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Biomedia (Barcelona).
Durante mucho tiempo, se ha dicho que «la información es poder» y cada día
es más perceptible que la información es un bien que se puede poseer, guardar,
vender, comprar, y por supuesto, también compartir. Antes de la generalización del uso de las denominadas
«tecnologías de la información», se almacenaba la información en papel. ¿Quién
no se acuerda de las máquinas de escribir mecánicas, o de los pesados archivos
con fichas que guardaban los datos más preciados? Ahora, tecnologías como las
redes informáticas, encabezadas por internet, permiten almacenar y editar
grandes cantidades de datos. Pero una cosa que ha cambiado de forma sustancial
es que toda esa información se puede compartir. Es decir, que tan sólo un
instante después de «colgar» algo en la
red, puede ser consultado por otra persona que se encuentre en el otro lado del
planeta. Estamos hablando de lo que se conoce como la «sociedad de la
información». El mundo de la salud y la sanidad no está ajeno a estos
avances y, a su vez, los ha aprovechado para introducir herramientas
informáticas propias de esta nueva tendencia de la sociedad. Asimismo, los
sistemas que se emplean para el almacenamiento de información son cada vez más
estructurados, lo que permite la posibilidad de compartir más información y de
forma más sencilla. Los datos que se pueden compartir son de lo más variado y
van desde los administrativos hasta los clínicos, radiológicos, diagnósticos e
incluso las opiniones de los usuarios. Sobre todas estas posibilidades y factores implicados en
este proceso se habló en la «II Jornada del Fòrum Català d'Informació i Salut»
(CIS), que se realizó el pasado 26 de marzo, en Bellaterra. Se destacó que uno de los objetivos de poder avanzar en
compartir la información en el ámbito sanitario es pasar, progresivamente, de
la historia clínica informatizada desde las primeras fases a la etapa más
evolucionada según el Medical Records
Institute, el llamado «historial electrónico de salud», en el que la
historia clínica está accesible en cualquier lugar y a cualquier hora, tanto
para el personal médico como para el propio paciente, que puede incluso
cooperar en el contenido de su historia. Para este fin, la iniciativa WISE
(Work in Sinergy for Europe), promovida por la Unión Europea, está analizado
cuáles serían los servicios del sector de la salud que se están comenzando a
desarrollar gracias a las redes telemáticas regionales. El Foro CIS promueve y difunde, desde el año 2001, cualquier
iniciativa relacionada con el hecho de compartir todo tipo de información
relacionada con la salud. Durante su ponencia, el director del Observatori d'Ètica
Intercultural, Norbert Bilbeny, enfatizó que cuando se almacena la
información, es muy importante privilegiar la privacidad, como parte de la
libertad y derecho de toda persona: «es el mal uso de los datos lo que afecta
al individuo». En este sentido, dijo que al poseer información, se tiene un
bien a proteger «que no es tanto la intimidad sino la privacidad». Explicó que
para proteger la privacidad de los datos es fundamental considerar siempre la libertad
y autonomía de la persona, ya que cuando no se puede respetar, afecta a la
dignidad. «El secreto no es posible, pero la confidencialidad sí», dijo. Detalló que la información tiene cuatro etapas: adquisición,
procesamiento, almacenamiento, y difusión y uso. El almacenamiento es la más
polémica, ya que requiere protección para no caer en un mal uso de ella. «Ahora
es más fácil obtener y almacenar información, pero el riesgo es mayor, esa es
la paradoja». Añadió que hay una clara tendencia a conservar la información, ya
que siempre se piensa que «se puede necesitar después». Al respecto, enumeró
algunos de los desafíos morales y éticos que implica el almacenamiento de
datos: la tentación de destruirlos o alterarlos; de utilizarlos impropiamente,
es decir, hacer mal uso de ellos; el dilema de decidir qué hacer con ellos, si
retenerlos o deshacerse de ellos; el dilema de almacenarlos por mucho o poco
tiempo, o con qué protocolo o criterio; la necesidad de basarse en principios o
criterios para justificar la decisión. Las ventajas que nos ofrecen las nuevas tecnologías para
poder compartir la información ofrecen panoramas muy alentadores para la
atención integral del paciente. A su vez, no se puede ignorar la inevitabilidad
de afrontar riesgos de mal uso de estos datos, ya sea malévola o erróneamente.
Por eso, lo más importante es seguir los cuatro principios de ética que son la
autonomía, la no maleficencia, la beneficencia y la justicia. Y sobre todo,
hacer un esfuerzo de ponerse en el lugar del otro. De ponerse los zapatos del
dueño de los datos antes de usarlos. Karla Islas Pieck es periodista, máster en Comunicación
Científica por el Instituto de Educación Continua de la Universitat Pompeu
Fabra, colaboradora del Observatorio de la Comunicación Científica de la UPF y
editora de la revista MagazinAlzheimer, de la Fundació ACE. [Noticia original publicada en MagazinAlzheimer] Más información en
Biomedia: Más información en la
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