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Investigadores de la UB descubren la telaraña más antigua encontrada que evidencia la evolución conjunta de la araña y sus presas

Gonzalo Remiro 25/06/06

Biomedia (Barcelona) La caza de una presa no sólo especializa al cazador, sino también a la presa. Gracias a una piedra de ámbar, investigadores españoles y norteamericanos han encontrado que las arañas, grandes depredadores de insectos, han ido evolucionado desde su aparición, hace más de 110 millones de años, en continua interacción con sus presas.

El ámbar en cuestión fue encontrado en la sierra de Sant Just (Teruel) y, sorprendentemente, ha supuesto un descubrimiento importante en un ámbito alejado de la geología: la evolución de los artrópodos. Unos restos de telaraña e insectos voladores atrapados en ella e incrustados dentro de esta resina fosilizada, han permitido realizar este interesante nexo de unión entre geología e historia de la evolución, publicado esta semana por la revista Science.

Desde un primer momento, los investigadores españoles de la UB, liderados por Enrique Peñalver, consideraron interesante el ámbar encontrado dado la dificultad de encontrar telarañas conservadas en dicho material fósil. La razón es que el ámbar tiende a romper, en su solidificación, la estructura de fibras de seda, trabajosamente elaborada por la araña. Pero lo verdaderamente relevante de este trozo de ámbar vino con la datación del fragmento fósil y con el estudio de los insectos atrapados en él.

La antigüedad del ámbar de Sant Just es de alrededor de 110 millones de años, por lo que pertenece al Cretácico temprano. Según esta datación, se convierte en la tela de araña más antigua de la que se tiene conocimiento. Pero mucho más interesante es que su antigüedad coincide con el momento evolutivo en el que se inició el principal proceso de especiación de los insectos voladores con la aparición de las plantas con flor (angiospermas) a las que polinizan. El fragmento de ámbar contiene 26 hebras de telaraña en las que se encuentra un ácaro, una pata de avispa y un escarabajo; justo el mismo tipo de insectos que aún hoy siguen siendo la presa favorita de las arañas. Este hecho, junto con lo crucial del momento donde esta telaraña fue inmortalizada por la resina del ámbar, ha demostrado que las arañas han evolucionado conjuntamente desde la principal etapa de especiación con los insectos voladores, presas típicas de la araña.

Tanto el ácaro, avispa y escarabajo como la araña depredadora de este ámbar pertenecen a grupos de artrópodos hoy día extintos, lo que demostraría la presión selectiva que representaba las telarañas en aquella época y la adaptación a ésta de los nuevos insectos surgidos a posteriori. Así pues, “las arañas han estado pescando insectos en el aire desde hace mucho tiempo”, dice David Grimaldi, coautor del artículo que trabaja para el Museo Nacional de Historia Natural de EE.UU. Y al “pescar” insectos han ido influenciando, desde etapas muy tempranas, la evolución de sus presas, que han debido adaptarse para detectar, esquivar o escapar de las garras de una telaraña.


Más información en Biomedia:
“Observar profundamente los ojos”, Cristina Junyent (27/04/01)


Más información en la red:
Universidad de Barcelona: http://www.ub.edu/homeub/welcome.html
Revista Science: http://www.sciencemag.org/

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