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La química de la cocina

Núria Pérez 15/02/02

Biomedia (Barcelona). El pasado 7 de febrero, en el Museu de la Ciencia de la Fundación la Caixa, se inició el ciclo de conferencias “Ciencia y cocina: encuentros para los cinco sentidos”. El ciclo se desarrollará en ocho sesiones entre los meses de febrero y marzo. En cada una de ellas el Museo de la Ciencia ha invitado a un investigador y a un profesional de la cocina, para exponer visiones complementarias sobre el placer culinario. La primera sesión contó con la participación de Joan Roca, cocinero del restaurante el Celler de Can Roca y profesor de la Escuela de Hosteleria de Sant Narcís, y del Dr. Ramón Clotet, catedrático de Química y Bioquímica de los alimentos de la Universidad Politécnica de Cataluña.

El Dr. Ramón Clotet inició su conferencia explicando que, mientras la humanidad va descubriendo mecanismos que operan en la naturaleza, la química ha estado presente en la vida desde sus orígenes. Por su parte, el Dr. Clotet destacó que toda la química de la percepción transcurre a una escala infinitesimal. La sensación gustativa, agradable o desagradable, resulta del impacto de una u otra molécula en nuestras terminales nerviosas. Remarcó también que no todos los sabores parecen estar determinados genéticamente; de los cinco gustos básicos: dulce, amargo, salado, ácido y cárnico, se sabe que la leche humana es rica en sabores cárnicos y dulces y precisamente son éstos los que podrían estar determinados por los genes. De aquí, que los bebés los reconocan como agradables. En cambio, el resto de sabores tendrían un origen cultural.

Añadió que en la química de la cocina el concepto de equilibrio es fundamental. Un plato se compone de ingredientes y de técnicas. Estas últimas aparecieron paulatinamente a lo largo de la historia. Primero el fuego, hace unos 800 000 años a.C., que permitió añadir carne a la dieta humana hace unos 450 000 años, le siguieron el horno, 30 000 años a.C., la cocción con agua, que se relaciona con la utilización de la cerámica, 10 000 años a.C., la fritura que proviene de Egipto, 1200 años a.C. y, muy recientemente, la cocción de los alimentos en horno microondas. La cocción facilita la digestión del alimento. Todas estas técnicas permiten que la energía fluya de fuera hacia dentro, salvo en el caso del microondas en que la energía se genera en el interior del alimento por la vibración de sus propias moléculas de agua, lo cual hace que aumente la temperatura.

Núria Pérez es bióloga y filósofa

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