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Philippe Kourilsky, director del Instituto Pasteur de París:
"No hay peor virus que el virus de la información"

Raimundo Roberts 10/05/02

Biomedia (Barcelona). Explicar el principio de precaución y la hipótesis de "virus de la información" fue el objetivo de la conferencia "Principio de precaución, salud y medio ambiente", dictada por el doctor Philippe Kourilsky, director del Instituto Pasteur de París, el pasado 22 de abril. La conferencia forma parte del ciclo “Genética y ciudad", organizado por la Concejalía Ciudad del Conocimiento del Ayuntamiento de Barcelona, con la colaboración de Novartis.

¿Existe un virus de la información? Según Philippe Kourilsky, algunos mensajes informativos que circulan por nuestros medios de comunicación funcionan de la misma manera que un virus biológico o uno informático. "La publicidad y algunos mensajes políticos, por ejemplo, actuarían de la misma manera que un virus en los casos en que se utiliza el principio de precaución en forma negativa, es decir, buscando detener las innovaciones, cambiando las opiniones individuales". A esta hipótesis llegó el director del Instituto Pasteur a partir de la definición, el alcance y la gestión del "principio de precaución".

Aparecido en Alemania en los años setenta (como Vorsorgeprinzip), el término principio de precaución se entendió y difundió con distintas concepciones durante esa década. Pero fue en los años ochenta y noventa cuando se comenzó a utilizar en tratados y acuerdos internacionales, como la "Cumbre de la Tierra" de Río de Janeiro, en 1992. Según Kourilsky, este tratado tenía en sus inicios la intención de "apreciar la gravedad de las acciones humanas", en especial las relacionadas con la ecología y el medio ambiente. Una definición usada actualmente de este principio es la que ofrece Olivier Godard (Director de Investigaciones en el CNRS), en un artículo de la revista Label France. Según Godard, el derecho francés recoge en 1995 el principio de precaución "según el cual, la ausencia de certezas, teniendo en cuenta los conocimientos científicos y técnicos del momento, no debe retrasar la adopción de medidas efectivas y adecuadas, de cara a prevenir el riesgo de daños graves e irreversibles en el medio ambiente, con un coste económico razonable".

La Comisión Europea, frente a las dificultades existentes para definirlo, elaboró en febrero del 2000 una propuesta de las directrices para la aplicación del principio. En este documento se recogen, como líneas generales, la aplicación del principio para "garantizar un nivel adecuado de protección del medio ambiente y la salud humana, animal o vegetal", en los casos en que "los datos científicos no permiten una evaluación completa del riesgo". Además, expresa que este principio no debe ser utilizado como un "pretexto para acciones proteccionistas".

Estas premisas, como se recoge en el documento, contemplan la existencia de una versión "negativa" del principio. Para muchos grupos, el principio de precaución significa un principio de "abstención" que, en resumen, sería: si dudas, abstente. "Entendido de esta manera -dijo Kourilsky-, si sabemos que toda innovación presenta obviamente riesgos de muchos tipos, es evidente que interferiría en muchas ocasiones".

Por un lado, es un principio que busca regular la incertidumbre de las innovaciones científicas y técnicas agregando a las acciones humanas todo el rigor ético, técnico y profesional posible frente al riesgo. Por otro, es un principio que se ha entendido como una herramienta para argumentar en contra de innovaciones de riesgo como en el caso de los alimentos transgénicos o de las células madre.

Kourilsky basa sus apreciaciones sobre el principio de precaución en el trabajo que realizó en una comisión creada por el primer ministro francés para clarificar su uso, en el año 2000. Con este trabajo Kourilsky delimita el principio de la siguiente manera: "cuando hablamos de precaución, hablamos de riesgos hipotéticos; los riesgos no son demostrables, y nos planteamos la cuestión de si existen. Si el riesgo es seguro, ya no tenemos el problema de la precaución y nos encontramos en la prevención; cuando sabes que hay un riesgo, te preparas y, por tanto, te encuentras en la prevención. La precaución, entonces, es el ámbito de la imaginación del riesgo, es decir, se hace la hipótesis de que hay un riesgo".

El riesgo de hacer y de no hacer

Según Kourilsky, esta imaginación del riesgo no puede ser utilizada para detener las innovaciones. Las acciones que suponen riesgos desconocidos, si se les aplica el principio de precaución, deben buscar la sustitución de la incertidumbre por el rigor. "En otras palabras, como no estamos seguros de lo que pasará, hemos de estar seguros de comportarnos correctamente". Aunque esta es la postura dominante, no es la única. Parte del público y algunas organizaciones sociales aún tienen la visión de que el principio en cuestión es un argumento para detener las innovaciones que pueden contener riesgos desconocidos, ya sea para el medio ambiente o para la sociedad.

La Gestión del Principio de precaución

Como explicó Kourilsky, el desarrollo de la gestión de la precaución (una vez delimitados los límites entre qué es "riesgo" y qué es "prevención") lo podemos dividir en varias reglas básicas. Las tres primeras serían la definición de los riesgos de una acción innovadora, el análisis y la graduación o priorización. La cuarta regla, Kourilsky la define como principio de comparación. "No podemos evaluar el riesgo, bajo la perspectiva de la precaución, sin compararlo con otro. Por ejemplo, no podemos decir que las plantas trangénicas son potencialmente peligrosas sin preguntarnos si los herbicidas que normalmente se utilizan sobre las lechugas son peligrosos".

La siguiente regla de gestión sería el análisis económico, para acotar las posibles acciones que se tomen bajo el principio de precaución, utilizando un elemento de medición homologable a cualquier actividad productiva.

La participación de los actores sociales bajo el principio de precaución

Kourilsky reconoce que la gestión de la precaución es difícil de llevar a la práctica por la cantidad de variables que supone y las presiones de los diferentes actores sociales. Cada uno de éstos (científicos, medios de comunicación, organizaciones gubernamentales y sociales) tiene una responsabilidad y una postura distinta, y pueden aceptar o rechazar las innovaciones según el riesgo que perciben o según sus intereses. Y aquí es donde Kourilsky introduce el concepto de virus de información. El aspecto negativo del principio de precaución es la intención de algunos sectores sociales de detener las innovaciones ("ante la duda, abstención"). "Efectivamente, estamos delante de unos dispositivos que se activan con los mensajes de información. Estos mensajes actúan como virus que se producen desde la forma negativa del principio de precaución, y que tocan alguna cosa que no es racional que hace que se propaguen con gran rapidez. Pero a la vez, la sociedad genera virus de información sin que nos demos cuenta y sin que les prestemos mucha atención".

Según Kourilsky, el sistema de información está constituido por esferas de poder, divididas entre quienes generan información, quienes la traducen y publican, y quienes la reciben. Haciendo especial énfasis en el periodismo, Kourilsky remarca que "es todo un conjunto de dispositivos, de sistemas, que hacen que de una manera u otra el campo esté libre para que este virus de la información se pueda desarrollar. A veces, puede estar manipulado por grupos elite, a veces por individuos. Si nosotros no tenemos una interpretación de esta situación, entonces, no tenemos ningún control sobre su difusión " y concluye con que "en el fondo, el verdadero control (que se podría aplicar al virus) es el control del público y del ciudadano, ya que tienen todos los derechos democráticos; porque hay un verdadero problema democrático dentro de la recepción y la crítica de la información". Es decir, la emisión de información desde el aspecto negativo del principio de precaución, se presentaría como un virus informativo, contra el cual no tenemos herramientas claras de detección. Y es, según Kourilsky, la sociedad democrática la que debe desarrollar la capacidad crítica para detectar estas informaciones intencionadas: "Creo que en ese momento habría un aluvión de virus de información, también en aspectos relacionados con la religión y con ciertas ideologías, y concluiré (parafraseando al ex director del Instituto Pasteur, quien tenía la costumbre de decir que "no hay peor virus que el virus ideológico"): No hay peor virus que el virus de la información. Como ciudadanos y ciudadanas debemos protegernos de este virus de la información".

Más información en la red:
Comisión europea: principio de precaución y consumidores: http://europa.eu.int/scadplus/leg/es/lvb/l32042.htm

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