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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Género y salud en la prensa diaria
Biomedia (Barcelona). Los medios de comunicación intervienen en la
creación de estereotipos y tienen influencia en las cuestiones de género. A
continuación, se presentan los resultados de un reciente estudio realizado
sobre género y salud en el período comprendido entre 1997 y 2001. Los datos
analizados pertenecen a los principales medios de difusión de la prensa diaria
catalana y han sido obtenidos del Informe
Quiral. The mass media take part in the creation of stereotypes and influence
gender questions. Next, the results of a recent study on gender and health in
the period between 1997 and 2001 are presented. The analysed data belong to the
main media of the Catalan daily press and were got from the Informe Quiral. Las
influencias de los medios de comunicación en la sociedad han sido estudiadas
desde distintas perspectivas y diferentes marcos teóricos. Mauro Wolf, en su
obra Los efectos sociales de los media
destaca, entre otros, los siguientes mecanismos: 1) la dependencia de la
sociedad respecto de los medios como sistema de información sobre cualquier
ámbito (incluida, por tanto, la información de salud); 2) el efecto de los
medios en el establecimiento de la agenda pública, o la lista de temas que son
prioritarios para una determinada sociedad en un momento concreto; 3) la
influencia en las representaciones sociales de la realidad (con la recreación,
por ejemplo, de ciertos estereotipos y roles sociales) y 4) los efectos
sobre la creación de la «opinión pública», difundiendo, por una parte,
determinadas opiniones y, por otra, por ser uno de los sistemas utilizados
individualmente a la hora de percibir cuál es la opinión de la mayoría (poll-taker). Por
otra parte, en las últimas décadas, la influencia de los medios de comunicación
en las cuestiones de género ha centrado el objetivo de numerosas
investigaciones. Algunas publicaciones científicas han hecho de este tema el
centro de su actividad (por ejemplo, Media
and Gender Monitor, creada en 1997) o bien una parte sustancial de su
temática (tales como Gender and
Development). En este
sentido, en el ámbito del territorio español, probablemente uno de los trabajos
más difundidos ha sido la obra El sexo de
la noticia. Si bien no se trata en este caso de un trabajo estrictamente de
investigación, contiene importantes y bien reflexionadas recomendaciones de
estilo. El estudio de las cuestiones
de género y salud en los medios de comunicación se ha abordado generalmente
desde perspectivas concretas, por su asociación a determinados temas (tales
como la imagen corporal y los trastornos de la alimentación, la influencia de
los medios en el desarrollo del tabaquismo, etc.), existiendo poca literatura
en la que se aborde este tema de forma global. Por último, es necesario
comentar dos particularidades más. Por una parte, la dificultad que existe para
reconocer estereotipos, los cuales toman, a veces, formas sutiles. Por ejemplo,
en un estudio sobre la programación educativa infantil en la televisión
norteamericana se vio que aunque mujeres y hombres aparecían en proporciones
similares representando, respectivamente, papeles de científicas y científicos,
las mujeres que salían en la pantalla eran sistemáticamente más jóvenes y
representaban un menor rango académico que sus compañeros varones. Por otra
parte, es importante también tener en consideración que la coexistencia de
diferentes medios de comunicación –prensa, radio, televisión e Internet– ha
implicado la necesidad de análisis específicos para cada uno de ellos,
encontrándose diferencias sustanciales en el impacto y los mecanismos de
actuación de cada uno de ellos. Este artículo se centrará en
el estudio de la prensa en la transmisión de informaciones, imágenes y
opiniones relacionadas con las cuestiones de género y salud. En concreto, este
amplio tema se revisa desde tres puntos de vista básicos: 1) la
responsabilidad de la información de salud en la prensa, según la distribución
de sexos en las redacciones y en el conjunto de fuentes de información
utilizadas, 2) los aspectos de la salud de la mujer que han centrado la
atención de la prensa durante los últimos años y 3) cómo a través de
dichos temas, o bien mediante el uso de las imágenes o el lenguaje, se
representan determinados estereotipos y roles sociales. Los resultados que se
presentan a continuación se basan fundamentalmente en el análisis de los datos
recogidos en el Informe Quiral relativos al período comprendido entre 1997 y 2001. Este informe
consiste en la monitorización sistemática de los textos sobre salud y medicina
publicados en los cinco diarios de máxima difusión en el territorio español
según datos de la Oficina de Justificación de la Difusión: El País, El
Mundo, ABC, La Vanguardia y El Periódico. En algunos casos, los
datos se han complementado con una perspectiva internacional, mediante el
estudio de la evolución de la información en el periódico norteamericano The New York Times entre 1900 y 1999. La responsabilidad sobre la información de salud en
la prensa diaria Para estudiar este punto se
ha considerado, en primer lugar, la información que publican diariamente los
periódicos sobre su organigrama. Lógicamente, dichos organigramas son
incompletos pues no aparece el nombre de todos los que trabajan en las
redacciones de los respectivos diarios, pero resultan de suma utilidad por
constituir un reflejo del reconocimiento público a ciertos nombres y cargos. Antes de presentar los datos
conviene explicar que el sistema de organización de los cinco diarios
estudiados es de tipo clásico o piramidal. Es decir, la jerarquía en la toma de
decisiones podría ser representada en forma de pirámide con la base inferior
formada por el conjunto de redactores, colaboradores y becarios; y vértice
superior representado por el director (o por el presidente, según el caso). En
los escalones intermedios de esta pirámide se encuentran –de abajo hacia arriba
y con ciertas variedades según la publicación– los jefes de sección, los
redactores-jefe, los adjuntos a la dirección y jefes de área, los
subdirectores, etc. Estos niveles organizativos podrían ser representados
mediante cuatro escalones. Los datos publicados en los
organigramas estudiados (tabla 1) muestran
que en el nivel 1 (presidencia-dirección), de un total de 16 nombres que
aparecen publicados entre los cinco diarios, sólo uno corresponde a una mujer
(Catalina Luca de Tena, editora de ABC),
cifra que supone un 6,25%. En el nivel 2 (subdirección, dirección adjunta,
direcciones autonómicas, etc.), sobre un total de 55 nombres, sólo 3 son
mujeres (5,45%). El porcentaje de mujeres incluidas en el nivel 3 no puede ser
calculado únicamente con la información del organigrama, pues en el caso de ABC sólo se publican las iniciales de
los nombres y, en el de El Mundo no
se ofrecen, en este apartado, los nombres de los responsables de las distintas
secciones. Si tomáramos como referente lo que sucede en los otros tres diarios,
el porcentaje de mujeres que aparecen en este nivel de responsabilidad estaría
entre el 12,50% y el 18,18%. Es decir, tanto en su
conjunto como de forma individual, en los cinco diarios estudiados las
decisiones que afectan a la redacción las toman en última instancia hombres,
teniendo las mujeres un papel mínimo en este grado máximo de responsabilidad. Sería de esperar, tal como
sucede en otros muchos ámbitos profesionales, que los porcentajes respectivos
de mujeres y hombres se fueran igualando a medida que descendemos hacia la base
de la pirámide, e incluso podría llegarse a una situación en la que el número
de mujeres fuera superior al de los hombres (no sería descabellada esta idea,
teniendo en cuenta la repartición de sexos en las promociones que salen cada
año de nuestras facultades de periodismo). Contribuía a pensar en esta
hipótesis el hecho de que en tres de los cinco diarios estudiados la
responsable de la información especializada en salud es una mujer (Milagros
Pérez Oliva en El País, Àngels
Gallardo en El Periódico y Rosa
Salvador/Marta Ricart en La Vanguardia).
Sin embargo, al revisar los
datos del Informe Quiral y calcular el porcentaje de mujeres y hombres
que habían firmado los textos sobre salud y medicina publicados entre 1997 y
2001 en los cinco diarios estudiados, se llegó a unos resultados distintos a
los esperados. En primer lugar, se observó que un 43,8% de textos no llevaban
firma ni de hombre ni de mujer (algunos aparecían como información procedente
de agencia, mientras que otros indicaban que habían sido elaborados por la
redacción). Entre los textos que se acompañaban de firma, un 61,2% estaban
firmados por hombres y un 38,8% por mujeres. Es decir, incluso en estos niveles
de responsabilidad sobre la información persiste aún cierto desequilibrio con
una menor participación de las mujeres. Por último, se analizó
también qué papel habían desempeñado hombres y mujeres como fuentes de
información. Es decir, entre los nombres citados en todos los textos qué
porcentaje correspondían a uno u otro sexo. En España se da la circunstancia de
que en el ámbito sanitario hay bastantes mujeres, aunque también es cierto que
en los cargos de máxima responsabilidad (dirección y gerencia de hospitales o
de centros de investigación, por ejemplo) esta proporción no es tan alta. Por
otra parte, el Ministerio de Sanidad ha estado ocupado durante una buena parte
del estudio por mujeres (Celia Villalobos y Ana Pastor). Sin
embargo, a pesar de esta abundante representación femenina entre el colectivo
sanitario, los resultados de nuestro análisis concluyeron que, entre los 40 522
nombres mencionadas como fuente de información en los textos sobre salud y
medicina publicados entre 1997 y 2001 (algunos textos citan más de un nombre),
32 997 (81,43%) correspondían a hombres y 7203 (17,77%) a mujeres, mientras que
en 322 casos (0,80%) el nombre no fue suficiente para averiguar si se trataba
de un hombre o una mujer. Estos resultados implican que en temas de salud, la
imagen de la figura de autoridad continúa siendo masculina. En
estudios anteriores se concluye que la representación social sobre quiénes y
cómo son las «personas que hacen ciencia» podría
resumirse en esta frase: «Un científico es un hombre blanco, vestido con bata
blanca y con un bolsillo lleno de bolígrafos y lápices. Es de mediana edad y, o
bien está calvo, o lleva gafas para compensar su miopía». El
científico es, pues, «un hombre» en el imaginario colectivo, y en nada
contribuye a eliminar este estereotipo el hecho de que la mayor parte de las
fuentes expertas consultadas en la prensa continúen siendo hombres, a pesar de
que haya suficientes mujeres especialistas como para que la proporción tienda a
ser más equilibrada. Por otra parte, el análisis
de la evolución del The New York Times,
a lo largo de todo un siglo (1900-1999) indica que los resultados obtenidos en
nuestro entorno no se apartan demasiado de la tónica de este diario de
referencia internacional. En concreto, una medida indirecta de la mención a
hombres o mujeres como fuentes expertas de información en este diario era la
determinación de la aparición de palabras como Doctora o Doctor. Debido a que
en inglés la palabra «doctor» no distingue entre el femenino y el masculino, se
determinó la frecuencia de aparición de la combinación de palabras «doctor + he
says» o bien «doctor + she says». La muestra los resultados de esta búsqueda.
Tal como puede apreciarse, la combinación «doctor + she says» es
sistemáticamente mucho menos frecuente que la combinación «doctor + he says» y
no existe indicio alguno que haga pensar que la tendencia observada durante
cien años vaya a cambiar. La información sobre salud de la mujer La definición de lo que se
entiende por información de salud es aquí un elemento esencial a tener en
cuenta. Así, en el caso de The New York
Times, la búsqueda de la combinación de palabras «health + men» y «health +
women» ofrecía una representación que podría ser interpretada a primera vista
como un aumento en el interés por la salud de la mujer, más marcado sobre todo
en las últimas tres décadas del siglo XX.
Sin embargo, si en lugar de la palabra «salud» (health) se estudiaba qué sucedía con la palabra «enfermedad» (disease) la gráfica variaba por
completo. La explicación a esta aparente paradoja radicaba en que muchos textos
centrados en temas de belleza, fitness, cuidados del cuerpo, etc., cada
vez más abundantes en la prensa diaria, se acompañaban de las palabras «salud»
y «mujer», siendo responsables de la primera gráfica. Sin embargo, cuando se
consideraba sólo aquellos que trataban sobre «enfermedades» la proporción de
textos dedicados a la mujer era mucho menor. Para conocer cuáles fueron
los centros de atención de la prensa española en relación con la salud de la
mujer, se realizaron búsquedas en la base de datos de los Informe Quiral
correspondientes al período 1997-2001. En concreto, se analizó la lista
completa de tópicos (la cual consta de 120 categorías), extrayendo la
información referente a temas que podían ser susceptibles de ser tratados desde
una perspectiva de género. También se buscó la palabra «mujer» en la lista de
«palabras clave» (palabras que han sido mencionadas en el texto y que resumen
aspectos fundamentales del mismo). De este procedimiento resultó una reducida
lista de 20 temas en los que, al menos en una ocasión, se había dado un
tratamiento específico desde la perspectiva de salud de la mujer (tabla 2). La distribución de los temas
según si predominan los textos referidos explícitamente a la mujer o no, dio
lugar a observaciones interesantes. Por ejemplo, no parece sorprendente que
entre los primeros puestos se incluyan 5 tópicos relacionados con la sexualidad
y el aparato genito-urinario, pues sin duda es lógico que se acompañen de
referencias a uno u otro sexo. Sin embargo, sorprende mucho más que el segundo
lugar de esta lista lo ocupe el tópico denominado «yatrogenia», un tema que, en
principio, no debería tener una preferencia por un sexo u otro. Destaca también
–aunque seguramente no sorprende– que los temas de belleza, estética y fitness
se sitúen entre los primeros puestos. En el otro extremo de esta
lista encontramos enfermedades como el Alzheimer, el sida o la patología
cardiovascular, pareciendo ilógico que se sitúen en posiciones tan bajas de la
lista, dadas las implicaciones que tienen todas ellas para las mujeres. Tratamiento
periodístico según tópico (sólo se presentan los resultados más destacados) En este caso, los textos
enfocaban el tema generalmente desde una perspectiva informativa, con un uso de
informaciones procedentes de revistas científicas especializadas muy superior a
la media (40,91% frente al 15-28% del resto de temas sanitarios). No obstante,
a pesar de la seriedad y precisión de la mayor parte de los textos, algunos
titulares insistían en ideas estereotipadas («Las mujeres soldado, más frágiles
que los hombres» o «Las féminas tienen el esqueleto más ligero que los
varones»), representaban a la mujer en un papel de ignorante o de víctima del
sistema («Muchas mujeres no saben que sus huesos han perdido densidad») o
incluso llegaron a utilizar expresiones insultantes («Las morenas, gordas y
velludas son menos propensas a padecer osteoporosis»). En este caso, la proporción
de textos referidos específicamente a la mujer, sobre el total de piezas que
trataban sobre el tema, fue muy baja (un 5%). Pero ni siquiera estos pocos
temas en los que se hablaba de la mujer estaban centrados específicamente en el
estrés o la salud laboral, sino que estos eran tratados de forma secundaria,
dividiéndose en dos grupos: unos que informaban sobre la relación entre estrés
y otras patologías propias de las mujeres (tales como el cáncer de mama) y
otros que trataban sobre la asociación del estrés de la mujer con su capacidad
reproductiva y su papel de madre («El estrés impide el embarazo», «El estrés
puede adelantar el parto»). Por otra parte, de nuevo en este caso algunos
titulares reflejan que el tema no es tratado con auténtica seriedad («El
síndrome de Superwoman, el nuevo mal de las mujeres de fin de siglo,
«Mujeres estresadas, mujeres sin pelo»). Se incluyen en este tópico
tanto los efectos yatrogénicos de las tecnologías médicas como los errores
médicos, las negligencias, la incompetencia, la falta de atención por parte del
personal sanitario e investigador y, en general, los efectos negativos del
sistema sanitario. Su tratamiento también es más sensacionalista que el que
reciben otros temas médicos: 1) a pesar de que se trata de un tema que con
frecuencia es cubierto mediante piezas informativas cortas y poco elaboradas
(baja frecuencia en la utilización de refuerzo gráfico y número de fuentes de
información) tiene una presencia relativamente importante en las portadas y
lugares destacados de los diarios, y 2) el lenguaje utilizado para presentar la
información utiliza a menudo expresiones dramáticas y radicales (muerte,
condena, víctima, riesgo, fraude, culpable, etc.). Las razones de la gran
proporción de textos sobre yatrogenia que hacían referencia específica a la
mujer se justificaban, por una parte, por la existencia de un grupo de textos
en los que se explicaba que las mujeres sufren más a menudo los efectos
negativos del sistema sanitario y, por otra, porque en este tema, a diferencia
de otros, tendía a personalizarse más la información, de modo que si la víctima
–o la culpable– de la negligencia había sido una mujer, este hecho acostumbraba
a quedar reflejado en el texto o en el título. La observación de que muchos
titulares comenzaban por las palabras «una mujer» («una mujer muere tras
someterse a una liposucción», «una mujer queda en cinta dos veces en dos
meses», «una mujer muere por intoxicación metílica») hizo necesario plantearse
si esta particularidad era propia de este tema o bien se producía en toda la
base de datos. La búsqueda en la base de datos general de las expresiones «una
mujer» y «un hombre» como comienzo de título dio como resultado un total de 73
textos para el primer caso y de 27 para el segundo, sin relación alguna con la
temática a la que se refería la noticia, por lo que podía concluirse que las
razones que explicaban este uso eran más propias del lenguaje periodístico al
uso que del propio contenido temático. Es decir, mientras que decir que a «una
mujer» le ha pasado tal cosa o tal otra parece normal en el lenguaje
periodístico, la expresión «un hombre...» es mucho menos frecuente,
prefiriéndose en cambio una explicación más precisa sobre quién es dicha
persona («un médico», «un vecino de ...», «fulanito o menganito», etc.). La información en este caso
procede mayoritariamente de agencias de prensa, citando como fuentes de
información a víctimas, médicos, abogados y representantes de asociaciones
civiles. Como sucedía con la yatrogenía, este tema recibe un tratamiento mucho
más sensacionalista que otros tópicos relacionados con la salud. Esto se ve
reflejado tanto en los titulares como en los textos e ilustraciones (estas
últimas, más abundantes que en otros temas). En algunos casos se entremezcla la
función informativa con juicios de valor: «Da la impresión de que las mujeres
están siempre como ‘sufridoras’ o como testigos. Pero no es así». «Amores que
matan». «Pululaban somnolientas». «Viaje al infierno de los malos tratos». Las líneas generales y las
decisiones finales sobre asuntos de redacción corren a cargo de hombres en la
mayor parte de los casos, en los diarios estudiados. En el caso concreto de la
información sobre salud, el reparto de sexos está más equilibrado, pero a pesar
de ello la proporción de textos firmados por hombres sigue siendo superior a la
de mujeres. Habría que estudiar quién hay detrás de aquellos textos que no
aparecen firmados o llevan como firma «redacción» o «agencia». Las fuentes de información mencionadas
en la prensa en relación con temas de salud son mayoritariamente masculinas
(cuatro de cada cinco nombres mencionados corresponden a hombres), a pesar de
que las mujeres representan un colectivo muy importante en el conjunto del
sistema sanitario y de que durante buena parte del período de estudio dos
mujeres han ocupado el cargo de máxima responsabilidad dentro del Ministerio de
Sanidad, acumulando un número de citas considerable. El aparente aumento del
interés por el tema general de «salud y mujer» puede estar reflejando, como en
el caso de The New York Times, en un
simple aumento de la atención hacia temas que mencionan la salud como excusa,
no como auténtico objetivo informativo (por ejemplo, en textos que tratan sobre
belleza, cuidado del cuerpo, fitness
o estética). Tampoco en los diarios estudiados en la muestra española se
observa un interés notable por las cuestiones de salud de la mujer, a la vista
de la pequeña proporción de textos que se refieren específicamente a este tema.
Entre los temas en los que
más a menudo se hace referencia a las particularidades de la mujer se incluyen
algunos en los que la explicación biológica parece clara (sexualidad,
reproducción, trastornos del sistema genito-urinario, etc.) junto a otros temas
en los que no existe una justificación biológica, sino social (la yatrogenia y
los errores médicos, las cuestiones relacionadas con la belleza o el cuidado
del cuerpo y la violencia doméstica). Un gran número de patologías que tienen
implicaciones más graves y frecuentes en las mujeres que en los hombres son
cubiertas por la prensa sin reflejar estas diferencias específicas. El lenguaje y el tipo de
cobertura periodística dado a determinados temas permite afirmar que aún se
siguen reproduciendo determinados estereotipos que distorsionan la información
y contribuyen a perpetuar ciertos roles sociales. I. Desde todos los sectores implicados en la
información sanitaria debería buscarse una repartición más equitativa en la
responsabilidad de la información pues sin duda redundaría en una mayor calidad
y en una visión menos sesgada de la salud. Para ello, es imprescindible que: a)
en las redacciones se persiga la paridad o se «presione» (en el mejor sentido
de la palabra) para que las mujeres accedan a los puestos más altos dentro del
organigrama. Esta recomendación debiera ser obligada en el caso de los medios
de comunicación de titularidad pública (por ejemplo, algunas televisiones); b)
se haga un esfuerzo «activo» para salir del círculo rutinario de fuentes de
información, incluyendo a más voces de mujeres (obviamente, manteniendo los
criterios de expertisse y
competencia). Este esfuerzo debe hacerse tanto por parte del periodista que
busca información, como por parte de las instituciones proveedoras de ésta
(hospitales, universidades, centros de investigación, industria y
administración, fundamentalmente). II. Siempre que sea posible, se debería incluir una
visión de género en cualquier información sobre salud, especialmente en
aquellos casos en los que es evidente que la gravedad o la prevalencia de una
enfermedad está muy relacionada con el hecho de ser hombre o mujer. III. Debe evitarse la inclusión injustificada de
adjetivos, expresiones o ilustraciones que fomenten la persistencia de imágenes
estereotipadas de mujeres y hombres, especialmente si resultan insultantes o
trivializan patologías que pueden ser graves. IV. Si se detecta un tratamiento injusto o poco
apropiado de la información sobre salud, éste debería denunciarse, utilizando
para ello aquellos espacios destinados para la opinión de las personas ajenas a
la redacción (artículos de opinión, cartas al director, etc.). Agradecimientos Este estudio ha sido
realizado gracias al apoyo de MSD, en el marco de un convenio con el
Observatori de la Comunicació Científica de la Universitat Pompeu Fabra cuyo
objetivo principal es fomentar el debate y mejorar la información sobre la
salud de la mujer. El Informe Quiral, centrado en el estudio de la
representación de la salud y la medicina en la prensa diaria, es fruto de la
colaboración entre el Observatori de la Comunicació Científica y la Fundación
Vila Casas. [Este artículo ha sido
publicado en la revista Quark. Mujeres y hombres: salud, ciencia y
tecnología, número monográfico basado en el primer congreso «Mujeres y
hombres: salud, ciencia y tecnología», celebrado en Barcelona el 20 y 21 de
febrero del 2003, y fue presentado durante las actividades de la Setmana de la
ciencia 2003 de Cataluña]. Gemma Revuelta de la
Poza es Licenciada en Medicina por la
Universidad de Barcelona y Máster en Comunicación Científica, especialidad
Medicina, por la Universidad Pompeu Fabra (UPF). Profesora asociada de
Comunicación Científica (Biología) y Periodismo Científico (Periodismo) en la
Universidad Pompeu Fabra. Subdirectora del
Observatorio de la Comunicación Científica y Médica (UPF). Investigadora
del Instituto Municipal de Investigación Médica (IMIM, Barcelona). Más información en Biomedia: Más información en la
red: Tabla I Organigrama de los distintos niveles de importancia
en los cinco diarios de mayor tirada del país ABC El Mundo El País El Periódico La Vanguardia Nivel 1 80% hombres 20% mujeres 100% hombres 100% hombres 100% hombres 100% hombres Nivel 2 100% hombres 100% hombres 100% hombres 88,88% hombres 85,71% hombres
Nivel 3 Sólo se publican las iniciales de los nombres No aparece esta información en el organigrama 81,82% hombres 87,50% hombres 84,85% hombres Nivel 4 No aparece esta información en el organigrama No aparece esta información en el organigrama No aparece esta información en el organigrama No aparece esta información en el organigrama No aparece esta información en el organigrama Tabla II Temas en los que se mencionaba explícitamente a la
mujer, dentro del conjunto de temas sanitarios publicados entre 1997 y 2001 Tema Nº de textos Con alguna referencia a la mujer % Ablación 33 33 100 Yatrogenia 239 181 76 Esterilización 88 43 49 Incontinencia urinaria 24 8 33 Fittness/belleza/estética 42 14 33 Violencia doméstica 46 15 33 Enfermedades de transmisión sexual 28 7 25 Cáncer 2502 458 18 Adicciones 50 9 18 Alimentación 2031 367 18 Osteoporosis 132 22 17 Migraña 52 4 8 Tabaquismo 1526 101 7 Cuidadores 35 2 6 Sida 2036 118 6 Enfermedades cardiovasculares 643 38 6 Ansiedad /nerviosismo/ salud laboral 291 15 5 Política sanitaria 909 44 5 Alzheimer 311 6 2 |
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