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La agenda 21 de la cultura y la ciencia
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Vladimir de Semir
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27/09/04
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Biomedia (Barcelona). Sin duda, una de las herencias más relevantes del Forum
de las Culturas Barcelona 2004 es la promulgación de la Agenda 21 de la Cultura
a iniciativa del Foro de
Autoridades Locales de Porto Alegre, que reúne alcaldes y representantes de
gobiernos locales de todo el mundo comprometidos con la inclusión social. La
idea surge para contribuir a formular respuestas a
los retos del desarrollo cultural que la humanidad afronta en este siglo XXI,
una propuesta que guarda mucha semejanza con el proceso que se desarrolló a
finales del siglo XX respecto al medio ambiente, cuando la constatación de que
los modelos de desarrollo vigentes, excesivamente depredadores de los recursos
y ecosistemas naturales, movilizó a la opinión pública mundial, a los gobiernos
y a las instancias internacionales.
Hoy, está naciendo una sensibilización similar en el
campo de la cultura, ya que se considera especialmente importante desarrollar
políticas que defiendan la capacidad de participación cultural para todas las
personas y no hay duda de que los gobiernos locales desempeñan actualmente un
papel clave para reconducir el fenómeno de la globalización poniéndolo al servicio
de los ciudadanos y para potenciar la emergencia de una cultura abierta y
diversa. Estos son
los fundamentos que han llevado a los ayuntamientos de Barcelona y Porto Alegre
a proponer la Agenda 21 de la
Cultura. Con su aprobación, las ciudades firmantes adoptan un documento que
señala los aspectos críticos del desarrollo cultural en el mundo y toman el
firme compromiso de hacer que la cultura sea una dimensión clave de sus
políticas urbanas.
Un aspecto relevante es que en el apartado 41 de su
declaración programática, la Agenda 21 de la Cultura adopta el compromiso de
«fomentar los programas dirigidos a divulgar la cultura
científica y la tecnología entre todos los ciudadanos; especialmente, si se
considera que las posibles aplicaciones de los nuevos conocimientos científicos
generan cuestiones éticas, sociales, económicas y políticas que son de interés
público».
Porque, en realidad... ¿de qué estamos
hablando? Aspiramos a que el conocimiento científico sirva para establecer
puentes de entendimiento entre las diferentes culturas del mundo y que las
diversas sociedades puedan entender y participar en la propia evolución de este
conocimiento esencial para la supervivencia de la humanidad, racionalizando y mejorando
la utilización de los recursos del planeta al tiempo que desarrollamos nuevas
tecnologías que nos permitan vivir más y mejor, con la voluntad de que
disminuyan las grandes diferencias educativas, sociales, económicas y, en
general, de oportunidades que nos separan a los unos de los otros.
Es evidente que sin educación y cultura -incluida la científica- es
imposible que podamos alcanzar una ciudadanía con una suficiente capacidad
crítica que le permita una adecuada participación democrática y lograr, así,
una auténtica inclusión social. Porque, en última instancia, es precisamente de
esto de lo que estamos hablando, de trabajar por la cohesión social y que las
ideas y las oportunidades individuales y colectivas puedan fluir de forma
continuada en nuestra sociedad sin que aumenten las diferencias entre los que
saben y los que no saben. Todo lo contrario: hemos de luchar contra la fractura
educativa y cultural que imposibilita una auténtica igualdad de oportunidades.
Sobre todo cuando estamos inmersos en un período histórico definido por la
transición y evolución de la sociedad industrial a la llamada sociedad del
conocimiento, el desarrollo de la cual se fundamenta, principalmente, en la
rápida y continua incorporación de innovaciones científicas y tecnológicas a
nuestra realidad más cotidiana. Las transformaciones que acompañan esta
evolución no son tan sólo económicas sino también -y sobre todo- culturales y
sociales. Por ello, resulta cada vez más necesario poner en marcha estrategias
dirigidas a divulgar estos nuevos conocimientos y sus posibles aplicaciones,
así como a posibilitar el debate y la participación pública en las cuestiones
éticas, sociales, económicas y políticas que se derivan.
Por esta razón, para que una determinada ciudad y una
sociedad ocupen una posición de liderazgo en este contexto de cambio global y
fomente la cohesión social en su ámbito local es imprescindible que su
estrategia política incluya la promoción de la cultura científica entre sus
objetivos. Por una parte, la sociedad ha de entender y acompañar el cambio
cultural y social y, por otra, la ciudadanía ha de poder acceder a las nuevas
oportunidades individuales que brindan los nuevos conocimientos.
Más información en la red:
Agenda 21 de la Cultura:
http://www.agenda21delacultura.net/
Vladimir de Semir es Director del Observatorio de la
Comunicación Científica (UPF) y Comisionado de Cultura Científica (Ayuntamiento
de Barcelona)
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