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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones La creatina en la esclerosis lateral amiotrófica
Biomedia (Barcelona).
La esclerosis lateral amiotrófica
(ELA), denominada a veces enfermedad de Lou Gehrig, es un desorden neurológico
progresivo y fatal que se detecta en siete de cada 100 000 personas.
Generalmente afecta a individuos de entre 40 y 60 años de edad, pero también
pueden desarrollarla personas más jóvenes o viejas. Se desconocen las causas de la ELA,
pero lo que sí se sabe es que ataca a las neuronas encargadas de controlar los
músculos voluntarios del cuerpo, provocando una parálisis gradual en el lapso
de tres a cinco años. Hasta ahora no se ha encontrado una
cura para la enfermedad y la única droga específicamente aprobada para
tratarla, el riluzole, tiene efectos modestos sobre la progresión de la ELA. Hace algunos años, el mundo de la
neurología se hizo eco de un estudio que demostraba que una molécula, la
creatina, extendía la vida de ratones de laboratorio a los cuales se les había
provocado experimentalmente la enfermedad. Si bien los resultados provenían de
un modelo animal, la falta de alternativas terapéuticas, y el hecho de que la
creatina es bien tolerada por los humanos y está presente en numerosos
suplementos dietéticos de venta libre condujo a muchos médicos a recomendar
esta sustancia a sus pacientes. Pero la distancia evolutiva que existe
entre el ratón y el hombre se hizo evidente a partir de las conclusiones de un
ensayo clínico, que fueron publicadas en la última edición de Annals of Neurology,
la revista científica de la American
Neurological Association. Según los autores del trabajo
científico, «la terapia con creatina no tiene efecto sobre la enfermedad y
puede considerarse un desperdicio de dinero para el paciente». Para llegar a
esa afirmación, un grupo de neurólogos holandeses, encabezados por Geert Jan
Groeneveld del Centro Médico Universitario de
Utrecht diseñó un estudio que abarcó a 175 pacientes con ELA. A la mitad de
los enfermos les suministró creatina durante diez meses y, a la otra mitad, se
les dio un placebo (una sustancia que no produce ningún efecto) durante el
mismo período de tiempo. Para evitar cualquier influencia externa sobre el
tratamiento, ni los médicos ni los pacientes sabían quién pertenecía a cada
grupo. Durante el estudio, 30 de los 87
pacientes que habían tomado creatina murieron. Lo mismo sucedió con 28 de los
88 pacientes del grupo control (aquellos que ingirieron placebo).
Asimismo, se verificó que los pacientes
tratados con creatina no mostraban mejoras en su fuerza muscular con respecto a
los demás. Ante tales evidencias, los
investigadores concluyeron que «al menos en la dosis utilizada, la creatina no
posee efectos sustancialmente beneficiosos». En cualquier caso, y mientras tanto, en
los Estados Unidos se llevan a cabo dos ensayos clínicos similares. Los médicos
holandeses no descartan la posibilidad de que la creatina pueda demostrar
alguna utilidad en otras dosis, o en combinación con otros fármacos. De hecho, un ensayo efectuado en
animales de laboratorio y publicado hace pocos días en Annals of Neurology
concluye que si la creatina se administra junto con otra sustancia, la
minociclina, se logra un efecto aditivo protector contra el avance de la
esclerosis lateral amiotrófica. Aunque otra vez se trate de un estudio
en ratones y no en seres humanos, tal vez sea una nueva oportunidad para que la
biología de los dos mamíferos logre más puntos de encuentro en el camino de la
evolución. Más información en
Biomedia: Más información en
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