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La guerra, un triste laboratorio de ensayos, un desafortunado recurso económico

Montserrat Daban 16/05/03

Biomedia (Barcelona). Estados Unidos es el primer productor y suministrador mundial de armamento. Mantener este liderazgo requiere una enorme inversión en investigación y desarrollo militar dirigida a financiar el estudio, proyección y diseño de las armas de destrucción. La verificación de sus desarrollos implica a menudo una guerra fuera de sus fronteras, como la que se ha librado en Iraq.  

El dinero de I+D militar

Las auténticas razones de los conflictos, raramente alcanzables por la totalidad de la opinión pública, incluyen oscuros propósitos económicos entre los que no debemos subestimar el movimiento de dinero que genera la investigación militar. Incluso en un Estado como el español, cuyo ejército presume de vocación humanitaria, las inversiones del Gobierno en el 2003, entre presupuestos de investigación y anticipos a empresas españolas para el desarrollo de proyectos militares, pueden triplicar e incluso cuadriplicar el programa de financiación público para los grupos de investigación de las universidades y el CSIC.

Pero los 1300 millones de euros (que podrían convertirse en 1700) de nuestro Estado no parecen demasiado si los comparamos con los 47 000 millones de euros que se gastará este año Estados Unidos, sin contar con los anticipos que George Bush ha reclamado, bajo la mirada vigilante de Donald Rumsfeld, a los congresistas de su país. Desde la Segunda Guerra Mundial, la partida gubernamental que la potencia norteamericana ha destinado a I+D militar no dejó de crecer hasta la administración Clinton, quien revirtió esta tendencia, intentando reducir en seis años este porcentaje del 69 al 50%. George Bush comenzó a desandar este camino ya antes del 11 de septiembre del 2001, y sus esfuerzos se han multiplicado en inversiones y acciones a partir de esta fecha, desplazando prioridades del ámbito civil al militar, en especial hacia los aspectos relacionados con la guerra al terrorismo internacional, con aumentos de hasta el 700% en I+D contra el bioterrorismo. Una amenaza que, recordemos, se gestó en gran medida en los propios laboratorios del país norteamericano que ahora lucha para combatirla.

El lobby «belicista» de Washington

Las tres principales empresas de armamento de Estados Unidos acaparan el 60% del gasto del Pentágono. Para justificar este gasto, empresas y políticos afines constituyeron un lobby de presión a favor de la guerra (hace más de cuarenta años que este hecho es denunciado desde el interior del propio país, incluso desde la esfera política). De hecho, las numerosas conexiones entre la Administración y las industrias de armamento han salido más de una vez a la luz pública. Las amenazas a la «seguridad nacional» son el argumento preferido de este lobby para reclamar un aumento de los gastos militares y el desarrollo de nuevas generaciones de armas, que tienen que ser probadas en guerras periféricas, para que el proceso imposible de parar de gastos y reinversiones en empresas de armamento y sus laboratorios asociados se puedan seguir manteniendo.

Los intereses armamentísticos españoles

La Universidad Politécnica de Cartagena ha empezado a impartir la titulación de Ingeniería en Sistemas de Defensa, título ratificado por el Consejo de Universidades y en el BOE. A este programa se han matriculado alumnos civiles y militares, que podrían recibir ayudas del Ministerio de Defensa, del Ejército Español y de la empresa de armamento IZAR. En los últimos años, la Administración española ha mostrado una tendencia afín a los intereses de los estamentos militares, aumentando los presupuestos en I+D militar (que el año 1999 aumentaron más del doble de la cifra alcanzada en 1995) o bien incrementado el financiamiento de un ejército profesionalizado. Por ejemplo, las asignaciones del departamento de defensa crecen por quinto año consecutivo por encima de la inflación, a diferencia de lo que sucede con otras partidas de presupuestos estatales.

Objeción en la investigación militar

La comunidad científica española es una de las más descontentas con la política del Gobierno en materia de I+D (España se coloca tan sólo por debajo de Estados Unidos y Gran Bretaña en porcentaje de gastos dedicados a la investigación militar). En este clima de protestas, la agrupación catalana de científicos Fundació per la Pau puso en marcha el año 2002 una campaña para recoger firmas contra esta política gubernamental. Científicos de gran renombre como Carles Solà, Josep Egozcue, Mercè Durfort o Federico Mayor Zaragoza ya se han declarado «objetores científicos» y han ratificado un manifiesto en el que se comprometen a no participar en ninguna investigación científica con fines militares.


Montserrat Daban es doctora en biología y editora científica de Rubes Editorial

Bibliografía
Miguel Ángel Molina: «Investigación militar y guerra de Iraq», Boletín de la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular 2003, 135: 6-9.
Miguel Ángel Molina: «Investigación militar y guerra de Iraq». Publicado en la web de la Campaña por la paz de la Fundació per la Pau.

Más información en la red:
Campaña por la paz de la Fundació per la Pau: http://www.noalainvestigacionmilitar.org/
Fundació per la Pau: http://www.fundacioperlapau.org/
Ministerio de Defensa de España: http://www.mde.es/mde/

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