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El cerebro de los humanos presenta mayor actividad génica que el de los chimpancés

Gemma L. Jornet 18/05/01

Biomedia (Barcelona). Muchas discusiones sobre la posición de los humanos en el árbol de la vida empiezan señalando nuestra indiscutible similitud con los chimpancés (Pan troglodytes) o los bonobos (Pan paniscus). Aunque es obvio que disponemos de capacidades cognitivas que nos diferencian claramente de estos primates, lo cierto es que compartimos con ellos del orden de un 99% de nuestro genoma*. El 1% restante, lógicamente, está siendo objeto de una intensa investigación. Hasta el momento sólo se ha encontrado una diferencia funcional entre el genoma humano y el de los chimpancés: el gen* que informa para la hidroxilasa*, un enzima* que cataliza la transformación entre las dos formas del ácido siálico*, una familia de azúcares situados en la parte exterior de la superfície celular.

Pero lo que nos separa de nuestros parientes más próximos, probablemente no es tan sólo un reducido grupo de genes, sino también el diferente grado de actividad que presentan los genes que compartimos. El razonamiento es simple: si los genes son muy parecidos, entonces es muy probable que los cambios en dónde, cuándo y cómo se activen estos genes sean los que conduzcan a las diferencias entre las especies. En el Congreso del Genoma Humano celebrado recientemente en Edinburgo, un grupo de antropología evolutiva del Instituto Max Planck de Leipzig, Alemania, ha presentado unos resultados en este sentido.

Utilizando minúsculos chips de DNA* cargados con 20 000 genes humanos, estos investigadores han medido los niveles de actividad génica (o transcripción*) en nuestro cerebro, hígado y sangre. Y han comparado estos patrones de transcripción (transcriptoma) con los patrones del chimpancé y el macaco, otro primate aunque bastante diferente a nosotros. Entre estos tejidos el cerebro es el que presenta diferencias sustanciales entre los humanos y los otros dos primates. Parece que nuestro cerebro muestra una actividad más acelerada de los genes.

Estos resultados vienen a reforzar la hipótesis que el cerebro puede ser un buen lugar para ir a buscar aquellas características que nos constituyen como especie.

El hecho de que todos los mamíferos muestren un genoma muy parecido y sin embargo, estas pocas diferencias den lugar a especies tan distintas es algo que todavía no deja de sorprender. Generalmente, la comparación de nuestro genoma con el de otras especies se considera como uno de los métodos clave para descifrar el sentido de la enorme masa de información que nos ha proporcionado la secuenciación de nuestro genoma. En otras palabras, se cree que una de las mejores formas de ver qué es importante es ver qué es diferente. Pero son las comparaciones con los genomas de las especies más próximas a nosotros las que pueden apuntar hacia las características únicas de nuestra especie y, por tanto, ayudarnos a entender aquello que nos hace humanos.

* Glosario de Biomedia

Más información en Biomedia:
Nuevas perspectivas en biología molecular: microchips de DNA. Anna Pérez-Lezaun (28/06/00)
Chips de DNA. Marta García (05/01/00)

Más información en la red:
Evolución molecular: http://phylogeny.arizona.edu/tree/phylogeny.html
Evolución molecular y expresión génica: http://sgi.bls.umkc.edu/funnylab/

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