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El horizonte de la salud a examen
Entrevista a Ricard Guerrero, microbiólogo

Cèlia Ribera 4/10/02

Biomedia (Barcelona). Ricard Guerrero es catedrático de Microbiología de la Universidad de Barcelona, miembro del Consejo de Gobierno del Observatorio de la Comunicación Científica y profesor en el Máster de Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra. En esta entrevista reflexiona sobre el avance de la ciencia y los progresos sanitarios que han derivado y derivarán de este avance.

¿Desde su perspectiva científica, cómo contempla el desarrollo de la medicina actual?

Como microbiólogo tengo contactos con la medicina y sus profesionales, y la percibo como la ciencia más joven; esto no lo he inventado yo sino que es el título afortunado de un libro de un gran médico americano que murió hace unos años y llegó a ser presidente del Sloan Kettering Cancer Center, Lewis Thomas, autor de Las vidas de una célula, La medusa y el caracol, etc. La ciencia ha progresado enormemente en el siglo XX, y la medicina es en realidad una ciencia integradora que necesita de todas las ciencias básicas y clínicas, y ha demostrado la enorme eficacia que tienen una ciencia, una técnica y una aplicación que tanto nos interesa a los humanos, porque se preocupa por nuestra propia salud.

¿Y cómo contempla el horizonte de la salud?

Creo que la especie humana está cada vez más sana, por lo menos físicamente, aunque tal vez puedan surgir problemas mentales. Antes la mortalidad infantil era elevada y ahora esto lo hemos superado, ya que sin duda se ha alargado la vida media de los seres humanos, por lo menos en las naciones más avanzadas, y en general se vive mejor. Pero está claro que muchas enfermedades, entre ellas las infecciosas —que son mi campo— han experimentado un cambio enorme y se ha conseguido, si no la erradicación, sí el triunfo sobre muchas de ellas. Los microbios existen, y no es fácil eliminarlos con antibióticos cada vez más potentes, sino que se necesita una aplicación inteligente. Los peligros que acechan a nuestra salud continúan vigentes, lo que ocurre es que cada vez hemos aplicado criterios más racionales y métodos más eficaces, pero nunca debemos descuidarnos.

Se vive y se vivirá más años, pero, ¿pondremos freno al envejecimiento?

No. Aunque en ciencia no se puede decir que algo no será posible, quizá dentro de muchas generaciones surgirán otros métodos, pero por lo que hoy racionalmente vemos, el envejecimiento es una consecuencia necesaria de la propia constitución de nuestras células. Las célula procariotas son bacterias potencialmente inmortales; no quiere decir que no mueran, sino que se separan, se reproducen y no dejan ningún cadáver. Pero en el momento en que aparecen las células eucariotas, que son las que constituyen las plantas, los animales… células más complejas, compuestas por asociaciones de células más sencillas, en ese momento aparece casi de una manera necesaria el envejecimiento en un determinado plazo, a partir del cual se muere. Ocurre que este plazo y los mecanismos que hacen que se produzca esta muerte son cada vez más conocidos y podemos alargar la vida de las células. También sabemos que las cancerosas, son células que se reproducen continuamente, que se han rejuvenecido. Pero como individuos somos un grupo de mamíferos que pertenecemos a una estructura animal, y tenemos un cuerpo que está destinado a morir. Contamos con una parte potencialmente eterna, que son las células reproductoras; ya los biólogos del siglo XIX distinguieron perfectamente entre el soma, que es el cuerpo, y el germen, que son las células reproductoras, que si se juntan con otra célula reproductora del otro sexo originan un nuevo individuo, y entonces seguirán viviendo siempre a través de la descendencia. Pero la inmensa mayoría de las células de nuestro cuerpo están destinadas a morir, lo que ocurre es que, como organismo, la vida se alargará sin ninguna duda mucho más de lo que pensamos ahora en esta generación.

¿Cuál es su opinión acerca del tema de los transgénicos?

Es un ejemplo más de lo que han podido hacer la ciencia genética y la biología en general sobre la naturaleza. En primer lugar hay que decir que los humanos siempre hemos manipulado la naturaleza, hemos alterado muchísimas cosas, especialmente en los últimos 10 años. El primer experimento se llevó a cabo en 1973; en estos pocos años lo que se ha conseguido ha sido separar trozos del material genético de un individuo, el DNA, y «empalmarlo» con otro; el primer caso se llevó a cabo con un virus de mono y un virus bacteriano, y el resultado fue una quimera: un DNA compuesto por el de 2 virus muy distantes, y esto fue sólo el principio. Hoy día hay herramientas potentísimas para pasar muchísimos genes de las bacterias a las plantas, de las plantas a los animales, etc. Ahora mismo es posible cambiar ciertos genes de algunos individuos, y si existe la posibilidad, se hará. No hay duda alguna de que los alimentos transgénicos existen y van a existir, por lo que hay que estudiar su peligrosidad caso por caso. Se pueden cambiar y mejorar las condiciones de una planta, y también de un animal, y generalmente no hay peligro inmediato a causa del nuevo organismo. Además, cuando estos organismos se liberan al medio ambiente se encuentran muy desprotegidos frente a lo que son las poblaciones naturales; cuando se extiende en el suelo una bacteria manipulada genéticamente, vive muy poco, mientras que los sistemas naturales llevan millones de años haciéndolo.

¿Sería partidario de establecer unas normas?

Evidentemente. Pero, estas normas deberían elaborarlas comisiones de expertos. La intervención sobre las células germinales humanas o en el DNA hace que nosotros, como especie, organicemos nuestra propia autodefensa, y todo lo que tenga relación con el sexo en general, o la manipulación de lo que es la herencia, es comprensible que nos preocupe. Pero si puede realizarse se llevará a cabo, y la solución no es prohibirlo sino regularlo.

Usted se ha declarado profundamente universitario, ¿cómo ve la universidad española?

Necesita un trasplante total. Los criterios imperantes hoy día no son los necesarios, se han perdido los objetivos fundamentales que deben ser los mismos en todo el mundo: investigación del conocimiento y alta comunicación de éste. Y a pesar de los loables esfuerzos realizados por muchas entidades, y también por parte de personas que están en la universidad, ésta en su conjunto se ha convertido en un cuerpo burocrático que va en contra de este dinamismo con que debe contar como movilizadora de la cultura y del conocimiento de la sociedad. La universidad española necesita un cambio profundo, y este cambio no se puede llevar a cabo desde dentro, se tienen que hacer desde fuera y en conexión con las mejores universidades europeas y americanas.

Los conocimientos científicos forman parte ya de nuestra cultura: ¿cómo puede hacerse para que todo el mundo pueda tener acceso a ella?

Diría que el siglo XX ha sido una centuria de grandes científicos, pero también de grandes comunicadores de la ciencia; un gran investigador que ya he mencionado, Lewis Thomas, es un buen ejemplo de ello, y ganó el Pulitzer. Dentro de un lenguaje necesariamente críptico, como es el científico, es necesario que el hombre de ciencia, individual y colectivamente, aprenda a explicar las cosas de manera que no resulten complejas, o sea, a divulgar. Por parte del ciudadano también se necesita un cierto esfuerzo, porque puestos a comunicar ciencia hay que contar con personas que lean y escriban con suficiencia y quieran pensar y están interesadas, y eso tampoco es representativo de la mayor parte de la población. Así que hay que fomentar también la educación básica. Hay que tener en cuenta que la ciencia es asimismo una parte de la cultura; la ciencia es un patrimonio cultural de la humanidad, y pensando en ciencia nos hacemos más humanos, más racionales; es nuestra propia especie la que ha hecho la ciencia.

¿Cuál es el límite de la credibilidad de las llamadas revistas de referencia?

El principio básico de la ciencia es que tiene que ser crítica. La ciencia es una ideología en la que siempre se tiene que estar dispuesto a modificar las cosas que se han dicho previamente; hay aspectos que son perfectamente revisables. La ciencia obliga a que todas las personas puedan asumir lo anterior desde un punto de vista crítico, y en eso se incluyen las revistas de mayor prestigio; lo que ocurre es que las revistas de referencia y de mayor prestigio han contado con unas personas que han revisado los trabajos que se han enviado para publicar, que los han juzgado y que, dado los conocimientos actuales, los han considerado correctos. Por tanto, este tipo de revistas siempre goza de mayor credibilidad; pero en ciencia nadie es infalible y en el futuro puede haber un cambio de pareceres. La ciencia siempre evoluciona, está en revisión continua y además nunca se puede dar por acabada.

La investigación –hablamos de salud–, ¿debe integrar a clínicos, científicos básicos, patólogos, biólogos moleculares…?

La investigación, del tipo que sea, tiene que ser multidisciplinaria y ha de serlo, entre otras cosas, porque no disponemos más que de un cerebro. Fundamentalmente, lo que hace el pensamiento, y lo que llevan a cabo la investigación y la cultura, es predecir el futuro. Es realizar cosas que nos recuerden el pasado, pero que nos puedan mejorar ante los cambios que siempre son continuos. Todas nuestras actividades son colectivas y la ciencia tiene que serlo por dos razones: porque se mejora la propia investigación y porque permite atacar problemas desde muchos puntos de vista.

¿Nunca ha sido tan necesaria como ahora la formación continuada?

Es necesaria porque cada persona necesita aprender siempre. Ésa sería la primera razón, suponiendo que los conocimientos fueran estáticos, pero es que además son totalmente progresivos. Hay cosas que hace simplemente 10 años no se conocían… La formación continuada y actualizada es absolutamente necesaria en toda la población en los distintos niveles que la gente considere necesarios.

¿Qué papel desempeña la comunicación dentro de la formación continuada?

Un papel total, aunque tenemos que aumentar los mecanismos que permiten poner en contacto a la sociedad con los conocimientos científicos. Otro aspecto es que la nuestra es una sociedad de la comunicación; hoy día la comunicación es la escuela y la universidad permanentes.

Cèlia Ribera Banús es periodista, directora de la revista Jano, Medicina y Humanidades.

[Entrevista publicada en la sección Gran angular de la revista Jano, Medicina y Humanidades]

Más información en Biomedia:
De la biología fundamental a la biomedicina. Montserrat Daban (21/12/01)
Phobos y Deimos. Ricard Guerrero (26/10/01)

Más información en la red:
Jano, Medicina y Humanidades:
http://db.doyma.es/cgi-bin/wdbcgi.exe/doyma/mrevista_jano.salta_a_ultimo?pident=1

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