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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Entrevista a Alain Fischer, inmunohematólogo: "El gran reto es lograr vectores eficaces que no tengan efectos nocivos"
Biomedia
(Barcelona).
Alain Fischer, inmunohematólogo del
Hospital Infantil Necker-Enfants Malades
de París, está acostumbrado a ser pionero en su campo.
Fue el primero en conseguir la supervivencia de niños afectados por una
inmunodeficiencia grave combinada, aislándolos en burbujas. Esta enfermedad se
caracteriza por una falta de producción de linfocitos T, que son los encargados
de combatir los virus y microbios que penetran en el cuerpo humano, hasta tal punto
que el sistema inmunitario del enfermo es incapaz de protegerlo ante un simple
catarro. Hasta el momento, su única opción es vivir aislados en estas burbujas
o someterse a un transplante de médula ósea, que no siempre resulta exitoso. En el año 2000, el grupo de investigación que encabeza
Fischer publicó en Science los resultados de un método de terapia génica
que llevaba investigando desde el año 93 y que restablece el sistema
inmunitario de estos enfermos. Era el primer tratamiento de terapia génica que
había demostrado ser eficaz. Dos años después, las investigaciones continúan. ¿Cuál es la técnica que se
utiliza para esta terapia? La terapia génica permite introducir en el organismo del
enfermo un gen modificado que reemplace al gen que funciona mal. Lo que se
pretende es fabricar una proteína en el interior de la célula. Para ello es
necesario añadir otra secuencia genética, que es el promotor que permitirá a la
célula copiar el DNA en RNA, ya que sino no funcionaría. A continuación, se
requiere un sistema de transporte, un vector para introducir el gen en la
célula. Estos vectores acostumbran a ser virus. Precisamente el gran reto está
en lograr vectores eficaces, que permitan colocar los genes en muchas células
sin tener efectos nocivos. El objetivo
final es introducir este gen para que permita fabricar la proteína que nos
interesa. ¿Cómo se pueden eliminar estos efectos nocivos? Hay que modificar los virus para que pierdan su capacidad de
reproducirse, de dar lugar a otras partículas víricas, que puedan dar lugar a
infecciones. Los efectos podrían ser desastrosos. El reto es conseguir que
estos virus conserven la información genética que nos interesa para introducir
el gen terapéutico, pero que al mismo tiempo no sean capaces de dividirse y
fabricar nuevos virus. ¿Y existe algún otro tipo de estrategia no vírica? También se utilizan liposomas, pequeñas cápsulas de lípidos
que permiten introducir el contenido de la cápsula dentro de la célula. También
se está trabajando con sistemas químicos que han mostrado cierta eficacia,
aunque todavía no permiten la persistencia del gen terapéutico durante
suficiente tiempo en las células. ¿Se puede
aplicar este tratamiento a otras enfermedades? Esta técnica podría aplicarse sobre todo a otras
enfermedades hereditarias monogénicas, en las que se encuentra implicado un
solo gen. Pero hay otras aplicaciones posibles para otras enfermedades
adquiridas. Introduciendo un gen podemos obtener una proteína cuya función sea,
por ejemplo, destruir células cancerosas, induciendo la muerte programada, así
como hacer desaparecer células que proliferan en enfermedades degenerativas.
Otra posibilidad es convertir nuestras células en una fábrica de proteínas que
sean segregadas y que, al pasar a la
sangre, puedan tener efectos como el incremento de los factores de coagulación,
lo que sería un gran avance para una enfermedad como la hemofilia. Otra
aplicación posible sería aumentar las respuestas del sistema inmunitario para
combatir un cáncer o una enfermedad infecciosa como el sida. ¿La
terapia génica será la gran solución? La terapia génica es un ámbito muy nuevo para la medicina y
los resultados todavía son modestos, pero es un campo muy prometedor. Por otro
lado, no hay que perder de vista que, además de la terapia, el conocimiento del
genoma humano también contribuye de otras maneras al avance de la medicina. Por
ejemplo, se puede lograr un diagnóstico más eficaz, sobre todo en el caso de
las patologías hereditarias y algunas formas de cáncer, lo que nos puede llevar
a la práctica de una medicina predictiva y preventiva. Estos nuevos métodos de
diagnóstico más precisos y eficaces permiten el consejo genético a familias con
riesgo a padecer enfermedades hereditarias graves. Otro ámbito de desarrollo es
la farmacogenómica. No todos tenemos los mismos genes con las mismas secuencias
y, por lo tanto, un mismo medicamento puede ser excelente para unos pacientes,
mientras que para otros el resultado puede ser no tan bueno. Por ejemplo, un
medicamento utilizado para tratar una úlcera de estómago logrará una eficacia
excelente en algunos pacientes, mientras que en otros los resultados no serán
tan sensibles ya que su metabolización será más rápida. En el futuro, se podrá
prever nuestra capacidad para reaccionar de una manera más eficaz y menos
tóxica a los medicamentos. Y esto es muy importante para el tratamiento de
enfermedades como el cáncer. Pero es que el campo es muy amplio. También hay
nuevas perspectivas en lo que llamamos terapia celular, o sea reemplazar las
células en los tejidos dañados por medio de transplante de células de cualquier
naturaleza. Para ello
se podría utilizar células madre embrionarias. Precisamente se está viviendo un
intenso debate ético en cuanto a su utilización ¿Cuál es su opinión al
respecto? Las células madre embrionarias pueden estar en la base de la
formación de muchos tejidos y esto, por supuesto, es un potencial evidente.
Pero éticamente hay tres problemas. Primero, utilizamos células que tienen la
posibilidad de dar lugar a un embrión, lo que genera una discusión respecto al
carácter sagrado de la vida. Segundo, es la misma técnica que se podría
utilizar para el clonaje reproductivo, es decir, para los clones humanos y es
algo que evidentemente no hay que hacer. Y tercero, existe el riesgo de que se
cree un comercio para obtener ovocitos. Son problemas delicados que hay que
regular muy bien para poder dar luz verde a este tipo de investigaciones con
toda tranquilidad. De momento sólo hay tres países en los que se han admitido las
investigaciones sobre clonaje terapéutico: Israel, Gran Bretaña y Australia.
Personalmente, soy favorable a estas investigaciones, pero siendo muy estricto
con los controles, tanto antes de obtener las autorizaciones necesarias, como
durante el desarrollo de las
investigaciones para evitar que no se produzca ninguna derivación hacia el
clonaje reproductivo. De todos modos, creo que una de las cosas más importantes
es que los ciudadanos estén bien informados en todos los países para que haya
un debate lo más democrático posible antes de tomar una decisión. |
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