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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Philippe Kourilsky, director del Instituto Pasteur de París: "No hay peor virus que el virus de la información"
Biomedia (Barcelona). Explicar el principio de precaución y la hipótesis de
"virus de la información" fue el objetivo de la conferencia
"Principio de precaución, salud y medio ambiente", dictada por el
doctor Philippe Kourilsky, director del Instituto Pasteur de París, el pasado
22 de abril. La conferencia forma parte del ciclo “Genética y ciudad",
organizado por la Concejalía Ciudad del Conocimiento del Ayuntamiento de
Barcelona, con la colaboración de Novartis. ¿Existe un virus de la información? Según Philippe
Kourilsky, algunos mensajes informativos que circulan por nuestros medios de
comunicación funcionan de la misma manera que un virus biológico o uno
informático. "La publicidad y algunos mensajes políticos, por ejemplo,
actuarían de la misma manera que un virus en los casos en que se utiliza el principio de precaución en forma
negativa, es decir, buscando detener las innovaciones, cambiando las opiniones
individuales". A esta hipótesis llegó el director del Instituto Pasteur a
partir de la definición, el alcance y la gestión del "principio de precaución". Aparecido en Alemania en los
años setenta (como Vorsorgeprinzip),
el término principio de precaución se
entendió y difundió con distintas concepciones durante esa década. Pero fue en
los años ochenta y noventa cuando se comenzó a utilizar en tratados y acuerdos
internacionales, como la "Cumbre de la Tierra" de Río de Janeiro, en
1992. Según Kourilsky, este tratado tenía en sus inicios la intención de
"apreciar la gravedad de las acciones humanas", en especial las
relacionadas con la ecología y el medio ambiente. Una definición usada
actualmente de este principio es la que ofrece Olivier
Godard (Director de Investigaciones en el CNRS),
en un artículo de la revista Label
France. Según Godard, el derecho francés recoge en 1995 el principio de precaución "según el
cual, la ausencia de certezas, teniendo en cuenta los conocimientos científicos
y técnicos del momento, no debe retrasar la adopción de medidas efectivas y
adecuadas, de cara a prevenir el riesgo de daños graves e irreversibles en el
medio ambiente, con un coste económico razonable". La Comisión Europea, frente a
las dificultades existentes para definirlo, elaboró en febrero del 2000 una
propuesta de las directrices para la aplicación del principio. En este
documento se recogen, como líneas generales, la aplicación del principio para
"garantizar un nivel adecuado de protección del medio ambiente y la salud
humana, animal o vegetal", en los casos en que "los datos científicos
no permiten una evaluación completa del riesgo". Además, expresa que este
principio no debe ser utilizado como un "pretexto para acciones
proteccionistas". Estas premisas, como se
recoge en el documento, contemplan la existencia de una versión
"negativa" del principio. Para muchos grupos, el principio de precaución significa un principio de
"abstención" que, en resumen, sería: si dudas, abstente.
"Entendido de esta manera -dijo Kourilsky-, si sabemos que toda innovación
presenta obviamente riesgos de muchos tipos, es evidente que interferiría en
muchas ocasiones". Por un lado, es un principio
que busca regular la incertidumbre de las innovaciones científicas y técnicas
agregando a las acciones humanas todo el rigor ético, técnico y profesional
posible frente al riesgo. Por otro, es un principio que se ha entendido como
una herramienta para argumentar en contra de innovaciones de riesgo como en el
caso de los alimentos transgénicos o de las células madre. Kourilsky basa sus
apreciaciones sobre el principio de
precaución en el trabajo que realizó en una comisión creada por el primer
ministro francés para clarificar su uso, en el año 2000. Con este trabajo
Kourilsky delimita el principio de la siguiente manera: "cuando hablamos
de precaución, hablamos de riesgos hipotéticos; los riesgos no son
demostrables, y nos planteamos la cuestión de si existen. Si el riesgo es
seguro, ya no tenemos el problema de la precaución y nos encontramos en la
prevención; cuando sabes que hay un riesgo, te preparas y, por tanto, te
encuentras en la prevención. La precaución, entonces, es el ámbito de la
imaginación del riesgo, es decir, se hace la hipótesis de que hay un
riesgo". El riesgo de hacer y de no hacer Según Kourilsky, esta
imaginación del riesgo no puede ser utilizada para detener las innovaciones.
Las acciones que suponen riesgos desconocidos, si se les aplica el principio de precaución, deben buscar la
sustitución de la incertidumbre por el rigor. "En otras palabras, como no
estamos seguros de lo que pasará, hemos de estar seguros de comportarnos
correctamente". Aunque esta es la postura dominante, no es la única. Parte
del público y algunas organizaciones sociales aún tienen la visión de que el
principio en cuestión es un argumento para detener las innovaciones que pueden
contener riesgos desconocidos, ya sea para el medio ambiente o para la
sociedad. La Gestión del Principio
de precaución Como explicó Kourilsky, el
desarrollo de la gestión de la precaución (una vez delimitados los límites
entre qué es "riesgo" y qué es "prevención") lo podemos
dividir en varias reglas básicas. Las tres primeras serían la definición de los
riesgos de una acción innovadora, el análisis y la graduación o priorización.
La cuarta regla, Kourilsky la define como principio de comparación. "No
podemos evaluar el riesgo, bajo la perspectiva de la precaución, sin compararlo
con otro. Por ejemplo, no podemos decir que las plantas trangénicas son
potencialmente peligrosas sin preguntarnos si los herbicidas que normalmente se
utilizan sobre las lechugas son peligrosos". La siguiente regla de gestión
sería el análisis económico, para acotar las posibles acciones que se tomen
bajo el principio de precaución, utilizando un elemento de medición
homologable a cualquier actividad productiva. La participación de los actores sociales bajo el principio de precaución Kourilsky reconoce que la
gestión de la precaución es difícil de llevar a la práctica por la cantidad de
variables que supone y las presiones de los diferentes actores sociales. Cada
uno de éstos (científicos, medios de comunicación, organizaciones
gubernamentales y sociales) tiene una responsabilidad y una postura distinta, y
pueden aceptar o rechazar las innovaciones según el riesgo que perciben o según
sus intereses. Y aquí es donde Kourilsky introduce el concepto de virus de
información. El aspecto negativo del principio
de precaución es la intención de algunos sectores sociales de detener las
innovaciones ("ante la duda, abstención"). "Efectivamente,
estamos delante de unos dispositivos que se activan con los mensajes de
información. Estos mensajes actúan como virus que se producen desde la forma
negativa del principio de precaución,
y que tocan alguna cosa que no es racional que hace que se propaguen con gran
rapidez. Pero a la vez, la sociedad genera virus de información sin que nos
demos cuenta y sin que les prestemos mucha atención". Según Kourilsky, el sistema
de información está constituido por esferas de poder, divididas entre quienes
generan información, quienes la traducen y publican, y quienes la reciben. Haciendo especial énfasis en
el periodismo, Kourilsky remarca que "es todo un conjunto de dispositivos,
de sistemas, que hacen que de una manera u otra el campo esté libre para que este
virus de la información se pueda desarrollar. A veces, puede estar manipulado
por grupos elite, a veces por individuos. Si nosotros no tenemos una
interpretación de esta situación, entonces, no tenemos ningún control sobre su
difusión " y concluye con que "en el fondo, el verdadero control (que
se podría aplicar al virus) es el control del público y del ciudadano, ya que
tienen todos los derechos democráticos; porque hay un verdadero problema
democrático dentro de la recepción y la crítica de la información". Es
decir, la emisión de información desde el aspecto negativo del principio de precaución, se presentaría
como un virus informativo, contra el cual no tenemos herramientas claras de
detección. Y es, según Kourilsky, la sociedad democrática la que debe
desarrollar la capacidad crítica para detectar estas informaciones
intencionadas: "Creo que en ese momento habría un aluvión de virus de
información, también en aspectos relacionados con la religión y con ciertas
ideologías, y concluiré (parafraseando al ex director del Instituto Pasteur,
quien tenía la costumbre de decir que "no hay peor virus que el virus
ideológico"): No hay peor virus que el virus de la información. Como
ciudadanos y ciudadanas debemos protegernos de este virus de la información". Más información en la red: |
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