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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Medicamentos contra el sida: legitimación de los genéricos
Biomedia
(Barcelona).
Después de que la justicia de Sudáfrica se pronunciara a favor del gobierno de
este país frente a las compañías farmacéuticas en un caso sobre medicamentos
genéricos*, se ha puesto en
evidencia que la lucha contra el sida* no sólo
se realiza en los laboratorios de Europa y Norteamérica. El caso ha sido el
punto de partida para mostrar como las personas que viven con el HIV* en los países más pobres del planeta están
consiguiendo los medicamentos que se han desarrollado para aumentar la calidad
de vida de los infectados. El 12 de junio, el Parlamento de Kenia aprobó por
unanimidad un proyecto de ley para la fabricación e importación de genéricos,
tras una lucha iniciada en febrero. En África han muerto de sida, en el último año, más de
dos millones de personas. De los treinta y ocho millones de infectados que hay
en el mundo, más de veinticinco millones viven en este continente. La mayor cantidad de infectados por HIV está en África
del Sur, y de aquí, Sudáfrica es quizá el caso más relevante: tiene una
población de más de cuarenta millones y según las Naciones
Unidas la tasa de infección de HIV fue, en el 2000, del 19,9%. En estos
momentos hay más de 4 millones de seropositivos, y se calcula que una cifra
cercana a las 2000 personas se contagian cada día. El pasado 5 de marzo, 39 compañías farmacéuticas
comenzaban un juicio contra el estado sudafricano en la capital del país. Las
compañías habían presentado una demanda contra la ley de venta de productos
genéricos que el Gobierno de Sudáfrica tiene desde 1997 y que, aunque no
había entrado en vigor, parecía que su puesta en marcha era inminente. Los factores más importantes para que la situación
acabara en los tribunales fueron, por un lado, las campañas realizadas por
organizaciones como Médicos Sin Fronteras, que
en enero de este año denunciaban la falta de acceso de los países pobres a los
medicamentos de enfermedades específicas como el sida, la diarrea o la
meningitis, debido a su alto precio o a que ya no se fabrican. Por otro, la
compañía india Cipla ofrecía, en enero, la
venta de fármacos contra el HIV a un precio mucho menor que los grandes
laboratorios. La ley sudafricana (llamada Enmienda Legal nº 90 de control de medicamentos y sustancias afines)
permite la creación y comercialización de medicamentos genéricos antes que
caduque el plazo de exclusividad del laboratorio inventor, y la oferta india
fue el detonante para presionar al Ministerio de Sanidad sudafricano a poner la
ley en funcionamiento. La postura del Gobierno de Sudáfrica se basaba en que,
aunque las multinacionales bajasen sus precios, su presupuesto no podría
asumirlos y que la ley a favor de los genéricos, si entraba en vigor, les
permitiría adquirir los genéricos en India o Brasil. Las compañías, según las normas de la Organización Mundial de Comercio
(OMC), tienen un período de exclusividad de veinte años para explotar un
fármaco original, debido a la gran inversión económica que supone la
investigación de nuevos fármacos. Según las empresas, esta ley crearía un precedente que
podría acabar con los derechos de patente y de propiedad intelectual de las
compañías. Mientras se desarrollaba el juicio, los precios de los
laboratorios fabricantes de genéricos y la presión internacional llevaron a las
grandes compañías a generar una serie de informaciones sobre bajas de precios a
sus productos. A finales de febrero, GlaxoSmithKline
anunció una rebaja del 10% del valor de los medicamentos, siempre que las ONG
se encargaran de la distribución. En marzo, las compañías Merk, Bristol-Mayers
y Abbott anunciaron que bajarían los
precios de sus productos contra el sida en África. Un comunicado de Merk
puntualizaba que su objetivo era "intensificar los esfuerzos para mejorar
el acceso a estos medicamentos" en los países donde el sida hace estragos. Al mismo tiempo, el director del departamento africano del Banco
Mundial señalaba que, aunque se bajasen los precios, éstos seguirían siendo
inasequibles. A principios de abril, y después de que Merk decidiera
nuevamente bajar el precio de los medicamentos contra el sida en Brasil, el
secretario general de la ONU, Kofi
Annan, acordó una rebaja de precios para los países pobres con seis de las
mayores empresas productoras. El doce de abril, en Noruega, la OMS, la OMC y
representantes de gobiernos y de laboratorios farmacéuticos llegaban a un
acuerdo para implantar precios diferenciados en los países más pobres, con el
objetivo de facilitar el acceso a los fármacos a las poblaciones más afectadas
por el virus. Una de las conclusiones más importantes de esta reunión
fue que no se trata tan sólo de un asunto de costes y precios. Como declaró Gro
Harlem Brutland, directora general de la OMS: "es igualmente importante
fortalecer los sistemas sanitarios de los países más pobres, y conseguirles más
fondos". Entre los principales temores expresados por las
multinacionales está la posibilidad de que algunos estados que reciban los
medicamentos más baratos los revendan, además de la cuestión sobre cómo
recuperar los costes de la producción de los nuevos medicamentos. Organizaciones no gubernamentales como Caritas, Oxfam,
organizaciones locales y Médicos sin Fronteras apoyaron con manifestaciones la
retirada de la demanda. Esta última reunió más de 250.000 firmas a favor, que
fueron presentadas el día antes del pronunciamiento del fallo, que fue aplazado
hasta el 19 de abril. "En el tribunal, las compañías tendrían que dar
información sobre sus precios y lo que gastan en investigación y desarrollo, y
nunca querrán hacerlo en público", afirmaba antes del fallo la portavoz de
Médicos Sin Fronteras. Por otro lado, los laboratorios más importantes
declaraban que retirarían la demanda si el Gobierno daba garantías de acatar
las normas internacionales de comercio. El 20 de abril, los periódicos informaban de la retirada
de la demanda puesta por las 39 empresas fabricantes de medicamentos, lo que
permite al Gobierno sudafricano la adquisición de fármacos genéricos contra el
sida. El acuerdo logrado entre las partes -en el que las empresas tuvieron que
pagar el coste del juicio- considera que las empresas reconocen el derecho de
ese país a fabricar e importar genéricos contra el sida. A su vez, el Gobierno
sudafricano se comprometió a cumplir las normas de la Organización Mundial del
Comercio (OMC) en materia de patentes y el Ministerio de Sanidad acordó
dialogar con las empresas sobre la Ley de 1997. El juicio ha marcado un precedente que ya era apoyado
por la ONU, aunque con otra perspectiva. Las normas de la OMC consideran que si
un país declara su territorio en emergencia sanitaria, le está permitido
aplicar las normas de licencia obligatoria e importación paralela. Esto le
hubiera permitido a Sudáfrica importar o producir los fármacos en cuestión. "El Gobierno nunca ha considerado medidas de
emergencia para procurar medicinas y no tiene planes en ese sentido', declaraba
la ministra de Sanidad, Manto Tshabalala-Msimang. El ex presidente Mandela era
más explícito al decir que "el Gobierno tiene perfecto derecho a recurrir
a los genéricos y es un grave error de las compañías llevarle a los
tribunales". Por su parte, Médicos sin Fronteras mantenía que "si
Sudáfrica pierde, otros países con posibilidades de fabricar genéricos
vacilarán a la hora de enfrentarse con multinacionales". Después de conocer el fallo del 19 de abril, Jean-Pierre
Garnier, uno de los máximos ejecutivos de GlaxoSmithKline, declaraba que “es mi
ferviente deseo que los ganadores reales aquí sean los pacientes". Según
Garnier, el fallo "se ha alcanzado por la colaboración entre la industria,
el Gobierno sudafricano y las Naciones Unidas” y que es con este espíritu “con
el que debemos avanzar para detener el gran problema de enfermedades como el
sida en el mundo en vías de desarrollo”. Al no declararse en emergencia sanitaria y llevar a
término el juicio, Sudáfrica ha sentado el precedente de que el manejo de
productos genéricos en países donde los precios de medicamentos originales son
imposibles de costear es legítimo, sin tener que considerarlo un estado de
excepción. Según declaraciones a la prensa de Gonzalo Fanjul,
responsable de la campaña de Intermon Oxfam, "ahora le toca a Brasil,
contra el que Estados Unidos se ha querellado en la OMC. Hay que ir a una
reforma definitiva de las normas de la OMC, para no estar litigando país por
país" y concluye diciendo que "la OMS debería poder elaborar una
lista de fármacos excluidos de patente; los antirretrovirales tienen que estar
en esa lista". La pregunta que muchos analistas se están haciendo en
este momento, sobre el futuro de los medicamentos genéricos no es si es
legítimo permitir el acceso de los más pobres a los medicamentos, sino qué
pasará con otras enfermedades tan serias como el sida, que no son investigadas
por los laboratorios farmacéuticos. Esta ha sido la primera parte de una
discusión que deberá llegar en algún momento al problema de fondo: ver qué
participación deberán tener las economías más desarrolladas en los problemas
sanitarios de los países pobres; hasta dónde la ayuda humanitaria de las ONG
debiera ser reemplazada por estructuras humanitarias de gobierno. En
definitiva, ver si la economía global hacia la que avanzan las sociedades
desarrolladas, se traduce también en una solidaridad global. * Glosario
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