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Nace un bebé con dos madres genéticas

Josep Egozcue 01/06/01

Biomedia (Barcelona). Hace algunos días, los titulares de los medios de comunicación anunciaban el nacimiento de un bebé con dos madres genéticas. En algunos casos, incluso se hacía referencia al nacimiento del primer bebé genéticamente “modificado”.

Sin otra información, la noticia podía parecer interesante, e incluso llamar la atención, porque, hasta ahora, nos habíamos acostumbrado a combinaciones varias, que podían llegar a incluir dos padres (uno genético, donante de espermatozoides, y uno civil, que reconocía al hijo) y tres madres (una genética, donante de óvulos*, una biológica, la madre de alquiler a quien se encargaba la gestación, y una “adoptiva”, que acogía al bebé). Pero tener dos madres genéticas al mismo tiempo parecía sorprendente. Sin embargo, una vez concretados sus detalles, el caso ha resultado ser de lo más vulgar.

Las células* tienen la mayor parte de su genoma* en los cromosomas* del núcleo*. Sin embargo, en el citoplasma*, que ocupa el resto de la célula, se encuentran unos orgánulos* llamados mitocondrias*, muy parecidos a las bacterias, porque probablemente en algún momento de la evolución fueron bacterias que decidieron compartir su vida (simbiosis = vida en común) con la célula, para beneficiarse mutuamente.

Estos orgánulos tienen, como las bacterias, un pequeño genoma en forma de anillo, y se ocupan en gran parte de producir energía para la célula, pero no pueden vivir de forma independiente.

El grupo estadounidense que dice haber fabricado niños con dos madres genéticas tiene una extraña teoría, que casi nadie comparte, según la cual un óvulo de una mujer mayor (por ejemplo, de más de 35 años) tendría mitocondrias viejas y cansadas, y podría beneficiarse de una forma de dopaje consistente en una inyección de citoplasma de un óvulo de mujer más joven, con mitocondrias también más jóvenes.

Así, pues, basta con unos óvulos de mujer joven, de los que se aspira parte del citoplasma, con sus mitocondrias, y con inyectar luego este aspirado en el citoplasma de óvulos de una mujer de más edad. Talmente como si se tratara de una inyección de vitaminas.

No hace falta decir que la transferencia citoplásmica (que así se llama el invento) no tiene ningún valor terapéutico, ni facilita el embarazo, ni rejuvenece al ovocito*. Hecha la pirueta, uno puede llamar a los medios de comunicación y esperar algún titular que ayude a mantenerse en un medio científico tan extraordinariamente competitivo como el de Estados Unidos.

Pero, si lo que se pretende es hablar seriamente de las mitocondrias, lo que sí tendrá un valor extraordinario será la transferencia del núcleo del óvulo de una mujer que lleve en sus mitocondrias una mutación grave, capaz de producir serias malformaciones al feto, a un óvulo de una mujer normal, al que previamente se le haya eliminado el genoma materno. Así, esta mujer tendrá un bebé normal, con dos madres genéticas, la madre nuclear (que habrá aportado su genoma, junto con el de su pareja) y la madre mitocondrial, que habrá aportado sus mitocondrias sanas. Esta será una digna forma de tener dos madres.

Josep Egozcue. Catedrático de Biología Celular de la Universidad Autónoma de Barcelona

* Glosario de Biomedia

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