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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Convención sobre Contaminantes Orgánicos Persistentes
Biomedia (Barcelona). Más de 120
gobiernos, entre ellos el español, han firmado el Convenio de eliminación de
los Contaminantes Orgánicos Persistentes* que, bajo el auspicio de
la ONU, trata de poner freno, por primera vez,
a las sustancias químicas más peligrosas. El convenio se ha estado negociando
durante los últimos tres años. Este convenio, firmado en Estocolmo, pretende proteger la vida de las
futuras generaciones mediante la prohibición de las doce sustancias químicas
más dañinas, conocidas como "la docena sucia" (dirty dozen). Los Contaminantes Orgánicos Persistentes (COP) son
productos y subproductos de la industria que se definen por su volatilidad, su
estabilidad química y su capacidad para acumularse en los tejidos grasos de los
organismos vivos. En pequeñas concentraciones provocan trastornos nerviosos,
hormonales, inmunológicos y reproductivos, así como diversos tipos de cáncer. Entre la llamada "docena sucia" hay diversos compuestos que
contienen cloro, como varios plaguicidas (entre ellos el DDT) y algunos aceites
industriales (como los bifenilos policlorados o PCB). También se incluyen en
este grupo las dioxinas, que se producen en la incineración de residuos
plásticos, aceites o disolventes que contengan cloro. Dioxinas El último de los grandes escándalos en los que se han visto implicados
estos contaminantes fue la llamada "crisis de los pollos belgas", que
se produjo a finales de mayo de 1999 en Bélgica, pero que acabó salpicando a
toda Europa. En el Informe
Quiral de 1999 se analiza la evolución de esta crisis desde su reflejo en
los medios de comunicación, y se hace patente el gran impacto que causó en la
población el conocimiento de los efectos medioambientales y sanitarios
producidos por las dioxinas. Esta creciente preocupación ha conducido a la Comisión Europea a propiciar la
elaboración de un inventario de dioxinas que identificara todas las fuentes de
emisión de estos compuestos y verificara las cantidades emitidas en cada país. Los resultados de esta investigación han sido publicados en la revista Chemosphere
(«Dioxin'99», Chemosphere 2001; 43 (May): 4-7) por científicos del Ciemat (Centro de Investigaciones Energéticas,
Medioambientales y Tecnológicas), e indican que desde enero de 1997 a noviembre
de 1999 el volumen de dioxinas liberadas por las incineradoras de residuos se
redujo de 20 a 1,2 gramos. Este dato es indicativo de una alta calidad de los
sistemas de control de la contaminación del aire. En otro artículo
publicado en la revista Environmental
Health Perspectives (Environmental Health Perspectives 2001; 109
(3)) se exponen las concentraciones de dioxinas que se dieron en Bélgica
durante la crisis, y su impacto potencial en la salud de los ciudadanos. En esta investigación se ha analizado el contenido de dioxinas y PCB en
20.491 muestras procedentes de piensos para animales, de vacas, cerdos, pollos,
huevos y leche, así como de varias grasas alimentarias. Los resultados del
estudio confirman la contaminación de estos productos por aceites industriales
transformados. De todos modos, debido a que las unidades de dioxinas y de PCB
difieren ampliamente en los distintos alimentos, a que existen otras fuentes
significativas de contaminación y a que se da un historial de contaminación
anterior, es probable que otras fuentes ambientales contribuyan sustancialmente
a la exposición de la población belga a estos contaminantes. Finalmente, los autores de la investigación asumen que, a consecuencia
del incidente, diez millones de belgas ingirieron entre 10 y 15 Kg. de PCB y
entre 200 y 300 gramos de dioxinas. Pero la traducción de estas cifras al
impacto sobre la salud es muy poco precisa. Seguramente en los próximos años se
producirá un aumento en el número total de cánceres en esta población, pero las
estimaciones sobre la magnitud de este aumento (entre 40 y 8000 casos)
presentan un margen de error tan amplio que ofrecen poca información al
respecto. Finalmente los investigadores esperan también efectos neurotóxicos en
neonatos, aunque éstos ni siquiera han podido ser cuantificados. * Glosario
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