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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Una investigación sobre el gen Hox aporta nuevos datos sobre la evolución
Biomedia (Barcelona). Científicos de la Universidad de California,
San Diego, acaban de publicar en la revista Nature
los resultados de una investigación en la que han analizado mutaciones en los
genes reguladores del desarrollo embrionario de un crustáceo, Artemia, y
de la mosca de la fruta, que podrían haber permitido que crustáceos acuáticos,
con miembros en cada segmento de su cuerpo, evolucionasen hace 400
millones de años hacia una estructura corporal radicalmente diferente: insectos
terrestres con seis miembros. Según William McGinnis, profesor de la División de Biología que
encabeza el estudio, la importancia de sus resultados radica en que apoya las
teorías de la macroevolución, ya que muestra instrucciones específicas sobre
“cómo puede la evolución introducir grandes cambios en la forma de una
estructura animal y todavía generar un animal vivo”. El equipo demostró en sus
experimentos que esto pudo lograrse con mutaciones relativamente simples en un
tipo de genes reguladores, conocidos como Hox, que actúan como interruptores
principales activando o desactivando otros genes durante el desarrollo
embrionario. La mutación de una proteína codificada por el gen Hox desactiva
otros genes, explica McGinnis, quien en 1983 descubrió que en la mosca de la
fruta los genes Hox controlan la situación de la cabeza, el tórax y el
abdomen durante el desarrollo. Los investigadores afirman que antes de la
evolución de los insectos, la proteína Ubx, codificada por el gen Hox, no
desactivaba otros genes necesarios para la formación de patas. Durante la temprana
evolución de los insectos, este gen y la proteína que codifica cambiaron de tal
manera que ahora sí que desconectan los genes necesarios para formar patas,
esencialmente haciendo desaparecer las patas del abdomen en los insectos. |
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