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Golpistas en los medios de comunicación

Vladimir de Semir 29/06/01

Biomedia (Barcelona). El escritor y ensayista Hans Magnus Enzensberger, uno de los pensadores de referencia de Alemania, ha publicado en Der Spiegel un polémico artículo titulado “Golpistas en el laboratorio” en el que enciende el debate sobre la ética de la investigación científica –por lo menos de una parte de ella y sobre todo la relacionada con la biología molecular y la genética– y su explotación social y comercial.

Enzensberger señala que “las nuevas utopías –que llegan de los institutos de investigación y de los laboratorios de ciencias naturales– se presentan a la opinión pública con campañas sin precedentes (...) Y mientras los medios saludan con titulares cualquier progreso, sobre todo en la investigación médica, los riesgos comerciales y los efectos secundarios, siempre que no tengan dimensiones catastróficas, quedan relegados a una nota marginal en la sección científica del diario. Invencible parece la tendencia del público a la fácil creencia y la incorregibilidad de los deseos. Cada vez se hace más difícil distinguir entre la gran ciencia y la ciencia ficción. (...) Esta ofensiva va acompañada de la queja ritual sobre la falta de aceptación por parte de aquella opinión pública, que no es preguntada en todas las decisiones relevantes, y sobre el afán sensacionalista de los medios, como si no fuera precisamente todo lo contrario, que los voceros del mercado de las tecnologías de futuro han aprendido a instrumentalizar los medios para sus fines.

Tanto es así, que cada vez que un Parlamento se ocupa de cuestiones biopolíticas, la televisión muestra desgraciadamente a pacientes que sufren raras enfermedades hereditarias. ¿Quién se atrevería a negarles la necesaria ayuda? ¿Quién quiere escatimar admiración a una industria que está dispuesta a invertir millardos para aliviar su destino, aunque sea a muy largo plazo? Pero el imperativo terapéutico sería más creíble si se tratara de enfermedades como la malaria o la tuberculosis, de las que año tras año mueren millones de personas, aunque su combate apenas avanza. Aquí no parece importar nada la tan cacareada relación coste-beneficio. Eso infunde la sospecha de que cada vez tiene menos importancia el juramento hipocrático. Lo que está en juego es un proyecto mucho más volcado en el futuro: la nueva cría de la especie”.

El provocador artículo de Hans Magnus Enzensberger pone fundamentalmente el dedo en la llaga de la actual investigación científica, de los recursos que se le destinan sectorialmente, del papel que desempeña la industria y del nuevo imaginario social que se está creando. Su propuesta-provocación puede servir como punto de partida para abordar algo que al Observatorio de la Comunicación Científica y Médica de la Universidad Pompeu Fabra le preocupa desde hace tiempo: cómo los medios de comunicación se han erigido en los vehículos de configuración de la opinión pública y de conocimiento de la sociedad sobre determinados avances de las ciencias.

El tema hace años que se debate en las páginas de la revista Quark, por ello creemos adecuado elegir en este caso como voz autorizada una opinión externa al colectivo del Observatorio de la Comunicación Científica y Médica. La corresponsal científica de El País, Malen Ruiz Elvira, expresaba en su intervención del encuentro internacional “Salud, Comunicación y Sociedad” celebrado en noviembre de 1997 en Madrid y publicado por la Fundación BBV en 1999: “El objetivo de la información médica no es promocionar la medicina, sino permitir al público formarse una opinión con criterio (informada) sobre temas que le están afectando todos los días y de forma directa. No se trata de servir a los médicos, ni por supuesto, a los laboratorios farmacéuticos, sino de proporcionar una información que los ciudadanos necesitan verdaderamente para llegar a vivir sanos. Soy una convencida de que la información científica en general tiene un resultado directo, lento, que es educar en la racionalidad, y una de las consecuencias que yo creo se derivan de la información médica seria es dar a la gente la posibilidad de cuidar de su propia salud (...) Estos temas tienen una vida muy limitada, su interés muere cuando se ha repetido demasiadas veces lo mismo; en estos casos, el periodista debe buscar continuamente nuevos enfoques para hacerlo de nuevo atractivo”.

El resultado es que los periodistas de noticias médicas casi siempre ejercen su trabajo sobre el filo que separa la información pura de la espectacularidad, todo ello acrecentado por cómo están evolucionando en los últimos tiempos los grupos editoriales. “Tratar de forma sensacionalista los temas de salud y medicina es, por un lado, una tentación constante en los medios de comunicación, pero al mismo tiempo, los periodistas no podemos por menos que darnos cuenta que cuando la información no responde al principio de veracidad, termina por socavar la credibilidad de todos los medios de comunicación. Y entonces la gente tiende a no creerse nada”.

Esta preocupación es la que llevó a la Fundación Hefame a organizar el 17 de noviembre de 2000 un encuentro internacional sobre “Información y genes” en Barcelona, de cuyo contenido académico se responsabilizó el Observatorio de la Comunicación Científica y Médica de la Universidad Pompeu Fabra. En el próximo número de Quark, que aparecerá antes del verano, se recogen la totalidad de ponencias y mesas redondas de este II Foro sobre Salud y Medios de Comunicación en el que participaron algunos de los mejores especialistas del tema. Naturalmente en el proceso de edición se han actualizado los contenidos ya que en estos meses se han producido novedades y publicaciones que hemos incorporado y referenciado cuando era necesario.

La más reciente es la que nos ha servido de introducción. Enzensberger destaca el hecho de que el tiempo entre descubrimiento científico y aplicación industrial se acorta cada vez más... No hay duda de que desde la caída del muro de Berlín en 1989 el mundo de la ciencia ha sufrido, como en el caso de las ideologías y de la política, profundas transformaciones. La ciencia básica es la parienta pobre de todas las políticas de desarrollo científico y sólo la ciencia con rápidas y sobre todo comerciales aplicaciones tiene vía libre. Este hecho hace que la investigación pierda cada vez más su independencia y permite que en algunos casos los intereses industriales sean determinantes. “La ciencia fusionada con la industria –asegura Enzensberger– se presenta como autoridad suprema que decide sobre el futuro de la sociedad”. Y el problema es que ya no se trata tanto de un debate sobre los límites del conocimiento científico sino sobre comercio y cultura pública. Decía The Economist en un amplio tema que ocupaba su portada en abril: “Muchos de estos debates llevan a una división fundamental de la opinión: o contemplan la vida humana en términos de su valor intrínseco o en términos de su valor utilitario. Un gen es o bien la vida misma o nada más que una pieza útil de un kit. Algunos consideran este conflicto como parte de una guerra emergente entre comercio y cultura”.

Esta es una de las claves profundas del problema: la ciencia se debate entre sus connotaciones comerciales y sus implicaciones culturales, en las que los medios de comunicación ejercen un papel perturbador y sobre los que incide sólo tangencialmente el polémico ensayista alemán, más preocupado por la relación ciencia-industria que por la influencia en la opinión pública. Los medios de comunicación están seguramente en el momento más conflictivo de su historia y nada hace pensar que puedan ser los vehículos adecuados para poder mantener la reflexión y el debate críticos que requiere la gravedad de la situación y la rapidez de la investigación científica. Informar y formar a la ciudadanía debería ser su único norte. Sin embargo los muchos intereses que hay en juego en el mundo de la comunicación han pervertido por completo esta función, que es la esencia de su razón de ser. Los golpistas quizá estén en algunos laboratorios, pero lo que es seguro es que hay muchos en los equipos directivos de los grandes grupos de comunicación.

Vladimir de Semir es director del Observatorio de la Comunicación Científica y Médica (UPF) y concejal de Ciudad del Conocimiento de Barcelona

 

Más información en la red:
Artículo publicado el 14 de abril de 2001 en The Economist: "The ethics and politics of human cloning": http://www.economist.com/search/search.cfm?cb=46& area=5&page=search&qr=The+ethics+and+politics+of+human+cloning &keywords=1&frommonth=04&fromyear=2001&tomonth=04& toyear=2001&rv=2
Texto original de Hans Magnus Enzensberger publicado en Der Spiegel el 2 de junio de 2001: http://www.spiegel.de/spiegel/0,1518,137510,00.html
Texto de Hans Magnus Enzensberger traducido al castellano por La Vanguardia en su edición del 10 de junio de 2001, en las páginas 10 y 11 de su suplemento Revista: http://www.lavanguardia.es/cgi-bin/noticia.pl?dia=10_06&link=sb1010a&sec=dom

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