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“En el cáncer nos falta mucho por aprender pero, sobre todo,
hace falta situarnos en el contexto de la enfermedad”

Núria Pérez 16/11/01

Biomedia (Barcelona). Carlos Cordón-Cardo, director de Patología Molecular del Memorial Sloan Kettering Cancer Center de Nueva York impartió una conferencia en Barcelona con motivo de la inauguración de la exposición La ciencia en el bolsillo, organizada por el Museo de Geología de Barcelona y la Concejalía Ciudad del Conocimiento del Ayuntamiento de esta ciudad. Durante la conferencia, titulada Conocimiento científico y médico en respuesta a las situaciones de desastre, Cordón-Cardo habló de cómo la tecnología ha permitido avanzar en el conocimiento de las enfermedades e hizo mención de algunas de las más modernas tecnologías de que disponemos en nuestros días.

En varias ocasiones, Carlos Cordón-Cardo insistió en la necesidad de considerar la enfermedad con un perfil global, multidisciplinario: “Necesitamos físicos, teóricos del caos, paleontólogos, además de médicos y biólogos”, “La medicina es un arte, y se está acercando, gracias a la integración del saber, a una ciencia”. Y es que el concepto de enfermedad ha ido evolucionando a lo largo de la historia. En el Renacimiento, la enfermedad se concebía como un daño orgánico. Un poco más tarde, gracias al microscopio, su percepción cambió por completo y se contempló como una patología celular, hasta llegar a nuestros días en que el anatomopatólogo es capaz de establecer la agresividad de un tumor gracias a los modernos criterios diagnósticos moleculares.

En el cáncer, a nivel molecular, la activación de determinados oncogenes* o la pérdida de función de genes* reguladores, hace que unas células* tumorales se caractericen por un crecimiento anómalo y una desregulación de su muerte. Como si estas células “buscaran la inmortalidad dentro de un cuerpo mortal”, según palabras de Cordón-Cardo. Efectivamente, el cáncer es una enfermedad en gran parte genética, de la cual reconoció que “nos falta mucho por aprender pero, sobre todo, hace falta situarnos en el contexto de la enfermedad”. El reto al que se enfrenta la medicina es el de saber integrar diferentes disciplinas como la anatomopatología, la biología molecular, etc., y ser capaz de encontrar mejores indicadores y efectuar mejores diagnósticos. Ya no hay un cáncer de mama modelo, sino tantos como marcadores* distintos hay.

Varios genes son candidatos a ser marcadores o factores pronóstico de distintas neoplasias*. Se sabe que el gen p53 interviene en el control del ciclo celular*. Su falta de expresión puede ser el inicio de un proceso cancerígeno de próstata o de mama. Del mismo modo, el gen p27 se usa como factor pronóstico en el cáncer de próstata. Este gen está implicado en los procesos de muerte celular, y su falta de expresión conlleva un aumento de proliferación celular. En cáncer de mama, la sobreexpresión del Her-2/Neu es indicador de una menor supervivencia, y el gen BRCA1 supone una predisposición genética a padecer esta enfermedad.

Las modernas técnicas de secuenciación* y los microchips* son capaces de detectar estas mutaciones* puntuales en el genoma* de un individuo y determinar el riesgo de desarrollar la enfermedad o, si ya está establecida, inferir qué grado de agresividad tiene e instaurar la terapia más pertinente. Así las cosas, dos nuevos retos se nos presentan: en primer lugar, saber interpretar toda la información biológica de que disponemos y, en segundo lugar, desarrollar las técnicas que nos permitan entender mejor y más globalmente una enfermedad determinada.

Una limitación técnica que debemos afrontar es que toda nueva metodología requiere ser validada con el suficiente número de casos. Un tratamiento novedoso debe ser sometido a desarrollo clínico antes de ser comercializado. Este tipo de investigación se efectúa dentro de un programa que incluye varias fases: una fase preclínica de experimentación con modelos animales, y una fase clínica que, a su vez, comprende una fase I en la que se evalúa su toxicidad, una fase II en la que se averigua qué dosis es más eficaz, y unas fases III y IV en las que se valora la respuesta del paciente a la enfermedad.

Ya para finalizar, Carlos Cordón-Cardo retomó el tema del título de su conferencia y aludió a los hechos que han abatido recientemente la ciudad de Nueva York. Resaltó la gran ayuda que, para la identificación de cadáveres, brinda la aplicación de modelos teóricos moleculares basados en la amplificación de DNA mitocondrial*, aún en situaciones en las que se dispone de unas pocas células, y destacó que el bioterrorismo obliga a desarrollar técnicas eficaces y rápidas de detección del bacilo* del carbunco*. Lo que antes podía tardar varios días ahora, gracias a las modernas tecnologías, puede resolverse con mucho menos tiempo.

Carlos Cordón-Cardo calificó el atentado como el resultado del odio a los valores que todos compartimos. “Es una lucha por la sinrazón, aunque históricamente la razón siempre ha triunfado”.

Núria Pérez es bióloga

* Glosario de Biomedia

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