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AIDS 2002 – BARCELONA |
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| Raimundo Roberts | 24/05/02 |
Biomedia
(Barcelona).
Josep M.
Gatell es médico, jefe de la Sección de Enfermedades Infecciosas y Sida del
Hospital Clínico de Barcelona, vicepresidente de la Fundación Barcelona Sida
2002 y copresidente de la XIV Conferencia Internacional del Sida, Barcelona
2002. Esta entrevista ha sido realizada durante el V Seminario MSD sobre
VIH/sida para periodistas, organizado por MSD y el Observatorio de la
Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra. ¿Es posible hablar claramente del HIV/sida? El HIV/sida es un tema que
estaba asociado a un cierto tabú hace unos diez o quince años, pero
actualmente, se puede hablar de manera más abierta sobre él. La sociedad ha avanzado mucho y percibe el sida como una enfermedad infecciosa más. Aunque también es cierto que se trata de una enfermedad con un doble estándar. En los países desarrollados se puede tratar
como si fuese una enfermedad infecciosa normal y mantenerse «a raya», y en los
países que no cuentan con los tratamientos adecuados sigue siendo una epidemia
mortal. Por desgracia, existen muchas
enfermedades en que las diferencias entre el mundo desarrollado y el mundo en
vías de desarrollo son insalvables, abismales. En este caso, el sida es un
ejemplo más, un ejemplo sangrante que ha vuelto a poner de manifiesto las
distancias. Esta misma situación existe para la diarrea
infantil, para la tuberculosis, para la malaria, para el esquistosoma, enfermedades que en el mundo en vías de desarrollo tienen una
mortalidad elevadísima, que constituyen una epidemia y que, por falta de
medios, se hace muy difícil luchar contra ellas. El sida ha venido a abrir
todavía más esta brecha casi insalvable que existe entre el mundo desarrollado
y el mundo en vías de desarrollo. ¿Por qué cree que el sida ha tenido más repercusión
que otras enfermedades con índices de mortalidad más elevados? En primer lugar, el sida
tiene una magnitud y una importancia intrínseca muy alta. La magnitud que ha
alcanzado en poco menos de veinte años, en términos de mortalidad, de
difusión y número de pacientes afectados, se sitúa en proporciones muy alarmantes. Sí es cierto que, cuando surgió la epidemia,
tuvo una gran resonancia y repercusión en los medios. Se trataba de una enfermedad
infecciosa que se transmitía a través de relaciones sexuales y que afectó a grupos considerados marginales; como los drogadictos o los homosexuales masculinos. Esto hizo que su repercusión fuera mucho más allá de la magnitud
real del problema, lo que se acentuó, además, por el hecho de que a la
sociedad, globalmente considerada, «ya le iba bien». Uno de
los mecanismos de defensa o de negación del problema consistió en decir
que «esto es cosa de un grupo muy peculiar de gente», «esto no va conmigo» y
por lo tanto, «esto no existe». Todo ello, ¿puede considerarse el desarrollo mediático del sida más
importante que el desarrollo clínico o epidémico? Desde el punto de vista
clínico y epidémico, el problema es
alarmante. Probablemente los medios de comunicación han hablado más del sida
que de cualquier otra enfermedad a lo largo de la historia, y no sólo por las características anteriormente citadas, sino porque los temas
sanitarios cada vez interesan más a los medios de comunicación, traspasando la fronteras de los medios especializados. En este sentido, ¿qué le ha parecido la organización
de este seminario y cuáles cree que serán sus implicaciones en la Conferencia
Internacional del Sida? Una de las peculiaridades de la Conferencia Internacional del Sida es la amplia
repercusión que tiene en los medios de comunicación. Se ha calculado que en los cinco días que dura la conferencia, la
repercusión es mayor que cinco días de Juegos Olímpicos. Por este motivo cualquier actividad que sirva para que la comunidad
científica y los medios de comunicación se pongan en contacto, intercambien
puntos de vista, vean cuáles son los problemas de uno u otro lado, son muy
bienvenidas. Además, esta es la primera
vez que la reunión se realiza con suficiente antelación para hacer las cosas con calma. Si no se realiza con suficiente tiempo, los periodistas se acaban interesando más por la noticia del día que por los problemas de fondo. ¿Con qué novedades nos vamos a encontrar en la Conferencia
Internacional del Sida? Las conferencias
internacionales del sida han sido recordadas por algún hecho
concreto. Vancuver, se recordó por los «cócteles» de medicamentos; Durban,
por ser el primer país en vías de desarrollo que organizaba una
conferencia dónde, además, se consiguió sensibilizar tanto a la opinión pública como a la política.
Barcelona, desde el punto de vista de hallazgos científicos, puede pasar a la
historia como la primera conferencia en la que se aportan datos sólidos
de vacunas, sobre todo de vacunas terapéuticas. El otro mensaje, más social, es que esta reunión está enfocada, como dice el lema de la
conferencia, a la aplicación inmediata y puesta en práctica de todo lo que
hemos aprendido. De alguna manera, los conocimientos científicos en el campo
del sida están desarrollados y han sedimentado. El compromiso político y social
se alcanzó en Durban y ahora hay que aplicarlo. ¿Es posible que nos encontremos con novedades acerca
de los efectos secundarios de los medicamentos contra el sida? Los efectos secundarios son el precio que hay que pagar por cualquier medicamento. Desde las aspirinas
hasta la quimioterapia del cáncer, todos los tienen en mayor o
menor medida. Cuando los tratamientos son largos o para
toda la vida, como es el caso del sida, inevitablemente los efectos secundarios existen. La
industria farmacéutica se ha afanado, durante los últimos años, en poner en el mercado medicamentos más sencillos y de mayor tolerancia. Algunos de los fármacos que se presentarán en
Barcelona, o que se comercializarán coincidiendo con la conferencia, han sido pensados para reducir los efectos secundarios, aunque no puedan asegurar sus beneficios hasta pasado cierto tiempo. Entonces, uno de los avances que se pueden presentar
sería ese, porque de momento no hay vacunas... Los datos existentes sobre vacunas son realmente muy
esperanzadores, pero también los hay que indican que podemos «maquillar» y hacer más tolerables y fáciles de administrar los medicamentos de los que ahora disponemos. También se realizan investigaciones sobre nuevas familias de
medicamentos; los inhibidores de la fusión o inhibidores de la integrasa. Se trata de familias completamente nuevas que podrían revolucionar ese
campo, como lo hicieron en el año 96, los inhibidores de la proteasa. Más información en Biomedia:
Dossier: Enfermedades infecciosas. Sida