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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Nicole Dewandre: «'No quiero ser elegida porque soy una mujer': ¿Qué temen las mujeres cuando hacen esta afirmación?»
Biomedia
(Barcelona).
Durante el congreso «Mujeres y
hombres: Salud, Ciencia y Tecnología», realizado en Barcelona durante los días 20 y 21 de febrero
del 2003, una de las ponencias que más acaparó la atención del público fue la
de Nicole Dewandre, que explicó las acciones que se llevan a cabo desde la Comisión Europea en
pos de alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres en la investigación
científica de la Unión. Física,
filósofa, licenciada en Ciencias Económicas y miembro de la Dirección General
de Investigación de la Comisión desde 1992, Dewandre dirige la unidad «Mujer y
Ciencia», una institución que trabaja para potenciar la participación de las
mujeres investigadoras. Su trabajo, que parte del VI Programa Marco de
Investigación Europea, está abriendo nuevas perspectivas para el reconocimiento
y la participación igualitaria de las mujeres en la ciencia. En esta
entrevista, realizada por María José González*,
doctora en Química, madre y experta en el campo de la Química Fina, Dewandre
nos muestra su visión sobre la situación de las mujeres en la investigación y
aporta nuevos elementos de reflexión sobre su participación en la ciencia. En el mundo científico,
las mujeres encuentran a menudo más barreras que los hombres. ¿Según los datos
que recibe de los distintos órganos de la Unión Europea, pueden deducirse
cuáles son estas barreras? No querría dar una respuesta ambigua, pero todos los factores influyen.
El primer factor es lo que se llama el puro «efecto género», que se mencionó en
el estudio de World y Wennerås, donde se explica que las mujeres deben hacer
más para ser consideradas equivalentes. Esto es obviamente un obstáculo. El
segundo factor es la interacción entre familia y trabajo, la cual es diferente
para los hombres y para las mujeres. La familia actúa como un apoyo para los
hombres y una carga para las mujeres con todas las dificultades que esto
comporta. Las dificultades son también mayores para las mujeres desde el punto
de vista de la gestión de las dos carreras -refiriéndose a la profesional y a la de madre-. La mayoría de mujeres científicas se casan con
hombres científicos, cosa que no sucede tanto a la inversa. Además, es común
que se casen con hombres mayores que ellas, con una carrera científica
iniciada. Por esa razón, las mujeres deben ocuparse de los niños cuando eligen
al mismo tiempo empezar sus propias carreras. Todo eso hace que para una mujer
exista un conflicto entre familia y profesión, lo que no sucede en el caso de
los hombres. El tercer factor está vinculado al segundo: resalta que la
estructura de la carrera científica está pensada para una persona cuya vida
esté libre de cargas familiares. De hecho, existen dos grandes aspectos:
primero un sesgo de género en la evaluación y segundo la dificultad de
compaginar carrera y familia. Si eso es cierto y las instituciones tienen en cuenta a las
mujeres que son madres y científicas a la vez, ¿piensa usted que el sistema
está mal constituido, desde el punto de vista que aunque los responsables de
las instituciones conocen esta situación, no actúan consecuentemente? Creo que no es
necesario pensar que la gente hace esto de forma consciente, participamos todos
en juegos inconscientes y perpetuamos las diferencias entre hombres y mujeres
incluso sin saberlo. Es necesario alejarse de la dicotomía culpable/no culpable
y evitar ponerse a la defensiva. Hay que reflexionar conjuntamente sobre un
sistema que perpetuamos y tener ganas de cambiarlo sobre el concepto de la
objetividad. Sé que queremos ser objetivas, pero tengamos la honestidad de
reconocer que el querer ser objetivos no implica necesariamente que lo seamos.
Pienso que la gente no es desagradable, sino que se vuelve desagradable cuando
no soporta la autocrítica. Ahí es donde se origina el problema. Nadie tiene una
solución de recambio disponible en un armario, que permita sustituir la
situación actual por otra. Creo que esta nueva situación es algo que hay que
crear a partir de lo existente. El mito de que podemos crear una situación
ideal, si queremos, no existe; hay que inventarla. Según mi experiencia personal, las mujeres son más
productivas en el ámbito científico. Trabajan más en el laboratorio, pero no se
les considera ni tan competentes ni tan excelentes, aunque lo sean. ¿Es así en
todos los países de la Unión Europea? Me plantea una
pregunta a la cuál solo puedo responder con una opinión. Pienso que es un hecho
general. Me gustaría empezar explicando una anécdota: es la historia de Pierre
y Marie Curie. Ahora se reconoce a Marie Curie como una excelente
investigadora, pero lo que olvidamos a menudo es que nunca lo habría sido si
Pierre no hubiera insistido en puntualizar: «no es mi ayudante, es una
colaboradora de pleno derecho». Fue necesaria la mirada de Pierre sobre Marie
para que se reconociera a Marie. Y si Pierre hubiera -como la mayoría de los hombres-
dejado pensar a todo el mundo que Marie era su musa, su inspiradora, no
hubiéramos conocido a Marie Curie como científica. Para el reconocimiento de la
excelencia es necesario un buen resultado, pero también es necesario que
alguien valore este resultado para que se consiga el reconocimiento. De hecho,
el prisma con el que se observa el trabajo de las mujeres no suele estar
orientado hacia el reconocimiento de la excelencia y la brillantez del mismo. La pregunta se debe a que, según se sabe, en otros países de
la Unión se considera mejor a las mujeres. Y tengo la impresión que eso se debe
a cuestiones culturales por una parte y sociales por otra... Eso va a depender mucho de la gente con la que uno se
encuentra. Evitaría generalizar. Hay hombres nórdicos que son mucho más
«machos» que algunos hombres del sur. En realidad, creo que en todos los países
los hombres no acostumbran a considerar las mujeres como iguales. Usted gestiona el dinero que la Comisión Europea destina a
las instituciones científicas. ¿Es posible asignar personas para que supervisen
cómo trabajan las mujeres en los nuevos programas de atribución de los
recursos? Vamos a recoger
estadísticas, pero no existen cantidades fijas. Publicaremos cuántas
mujeres/mes y cuántos hombres/mes se pagaron con el presupuesto europeo y
podremos comparar este resultado con el número total de mujeres que trabajan en
investigación en Europa. Podremos entonces ver dónde se sitúan respecto a los
promedios que se calculen. Las estadísticas son importantes. Es un control que
permite tener conocimiento de los datos y luego utilizarlos en el entorno
propio. Cuando se habla de barreras, más importantes para las
mujeres que para los hombres, ¿piensa usted que existe entre ambos géneros un
problema de comunicación? Es decir, ¿es posible utilizar estrategias de
comunicación para mejorar las relaciones interpersonales y aumentar la
posibilidad de que un hombre elija a una colaboradora en lugar de un
colaborador en su laboratorio? En este punto, las
mujeres tienen un largo camino para recorrer. Es necesario que dejen de decir:
«no quiero que me elijan porque soy una mujer». Es necesario darse cuenta de que
cuando decimos eso perpetuamos la idea de que porque somos mujeres no somos
buenas. Querer ser elegida como un ángel es creer que se nos puede juzgar sin
ver que somos hombres o mujeres. Por otro lado, los hombres nunca dicen que son
elegidos porque son hombres. Es interesante comparar la molestia sobre esta
cuestión de género que manifiestan algunas mujeres con la situación
concerniente al tema de las nacionalidades. Aunque no hay una cuota fija de
nacionalidades en la Comisión, sucede que buscando el equilibrio geográfico,
ciertas nacionalidades salen favorecidas respecto a otras para un cargo. Nunca
se oye a la persona seleccionada decir: «No quiero ser elegido porque soy de
una u otra nacionalidad». Por el contrario, quien resulte elegido dirá «yo soy
la persona más bien situada, de la nacionalidad adecuada, la más competente».
¿Porqué las mujeres renuncian a decir: «Yo soy la mujer más competente»? A
medida que las mujeres se vuelvan más asertivas desde ese punto de vista, ya no
van a dejar más a los hombres el monopolio del juicio de su competencia, y la
posibilidad de decir «sí» o «no»; no habrá más disyuntiva. Estaremos ahí,
confiando en nosotras, en nuestras capacidades y con seguridad. María
José González es ingeniera química, doctora en Química y alumna del Máster de
Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra. Más
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