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XIV CONFERENCIA INTERNACIONAL DEL SIDA
AIDS 2002 – BARCELONA

El precio de las terapias antirretrovíricas contra el HIV/sida

Sílvia Coll 24/05/02

Biomedia (Barcelona). La aparición de nuevos fármacos ha convertido el sida en una enfermedad crónica que ha cambiado la vida de miles de personas infectadas y ha conseguido reducir los porcentajes de muertes. Sin embargo, esta situación ha motivado la relajación de los pacientes y de la sociedad en general.

Éstas son algunas de las conclusiones del Seminario sobre el VIH/sida para periodistas, organizado por MSD, el Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra y la Conferencia Internacional del sida 2002.

Actualmente, la infección por el virus de la inmunodeficiencia humana (HIV) es tratable, aunque no curable. Existe una gran variedad de tratamientos cuyo objetivo principal es impedir la propagación del virus. En el momento en que una persona se infecta, el HIV se reproduce a gran velocidad, sin que sea posible detectarlo fácilmente.  El virus utiliza las células del sistema inmunológico para hacer copias de sí mismo, esto provoca la debilitación del sistema inmune, con lo que muchas enfermedades comunes pueden acabar causando la muerte del enfermo al no encontrar barreras protectoras. En el momento en que estas enfermedades se manifiestan, un infectado por HIV comienza a sufrir lo que conocemos como sida, síndrome de inmunodeficiencia adquirida.

Los tratamientos actuales consiguen que las células CD4, encargadas del sistema inmunológico, se mantengan por encima de un nivel crítico en el que las enfermedades oportunistas se encuentran con las suficientes barreras naturales para no poder desarrollarse. Los medicamentos administrados a una persona seropositiva se conocen como antirretrovíricos y, al igual que muchos otros medicamentos, producen una serie de efectos secundarios, acentuados por la toxicidad necesaria para disminuir la reproducción del virus, y porque el tratamiento contra el sida es de por vida.

Los pacientes que siguen adecuadamente el tratamiento antirretrovírico consiguen vivir con la infección durante mucho tiempo, puesto que ésta se convierte en una enfermedad crónica, que requerirá medicación continua.

Sin embargo, tal como declaró el Dr. Bonaventura Clotet, jefe de la Unidad de VIH del Hospital Universitari Germans Trias i Pujol, no todos los pacientes están preparados para afrontar dichos efectos secundarios. Existen los efectos temporales que se presentan al principio del tratamiento y producen náuseas y mareos. Estos se pueden atenuar con medicación complementaria, y no suelen prolongarse durante mucho tiempo. Aunque el efecto más temido por los pacientes es la lipodistrofia; una redistribución de la grasa corporal. El afectado sufre una pérdida de grasa subcutánea en la cara, y puede que el resto de grasa se le acumule en determinadas zonas del cuerpo como la base del cuello o la barriga, mientras que otras partes adelgazan de forma exagerada y dejan a la vista un cuerpo alterado.

Estos efectos adversos de las terapias provocan a la vez consecuencias psíquicas en el paciente que se somete a ellas. Las secuelas físicas de los fármacos antirretrovíricos suponen una prueba frente a la sociedad de que una persona es HIV+ y en consecuencia, también dan lugar al estigma. A pesar de ello, el tratamiento ha permitido que las personas con el virus escapen de una muerte que antes era inevitable cuando su organismo se quedaba sin defensas ante posibles infecciones oportunistas (p. ej. sarcoma de kaposi, neumonía, linfoma, etc.).

La mayoría de pacientes emprende el tratamiento cuando su nivel de defensas todavía no está en el umbral peligroso, y por tanto, se trata de personas que se encuentran bien. Al iniciar la terapia, empiezan a sufrir una serie de efectos adversos que les hacen sentir peor que cuando no estaban bajo tratamiento. A esto se suma, con el tiempo, la deformación del cuerpo y en algunos casos, se añaden problemas digestivos, de fatiga, cutáneos, respiratorios, musculares, etc. Antes de iniciar estas terapias, los médicos informan bien a sus pacientes y reciben asesoramiento psicológico para poder afrontar todo lo que el tratamiento implica. Las personas que siguen correctamente la farmacoterapia y controlan sus efectos secundarios consiguen, en gran parte, normalizar sus vidas.

Pero, tal como lo refleja un estudio realizado por el Observatorio de la Comunicación Científica de la UPF, en los medios de comunicación se ha observado una clara disminución de los temas relacionados con el sida en la prensa escrita, lo que puede estar motivado por esta sensación de normalidad, que la lucha contra el sida ya ha terminado.

Esta normalidad puede ir acompañada, en muchos casos, de una relajación por parte de algunos pacientes, a los que esta sensación los lleva a «olvidar» su enfermedad. Esta actitud conlleva que, en algunos casos, la persona infectada piense que puede prescindir de medidas de precaución tan imprescindibles como el uso del preservativo en las relaciones sexuales o que se olvide de tomar los medicamentos y que a consecuencia de ello, el virus llegue a hacerse resistente al tratamiento.

Según José Alcamí, director del Laboratorio de Inmunopatología del Sida del Instituto de Salud
Carlos III
, la vacuna preventiva del sida todavía está muy lejos. Los investigadores continúan trabajando en sus laboratorios para conocer mejor el virus de la inmunodeficiencia humana y poder llegar a esa vacuna. Asimismo se sigue investigando para optimizar la actividad de los fármacos existentes y atenuar sus efectos secundarios, tan temidos por las personas infectadas por el HIV.

Pero nada se logrará si la sociedad sólo aplaude los avances y se olvida de la necesaria precaución. Hoy por hoy, sobre el sida hay que hablar con optimismo, y con inteligencia.

Silvia Coll es Máster en Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra, en la especialidad de medicina.

Más información en Biomedia:
Dossier: Enfermedades infecciosas. Sida

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