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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Hallado un gen que podría explicar el crecimiento del cerebro humano
Biomedia (Barcelona). Investigadores del
Instituto Médico Howard Hughes (HHMI) de
la Universidad de Chicago han
identificado un gen que parece haber tenido una función clave en la expansión
de la corteza cerebral del cerebro humano,
un sello de distinción en la evolución de los humanos a partir de otros
primates, gracias a recientes estudios que relacionan este gen con la
microcefalia humana. Comparando las
secuencias genéticas de distintas especies de primates, incluidos los humanos,
con mamíferos no primates, los científicos han encontrado evidencias de que la
presión de la selección natural aceleró cambios en este gen, particularmente en
la línea de primates liderada por los humanos, para desarrollar la corteza
cerebral. Los investigadores,
dirigidos por el científico Bruce Lahn, del HHMI, han mostrado estos resultados en un artículo publicado el 13 de enero
en la revista Human Molecular Genetics. Patrick Evans y Jeffrey Anderson
del laboratorio de Lahn, son los coautores del artículo. «Durante mucho
tiempo, se ha estudiado la evolución del cerebro, pero tradicionalmente las
investigaciones se han enfocado a la anatomía comparativa y la fisiología de la
evolución cerebral», dijo Lahn. «Yo me aventuraría, en todo caso, a decir que
no ha habido ninguna evidencia convincente, hasta ahora, de un gen cuyos
cambios hayan influido en la evolución del cerebro». En este estudio, los
investigadores enfocaron su trabajo en un gen llamado Microcefalia
Asociada de Tipo Huso Anormal (ASPM, por sus siglas en inglés). Este gen, según aclara Arcadi Navarro,
investigador y profesor
de biología evolutiva del departamento
CEXS de la Universidad Pompeu Fabra, se
encuentra ubicado en el cromosoma 1, base 31, brazo P, y «cuando muta, genera
problemas de desarrollo» como la microcefalia humana, una severa reducción del
tamaño de la corteza cerebral, la parte del cerebro responsable de la
planificación, el razonamiento abstracto y otras funciones cerebrales
complejas. La relación de este
gen con la microcefalia fue descrita por el investigador del HHMI Christopher A. Walsh y sus colegas en el Centro Médico Beth Israel
Deaconess, y sería lo que movió a Lahn a emprender el estudio de la
evolución del gen ASPM, tal y como lo hizo Jianzhi Zhang, investigador de la
universidad de Chicago, que ha mostrado
resultados similares y complementarios. Hace un par de semanas,
en la revista Genetics de diciembre del 2003, J. Zhang publicó el
artículo «Evolución del gen humano ASPM, el mayor determinante
del tamaño del cerebro»,
en la misma línea que el trabajo de Lahn. Para Navarro, el
trabajo de Zhang, además de tener el valor de haber sido publicado
anteriormente, «estudia algunos primates y muchos otros organismos, más
alejados de los primates», pero por otro lado, «la ventaja del trabajo (de
Lahn) es que se hace un estudio muy detallado de todos los primates del linaje
humano, incluyendo chimpancés, gorilas, etc.», dice el investigador de la UPF. Lahn y sus colegas
compararon la secuencia del gen ASPM humano con el de otras seis
especies de primates que se muestran genéticamente como representantes clave en
la jerarquía evolucionista liderada por el Homo sapiens. Estas especies
fueron el chimpancé, el gorila, el orangután, el mono gibón, el macaco y el mono lechuza. «Escogimos estas
especies porque están, progresivamente, más relacionadas con los humanos», dijo
Lahn. Junto a sus colegas, encontraron que el gen ASPM mostraba claras
evidencias de cambios acelerados por presión evolutiva en el linaje de los
humanos, y la aceleración se observa más prominente en la evolución humana
después de que nos separáramos de los chimpancés. «En nuestro trabajo
hemos visto que la evolución de un gran número de genes, en un amplio número de
casos, presenta pequeños signos de cambios adaptativos», dijo Lahn. «Por ello,
estaba completamente sorprendido
de ver que este gen muestra signos fuertes y claros de evolución adaptativa,
más que muchos de los genes que hemos estudiado». Por el contrario, los
análisis de los investigadores del gen ASPM en los monos más primitivos
y en vacas, ovejas, gatos, perros y ratones no muestran un cambio evolutivo
acelerado. La aceleración evolutiva del ASPM específicamente en el
linaje de primates del que provienen los humanos es los que convierte en
especial a este gen. Para Navarro, este descubrimiento es de gran importancia,
pero no necesariamente determinante, ya que «todavía no conocemos las funciones
exactas del gen». Según Navarro, «puede ser que la proteína del ASPM sea
muy necesaria en otros procesos y que, por tanto, cuando ésta falla, se
produzca un tamaño craneal no estándar para el ser humano. Quizá no sea la
pieza más importante del puzzle, y esto no lo sabremos hasta que otros estudios
complementen esta investigación, tanto desde el punto de vista evolutivo como
de la embriología y la biología del desarrollo asociada al tamaño craneal». Según Lahn, los
próximos pasos de sus investigaciones estarán encaminados a comprender cómo
funciona este gen en el cerebro. Los estudios de Walsh insinúan que la proteína
producida por este gen debería regular el número de neuronas generadas por
división celular en la corteza cerebral. Lo que sí está claro es que alguna ruta metabólica o algún
proceso de desarrollo en los que este gen participa son importante y, por
tanto, «lo que tenemos ahora es una punta del hilo que hay que ir tirando.
Estamos mucho mejor que antes, cuando no sabíamos ni por dónde empezar», agregó
Navarro. Más información en
Biomedia: Más información en la
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