especial el agradecimiento al Dr.
Blanch.
«¡Que
aprendan del doctor Blanch, ese es el médico que queremos!», se entusiasma
Pilar. Y cuenta cómo su vida cambió a partir del momento en que el Dr. Blanch
comenzó a tratarla: «Un día le llamé, le dije «no puedo más». Me dijo: «ven».
Fui al hospital, me pasó a su despacho, me cogió la mano y me dijo: «hago lo
único que he aprendido de ti, y es que te coja la mano, te mire a los ojos y te
diga: sabes que no puedo hacer nada, pero te comprendo». Lloré un poquito, y
salí mejor».
Con
todo, Pilar admite, después de una leve reflexión, que Cartas a mi médico.
Cuentos fibromiálgicos es más producto de un impulso literario que de una
actitud solidaria hacia otros enfermos de fibromialgia. «No podemos
compartimentar la solidaridad. No puedo ser solidaria con los fibromiálgicos y
no con el resto de la gente».
Esfuerzo
literario, científico o humanitario, Cartas a mi médico. Cuentos
fibromiálgicos constituye una experiencia única en el terreno del estudio de
la fibromialgia como fenómeno clínico y sociocultural. Tal vez lo es incluso en
el ámbito de la medicina en general. Presentado el 12 de mayo de2004, día
internacional de la fibromialgia, este libro ayudará sin duda a mejorar la
calidad de vida de todos aquellos a quienes la fibromialgia afecta de forma
directa e indirecta. Una esfuerzo que busca, más que una cura definitiva a la
enfermedad, la comprensión y aceptación de quienes rodean a quienes la
padecen.
Un gesto
de inconformidad constructiva que equivale al de nuestro personaje del relato
inicial quien, sin perder la calma, alza la voz y termina de enunciar las
conclusiones de los médicos -que conoce de memoria-, enfrenta sus rostros
sorprendidos y exclama... Pero aquí tal vez sea mejor ceder la palabra a Pilar.
Ella lo sabe contar mejor que nadie. Miguel Tapia es periodista, actualmente colabora con el
Observatorio de la Comunicación Científica de la UPF. * Glosario de Biomedia Más información en Biomedia: |
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