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AIDS 2002 – BARCELONA |
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| Vladimir de Semir | 05/07/02 |
Biomedia
(Barcelona). En el último cuarto de siglo xx se ha producido un cambio que podríamos
calificar de radical en la figura del enfermo y de sus actitudes respecto a la
enfermedad, y a todo lo que la rodea. La relación médico-paciente, por ejemplo,
ha sufrido una notable modificación, sobre todo por la importante irrupción de
canales de información directa del mundo científico, médico y sanitario con el
público en general. El importante incremento de
noticias médico-sanitarias que se ha experimentado en los medios de
comunicación de masas (se ha duplicado el número de noticias en los últimos
cuatro años, según el Informe Quiral, que analizan los cinco periódicos
de mayor difusión de España) son un buen indicador de que hoy en día la
población tiene la posibilidad de estar ampliamente informada sobre
enfermedades, tratamientos, aspectos sociales de la enfermedad, investigación
en curso, etc. sin necesidad estricta de tener una relación directa con el
médico. Naturalmente, estamos hablando de aspectos cualitativos y
cuantitativos, que se han incrementado recientemente (y lo harán todavía mucho
más en próximos años) debido a la irrupción de Internet en nuestras vidas
cotidianas. Es bien sabido que hoy en día es casi habitual que un paciente
acuda a su médico con la copia de un artículo de periódico o una impresión de
una web de Internet en la que se habla de su enfermedad, o que las asociaciones
de pacientes agrupados en torno a determinadas enfermedades se hayan convertido
en auténticos lobbies informativos y formativos. Sin duda, el sida es un
extraordinario caso de este fenómeno, por las especiales características de la
propia enfermedad, los retos científicos y sociales que nos ha planteado y la
especial sensibilidad individual y colectiva de determinados pacientes que la
sufren. La socióloga francesa Janine
Barbot ha publicado una extensa obra, Enfermos en movimiento, en
la que relata todos estos aspectos relacionados con la epidemia del sida. Los
enfermos han cambiado: se organizan, son proactivos, influyen mediante sus
asociaciones no sólo en las consecuencias y aplicaciones sociales del conocimiento,
prevención y tratamiento de la enfermedad, sino que incluso intervienen
decisivamente en la investigación científica. Combaten no sólo la enfermedad
sino la situación establecida en la sociedad para mejorar su condición. Exigen.
Nace el activismo terapéutico. Luchan contra la hegemonía del poder médico y
claman por una «democratización» de la medicina y de la ciencia. Influyen
incluso en el desarrollo de determinados fármacos. Denuncian la injusticia, no
de padecer una enfermedad sino de su desigual incidencia y tratamiento según
los países o comunidades. Todo ello en buena parte en un campo de batalla muy
determinado por su tremenda influencia en la sociedad: los medios de
comunicación. ¡No hay duda de que los
enfermos, por lo menos los enfermos de sida, ya no son lo que eran!