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Nicole Dewandre: «'No quiero ser elegida porque soy una mujer': ¿Qué temen las mujeres cuando hacen esta afirmación?»

María José González 14/03/03

Biomedia (Barcelona). Durante el congreso «Mujeres y hombres: Salud, Ciencia y Tecnología», realizado en Barcelona durante los días 20 y 21 de febrero del 2003, una de las ponencias que más acaparó la atención del público fue la de Nicole Dewandre, que explicó las acciones que se llevan a cabo desde la Comisión Europea en pos de alcanzar la igualdad entre hombres y mujeres en la investigación científica de la Unión.

Física, filósofa, licenciada en Ciencias Económicas y miembro de la Dirección General de Investigación de la Comisión desde 1992, Dewandre dirige la unidad «Mujer y Ciencia», una institución que trabaja para potenciar la participación de las mujeres investigadoras. Su trabajo, que parte del VI Programa Marco de Investigación Europea, está abriendo nuevas perspectivas para el reconocimiento y la participación igualitaria de las mujeres en la ciencia.

En esta entrevista, realizada por María José González*, doctora en Química, madre y experta en el campo de la Química Fina, Dewandre nos muestra su visión sobre la situación de las mujeres en la investigación y aporta nuevos elementos de reflexión sobre su participación en la ciencia.

En el mundo científico, las mujeres encuentran a menudo más barreras que los hombres. ¿Según los datos que recibe de los distintos órganos de la Unión Europea, pueden deducirse cuáles son estas barreras?

No querría dar una respuesta ambigua, pero todos los factores influyen. El primer factor es lo que se llama el puro «efecto género», que se mencionó en el estudio de World y Wennerås, donde se explica que las mujeres deben hacer más para ser consideradas equivalentes. Esto es obviamente un obstáculo. El segundo factor es la interacción entre familia y trabajo, la cual es diferente para los hombres y para las mujeres. La familia actúa como un apoyo para los hombres y una carga para las mujeres con todas las dificultades que esto comporta. Las dificultades son también mayores para las mujeres desde el punto de vista de la gestión de las dos carreras -refiriéndose a la profesional y a la de madre-. La mayoría de mujeres científicas se casan con hombres científicos, cosa que no sucede tanto a la inversa. Además, es común que se casen con hombres mayores que ellas, con una carrera científica iniciada. Por esa razón, las mujeres deben ocuparse de los niños cuando eligen al mismo tiempo empezar sus propias carreras. Todo eso hace que para una mujer exista un conflicto entre familia y profesión, lo que no sucede en el caso de los hombres. El tercer factor está vinculado al segundo: resalta que la estructura de la carrera científica está pensada para una persona cuya vida esté libre de cargas familiares. De hecho, existen dos grandes aspectos: primero un sesgo de género en la evaluación y segundo la dificultad de compaginar carrera y familia.

Si eso es cierto y las instituciones tienen en cuenta a las mujeres que son madres y científicas a la vez, ¿piensa usted que el sistema está mal constituido, desde el punto de vista que aunque los responsables de las instituciones conocen esta situación, no actúan consecuentemente?

Creo que no es necesario pensar que la gente hace esto de forma consciente, participamos todos en juegos inconscientes y perpetuamos las diferencias entre hombres y mujeres incluso sin saberlo. Es necesario alejarse de la dicotomía culpable/no culpable y evitar ponerse a la defensiva. Hay que reflexionar conjuntamente sobre un sistema que perpetuamos y tener ganas de cambiarlo sobre el concepto de la objetividad. Sé que queremos ser objetivas, pero tengamos la honestidad de reconocer que el querer ser objetivos no implica necesariamente que lo seamos. Pienso que la gente no es desagradable, sino que se vuelve desagradable cuando no soporta la autocrítica. Ahí es donde se origina el problema. Nadie tiene una solución de recambio disponible en un armario, que permita sustituir la situación actual por otra. Creo que esta nueva situación es algo que hay que crear a partir de lo existente. El mito de que podemos crear una situación ideal, si queremos, no existe; hay que inventarla.

Según mi experiencia personal, las mujeres son más productivas en el ámbito científico. Trabajan más en el laboratorio, pero no se les considera ni tan competentes ni tan excelentes, aunque lo sean. ¿Es así en todos los países de la Unión Europea?

Me plantea una pregunta a la cuál solo puedo responder con una opinión. Pienso que es un hecho general. Me gustaría empezar explicando una anécdota: es la historia de Pierre y Marie Curie. Ahora se reconoce a Marie Curie como una excelente investigadora, pero lo que olvidamos a menudo es que nunca lo habría sido si Pierre no hubiera insistido en puntualizar: «no es mi ayudante, es una colaboradora de pleno derecho». Fue necesaria la mirada de Pierre sobre Marie para que se reconociera a Marie. Y si Pierre hubiera -como la mayoría de los hombres- dejado pensar a todo el mundo que Marie era su musa, su inspiradora, no hubiéramos conocido a Marie Curie como científica. Para el reconocimiento de la excelencia es necesario un buen resultado, pero también es necesario que alguien valore este resultado para que se consiga el reconocimiento. De hecho, el prisma con el que se observa el trabajo de las mujeres no suele estar orientado hacia el reconocimiento de la excelencia y la brillantez del mismo.

La pregunta se debe a que, según se sabe, en otros países de la Unión se considera mejor a las mujeres. Y tengo la impresión que eso se debe a cuestiones culturales por una parte y sociales por otra...

Eso va a depender mucho de la gente con la que uno se encuentra. Evitaría generalizar. Hay hombres nórdicos que son mucho más «machos» que algunos hombres del sur. En realidad, creo que en todos los países los hombres no acostumbran a considerar las mujeres como iguales.

Usted gestiona el dinero que la Comisión Europea destina a las instituciones científicas. ¿Es posible asignar personas para que supervisen cómo trabajan las mujeres en los nuevos programas de atribución de los recursos?

Vamos a recoger estadísticas, pero no existen cantidades fijas. Publicaremos cuántas mujeres/mes y cuántos hombres/mes se pagaron con el presupuesto europeo y podremos comparar este resultado con el número total de mujeres que trabajan en investigación en Europa. Podremos entonces ver dónde se sitúan respecto a los promedios que se calculen. Las estadísticas son importantes. Es un control que permite tener conocimiento de los datos y luego utilizarlos en el entorno propio.

Cuando se habla de barreras, más importantes para las mujeres que para los hombres, ¿piensa usted que existe entre ambos géneros un problema de comunicación? Es decir, ¿es posible utilizar estrategias de comunicación para mejorar las relaciones interpersonales y aumentar la posibilidad de que un hombre elija a una colaboradora en lugar de un colaborador en su laboratorio?

En este punto, las mujeres tienen un largo camino para recorrer. Es necesario que dejen de decir: «no quiero que me elijan porque soy una mujer». Es necesario darse cuenta de que cuando decimos eso perpetuamos la idea de que porque somos mujeres no somos buenas. Querer ser elegida como un ángel es creer que se nos puede juzgar sin ver que somos hombres o mujeres. Por otro lado, los hombres nunca dicen que son elegidos porque son hombres. Es interesante comparar la molestia sobre esta cuestión de género que manifiestan algunas mujeres con la situación concerniente al tema de las nacionalidades. Aunque no hay una cuota fija de nacionalidades en la Comisión, sucede que buscando el equilibrio geográfico, ciertas nacionalidades salen favorecidas respecto a otras para un cargo. Nunca se oye a la persona seleccionada decir: «No quiero ser elegido porque soy de una u otra nacionalidad». Por el contrario, quien resulte elegido dirá «yo soy la persona más bien situada, de la nacionalidad adecuada, la más competente». ¿Porqué las mujeres renuncian a decir: «Yo soy la mujer más competente»? A medida que las mujeres se vuelvan más asertivas desde ese punto de vista, ya no van a dejar más a los hombres el monopolio del juicio de su competencia, y la posibilidad de decir «sí» o «no»; no habrá más disyuntiva. Estaremos ahí, confiando en nosotras, en nuestras capacidades y con seguridad.

María José González es ingeniera química, doctora en Química y alumna del Máster de Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra.

Más información en Biomedia:
Objetivo: reducir las diferencias de género en la investigación europea. Raimundo Roberts (14/02/03)
La Unión Europea denuncia la mínima participación de la mujer en la investigación industrial europea. Raquel Lastra y Raimundo Roberts (31/01/03)
Un estudio de la Comisión Europea revela que también en el mundo científico las mujeres sufren una situación de discriminación laboral. Raimundo Roberts (7/06/02)
Las mujeres se sienten mal informadas sobre los temas de salud (19/07/02)

Más información en la red:
Observatorio de la Comunicación Científica – UPF: http://www.upf.es/occ
Congreso «Mujeres y hombres: salud, ciencia y tecnología»: http://www.bcn.es/donesiciencia
Grupo «Mujer y Ciencia», plan de acción «Ciencia y Sociedad»: http://www.cordis.lu/rtd2002/science-society/women.htm
Unidad «Mujer y Ciencia», Comisión Europea: http://www.cordis.lu/improving/women/whoarewe.htm

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