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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones ¿Puede la genética autentificar la santidad de una reliquia?
Biomedia
(Barcelona). La identificación de restos óseos presuntamente
pertenecientes a personas notorias se ha convertido en una actividad rutinaria,
llevada a cabo en la interfase entre los especialistas en DNA* antiguo y los genéticos forenses. Así, se
identificaron los cadáveres de la familia Romanov (y se descartó que Anna
Anderson fuera Anastasia), del Che Guevara y de Jesse James. Dichas
identificaciones se llevaron a cabo mediante el análisis de DNA mitocondrial*, que se hereda por vía materna y que se halla
en cada célula* en un número de copias muy
superior al DNA nuclear; por lo tanto, suele ser el único tipo de DNA que se
puede recuperar de muestras antiguas. En los ejemplos citados, se determinó la
secuencia que contenía un segmento hipervariable del DNA mitocondrial y se cotejó
con la secuencia que portaban descendientes por vía materna de los individuos a
quién podían pertenecer los restos estudiados. Ahora, un estudio publicado muy
recientemente (Vernesi et al: «Genetic
characterization of the body attributed to the evangelist Luke», Proceedings 2001), lleva este procedimiento
mucho más allá, pues se plantea comprobar la autenticidad de la reliquia del
evangelista Lucas, custodiada en la catedral de Padua. Según fuentes históricas, Lucas, el evangelista del buey,
nació en Antioquia, en la Siria romana, y murió en Tebas (Grecia), a la edad de
84 años, hacia el año 150 dC. Su cadáver fue trasladado a Constantinopla en
338; el periplo de la reliquia finaliza en una fecha desconocida pero anterior
a 1177, cuando se deposita en la catedral de Padua. En 1998 se abrió la tumba y
se hallaron unos restos correspondientes, según el análisis forense, a un varón
que murió a una edad de 70 años o mayor, y cuyo cadáver se descompuso en el
mismo sarcófago en el que estaba depositado. La datación por carbono-14 de los
restos concluyó que el individuo había muerto en un intervalo de tiempo
delimitado por los años 72 y 416 dC. Por lo tanto, el análisis forense y
arqueológico de la reliquia no arrojó ningún dato que contradijese su
autenticidad, aunque tampoco podía probarla definitivamente. En efecto, cabía
aún la posibilidad que el cadáver correspondiese a un anciano tebano o
bizantino. El equipo de la Universidad de Ferrara dirigido por el
profesor Guido Barbujani intentó contrastar estadísticamente estas hipótesis:
¿Se hallaban delante del cadáver de un sirio, o, por el contrario, era de
origen tebano o bizantino? A tal fin, extrajeron DNA mitocondrial de dos
dientes del cadáver y secuenciaron la región hipervariable I. A continuación,
compararon la secuencia obtenida con secuencias de muestras de población actual
siria, griega y turca, y concluyeron que era 2,87 veces más probable que el
cadáver de Padua proviniera de Siria que de Grecia, mientras que era sólo 1,41
veces más probable un origen sirio que un origen turco. Esto lleva a afirmar a
Vernesi y colaboradores que “los datos genéticos indican que es improbable que
el féretro de Lucas, el evangelista, fuera sustituido con el cadáver de un
individuo griego”. Cabe señalar que los autores asumen explícitamente que las
poblaciones siria, griega y turca actuales son suficientemente representativas
de las poblaciones históricas de hace casi dos milenios. No ignoran que se han
dado importantes movimientos de población, y constatan a posteriori que la
influencia árabe sobre Siria parece haber sido pequeña. Otros aspectos son más
discutibles: ¿Por qué se elige como representante de la población bizantina a
la población anatolia actual en lugar de a los propios griegos? Incluso, dada
la naturaleza cosmopolita que se le puede suponer a Constantinopla, es posible
que ninguna población actual pueda abarcar la diversidad genética de la antigua
metrópolis. Los autores señalan que la misma secuencia se ha hallado en un
individuo actual vasco, y en otro español; además, búsquedas en otras bases de
datos indican su presencia en Noruega, y secuencias muy emparentadas parecen
ser relativamente frecuentes en el noroeste de Europa. La estructura de la diversidad genética actual en las
poblaciones europeas indica que una fracción minúscula de la diversidad es
atribuible a diferencias entre poblaciones, mientras que la inmensa mayoría se
explica por diferencias entre los individuos de la misma población. En estas
circunstancias, es altamente improbable llegar a señalar con la precisión
requerida el origen poblacional, dentro de Europa, de una determinada secuencia
mitocondrial. Desgraciadamente, no podemos trazar la descendencia por vía
materna del evangelista Lucas, lo que realmente permitiría verificar la
santidad de su reliquia. * Glosario
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