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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones La guerra, un triste laboratorio de ensayos, un desafortunado recurso económico
Biomedia (Barcelona). Estados Unidos es el primer
productor y suministrador mundial de armamento. Mantener este liderazgo
requiere una enorme inversión en investigación y desarrollo militar dirigida a
financiar el estudio, proyección y diseño de las armas de destrucción. La
verificación de sus desarrollos implica a menudo una guerra fuera de sus
fronteras, como la que se ha librado en Iraq.
El dinero de I+D militar Las
auténticas razones de los conflictos, raramente alcanzables por la totalidad de
la opinión pública, incluyen oscuros propósitos económicos entre los que no
debemos subestimar el movimiento de dinero que genera la investigación militar.
Incluso en un Estado como el español, cuyo ejército presume de vocación
humanitaria, las inversiones del Gobierno en el 2003, entre presupuestos de
investigación y anticipos a empresas españolas para el desarrollo de proyectos
militares, pueden triplicar e incluso cuadriplicar el programa de financiación
público para los grupos de investigación de las universidades y el CSIC. Pero
los 1300 millones de euros (que podrían convertirse en 1700) de nuestro Estado
no parecen demasiado si los comparamos con los 47 000 millones de euros que se
gastará este año Estados Unidos, sin contar con los anticipos que George Bush
ha reclamado, bajo la mirada vigilante de Donald Rumsfeld, a los congresistas
de su país. Desde la Segunda Guerra Mundial, la partida gubernamental que la
potencia norteamericana ha destinado a I+D militar no dejó de crecer hasta la
administración Clinton, quien revirtió esta tendencia, intentando reducir en
seis años este porcentaje del 69 al 50%. George Bush comenzó a desandar este
camino ya antes del 11 de septiembre del 2001, y sus esfuerzos se han
multiplicado en inversiones y acciones a partir de esta fecha, desplazando
prioridades del ámbito civil al militar, en especial hacia los aspectos
relacionados con la guerra al terrorismo internacional, con aumentos de hasta
el 700% en I+D contra el bioterrorismo. Una amenaza que, recordemos, se gestó
en gran medida en los propios laboratorios del país norteamericano que ahora
lucha para combatirla. El lobby «belicista» de Washington Las
tres principales empresas de armamento de Estados Unidos acaparan el 60% del
gasto del Pentágono. Para justificar este gasto, empresas y políticos afines
constituyeron un lobby de presión a favor de la guerra (hace más de cuarenta
años que este hecho es denunciado desde el interior del propio país, incluso
desde la esfera política). De hecho, las numerosas conexiones entre la
Administración y las industrias de armamento han salido más de una vez a la luz
pública. Las amenazas a la «seguridad nacional» son el argumento preferido de
este lobby para reclamar un aumento de los gastos militares y el desarrollo de
nuevas generaciones de armas, que tienen que ser probadas en guerras
periféricas, para que el proceso imposible de parar de gastos y reinversiones
en empresas de armamento y sus laboratorios asociados se puedan seguir
manteniendo. Los intereses armamentísticos españoles La Universidad Politécnica de Cartagena ha empezado
a impartir la titulación de Ingeniería en Sistemas de Defensa, título
ratificado por el Consejo de Universidades y en el BOE. A este programa se han
matriculado alumnos civiles y militares, que podrían recibir ayudas del Ministerio de Defensa, del Ejército Español y de la empresa de
armamento IZAR. En los últimos años, la
Administración española ha mostrado una tendencia afín a los intereses de los
estamentos militares, aumentando los presupuestos en I+D militar (que el año
1999 aumentaron más del doble de la cifra alcanzada en 1995) o bien
incrementado el financiamiento de un ejército profesionalizado. Por ejemplo,
las asignaciones del departamento de defensa crecen por quinto año consecutivo
por encima de la inflación, a diferencia de lo que sucede con otras partidas de
presupuestos estatales. Objeción en la investigación militar La
comunidad científica española es una de las más descontentas con la política
del Gobierno en materia de I+D (España se coloca tan sólo por debajo de Estados
Unidos y Gran Bretaña en porcentaje de gastos dedicados a la investigación
militar). En este clima de protestas, la agrupación catalana de científicos Fundació per la Pau puso en marcha
el año 2002 una campaña para recoger firmas contra esta política gubernamental.
Científicos de gran renombre como Carles Solà, Josep Egozcue, Mercè Durfort o
Federico Mayor Zaragoza ya se han declarado «objetores científicos» y han
ratificado un manifiesto en el que se comprometen a no participar en ninguna
investigación científica con fines militares. Montserrat Daban es doctora en
biología y editora científica de Rubes
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