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¿Por qué la alarma sobre la mortalidad hospitalaria
en fin de semana?

Montserrat Daban 23/11/01

Biomedia (Barcelona). A finales de agosto se publicó en New England Journal of Medicine (NEJM 2001; 345(9): 663-668) el resultado de un análisis estadístico de la mortalidad en las salas de urgencias de los hospitales de Ontario, Canadá, realizado sobre un total de 3789917 pacientes entre los años 1988 y 1997. En el trabajo se comparó la mortalidad de pacientes ingresados en fin de semana con la de pacientes admitidos de lunes a viernes. Los resultados han llevado a la reflexión, en ocasiones en forma de alarmistas advertencias acerca de la fatalidad de ingresar en fin de semana, lanzadas desde publicaciones de salud dirigidas al gran público o en grandes medios, y a veces escéptica como en el propio editorial del número de NEJM (2001; 345: 692-694) que publica el artículo detonante. En la opinión de E. A. Halm y M. R. Chassin faltan datos que apoyen la hipótesis de que la disminución de personal en fin de semana es el factor responsable de este crecimiento de la mortalidad hospitalaria descrito. No obstante, los mismos Halm y Chassin son autores de un artículo, publicado en mayo del 2000 para la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, en el que se preguntan acerca de la relación entre el volumen de pacientes y la calidad de la atención médica dispensada.

Ésta no es una cuestión desconocida, ni tan sólo inédita, en gestión hospitalaria. Desde las anotaciones de Florence Nightingale sobre la mortalidad de los soldados ingleses en los hospitales del frente durante la guerra de Crimea, hasta los datos más recientes de los últimos años se ha constatado una relación, en ocasiones de causalidad, que se puede presentar desde distintos aspectos asistenciales. En un artículo publicado en el año 2000 (The Lancet 2000; 356 [9225]: 185-189) se analizaba la influencia de la sobrecarga del personal sobre la mortalidad hospitalaria. Tras el análisis de los datos de cuatro años en las áreas de cuidados intensivos, el estudio concluía que la mortalidad se correlacionaba con la proporción de camas ocupadas y el número de enfermeras requeridas por cama.

Con similar planteamiento arrancaba una investigación, publicada en 1999 (Eur J Emerg Med 1999; 6 [2]: 105-107) por investigadores del Hospital Clínico de Barcelona, sobre la disminución de la calidad asistencial asociada con la saturación de las salas de urgencias. La cuantificación de visitas, revisitas y muertes durante un período de 104 semanas mostró a los autores que, a pesar de los indicios de buena calidad asistencial, la sobrecarga de las urgencias estaba directamente implicada en la disminución de la atención.

Otro ejemplo lo constituye un estudio retrospectivo publicado el año pasado (Internal Angiology 2000; 19 [4]: 354-357), realizado en 25 hospitales que participan en el Finnvasc (registro de los episodios vasculares en la población finlandesa), acerca de las variaciones semanales y estacionales en las admisiones hospitalarias por isquemia* aguda en los miembros inferiores, y en las amputaciones y mortalidad resultantes. Es sorprendente que los pacientes hospitalizados en jueves o viernes tengan menor probabilidad de sufrir una amputación que los que ingresan en otros momentos de la semana, o que sea significativamente mayor la tasa de hospitalización en lunes y en verano y que, también en esta estación, aumenten las amputaciones y la mortalidad hospitalaria.

También verano y fin de semana eran desfavorables para los pacientes neonatos del Hospital de Cruces de Vizcaya, según miembros de su Departamento de Pediatría. Los autores publicaron en 1994 un trabajo retrospectivo de análisis de los casos de muerte súbita* neonatal en el período 1975-1991, y proponían que esta tendencia podía revertirse con una estrecha atención del personal cualificado, cuidados maternos y equipos de reanimación en las áreas de maternidad (Acta Paediatr 1994; 83 [7]: 704-708).

Todos estos trabajos forman parte de la literatura científica consultable y constituyen los antecedentes que permiten matizar y valorar los resultados de una investigación. Es precisa una lectura crítica del artículo que ha desatado la polémica. En él se alerta de una mayor mortalidad en tres afecciones concretas: aneurisma* aórtico abdominal, epiglotitis aguda* y embolia* pulmonar. Las diferencias no se observaron en el grupo de enfermedades control: infarto* de miocardio*, hemorragia cerebral y fractura de cadera. Incluyeron en sus observaciones las 100 causas de muerte más frecuentes en los hospitales y constataron en 23 de ellas aumentos en la mortalidad asociada a los ingresos en fin de semana. Los investigadores apuntaban como posible causa que menos personal médico y con menor experiencia atiende a los pacientes en fin de semana. Pero deberíamos destacar que la mortalidad en las 77 afecciones restantes, un 77% del total o, lo que es lo mismo, en el 84% de las admisiones, no se podía relacionar con la admisión en fin de semana. Otro factor destacable es que, de las 23 condiciones cuya tasa de mortalidad aumentaba en admisiones de viernes a domingo, un 57% eran cánceres u otras enfermedades en etapa terminal.

Preocupa que la atención sanitaria recibida por un enfermo sea función del día de la semana o de la estación del año en que haga aparición su dolencia, independientemente de otros condicionantes propios de la estacionalidad. Preocupa que, dependiendo de la fecha que indique el calendario, sea más probable perder un miembro o incluso morir. Pero también preocupa que desde las páginas consultadas por los enfermos renales (Renalweb), o los suplementos de salud de algunos periódicos (elmundosalud, 29 agosto 2001), o incluso desde páginas que se presumen especializadas se alerte que enfermar de gravedad durante el fin de semana pueda resultar mortal si el paciente es hospitalizado. Son menos las que puntualizan que las observaciones se limitan a algunas circunstancias médicas (la cadena de televisión de Pittsburg WPXI-TV y el gabinete de prensa de la Universidad de Toronto).

La comunicación médica debe realizarse con extrema claridad y con exquisito respeto. Informar sin sesgar, dirigir o canalizar es el reto que se plantea al trasladar al paciente o al usuario de la medicina conocimientos que se refieren a aspectos tan fundamentales como la conservación de su salud y la gestión de su enfermedad. Coinciden con esta idea los investigadores canadienses autores del trabajo, para los que esta información no debe generar un desánimo en los enfermos que precisen ser ingresados en un hospital de viernes a domingo. De no recibir atención, la tasa de mortalidad puede llegar al 100%.

Montserrat Daban es doctora en biología y editora científca de Rubes Editorial

* Glosario de Biomedia

Más información en la red:
Artículo detonante de la polémica publicado en New England Journal of Medicine: http://content.nejm.org/content/vol345/issue9/index.shtml

Referencias:
Halm EA, Chassin MR: «Why Do Hospital Death Rates Vary?», New England Journal of Medicine 2001; 345 (9): 692-694.
Tarnow-Mordi WO, Hau C, Warden A, Shearer AJ: «Hospital mortality in relation to staff workload: a 4-year study in an adult intensive-care unit», The Lancet 2001; 356 (9225): 185-189.
Halm EA, Lee C, Chassin MR.: «How is volume related to quality in health care? A systematic review of the research literature», Interpreting the volume-outcome relationship in the context of health care quality workshop, Washington, D.C. May 11, 2000. The National Academy of Sciences.
Kuukasjarvi, P., Salenius, J.P., Lepantalo, M., et al.,: «Weekly and seasonal variations of hospital admissions and outcome in patients with acute lower limb ischaemia treated by surgical and endovascular means», Int Angiol 2000; 19 (4): 354-357.
Rodríguez-Alarcón, J., Melchor, J.C, Linares, A. et al.: «Early neonatal sudden death or near death syndrome. An epidemiological study of 29 cases», Acta Paediatrica 1994; 83 (7): 704-708.

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