Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones

¿Puede la genética autentificar la santidad de una reliquia?

Francesc Calafell 31/10/01

Biomedia (Barcelona). La identificación de restos óseos presuntamente pertenecientes a personas notorias se ha convertido en una actividad rutinaria, llevada a cabo en la interfase entre los especialistas en DNA* antiguo y los genéticos forenses. Así, se identificaron los cadáveres de la familia Romanov (y se descartó que Anna Anderson fuera Anastasia), del Che Guevara y de Jesse James. Dichas identificaciones se llevaron a cabo mediante el análisis de DNA mitocondrial*, que se hereda por vía materna y que se halla en cada célula* en un número de copias muy superior al DNA nuclear; por lo tanto, suele ser el único tipo de DNA que se puede recuperar de muestras antiguas. En los ejemplos citados, se determinó la secuencia que contenía un segmento hipervariable del DNA mitocondrial y se cotejó con la secuencia que portaban descendientes por vía materna de los individuos a quién podían pertenecer los restos estudiados. Ahora, un estudio publicado muy recientemente (Vernesi et al: «Genetic characterization of the body attributed to the evangelist Luke», Proceedings 2001), lleva este procedimiento mucho más allá, pues se plantea comprobar la autenticidad de la reliquia del evangelista Lucas, custodiada en la catedral de Padua.

Según fuentes históricas, Lucas, el evangelista del buey, nació en Antioquia, en la Siria romana, y murió en Tebas (Grecia), a la edad de 84 años, hacia el año 150 dC. Su cadáver fue trasladado a Constantinopla en 338; el periplo de la reliquia finaliza en una fecha desconocida pero anterior a 1177, cuando se deposita en la catedral de Padua. En 1998 se abrió la tumba y se hallaron unos restos correspondientes, según el análisis forense, a un varón que murió a una edad de 70 años o mayor, y cuyo cadáver se descompuso en el mismo sarcófago en el que estaba depositado. La datación por carbono-14 de los restos concluyó que el individuo había muerto en un intervalo de tiempo delimitado por los años 72 y 416 dC. Por lo tanto, el análisis forense y arqueológico de la reliquia no arrojó ningún dato que contradijese su autenticidad, aunque tampoco podía probarla definitivamente. En efecto, cabía aún la posibilidad que el cadáver correspondiese a un anciano tebano o bizantino.

El equipo de la Universidad de Ferrara dirigido por el profesor Guido Barbujani intentó contrastar estadísticamente estas hipótesis: ¿Se hallaban delante del cadáver de un sirio, o, por el contrario, era de origen tebano o bizantino? A tal fin, extrajeron DNA mitocondrial de dos dientes del cadáver y secuenciaron la región hipervariable I. A continuación, compararon la secuencia obtenida con secuencias de muestras de población actual siria, griega y turca, y concluyeron que era 2,87 veces más probable que el cadáver de Padua proviniera de Siria que de Grecia, mientras que era sólo 1,41 veces más probable un origen sirio que un origen turco. Esto lleva a afirmar a Vernesi y colaboradores que “los datos genéticos indican que es improbable que el féretro de Lucas, el evangelista, fuera sustituido con el cadáver de un individuo griego”.

Cabe señalar que los autores asumen explícitamente que las poblaciones siria, griega y turca actuales son suficientemente representativas de las poblaciones históricas de hace casi dos milenios. No ignoran que se han dado importantes movimientos de población, y constatan a posteriori que la influencia árabe sobre Siria parece haber sido pequeña. Otros aspectos son más discutibles: ¿Por qué se elige como representante de la población bizantina a la población anatolia actual en lugar de a los propios griegos? Incluso, dada la naturaleza cosmopolita que se le puede suponer a Constantinopla, es posible que ninguna población actual pueda abarcar la diversidad genética de la antigua metrópolis. Los autores señalan que la misma secuencia se ha hallado en un individuo actual vasco, y en otro español; además, búsquedas en otras bases de datos indican su presencia en Noruega, y secuencias muy emparentadas parecen ser relativamente frecuentes en el noroeste de Europa.

La estructura de la diversidad genética actual en las poblaciones europeas indica que una fracción minúscula de la diversidad es atribuible a diferencias entre poblaciones, mientras que la inmensa mayoría se explica por diferencias entre los individuos de la misma población. En estas circunstancias, es altamente improbable llegar a señalar con la precisión requerida el origen poblacional, dentro de Europa, de una determinada secuencia mitocondrial. Desgraciadamente, no podemos trazar la descendencia por vía materna del evangelista Lucas, lo que realmente permitiría verificar la santidad de su reliquia.

* Glosario de Biomedia

Más información en Biomedia:
Diversidad del cromosoma Y: tras los pasos de Adán. David Comas (11/10/00)
Lenguas y linajes maternos: análisis del DNA mitocondrial de georgianos y kurdos. David Comas (26/07/00)
El DNA nos aleja de los neandertales. Carles Lalueza (26/04/00)

Más información en la red:
C. Vernesi, G. Di Benedetto, D. Caramelli, E. Secchieri, L. Simoni, E. Katti, P. Malaspina, A. Novelletto, V. T. W. Marin y G. Barbujani: «Genetic characterization of the body attributed to the evangelist Luke», Proceedings of the National Academy of Sciences of the USA 2001: http://www.pnas.org/cgi/content/abstract/211540498v1

Arriba

Portada


Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones

(C) BIOMEDIA es una publicación del OCC (UPF) y RUBES EDITORIAL