|
|||
| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Golpistas en los medios de comunicación
Biomedia
(Barcelona). El escritor y ensayista Hans Magnus
Enzensberger, uno de los pensadores de referencia de Alemania, ha publicado en Der Spiegel
un polémico artículo titulado “Golpistas en el laboratorio” en el que enciende
el debate sobre la ética de la investigación científica –por lo menos de una
parte de ella y sobre todo la relacionada con la biología molecular y la
genética– y su explotación social y comercial. Enzensberger señala que “las nuevas utopías –que
llegan de los institutos de investigación y de los laboratorios de ciencias
naturales– se presentan a la opinión pública con campañas sin precedentes (...)
Y mientras los medios saludan con titulares cualquier progreso, sobre todo en
la investigación médica, los riesgos comerciales y los efectos secundarios,
siempre que no tengan dimensiones catastróficas, quedan relegados a una nota
marginal en la sección científica del diario. Invencible parece la tendencia
del público a la fácil creencia y la incorregibilidad de los deseos. Cada vez
se hace más difícil distinguir entre la
gran ciencia y la ciencia ficción.
(...) Esta ofensiva va acompañada de la queja ritual sobre la falta de
aceptación por parte de aquella opinión pública, que no es preguntada en todas
las decisiones relevantes, y sobre el afán sensacionalista de los medios, como
si no fuera precisamente todo lo contrario, que los voceros del mercado de las
tecnologías de futuro han aprendido a instrumentalizar los medios para sus
fines. Tanto es así, que cada vez que un Parlamento se
ocupa de cuestiones biopolíticas, la televisión muestra desgraciadamente a
pacientes que sufren raras enfermedades hereditarias. ¿Quién se atrevería a
negarles la necesaria ayuda? ¿Quién quiere escatimar admiración a una industria
que está dispuesta a invertir millardos para aliviar su destino, aunque sea a
muy largo plazo? Pero el imperativo terapéutico sería más creíble si se tratara
de enfermedades como la malaria o la tuberculosis, de las que año tras año
mueren millones de personas, aunque su combate apenas avanza. Aquí no parece
importar nada la tan cacareada relación coste-beneficio. Eso infunde la
sospecha de que cada vez tiene menos importancia el juramento hipocrático. Lo
que está en juego es un proyecto mucho más volcado en el futuro: la nueva cría
de la especie”. El provocador artículo de Hans Magnus Enzensberger
pone fundamentalmente el dedo en la llaga de la actual investigación
científica, de los recursos que se le destinan sectorialmente, del papel que
desempeña la industria y del nuevo imaginario social que se está creando. Su
propuesta-provocación puede servir como punto de partida para abordar algo que
al Observatorio de la Comunicación Científica y
Médica de la Universidad Pompeu Fabra
le preocupa desde hace tiempo: cómo los medios de comunicación se han erigido
en los vehículos de configuración de la opinión pública y de conocimiento de la
sociedad sobre determinados avances de las ciencias. El tema hace años que se debate en las páginas de la
revista Quark,
por ello creemos adecuado elegir en este caso como voz autorizada una opinión
externa al colectivo del Observatorio de la Comunicación Científica y Médica.
La corresponsal científica de El País, Malen Ruiz Elvira, expresaba en
su intervención del encuentro internacional “Salud, Comunicación y Sociedad”
celebrado en noviembre de 1997 en Madrid y publicado por la Fundación BBV en
1999: “El objetivo de la información médica no es promocionar la medicina, sino
permitir al público formarse una opinión con criterio (informada) sobre temas
que le están afectando todos los días y de forma directa. No se trata de servir
a los médicos, ni por supuesto, a los laboratorios farmacéuticos, sino de
proporcionar una información que los ciudadanos necesitan verdaderamente para
llegar a vivir sanos. Soy una convencida de que la información científica en
general tiene un resultado directo, lento, que es educar en la racionalidad, y
una de las consecuencias que yo creo se derivan de la información médica seria
es dar a la gente la posibilidad de cuidar de su propia salud (...) Estos temas
tienen una vida muy limitada, su interés muere cuando se ha repetido demasiadas
veces lo mismo; en estos casos, el periodista debe buscar continuamente nuevos
enfoques para hacerlo de nuevo atractivo”. El resultado es que los periodistas de noticias
médicas casi siempre ejercen su trabajo sobre el filo que separa la información
pura de la espectacularidad, todo ello acrecentado por cómo están evolucionando
en los últimos tiempos los grupos editoriales. “Tratar de forma sensacionalista
los temas de salud y medicina es, por un lado, una tentación constante en los
medios de comunicación, pero al mismo tiempo, los periodistas no podemos por
menos que darnos cuenta que cuando la información no responde al principio de
veracidad, termina por socavar la credibilidad de todos los medios de
comunicación. Y entonces la gente tiende a no creerse nada”. Esta preocupación es la que llevó a la Fundación Hefame a organizar el 17 de noviembre
de 2000 un encuentro internacional sobre “Información y genes” en Barcelona, de
cuyo contenido académico se responsabilizó el Observatorio de la Comunicación
Científica y Médica de la Universidad Pompeu Fabra. En el próximo número de Quark, que aparecerá antes del verano,
se recogen la totalidad de ponencias y mesas redondas de este II Foro sobre
Salud y Medios de Comunicación en el que participaron algunos de los mejores
especialistas del tema. Naturalmente en el proceso de edición se han actualizado
los contenidos ya que en estos meses se han producido novedades y publicaciones
que hemos incorporado y referenciado cuando era necesario. La más reciente es la que nos ha servido de
introducción. Enzensberger destaca el hecho de que el tiempo entre descubrimiento
científico y aplicación industrial se acorta cada vez más... No hay duda de que
desde la caída del muro de Berlín en 1989 el mundo de la ciencia ha sufrido,
como en el caso de las ideologías y de la política, profundas transformaciones.
La ciencia básica es la parienta pobre de todas las políticas de desarrollo
científico y sólo la ciencia con rápidas y sobre todo comerciales aplicaciones
tiene vía libre. Este hecho hace que la investigación pierda cada vez más su
independencia y permite que en algunos casos los intereses industriales sean
determinantes. “La ciencia fusionada con la industria –asegura Enzensberger– se
presenta como autoridad suprema que decide sobre el futuro de la sociedad”. Y
el problema es que ya no se trata tanto de un debate sobre los límites del
conocimiento científico sino sobre comercio y cultura pública. Decía The
Economist en un amplio tema que ocupaba su portada en abril: “Muchos de
estos debates llevan a una división fundamental de la opinión: o contemplan la
vida humana en términos de su valor intrínseco o en términos de su valor
utilitario. Un gen es o bien la vida misma o nada más que una pieza útil de un
kit. Algunos consideran este conflicto como parte de una guerra emergente entre
comercio y cultura”. Esta es una de las claves profundas del problema: la
ciencia se debate entre sus connotaciones comerciales y sus implicaciones
culturales, en las que los medios de comunicación ejercen un papel perturbador
y sobre los que incide sólo tangencialmente el polémico ensayista alemán, más
preocupado por la relación ciencia-industria que por la influencia en la
opinión pública. Los medios de comunicación están seguramente en el momento más
conflictivo de su historia y nada hace pensar que puedan ser los vehículos
adecuados para poder mantener la reflexión y el debate críticos que requiere la
gravedad de la situación y la rapidez de la investigación científica. Informar
y formar a la ciudadanía debería ser su único norte. Sin embargo los muchos
intereses que hay en juego en el mundo de la comunicación han pervertido por
completo esta función, que es la esencia de su razón de ser. Los golpistas
quizá estén en algunos laboratorios, pero lo que es seguro es que hay muchos en
los equipos directivos de los grandes grupos de comunicación. Vladimir
de Semir es director del Observatorio de la Comunicación Científica y Médica
(UPF) y concejal de Ciudad del Conocimiento de Barcelona Más información en la red: |
|||
|
|
|||