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Caenorhabditis elegans: un gusano modelo

Raquel Lastra 17/01/03

Biomedia (Barcelona). Entre los descubrimientos científicos más destacados del  2002, la investigación en biología celular acaparó la mayor parte de premios. En efecto, un gusano de apenas un milímetro de longitud se convirtió el pasado mes de octubre en el protagonista del Premio Nobel de Medicina y Fisiología. A partir de la observación y el estudio del nematodo Caenorhabditis elegans, un equipo de tres científicos logró desenmascarar los mecanismos de la apoptosis* o muerte celular programada y su relación con el proceso de desarrollo animal. Los resultados de la investigación han permitido trazar nuevas vías de estudio en los campos de la biología celular, molecular y del desarrollo, así como de la medicina, por las posibles terapias generadas a partir de los nuevos conocimientos.

La investigación sobre la apoptosis con C. elegans se remonta a hace unos 30 años. En 1974, Sydney Brenner, uno de los galardonados con el Nobel, consiguió inducir mutaciones en genes específicos y relacionarlas directamente con alteraciones en el desarrollo. Posteriormente, John Sulston, otro de los miembros del equipo, pudo observar el proceso del desarrollo del nematodo y seguir el destino de cada una de sus células. A través del  microscopio, C. elegans es transparente y el proceso de apoptosis puede ser reconocido con facilidad.

A partir de un cigoto aislado, Sulston observó las sucesivas divisiones celulares y distinguió varios linajes de células que dan lugar al organismo completo.

Asimismo, fue capaz de reconocer a lo largo de este proceso, el fenómeno de apoptosis en un gran número de estas células. Finalmente, estableció que un gusano adulto, hermafrodita, está formado por 959 células de las 1090 iniciales, tras morir por apoptosis 131 de ellas.

El tercer miembro del equipo, el estadounidense Robert Horvitz, se sumó posteriormente a la investigación iniciada por los británicos Brenner y Sulston, centrándose en los mecanismos moleculares y genéticos implicados en el proceso de la apoptosis en C. elegans.

Así, Horvitz consiguió identificar tres genes relacionados con la regulación de la muerte celular programada: ced-3 y ced-4, activadores del proceso, y ced-9, de efecto antiapoptótico y que interactúa con los dos primeros. Actualmente, se han podido establecer varios genes que controlan la apoptosis en todos los animales y se ha identificado en humanos un gen homólogo a ced-3.

Entre otras características, la capacidad de saber exactamente el número de células que forman un adulto de C. elegans es lo que ha hecho de este nematodo un modelo animal ejemplar para el estudio de la muerte celular programada. Se trata de un organismo simple, de desarrollo invariable y predecible, de reproducción rápida y sobre el que fácilmente se pueden inducir mutaciones genéticas con metilisulfonato.

Actualmente, a partir de los resultados obtenidos en la investigación, se ha establecido a C. elegans como el organismo básico para poder indagar en los mecanismos moleculares que están detrás de los programas de apoptosis.

Durante su conferencia en el Instituto de Educación Continua (IEC) el pasado 13 de diciembre, el investigador del Institut de Recerca Oncològica, Alberto Villanueva, definió la apoptosis como un mecanismo de eliminación tanto de las células inútiles para el organismo como de las potencialmente perjudiciales.

El proceso se da en la mayoría de organismos pluricelulares, tanto en el período de desarrollo como a lo largo de su vida. Según el investigador, podría definirse como un «suicidio celular» en el que la célula programada para morir participa activamente en el proceso de la muerte, induciendo su propia destrucción y la eliminación del organismo.

En modelos experimentales, el fenómeno de apoptosis se encarga de la formación de estructuras durante el desarrollo. Como si se tratase de un escultor, la muerte celular daría forma a la vida.

Un ejemplo muy claro sería la desaparición del tejido interdigital en el embrión. También el fenómeno de metamorfosis en la larva de la mariposa o la desaparición de la cola del renacuajo se dan por la deleción de estructuras mediada por apoptosis.

Por otro lado, la apoptosis controla el número de células, sobre todo a nivel del cerebro, encargándose de eliminar un gran número de neuronas durante la maduración del sistema nervioso para garantizar una función correcta. También liquidar células que, debido a alguna anomalía, pudiesen ser potencialmente perjudiciales para el organismo.

En cuanto a la implicación de la apoptosis en las enfermedades, el control de la muerte celular es crucial y el fallo de los mecanismos de regulación de este proceso, está en la base de todo un conjunto de enfermedades. En artículos recientes, Horvitz destaca que «lo más gratificante al recibir el Premio Nobel es saber que tu trabajo va a tener una aplicación para curar enfermedades».

La inactivación de la apoptosis, además de relacionarse con anomalías en el desarrollo, está implicada en la proliferación de células cancerígenas y en la aparición de enfermedades autoinmunes. Por otra parte, una activación aberrante de la apoptosis se ha relacionado con enfermedades neurodegenerativas y existen artículos que relacionan este proceso con el Alzheimer y el Parkinson, entre otras.

Resulta sorprendente que, a partir de la información obtenida de un pequeño organismo como C. elegans  (y cómo ésta puede ser extrapolada a organismos mucho más complejos) sea posible desarrollar conocimientos que nos permiten comprender mejor la vida terrestre y, asimismo, disminuir la barrera que nos diferencia de otras especies.

Raquel Lastra es licenciada en Biología por la Universitat Autònoma de Barcelona y Máster en Comunicación Científica por la Universitat Pompeu Fabra.

* Glosario de Biomedia

Más información en Biomedia:
Dossier de Biología celular
Dossier de Biología del desarrollo

Más información en la red:
Museo Nobel, Medicina: http://www.nobel.se/medicine/
Proyecto Genoma C. elegans: http://www.sanger.ac.uk/Projects/C_elegans

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