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La creatina en la esclerosis lateral amiotrófica

Gabriel Stekolschik 28/02/03

Biomedia (Barcelona). La esclerosis lateral amiotrófica (ELA), denominada a veces enfermedad de Lou Gehrig, es un desorden neurológico progresivo y fatal que se detecta en siete de cada 100 000 personas. Generalmente afecta a individuos de entre 40 y 60 años de edad, pero también pueden desarrollarla personas más jóvenes o viejas.

Se desconocen las causas de la ELA, pero lo que sí se sabe es que ataca a las neuronas encargadas de controlar los músculos voluntarios del cuerpo, provocando una parálisis gradual en el lapso de tres a cinco años.

Hasta ahora no se ha encontrado una cura para la enfermedad y la única droga específicamente aprobada para tratarla, el riluzole, tiene efectos modestos sobre la progresión de la ELA.

Hace algunos años, el mundo de la neurología se hizo eco de un estudio que demostraba que una molécula, la creatina, extendía la vida de ratones de laboratorio a los cuales se les había provocado experimentalmente la enfermedad. Si bien los resultados provenían de un modelo animal, la falta de alternativas terapéuticas, y el hecho de que la creatina es bien tolerada por los humanos y está presente en numerosos suplementos dietéticos de venta libre condujo a muchos médicos a recomendar esta sustancia a sus pacientes.

Pero la distancia evolutiva que existe entre el ratón y el hombre se hizo evidente a partir de las conclusiones de un ensayo clínico, que fueron publicadas en la última edición de Annals of Neurology, la revista científica de la American Neurological Association.

Según los autores del trabajo científico, «la terapia con creatina no tiene efecto sobre la enfermedad y puede considerarse un desperdicio de dinero para el paciente». Para llegar a esa afirmación, un grupo de neurólogos holandeses, encabezados por Geert Jan Groeneveld del Centro Médico Universitario de Utrecht diseñó un estudio que abarcó a 175 pacientes con ELA. A la mitad de los enfermos les suministró creatina durante diez meses y, a la otra mitad, se les dio un placebo (una sustancia que no produce ningún efecto) durante el mismo período de tiempo. Para evitar cualquier influencia externa sobre el tratamiento, ni los médicos ni los pacientes sabían quién pertenecía a cada grupo.

Durante el estudio, 30 de los 87 pacientes que habían tomado creatina murieron. Lo mismo sucedió con 28 de los 88 pacientes del grupo control (aquellos que ingirieron placebo). Asimismo,  se verificó que los pacientes tratados con creatina no mostraban mejoras en su fuerza muscular con respecto a los demás.

Ante tales evidencias, los investigadores concluyeron que «al menos en la dosis utilizada, la creatina no posee efectos sustancialmente beneficiosos».

En cualquier caso, y mientras tanto, en los Estados Unidos se llevan a cabo dos ensayos clínicos similares. Los médicos holandeses no descartan la posibilidad de que la creatina pueda demostrar alguna utilidad en otras dosis, o en combinación con otros fármacos.

De hecho, un ensayo efectuado en animales de laboratorio y publicado hace pocos días en Annals of Neurology concluye que si la creatina se administra junto con otra sustancia, la minociclina, se logra un efecto aditivo protector contra el avance de la esclerosis lateral amiotrófica.

Aunque otra vez se trate de un estudio en ratones y no en seres humanos, tal vez sea una nueva oportunidad para que la biología de los dos mamíferos logre más puntos de encuentro en el camino de la evolución.

Más información en Biomedia:
Dossier Neurología

Más información en la red:
Annals of Neurology: http://www.interscience.wiley.com/jpages/0364-5134/
Journal Watch Neurology: http://neurology.jwatch.org/
Sociedad Española de Neurología: http://www.sen.es/

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