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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones Nace un bebé con dos madres genéticas
Biomedia
(Barcelona). Hace algunos días, los titulares de los
medios de comunicación anunciaban el nacimiento de un bebé con dos madres
genéticas. En algunos casos, incluso se hacía referencia al nacimiento del
primer bebé genéticamente “modificado”. Sin otra información, la noticia podía parecer
interesante, e incluso llamar la atención, porque, hasta ahora, nos habíamos
acostumbrado a combinaciones varias, que podían llegar a incluir dos padres
(uno genético, donante de espermatozoides, y uno civil, que reconocía al hijo)
y tres madres (una genética, donante de óvulos*,
una biológica, la madre de alquiler a quien se encargaba la gestación, y una
“adoptiva”, que acogía al bebé). Pero tener dos madres genéticas al mismo
tiempo parecía sorprendente. Sin embargo, una vez concretados sus detalles, el
caso ha resultado ser de lo más vulgar. Las células* tienen
la mayor parte de su genoma* en los
cromosomas* del núcleo*. Sin embargo, en el citoplasma*, que ocupa el resto de la célula, se
encuentran unos orgánulos* llamados
mitocondrias*, muy parecidos a las
bacterias, porque probablemente en algún momento de la evolución fueron
bacterias que decidieron compartir su vida (simbiosis = vida en común) con la
célula, para beneficiarse mutuamente. Estos orgánulos tienen, como las bacterias, un
pequeño genoma en forma de anillo, y se ocupan en gran parte de producir
energía para la célula, pero no pueden vivir de forma independiente. El grupo estadounidense que dice haber fabricado
niños con dos madres genéticas tiene una extraña teoría, que casi nadie
comparte, según la cual un óvulo de una mujer mayor (por ejemplo, de más de 35
años) tendría mitocondrias viejas y cansadas, y podría beneficiarse de una
forma de dopaje consistente en una inyección de citoplasma de un óvulo de mujer
más joven, con mitocondrias también más jóvenes. Así, pues, basta con unos óvulos de mujer joven, de
los que se aspira parte del citoplasma, con sus mitocondrias, y con inyectar
luego este aspirado en el citoplasma de óvulos de una mujer de más edad.
Talmente como si se tratara de una inyección de vitaminas. No hace falta decir que la transferencia
citoplásmica (que así se llama el invento) no tiene ningún valor terapéutico,
ni facilita el embarazo, ni rejuvenece al ovocito*.
Hecha la pirueta, uno puede llamar a los medios de comunicación y esperar algún
titular que ayude a mantenerse en un medio científico tan extraordinariamente
competitivo como el de Estados Unidos. Pero, si lo que se pretende es hablar seriamente de
las mitocondrias, lo que sí tendrá un valor extraordinario será la transferencia
del núcleo del óvulo de una mujer que lleve en sus mitocondrias una mutación
grave, capaz de producir serias malformaciones al feto, a un óvulo de una mujer
normal, al que previamente se le haya eliminado el genoma materno. Así, esta
mujer tendrá un bebé normal, con dos madres genéticas, la madre nuclear (que
habrá aportado su genoma, junto con el de su pareja) y la madre mitocondrial,
que habrá aportado sus mitocondrias sanas. Esta será una digna forma de tener
dos madres. Josep
Egozcue. Catedrático de Biología Celular de la Universidad Autónoma de
Barcelona * Glosario de Biomedia Más
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