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| Portada | Dossier | Búsqueda | Agenda | Enlaces | Créditos | Suscripciones El cerebro de los humanos presenta mayor actividad génica que el de los chimpancés
Biomedia (Barcelona). Muchas discusiones sobre la posición de los humanos en el árbol de la
vida empiezan señalando nuestra indiscutible similitud con los chimpancés (Pan troglodytes) o los bonobos (Pan paniscus). Aunque es obvio que
disponemos de capacidades cognitivas que nos diferencian claramente de estos
primates, lo cierto es que compartimos con ellos del orden de un 99% de nuestro
genoma*. El 1% restante,
lógicamente, está siendo objeto de una intensa investigación. Hasta el momento
sólo se ha encontrado una diferencia funcional entre el genoma humano y el de
los chimpancés: el gen* que informa
para la hidroxilasa*, un enzima* que cataliza la transformación entre las dos
formas del ácido siálico*, una familia
de azúcares situados en la parte exterior de la superfície celular. Pero lo que nos separa de
nuestros parientes más próximos, probablemente no es tan sólo un reducido grupo
de genes, sino también el diferente grado de actividad que presentan los genes
que compartimos. El razonamiento es simple: si los genes son muy parecidos,
entonces es muy probable que los cambios en dónde, cuándo y cómo se activen
estos genes sean los que conduzcan a las diferencias entre las especies. En el
Congreso del Genoma Humano celebrado recientemente en Edinburgo, un grupo de
antropología evolutiva del Instituto Max
Planck de Leipzig, Alemania, ha presentado unos resultados en este sentido. Utilizando minúsculos chips
de DNA* cargados con 20 000 genes humanos, estos
investigadores han medido los niveles de actividad génica (o transcripción*) en nuestro cerebro, hígado y sangre. Y
han comparado estos patrones de transcripción (transcriptoma) con los patrones
del chimpancé y el macaco, otro primate aunque bastante diferente a nosotros.
Entre estos tejidos el cerebro es el que presenta diferencias sustanciales
entre los humanos y los otros dos primates. Parece que nuestro cerebro muestra
una actividad más acelerada de los genes. Estos resultados vienen a
reforzar la hipótesis que el cerebro puede ser un buen lugar para ir a buscar
aquellas características que nos constituyen como especie. El hecho de que todos los
mamíferos muestren un genoma muy parecido y sin embargo, estas pocas
diferencias den lugar a especies tan distintas es algo que todavía no deja de
sorprender. Generalmente, la comparación de nuestro genoma con el de otras
especies se considera como uno de los métodos clave para descifrar el sentido
de la enorme masa de información que nos ha proporcionado la secuenciación de
nuestro genoma. En otras palabras, se cree que una de las mejores formas de ver
qué es importante es ver qué es diferente. Pero son las comparaciones con los
genomas de las especies más próximas a nosotros las que pueden apuntar hacia
las características únicas de nuestra especie y, por tanto, ayudarnos a
entender aquello que nos hace humanos. * Glosario
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